Libros deuterocanónicos

Libros deuterocanónicos

Con este nombre de “deuterocanónicos”, que en griego significa “segundo-canónicos”, se agrupa una cantidad de libros del Antiguo Testamento que la Iglesia Católica reconoce como pertenecientes a la Sagrada Escritura, pero que no se han conservado en la Biblia hebrea y sólo se hallan en la traducción griega de la Biblia. Es importante saber que los judíos no los consideran libros sagrados, y por eso no se encuentran en la Biblia hebrea.

El Concilio de Trento (1546) reconoció algunos de los textos de la Biblia griega como pertenecientes a la Sagrada Escritura. Al ser designados como “segundo-canónicos”, sólo se quiere indicar que entraron en la lista de los libros sagrados (el “canon”) en un segundo momento, pero tienen igual dignidad e importancia que los demás.

Los libros que componen la lista de los “deuterocanónicos” son: Baruc, Judit, Tobías, Sirá o Eclesiástico, Sabiduría y libros 1 y 2 de los Macabeos.

Judit

Se trata de un libro didáctico. En él se narra una guerra contra Israel en la que participan todos los pueblos de la tierra. Incapaces de defenderse, los judíos están por rendirse, pero son salvados por intervención de una mujer muy piadosa y observante de la Ley: Judit. Ella seduce y termina matando al enemigo del pueblo de Dios.

Como en la literatura apocalíptica, el imperio del mal está representado por el gran ejército y por su jefe. Judit, que en hebreo significa “la judía”, representa al pueblo de Israel, que no vence a los enemigos por las armas sino con la piedad.

Judit

Tobías

Este también es un libro didáctico. Tobías es un israelita deportado a Nínive que debe vivir su fidelidad a la Ley en medio de un clima hostil. Al mismo tiempo, un familiar suyo que vive en otra ciudad de Asiria se encuentra con serios problemas en su vida. Dios interviene por medio del Ángel Rafael y soluciona los problemas de ambos.

Como obra didáctica, el libro enseña a ser fiel aun en medio de las dificultades, confiando en la providencia de Dios. Cabe mencionar que interviene en la obra uno de los Ángeles, subrayando la trascendencia de Dios y su actuar en la creación a través de intermediarios.

Sirá o Eclesiástico

Este libro recibe el nombre de “Eclesiástico” porque en los primeros siglos de la Iglesia, los cristianos lo utilizaron frecuentemente este libro, sobre todo en la instrucción de los catecúmenos que se preparaban para el bautismo.

El autor de este libro es un “maestro de sabiduría” (un escriba) muy fervoroso que se empeña en describir los valores del judaísmo, en un momento en que los judíos sienten la tentación de abandonarlo para correr tras las novedades que aportan los griegos. Si los griegos traen su sabiduría, Ben-Sirá, que es el protagonista del libro, dice que la Sabiduría viene de Dios, y que para poder adquirirla es necesario cumplir los mandamientos.

Cuando quiere resumir su pensamiento sobre la sabiduría, Ben-Sirá afirma que este no es otra cosa que la Ley de Moisés y que cumplir la Ley es practicar el culto.

A pesar de los grandes valores que contiene el libro, también contiene algunas carencias que es necesario mencionar: en primer lugar, no tiene expectativas de un mesías; tampoco demuestra tener esperanza en una vida futura; y por último, en varios lugares muestra tener muy poco aprecio por el sexo femenino.

Sabiduría

En griego la obra lleva como título “Sabiduría de Salomón”, porque el autor habla como si fuera aquel rey que con su experiencia, su sabiduría y su autoridad habla a los gobernantes de la tierra.

La primer parte de este libro es un análisis sobre la sabiduría. El autor describe a la sabiduría mediante una figura femenina que tiene su trono junto a Dios. Se afirma que no se puede alcanzar la sabiduría si Dios no la concede, y por eso es necesario pedirla.

La segunda parte de esta obra es una larga meditación sobre la actuación de la sabiduría en la historia. Pasa con rapidez desde Adán hasta Moisés, pero se detiene largamente en los relatos de las plagas de Egipto y los milagros del Éxodo, para comparar la diferente forma de obrar que ha tenido Dios con Israel y con los egipcios.