Libros didácticos o sapienciales

Libros didácticos y sapienciales

En Israel existió el interés por alcanzar la sabiduría. El término hebreo equivalente a “sabiduría” puede designar distintas formas de habilidad: la capacidad para tareas manuales, el buen sentido en la conducción política, el buen criterio para juzgar, la astucia para comportarse en situaciones comprometidas, etc. Se dice que Salomón investigaba sobre toda clase de plantas y de animales, y por esa razón era reconocido como sabio. La adquisición de esta sabiduría promete una vida larga y feliz, libre de contratiempos. Aquel que no tiene sabiduría es el “necio”, el que no sabe manejar bien sus negocios ni solucionar de manera acertada sus problemas.

La literatura sapiencial apareció en Israel durante el reinado de Salomón. En aquel tiempo era muy apreciada la sabiduría de los paganos. Por eso en algunos escritos aparecen enseñanzas que se encuentran también en los libros sapienciales egipcios.

Había una mirada negativa de la sabiduría humana en la época de los profetas, ya que estos se habían opuesto muchas veces a los sabios de las cortes porque aconsejaban soluciones contrarias al plan de Dios.

Esto provoca que más tarde se considere a la sabiduría de los hombres como opuesta a la sabiduría de Dios. Por eso la reflexión sapiencial se orientará hacia la sabiduría de Dios.

Proverbios

Proverbio

La enseñanza de la sabiduría, tanto en Israel como en el resto de los países vecinos, se realizaba principalmente por medio de oraciones breves, que tenían una comparación y se expresaban en forma de paralelismos. En hebreo, la palabra que significa “comparación” es “mashal”. Este término puede indicar distintas clases de comparaciones: proverbios, sentencias, parábolas, enigmas, etc. En latín se tradujo como proverbium y de allí pasó a ese nombre al castellano.

Los proverbios muestran paralelismos que a veces son:

  • Sinonímicos: dice dos veces lo mismo, pero con distintas palabras o figuras, por ejemplo: “el que tarde en enojarse vale más que un héroe, y el dueño de sí mismo, vale más que un conquistador” (Proverbios 16, 32).
  • Antitéticos: muestran casos opuestos, por ejemplo: “el malvado huye sin que nadie lo persiga, pero el justo está seguro como un cachorro de león” (Proverbios 28, 1).
  • Sintéticos: reúnen una idea y una figura que la describe, por ejemplo: “como el perro vuelve sobre su vómito, así el insensato reincide en su necedad”.

Job

Este libro es considerado el más importante de los libros sapienciales. Este escrito se ocupa del interrogante sobre la causa del sufrimiento del hombre justo.

La enseñanza de la tradición afirmaba que los que cumplen atentamente los mandamientos de Dios recibirían las bendiciones divinas y estarían al cuidado y abrigo de Dios ante cualquier problema, mientras que los que no cumplían con ellos sufrirían toda clase de males. El libro de Job, en cambio, afirma que también los justos sufren y que el sufrimiento no es un castigo por algún pecado.

Job

Este escrito consta de tres partes. En la primera de ellas, se presenta la situación de Job, que es una persona correcta que es puesta a prueba por Satanás. Pierde a sus hijos, sus riquezas y, finalmente, su salud.  En la segunda se narra la rehabilitación de Job después de sus pruebas.

La tercera parte comienza con Job lamentándose por lo ocurrido. Luego acuden a consolarlo varios amigos, conversando con él acerca de la razón de sus sufrimientos. Aquí vemos que en medio de sus dolores, Job está totalmente desconcertado porque sabe que no ha cometido ningún pecado y, por eso, no se explica la razón de los males que padece.

Luego de los discursos de sus amigos, habla Dios. El discurso de Dios no da la solución al problema, no responde a lo que le sucede a Job, sino que lo sitúa a él en su lugar: la sabiduría de Job no es suficiente como para pedirle a Dios razones. La razón de ser del dolor queda en el misterio. Las dos enseñanzas de este libro son:

  1. La sabiduría de Dios supera los razonamientos de cualquier ser humano y no se le puede pedir razones a Dios.
  2. El sufrimiento humano no está necesariamente ligado al pecado. En el caso de Job era sólo una prueba. En el Nuevo Testamento se encuentra un testimonio de que esta enseñanza no había sido asumida por algunos judíos de la época de Jesús: los discípulos de Jesús vieron a un hombre ciego y preguntaron quién habría pecado para que él tuviera que padecer este mal.

Eclesiastés

El autor de este libro muestra a un predicador que se presenta como Salomón. El interés de identificarse con el rey sabio proviene de que le interesa mostrarse como aquel que ha tenido todo: gloria, riquezas, sabiduría, bienestar… pero después de las experiencia de la vida y de la reflexión ha llegado a la conclusión de que todo es “vanidad”, es decir, “vaciedad”. No hay nada que sea duradero, sino que todo pasa y no deja nada más que sensación de vaciedad. Ni aun la sabiduría llega a colmar el corazón, porque el saber “trae aflicción”. A todo esto se suman los males que vienen por las injusticias que se comenten en la sociedad.

El sabio que reflexiona de esta manera supone que después de la muerte no hay ninguna retribución. Ellos todavía vivían con la convicción de que “de polvo eres y al polvo volverás”, y no tenían esperanza de una resurrección. Esta esperanza sólo aparecerá en los últimos años del Antiguo Testamento y será proclamada definitivamente por Nuestro Señor Jesucristo.

Hay que hacer una observación sobre este libro: el pesimismo del autor puede explicarse por el momento histórico en que es escrito. Es la época en la que los griegos comienzan a expandirse y llevan su cultura por todo el mundo. El pensamiento y la vida de los griegos (el arte, los deportes, las formas de vida…) ejercían un fuerte atractivo sobre los jóvenes judíos, que se sentían arrastrados a abandonar la Ley de Dios y las tradiciones del judaísmo. El autor de este libro, sabiamente, pone al descubierto la vaciedad de todas estas cosas: nada de eso es permanente. Sólo se debe poner la mirada en Dios.