Profetas posteriores: mayores y algunos menores

Profetas posteriores

Dentro de los profetas posteriores, reconocemos a los tres profetas mayores (Isaías, Jeremías y Ezequiel) y los doce profetas menores. La distinción en mayores y menores es de acuerdo a la extensión de la obra. A continuación veremos a los tres profetas mayores y a algunos de los profetas menores.

Profetas mayores

1. Isaías

El libro de Isaías, así como se lo encuentra en la Biblia, es el resultado de la unión de distintos escritos pertenecientes a diversos autores de diferentes épocas. Por esta razón, conviene hacer una distinción inicial y señalar que en este libro nos encontramos con un “pimer Isaías”, un “segundo Isaías” (o “Déutero-Isaías”) y un “tercer Isaías” (o “Trito-Isaías”). Estos tres Isaías corresponden a distintos tiempos históricos.

Este libro es el que mejor prepara la recepción de la Buena Noticia de Jesús, por lo que se lee con frecuencia en la liturgia. Los tres Isaías insisten en la santidad de Dios, la gravedad del pecado contra Él y los hermanos, el valor de la conversión, la fidelidad de Dios hacia el pueblo elegido, y los anuncios del Mesías.

El primer Isaías fue llamado por Dios en el templo. Declaró el peligro de aliarse con poderes extranjeros, ya que Dios quería que confiaran solamente en Él; denunció la injusticia y la opresión de los pobres, y fomentó la esperanza al anunciar la venida de un rey perfecto.

El segundo Isaías profetizó durante el exilio en Babilonia. Retomó los temas del primer Isaías para orientar y animar a los cautivos en tierra extranjera. Su mensaje creaba conciencia del pecado nacional y proclamaba la esperanza que viene con la conversión. Entre sus profecías están los célebres poemas del siervo del Señor y la promesa de que Israel regresará a su tierra.

El tercer Isaías profetizó en Jerusalén, durante el tiempo de la reconstrucción del templo y la ciudad. Reavivó la exigencia de justicia y fidelidad ante las prácticas injustas y la apatía religiosa, y abrió horizontes universales en esa época en que nacía el judaísmo. Sus últimas profecías anuncian un Israel perfecto y “un cielo nuevo y una tierra nueva”, promesa que se repite en el Apocalipsis.

 2. Jeremías

Jeremías fue un profeta tímido y violento, delicado y terrible, dedicado a proclamar el mensaje de Dios. Su vida y su ministerio fueron difíciles, dolorosos y variados.

La vocación de Jeremías surge desde muy joven. Durante la reforma religiosa del rey Josías, Jeremías insiste al pueblo que se convierta y le anuncia el castigo de manos del enemigo si no lo hace.

Además, Jeremías denuncia la política corrupta de los sucesores de Josías, los motiva a permanecer bajo Babilonia y se lamenta ante la conducta del pueblo. Por ello es perseguido y obligado a ocultarse para salvar su vida.

También el profeta acusa al rey, a los sacerdotes y a los falsos profetas, que engañan al pueblo en lugar de guiarlo hacia Dios. Su denuncia causa que lo persigan, arrojen a un pozo y encarcelen.

Por último, Jeremías realiza juicios contra varias naciones extranjeras, describiendo sus sufrimientos y proclamando esperanza. Jeremías escribe a los deportados y les promete la restauración de Judá, el regreso a su tierra, un porvenir bueno y una salvación duradera.

3. Ezequiel

Ezequiel fue sacerdote y profeta. Ejerció su sacerdocio en el templo de Jerusalén antes de ser destruido. Fue exiliado a Babilonia en la primera deportación, junto con los notables de la ciudad, y desde allá supo de la ruina de su patria, la cual interpretó a la luz de Dios.

Su libro cubre dos épocas. En Jerusalén llama a Judá a convertirse y denuncia la opresión de otras naciones. Después, en el destierro, da un mensaje de consuelo y restauración. Sus principales contribuciones pertenecen a la segunda época, y son cuatro:

  1. Ve la gloria de Dios presente en el mundo de Israel, la cual consiste en una realidad luminosa que se percibe cuando las personas se arrepienten de sus pecados, aceptan la liberación de Dios y lo adoran en el templo.
  2. Introduce el concepto de la responsabilidad personal en el cumplimiento de la ley de Dios, al enfatizar que cada individuo puede y debe dirigir su vida según la alianza con Dios.
  3. Manifiesta gran interés en el culto, pues sueña con una comunidad organizada alrededor del templo y con la ley de Dios inscrita en el corazón de cada uno.
  4. Visualiza un nuevo Israel, donde el único rey es Dios. Gobernará a través de un “príncipe” que vendrá de la casa de David y que como pastor alimentará sus ovejas, las sanará y reunirá a las que están perdidas, restaurando así la unidad de Israel. Este príncipe, quien es el Mesías esperado, buscará la santidad la pureza de vida y el culto, más que el poder político y las conquistas militares.

Profetas menores

1. Miqueas

Miqueas es portavoz apasionado de Dios. Su relación con la gente que trabaja la tierra lo obliga a denunciar a quienes codician y roban sus campos y sus hogares. Proclama que el Señor mostrará su justicia castigando la infidelidad a la alianza, que causa una separación cada vez más profunda entre ricos y pobres.

Miqueas anuncia al Mesías apuntando las características que tendrá Jesús. En tanto Israel esperaba un mesías guerrero y triunfador, el profeta lo presenta procedente del pequeño resto: fiel, humilde y pacífico; que nacerá en Belén, la pequeña ciudad de David. La salvación viene de Dios y Él quiere que se dé a partir de lo pequeño y lo humilde, no de lo grande, poderoso y esplendoroso.

2. Zacarías

El libro de Zacarías fue escrito por varios autores, en épocas y situaciones muy distantes. Se distinguen en él tres Zacarías.

El primer Zacarías ayudó a forjar la identidad del pueblo, centrándolo en el templo, el culto y la ley. Zacarías promueve la reconstrucción del templo, el cual ve clave para restaurar la alianza.

El segundo Zacarías fortalece la identidad nacional con visiones y discursos proféticos. Da importancia a los sacerdotes como pastores del pueblo, insiste en la responsabilidad de los dirigentes y destaca el trabajo de los profetas.

El tercer Zacarías, y el segundo también, dan esperanza al pueblo con su fuerte contenido mesiánico. Hablan del pastor bueno, el Mesías humilde y el reinado de la verdad, la justicia, el amor y la paz.