Deuteronomio e introducción a los profetas

Deuteronomio

“Deuteronomio” significa “segunda ley” en griego, pero en realidad se trata de una nueva presentación de la misma Ley de la alianza. Siglos después de que el pueblo de Israel se instaló en la tierra prometida, se instauró la monarquía, que más tarde se dividió en dos reinos: el reino del Norte y el reino del Sur. Cuando el reino del Norte fue vencido por Asiria, los levitas escondieron estos escritos sobre la Ley en Jerusalén; años después, al encontrarlos, los llamaron “segunda ley”.

Con este libro se trata de inculcar el amor a la Ley. No es cuestión de imponerla desde afuera, sino de arraigarla y hacer que crezca desde lo más profundo del corazón. Su finalidad es hacer de Israel una comunidad de “hermanos”. La idea de la unidad domina todo el Deuteronomio: un Dios, un Pueblo, un Templo, una Tierra y una Ley.

El Deuteronomio adapta la Ley a la nueva situación que vive el pueblo, presentándola a sacerdotes, reyes y profetas. Hay dentro de esta obra tres discursos de Moisés, que tratan los siguientes temas:

  • El monoteísmo: un solo Dios escoge a un solo pueblo por propia iniciativa.
  • Dios es santo, bueno, justo, providente y no hay otro ante él.
  • El señor libera y guía al pueblo elegido para darle la tierra prometida.
  • Israel debe a Dios un amor total y exclusivo, lo que implica el predominio del amor sobre las otras leyes y una separación de las naciones extranjeras.
  • La comunión con Dios exige pureza y fidelidad en el cumplimiento de la Ley.
  • La fe de Israel debe ser única y mantener la unidad del culto en un solo santuario.

I. Primer discurso de Moisés

En este primer discurso, Moisés recuerda la experiencia vivida por los israelitas en el desierto. Esta experiencia está llena de enseñanzas. En los acontecimientos de su propia historia, Israel debe ver el signo más grande de amor del Señor: eligió a Israel gratuitamente. Y también debe reconocer el poder de su Dios, que los liberó de todos los peligros. Por ello hay que dar absoluta fidelidad al Señor.

En este discurso, se muestra lo que le sucedió a la primera generación de israelitas en el desierto. Por su pecado de incredulidad, ellos fueron condenados a morir sin entrar en la Tierra prometida. También este hecho debe servir de advertencia. El amor del Señor es exigente. La fidelidad a Él abre el camino de la felicidad: la infidelidad separa al Pueblo de su Dios, única fuente de vida, y lo lleva necesariamente a la ruina. 

II. Segundo discurso de Moisés

La atención en este discurso también se centra en los hechos del pasado: la promesa del Señor a los Patriarcas, la salida de Egipto, el don de la Ley en el Sinaí y la travesía en el desierto. En la meditación de su propia historia, Israel debe encontrar los motivos para mantenerse fiel a la Alianza. Él es el Pueblo de Dios, y esa elección es una gracia y un testimonio de amor de Dios. Y ese amor exige una entrega, que excluye todo compromiso con los pueblos paganos y sus dioses.

III. Tercer discurso de Moisés

En este último discurso se vuelve sobre el tema de la Alianza del Señor con su Pueblo. Se muestra que Dios no puede pactar en términos de igualdad con el hombre, porque la Alianza es siempre una iniciativa de su gracia. Pero Él no impone su Alianza, sino que la ofrece como un don y una responsabilidad. Así quedan abiertos dos caminos: el de la fidelidad y la vida, o el de la rebeldía y la muerte. A cada uno le toca decidir libremente, comprometiendo en esa decisión todo su futuro.

Los profetas

Un profeta es una persona que habla de parte de Dios. Los profetas eran personas llamadas por Dios para ser sus portavoces ante el pueblo, sobre todo en tiempo de crisis. Su mensaje se conoce como profecía u oráculo. Los profetas realizaron con valentía su misión y con frecuencia tenían problemas, pues su mensaje era duro, sobre todo para los poderosos y los dirigentes del pueblo.

En la antigüedad, los profetas eran simplemente adivinos que estaban al servicio de la corte. Por medio de signos de la naturaleza averiguaban las cosas ocultas o predecían el futuro. Los profetas de Egipto, por su parte, se encargaban de interpretar los sueños (como el patriarca José). En la tierra de Canaán eran conocidos los profetas que se reunían en grupo y procedían a estimularse por medio de música. De esta forma entraban en un “trance profético”.

Los profetas de Israel, en un principio, tuvieron características semejantes a las de los otros pueblos. Pero rápidamente se fueron diferenciando y adquiriendo rasgos propios, por ejemplo:

  • Mientras que los profetas de los paganos eran profetas por decisión propia, los profetas de Israel, en cambio, eran llamados por Dios. Los profetas narran con frecuencia su vocación, para mostrar que no hablan por iniciativa propia. Más aun, en muchos casos lo destacan relatando que ellos se resistían al llamado.
  • Los profetas de Israel eran hombres de la palabra. No se dedicaban a adivinar ni a interpretar sueños. Mucho menos a tener “trances proféticos”. Lo característico de estos profetas es que hablaban para transmitir la palabra de Yahvé. En los libros proféticos encontramos las frases “esto es palabra de Yahvé” y “así dice Yahvé”.
  • Eran hombres profundamente religiosos y eran muy cercanos a Dios. Esta cercanía con Dios era lo que les permitía hablar en nombre de Yahvé como lo hacían.
  • Así como eran intermediarios para llevar a los hombres la palabra de Dios, de la misma forma eran intercesores por el pueblo delante de Dios. 
  • profetas

Con respecto a su predicación profética, es decir, de qué hablaban y qué anunciaban, se puede decir lo siguiente:

  1. Los profetas hablaron sobre Dios. Como se encontraban en una gran cercanía con Dios, estaban mejor capacitados para hacer conocer a los demás los rasgos del verdadero Dios y diferenciarlo de los dioses falsos que otros intentaban introducir en el pueblo. De esta forma, los profetas fueron los primeros que hablaron claramente sobre el monoteísmo.
  2. Otro tema del que hablaron los profetas es el de la alianza. Todos los profetas explicitan al pueblo en cada situación lo que significa “ser el pueblo de Dios” y cuáles son las exigencias de esta pertenencia a Yahvé.
  3. De las enseñanzas sobre la alianza se desprenden las exigencias morales. En los textos proféticos se encuentran enseñanzas muy claras sobre el proceder que debe asumir el hombre que quiere vivir de acuerdo con la voluntad divina.
  4. Finalmente, los profetas introducen la noción del “día de Yahvé”. Anuncian para el futuro un día en el que Dios se hará presente (por sí mismo o por un intermediario) para realizar un juicio, castigar a los impíos e instaurar el tiempo de felicidad definitiva para los justos.
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