Levítico y Números

Levítico

Este es el tercer libro del Pentateuco. El nombre que recibe es debido a su contenido: consta de las indicaciones sobre los rituales que debían poner en práctica los sacerdotes de la tribu de Leví. Los sacerdotes levitas eran mediadores entre Dios y su pueblo. Su misión era bendecir al pueblo en nombre de Dios, enseñar la ley y ofrecer sacrificios del culto. También ungían a los reyes, presidían las fiestas y purificaban a los enfermos. Fueron llamados a una santidad especial.

Al leer este libro vemos que lo que dice pertenece a una cultura lejana y extraña al hombre de hoy en día. Esto es verdad, pero visto en su contexto histórico, el libro muestra un sentido muy profundo de trascendencia divina y de la preocupación por formar un Pueblo santo, consagrado al culto del verdadero Dios.

La referencia al Levítico es necesaria para entender muchos pasajes del Nuevo Testamento, que nos hablan de Cristo y de su Sacrificio redentor.

I. El ritual de los sacrificios

El sacrificio es el acto de culto por excelencia. Es una expresión natural y espontánea que reconoce la soberanía absoluta de Dios. Se ofrece a Él algo valioso para uno, consagrándolo al Señor y colocándolo sobre el fuego del altar. El humo que sube de la ofrenda es como un lazo de unión entre el cielo y la tierra.

El ritual israelita saca de los sacrificios todo tipo de elemento mágico, resaltando el aspecto personal. Pero estos ritos estuvieron en peligro de convertirse en prácticas puramente exteriores, sin darle importancia a su significado y sentido. Los profetas tuvieron que alzar su voz para denunciar este tipo de prácticas sin espíritu.

Las ofrendas que hacían los israelitas para obtener el perdón o expiar sus pecados eran muy importantes, ya que consideraban las catástrofes y enfermedades como castigo por su infidelidad a Dios. El Levítico indica, como se dijo, toda clase de ritos de expiación; muchos de ellos incluyen la ofrenda de un animal, pues el pecado era considerado tan serio que justificaba sacrificar a un ser vivo. Estos sacrificios ayudan a entender la ofrenda de Cristo por nuestros pecados.

II. La investidura de los sacerdotes

III. Legislación sobre lo puro y lo impuro

Aquí, lo “puro” y lo “impuro” se refiere a “estados” que afectan al hombre y le permiten o le impiden acercarse a Dios para rendirle culto. Lo “impuro” es una fuerza misteriosa y temible, que se transmite por simple contacto, incluso involuntario. Por ejemplo, basta tocar un cadáver para quedar impuro. En algunos casos, el estado de impureza es inevitable, como en los enfermos de lepra.

Para salir de este estado y reintegrarse a la comunidad del culto, es preciso someterse a ciertos ritos de purificación. Se destaca entre las distintas purificaciones el ritual del gran Día de la Expiación, que consistía en enviar cada año al desierto el “chivo emisario”, portador tanto de las impurezas como de los pecados del pueblo. En el día de la expiación, el sacerdote colocaba sus manos sobre un chivo mientras confesaba en público los pecados del pueblo. Ese chivo era mandado al desierto, simbolizando que se llevaba los pecados perdonados por Dios (de ahí la costumbre de llamar chivo expiatorio a las personas a quienes se les echa la culpa por algo que no hicieron, que es una hipocresía y causa daño a la persona acusada).

Estas prácticas antiguas sirvieron para mantener vivo en Israel el sentido de la santidad y la absoluta trascendencia de Dios. El punto más débil de este segmento está en no distinguir suficientemente el mal físico del mal moral y en identificar algunas enfermedades con el estado de impureza. Por eso Jesús declara abolida esta cuestión, al afirmar que nada de lo que está fuera del hombre puede mancharlo, sino sólo el mal y la impureza que brota de su corazón.

IV. La ley de santidad

La santidad de Israel es una cualidad que proviene de Dios, que lo eligió y lo separó de las demás naciones para consagrarlo a su servicio. Pero esa santidad es también una meta y un ideal que es preciso realizar. El Pueblo de Dios está llamado a ser en la tierra la imagen viviente de la santidad divina. En este apartado denominado “Ley de Santidad” se encuentran leyes y costumbres recopiladas por sacerdotes para llevar a cabo este ideal.

Se menciona en esta parte las relaciones sexuales. La sexualidad debe ser vista como un regalo especial. Este regalo de la vida debe ser bien utilizado si queremos ser santos, ya que ser santos integra todas las dimensiones de la persona, incluida la sexualidad. No es bueno adquirir malas costumbres sexuales. Hoy en día es común presentar la sexualidad como algo vulgar y las relaciones sexuales independientes del amor. La sexualidad es un regalo maravilloso de Dios para la realización personal en el amor, la complementariedad entre el hombre y la mujer, y la colaboración en la obra creadora de Dios.

Números

Este libro es llamado “Números” porque empieza con un censo de las tribus del Sinaí. Se muestra el proceso continuo de pecado-castigo-conversión-gracia que vivía el pueblo de Dios. Fue escrito para fortalecer la fe al recordar el peregrinar a la tierra prometida, un caminar que se asemeja a una procesión litúrgica, con el arca y las tablas de la alianza al frente, y el armar una y otra vez la tienda del encuentro, donde la colocaban y daban culto a Dios.

Los judíos de lengua hebrea llamaban a este libro “En el desierto”, porque estas son las palabras más importantes del versículo inicial. Este título muestra uno de sus temas característicos: la marcha de los israelitas a través del desierto, desde el Sinaí hasta las fronteras de la Tierra prometida.

Números

El orden que puede establecerse a lo largo del libro, teniendo en cuenta el marco geográfico de los acontecimientos narrados, es el siguiente:

  1. La partida desde el Sinaí se prepara con un censo del pueblo y con las ofrendas presentadas con motivo de la dedicación del Santuario.
  2. Después de celebrar la segunda Pascua, los israelitas salen del Sinaí y llegan a Cades, donde realizan un intento desafortunado de entrar en Canaán por el sur.
  3. Tras una larga permanencia en Cades, vuelven a ponerse en camino y llegan a las estepas de Moab, frente a Jericó.

Durante su marcha por el desierto, Israel vivió sus primeras experiencias como Pueblo de Dios. Allí los que habían salido de Egipto bajo la guía de Moisés comenzaron a tomar conciencia de su destino común.

Es importante el lugar del desierto también en el Nuevo Testamento: allí predicó y bautizó Juan el Bautista, para preparar el camino del Señor. Y allí Jesús fue llevado por el Espíritu para prepararse a cumplir su misión de iniciador y consumador de nuestra fe.

Jesús desierto

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