La pascua judía y la alianza

La pascua judía

El término “pascua” se asocia a “pasar por encima”, “saltar” y también “librar”. Esta fiesta estaba ligada, en sus inicios, al sacrificio que los pastores ofrecían en primavera para proteger sus ganados. Pero en la liturgia de Israel la Pascua adquirió una significación y un sentido totalmente nuevos: era el “memorial” del Éxodo, del acto salvador de Dios que puso fin a la esclavitud de Israel y lo condujo a la libertad. Esta salvación alcanzará su pleno cumplimiento en el cristianismo con Cristo.

Las fiestas de la Pascua y de los Panes Ácimos tienen origen en el paganismo, y posteriormente fueron asumidas por el Pueblo de Israel dándoles una nueva significación.

La Pascua, como ya se ha dicho, era celebrada por los pastores de ganado en primavera. Consistía en el sacrificio de un animal nacido en el último año, cuya sangre se rociaba en el ganado y las carpas. Su carne era comida por la comunidad. Este sacrificio tenía como finalidad liberar al ganado de malas influencias y peligros.

La fiesta de los Panes Ácimos era una fiesta propia de los agricultores, que se realizaba cuando se cortaban y ofrecían a la divinidad las primeras espigas de la cosecha. Con estas primeras espigas se preparaba el primer pan, que por no tener levadura para fermentar la masa debía ser necesariamente ácimo, es decir, sin levadura.

Con el correr del tiempo, Israel conservó estas dos celebraciones y las fundió en una sola: la Pascua. Además, la Pascua adquirió un sentido religioso relacionado con la salida de Egipto. No sólo se recordaba el acontecimiento sino que se lo “revivía”. Hasta el día de hoy, los judíos, cuando celebran la Pascua, siguen repitiendo unas palabras que definen muy bien el espíritu de esta celebración.

Con estas fiestas se dio un cambio muy importante. Israel conservó estas fiestas pero las llenó de un nuevo sentido, reviviendo los hechos de la historia de la salvación.

La pascua judía y la pascua cristiana

Los judíos han celebrado la pascua como un memorial por generaciones, porque en esa “noche de las noches” el pueblo de Dios fue rescatado de la esclavitud. Como buen judío, Jesús celebraba todos los años la pascua en conmemoración de la salvación de su precio.

Los cristianos reconocemos la última vez que Jesús celebró la pascua como la Última Cena, en la cual reunió a sus apóstoles, se despidió de ellos e instituyó una nueva alianza. En lugar de cordero, él mismo se ofreció como víctima; bendijo el pan y el vino, los transformó en su cuerpo y sangre, y los dio a comer a sus discípulos. Después les mandó hacer lo mismo en “memoria” suya.

Para los católicos, la pascua es más que un recuerdo celebrado en honor de Dios. La cena de Jesús con sus apóstoles es al mismo tiempo sacrificio y banquete; rito y sacramento, para todo tiempo y lugar, y para todas las personas. Jesús da su sentido definitivo a la pascua judía y anticipa la pascua final de la iglesia en la gloria del reino. Esta celebración tiene lugar en cada misa, particularmente los domingos y durante la Semana Santa.

 

La alianza 

La alianza, antiguamente, se trataba de un juramento de fidelidad en el que uno más poderoso se comprometía a dar cierta protección o ayuda a uno más débil, mientras que este se obligaba a cumplir determinadas condiciones.

El término “alianza” puede indicar un acuerdo entre iguales, y también significa lo mismo que “testamento”. Tanto la alianza como el testamento son compromisos, pero en el testamento hay uno que se obliga y otro que solamente recibe beneficios. De allí surgió el nombre que se utiliza con frecuencia: “El Antiguo Testamento”, en lugar de “La Antigua Alianza”. Pero en esta alianza que Dios hizo con los israelitas también había compromisos por parte del pueblo.

Desde tiempos muy antiguos, el recuerdo de la salida de la esclavitud de Egipto fue vinculado con el de la institución de la alianza. Con este nombre de “alianza” se designa en este caso el solemne juramento con el que Dios se comprometió a ser el Dios de los israelitas, formando con ellos su propio pueblo. De esta forma se ve que la salida de Egipto no es el paso de una situación de esclavitud a una libertad absoluta, sino el paso de una condición de esclavos a la de miembros del pueblo de Dios. Antes estaban sometidos a la realeza egipcia que los denigraba. A partir de la alianza están sometidos a Dios que los trata de otra manera.

La alianza debía sellarse por medio de un sacrificio y de un banquete. Moisés tomó la sangre de los sacrificios y roció con ella al pueblo. Y en el Sinaí Dios les dijo las exigencias de la alianza, que fueron escritas en un texto llamado “Código de la alianza”. Las tablas de este texto fueron guardadas en un cofre llamado “Arca de la alianza”.

Tanto la alianza hecha con Abraham como la del Sinaí y sus renovaciones implicaba una exigencia de fidelidad de aquellos que recibían las promesas divinas. Dios, por su parte, se comprometía a protegerlos como a su propio pueblo. En cuanto a la Biblia, sólo se puede a hablar de “pueblo de Israel” a partir de la alianza.

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