La Asunción de la Virgen María

Hoy, miércoles 15 de Agosto, celebramos un dogma de fe, la asunción de la Virgen María que fue llevada al cielo en cuerpo y alma.

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La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener una madre que ha alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.

Este día, recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida sin pecado original, el cuerpo de María estuvo siempre libre de pecado. Era totalmente pura. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado.

También, tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre María y cómo ella supo responder a éstas. Ella alcanzó la Gloria de Dios por la vivencia de las virtudes. Se coronó con estas virtudes.

La maternidad divina de María fue el mayor milagro y la fuente de su grandeza, pero Dios no coronó a María por su sola la maternidad, sino por sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.

María cumplió perfectamente con la voluntad de Dios en su vida y eso es lo que la llevó a llegar a la gloria de Dios.

En la Tierra todos queremos llegar a Dios y en esto trabajamos todos los días. Esta es nuestra esperanza. María ya ha alcanzado esto. Lo que ella ha alcanzado nos anima a nosotros. Lo que ella posee nos sirve de esperanza.

María tuvo una enorme confianza en Dios y su corazón lo tenía lleno de Dios.

Ella es nuestra Madre del Cielo y está dispuesta a ayudarnos en todo lo que le pidamos.

Fuente: es.catholic.net

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Además no debemos olvidarnos que hoy también es el día de San Tarcisio, patrono de los monaguillos y acólitos, quien murió mártir, ¡Por eso les deseo un muy feliz día a los monaguillos, acólitos o ministros de la eucaristía que lean esto!

Organización de la segunda mitad del año

Durante la segunda mitad del año, haremos un enfoque sobre la persona de la Virgen María, tanto en el grupo de los grandes como de los chicos, figura central para los monaguillos en este año. Para ello, haremos la siguiente modificación en las reuniones: al finalizar el encuentro, rezaremos 3 avemarías pidiendo, antes de iniciar cada uno, por una intención en particular. Esta oración la tendrá que hacer una persona distinta por reunión. De esta manera, profundizaremos tanto en la oración como en el diálogo con María, madre nuestra y de Dios. En la reunión de cada sábado se establecerá quién se encargará de preparar la oración de cierre del próximo encuentro.

Otra cuestión muy interesante que llevaremos a cabo en el grupo de los monaguillos grandes (los coordinadores de los monaguillos más chicos pueden implementar la siguiente dinámica u otra) es que cada monaguillo prepare un tema para exponer en las reuniones.

Cada expositor debe leer sobre el tema que le toca para después comentar y exponer a sus compañeros de qué se trata. Algunas recomendaciones a tener en cuenta son: hacer algún resumen en una hoja para el que expone y, si se quiere, para los que los demás; hacer un afiche con algún cuadro y/o imagen; exponer y al final repartir estampitas sobre el tema que le haya tocado; cerrar la exposición con una oración, que no sea el avemaría, a la Virgen; etc. No olvidemos que esta dinámica la llevamos a cabo para que todos participemos activamente de la formación del grupo y para que todos descubramos un poco más a la querida madre de nuestro Salvador y Señor nuestro.

Continuando con María, el miércoles 15 de agosto celebramos el día no sólo de San Tarsicio sino también de la Asunción de la Virgen, fecha en la cual habrá misa solemne, cuyo horario será confirmado más tarde. A tal misa deben asistir todos los monaguillos grandes y se invitará también a los chiquitos. Con respecto a la celebración de San Tarsicio, para no “cargar” nuestro calendario de actividades, es muy posible que hagamos algo el último sábado de septiembre (29). Las sugerencias son más que aceptadas.

Dejando de lado a la figura de la Virgen, hablaremos ahora de los grupos de trabajos, que trabajaron a medias durante la primera mitad del año, aunque dieron buenos frutos las veces que actuaron, como en los lavados de alba y en la feria del plato. Los grupos quedan nuevamente divididos de la siguiente manera:

  • Lavado de albas: el encargado será Lorenzo Alegre y su colaborador Santiago Perez.
  • Infraestructura: el encargado será Brian Ovejero y su colaborador Santiago Lopardo.
  • Comunicación: el encargado será Julián Devouassoux y su colaborador Franco Lanzilotti.

Otra cosa muy importante es el hecho de que Juan Solernó, Julián Devouassoux y Lorenzo Alegre estarán ausentes por bastantes días durante el mes próximo de septiembre. El coordinador general se ausentará del 5 al 20 de septiembre, y los otros dos coordinadores del 5 al 15. Los tres no estarán presentes en las reuniones de los días 8 y 15 de mayo. Por ello, Mariano González se hará cargo del encuentro de los monaguillos chiquitos durante esos dos días mientras que Brian Ovejero se encargará del grupo de los grandes. Más información será dada cuando nos encontremos más cerca de la fecha. Lo que se pide encarecidamente a cada uno de los monaguillos es que por favor colaboren tanto con Mariano y Brian como con el grupo, ya que al ser tres personas menos se va a notar la diferencia y no queremos que el espíritu del grupo decaiga. Desde ya, muchas gracias.

Por último, y no por ello menos importante, comenzaremos de nuevo a dividir las misas por cuadros para seguir remarcando el compromiso de servir en el altar. Este resulta ser un mecanismo eficiente y muy cómodo. Solamente por este mes, el cronograma será entregado en esta hoja a los monaguillos más grandes. Los coordinadores de los más chicos se encargarán de asignarles una misa a ellos. La particularidad de agosto es que, solamente por este mes, los mismos monaguillos estarán asignados a las mismas misas inicialmente, cabiendo la posibilidad de cambiar en caso de necesidad.

Desde ya nuevamente, MUCHAS GRACIAS a todos ustedes por hacer posible que este grupo tan hermoso sea tan fecundo y nos permita vivir experiencias únicas junto a lo más importante de nuestras vidas, que es nuestro amigo Jesús. ¡Compartamos la alegría de ser cristianos y, particularmente, monaguillos, entre nosotros y los demás!

El Santo Rosario

rosarioLa palabra Rosario significa “Corona de Rosas”.
Nuestra Señora ha revelado a varias personas que cada vez que dicen el Ave María le estan dando a Ella una hermosa rosa y que cada Rosario completo le hace una corona de rosas. La rosa es la reina de las flores, y así el Rosario es la rosa de todas las devociones, y por ello la mas importante de todas.
El Rosario esta compuesto de dos elementos: oración mental y oración verbal.
En el Santo Rosario la oración mental no es otra cosa que la meditación sobre los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. Estos veinte misterios se han dividido en cuatro grupos: Gozosos, Luminosos, Dolorosos y Gloriosos.
La oración verbal consiste en recitar quince decenas (Rosario completo) o cinco decenas del Ave María, cada decena encabezada por un Padre Nuestro, mientras meditamos sobre los misterios del Rosario.
El mismo se reza de la siguiente manera:rosario2
1. Hacer el signo de la cruz y rezar el símbolo de los apóstoles o el acto de contrición
2. Rezar el Padrenuestro
3. Rezar 3 Avemarías y Gloria.
4. Anunciar el primer misterio. Rezar el Padrenuestro.
5. Rezar 10 Avemarías, Gloria y Jaculatoria.
6. Anunciar el segundo misterio. Rezar el Padrenuestro.
7. Rezar 10 Avemarías, Gloria y Jaculatoria.
8. Anunciar el tercer misterio. Rezar el Padrenuestro.
9. Rezar 10 Avemarías, Gloria y Jaculatoria.
10. Anunciar el cuarto misterio. Rezar el Padrenuestro.
11. Rezar 10 Avemarías, Gloria y Jaculatoria.
12. Anunciar el quinto misterio. Rezar el Padrenuestro.
13. Rezar 10 Avemarías, Gloria y Jaculatoria.
14. Rezar la Salve.

MISTERIOS DEL ROSARIO
 
 
 
MISTERIOS GOZOSOS (lunes y sábado) 1. La Encarnación del Hijo de Dios. 2. La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel. 3. El Nacimiento del Hijo de Dios. 4. La Purificación de la Virgen Santísima. 5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo. 1. La Encarnación del Hijo de Dios. 2. La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel. 3. El Nacimiento del Hijo de Dios. 4. La Purificación de la Virgen Santísima. 5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo. MISTERIOS DOLOROSOS (martes y viernes) 1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto. 2. La Flagelación del Señor. 3. La Coronación de espinas. 4. El Camino del Monte Calvario. 5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.
 
MISTERIOS GLORIOSOS (miércoles y domingo) 1. La Resurrección del Señor. 2. La Ascensión del Señor. 3. La Venida del Espíritu Santo. 4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos. 5. La Coronación de la Santísima Virgen. 1. La Resurrección del Señor. 2. La Ascensión del Señor. 3. La Venida del Espíritu Santo. 4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos. 5. La Coronación de la Santísima Virgen. MISTERIOS LUMINOSOS (jueves) 1. El Bautismo de Jesús en el Jordán. 2. La Autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná. 3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión. 4. La Transfiguración. 5. La institución de la Eucaristía.

La Virgen María

María Virgen en la vida del cristiano

En nuestra vida de cristianos y en la vida de la Iglesia, la Virgen María tiene un lugar destacadísimo. Miles de personas, de distintas condiciones sociales, económicas y culturales, son fieles devotas de las más variadas advocaciones marianas, buscando en la Virgen consuelo y refugio. Conozcamos los rasgos más sobresalientes de esta hermosa y excepcional figura de nuestra fe.

Virgen María, sin pecado concebida

Para salvarnos, Dios envió a su Hijo amado al mundo. Para ello, eligió desde siempre a una joven judía de Nazareth, “de nombre María” (Lc. 1, 26-27) como madre del Redentor. Para tarea tan digna e importante, Dios libró a la Virgen de toda mancha de pecado, incluso la del pecado original; la hizo “llena de gracia”, por eso la advocación de la Inmaculada Concepción, cuya fiesta es el 8 de diciembre.

María, Madre de Dios

Sin embargo, Dios quiso la aceptación libre y voluntaria de María para dignidad tan extraordinaria; fue así que envió al Ángel Gabriel para ofrecer la maternidad divina, aceptando la Virgen con estas palabras: “He aquí la esclava del Señor, que se haga en mí según tu Palabra” (Lc. 1, 37-38). Todos los años recordamos este encuentro y este “Sí” en la fiesta de la Anunciación, el 25 de marzo.

Es el misterio que rezamos en el Ángelus tres veces al día (mañana, mediodía y atardecer): el cumplimiento de la voluntad del Padre. Es aquí donde la Virgen se muestra como modelo de creyente, dócil y obediente.

Nuestra fe nos enseña que María concibió a Jesús virginalmente, por obra y gracia del Espíritu Santo, y es Cristo “verdadero Dios y verdadero hombre”, reservando su virginidad para ser exclusiva Madre de Dios (los “hermanos” de Jesús que habla el Evangelio de Mt. 13,55 se refiere a parientes cercanos, seguramente primos). Todos los 1 de enero los miembros de la Iglesia celebramos la fiesta de María, Madre de Dios. Es que gracias a la aceptación de la Virgen, Dios se hizo hombre. San Pablo nos dirá en Fil. 2,6-8: “Él, que era de condición divina, (…) se hizo semejante a los hombres, presentándose con aspecto humano”.

Tanto María como José, su fiel esposo y padre adoptivo de Jesús, forman un ejemplo singular de familia, la Sagrada Familia. Lo cuidan entrañablemente (Lc. 2), lo protegen de la matanza de Herodes huyendo a Egipto (Mt. 2), lo lloran al perderlo y se alegran al encontrarlo (Lc. 2, 41). Estas breves pinceladas familiares son un estímulo y un aliento para nuestros hogares.

María, la primera evangelizadora

María es sin duda, la primera anunciadora del Reino que vino a instaurar Jesús. Ella es la que le pide a Jesús que realice su primer milagro en las Bodas de Caná (Jn 2, 1-11) y le insiste a los servidores que “Hagan lo que Él les diga”. Acompañará a Jesús en todo momento, y sobre todo permanecerá fiel, dolorida pero firme al pie de la Cruz. En ese momento sublime de Amor, Jesús nos la regala como Madre cuando le dice: “Madre, aquí tienes a tu hijo” y al discípulo a quien amaba, que nos representa a todos: “Aquí tienes a tu Madre” (Jn. 19, 26-27).

La Virgen permanecerá unida a los Apóstoles formando la primera comunidad de creyentes a la espera de Pentecostés, cuando reciben al Espíritu Santo como Jesús lo prometió (Hch. 1,13). Luego será llevada en cuerpo y alma a los Cielos, ya que al carecer de todo tipo de pecado no estuvo sujeta a la muerte como todos nosotros, misterio tan excepcional que celebramos el 15 de agosto en la fiesta de la Asunción.

María, madre de todos

¡Cuántas oraciones, poemas, libros y canciones se han escrito en honor a María! ¡Cuántos devotos de Nuestra Señora de la Paz, o de la Virgen de San Nicolás, o de Nuestra Señora de Fátima, o de la Virgen de Schoenstatt, o de Nuestra Señora de Itatí, o de la Virgen María Auxiliadora, o de Nuestra Señora de Lourdes, o de la Virgen de Pompeya, o de tantas otras advocaciones!

Sin embargo, queda muy claro que María siempre mantuvo un papel sencillo, mostrándonos que el protagonista es Jesús, el Salvador. Ella es “la servidora del Señor” (Lc. 1,38), está a total disposición de Él. Y como buena madre, se pone a nuestro auxilio y a nuestros ruegos. Por María llegamos a Jesús, ya que su Hijo la ama y la escucha, y por eso la elegimos como mediadora o intercesora, ya que es camino a Jesús, como le pedimos en cada Avemaría: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores”.

Estas son las razones que hacen que la amemos profundamente, y a ese amor de hijos lo llamamos veneración, palabra que significa gran respeto y cariño; sólo un escalón más debajo de la adoración, el culto que merece nadie más que Dios, y que es disponerse en total obediencia, gratitud y amor a Él, alabándolo sin cesar por su Bondad infinita, como lo hacemos todos los miembros de la Iglesia junto a María, a los ángeles y a los santos.

En síntesis, María es modelo de fe del creyente y de obediencia perfecta a Dios; es ejemplo de esperanza para los momentos difíciles; es mirada tierna y maternal al pecador; es consuelo del que sufre; es vía segura para encontrar a Jesús. Es la madre de todos, y por eso le pedimos que todos los hombres seamos verdaderos hermanos, ya que Jesús se hizo nuestro Hermano y quiere que seamos hijos de un Dios que es Padre bueno y generoso, para así podamos cumplir lo que pidió el Señor en Jn. 17, 21: “Que todos sean uno, para que el mundo crea”.

Comienzo del año 2012 en Monaguillos

Hoy retomamos con mucha alegría y confiados en Cristo las actividades del grupo de monaguillos por la mañana. La verdad que fue un día muy lindo y con momentos muy intensos, como la espiritualidad que tuvimos al comienzo de la jornada y el partido de fútbol bajo el sol durante la última hora del encuentro.

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Para aquellos que no pudieron asistir hoy a nuestra primera reunión, a continuación se detallarán los temas hablados:

Los valores de este año para poner en práctica son la amistad y la responsabilidad. En cuanto al primer valor, no cabe duda que la amistad está presente en el grupo de monaguillos, y este es un valor que hay que saber mantener y no perder. Y sobre la responsabilidad, consta que en el grupo de monaguillos hay tanto personas muy responsables como otras que no tanto. Este año queremos que todos podamos asumir un compromiso serio con Cristo Eucaristía y Jesús Sacerdote, comprometiéndonos realmente con este milagro de amor en el cual Jesús se entrega cada Domingo por nosotros.

El eje de este año será la espiritualidad. El grupo de monaguillos tiene que ser un grupo donde se rece y haya una profunda oración y comunicación con Dios Padre. Por eso prestaremos especial atención a este aspecto, sin descuidar tampoco la formación, eje del año pasado que dio sus frutos en torno a los libros litúrgicos y al estudio de la Biblia.

La figura del año será la Virgen María. Este año nos dedicaremos a ella y veremos sus distintas advocaciones, oraciones, apariciones, etc. Esperemos que esto nos ayude también a profundizar nuestra oración y espiritualidad.

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En cuanto a los grupos de trabajo, estos quedaron divididos de la siguiente manera:

  • Lavado de albas: el encargado será Brian Ovejero y su colaborador Lorenzo Alegre.
  • Infraestructura: el encargado será Franco Lanzilotti y su colaborador Carlos Sánchez.
  • Comunicación: el encargado será Julián Devouassoux y su colaborador Juan Solernó.

Contamos con que cada uno haga su labor y colabore y contribuya al funcionamiento del grupo.

También salió el tema de las promesas de monaguillos, y aquellos que son considerados para tomar estas promesas en la misa de 11:30 de Pentecostés son Brian Ovejero y Franco Lanzilotti.

Recordamos a todos que la semana santa este año cae en la primer semana de abril, así que a trabajar duro para que las celebraciones salgan hermosas y lindas, y podamos realmente ayudar a las personas de la comunidad a rezar.

Por último, en cuanto al miércoles de ceniza, con esta fecha comienza el tiempo de Cuaresma, período de preparación para la Pascua. La Cuaresma es un tiempo de oración, penitencia y conversión, y es el momento propicio para recurrir al sacramento de la reconciliación y así recibir a Jesús triunfante en su resurrección en nuestro corazón. Además, recordamos que los signos de la ceniza son la caducidad, la penitencia y la conversión.

La misa del miércoles de cuaresma es a las 20:00 en la parroquia Sagrada Familia de Nazareth, por eso nosotros nos encontraremos a las 19:00 para preparar todas las cosas como es debido.

Un saludo en Cristo Jesús a todos los monaguillos, y esperamos que se unan más al grupo.

Libros deuterocanónicos

Libros deuterocanónicos

Con este nombre de “deuterocanónicos”, que en griego significa “segundo-canónicos”, se agrupa una cantidad de libros del Antiguo Testamento que la Iglesia Católica reconoce como pertenecientes a la Sagrada Escritura, pero que no se han conservado en la Biblia hebrea y sólo se hallan en la traducción griega de la Biblia. Es importante saber que los judíos no los consideran libros sagrados, y por eso no se encuentran en la Biblia hebrea.

El Concilio de Trento (1546) reconoció algunos de los textos de la Biblia griega como pertenecientes a la Sagrada Escritura. Al ser designados como “segundo-canónicos”, sólo se quiere indicar que entraron en la lista de los libros sagrados (el “canon”) en un segundo momento, pero tienen igual dignidad e importancia que los demás.

Los libros que componen la lista de los “deuterocanónicos” son: Baruc, Judit, Tobías, Sirá o Eclesiástico, Sabiduría y libros 1 y 2 de los Macabeos.

Judit

Se trata de un libro didáctico. En él se narra una guerra contra Israel en la que participan todos los pueblos de la tierra. Incapaces de defenderse, los judíos están por rendirse, pero son salvados por intervención de una mujer muy piadosa y observante de la Ley: Judit. Ella seduce y termina matando al enemigo del pueblo de Dios.

Como en la literatura apocalíptica, el imperio del mal está representado por el gran ejército y por su jefe. Judit, que en hebreo significa “la judía”, representa al pueblo de Israel, que no vence a los enemigos por las armas sino con la piedad.

Judit

Tobías

Este también es un libro didáctico. Tobías es un israelita deportado a Nínive que debe vivir su fidelidad a la Ley en medio de un clima hostil. Al mismo tiempo, un familiar suyo que vive en otra ciudad de Asiria se encuentra con serios problemas en su vida. Dios interviene por medio del Ángel Rafael y soluciona los problemas de ambos.

Como obra didáctica, el libro enseña a ser fiel aun en medio de las dificultades, confiando en la providencia de Dios. Cabe mencionar que interviene en la obra uno de los Ángeles, subrayando la trascendencia de Dios y su actuar en la creación a través de intermediarios.

Sirá o Eclesiástico

Este libro recibe el nombre de “Eclesiástico” porque en los primeros siglos de la Iglesia, los cristianos lo utilizaron frecuentemente este libro, sobre todo en la instrucción de los catecúmenos que se preparaban para el bautismo.

El autor de este libro es un “maestro de sabiduría” (un escriba) muy fervoroso que se empeña en describir los valores del judaísmo, en un momento en que los judíos sienten la tentación de abandonarlo para correr tras las novedades que aportan los griegos. Si los griegos traen su sabiduría, Ben-Sirá, que es el protagonista del libro, dice que la Sabiduría viene de Dios, y que para poder adquirirla es necesario cumplir los mandamientos.

Cuando quiere resumir su pensamiento sobre la sabiduría, Ben-Sirá afirma que este no es otra cosa que la Ley de Moisés y que cumplir la Ley es practicar el culto.

A pesar de los grandes valores que contiene el libro, también contiene algunas carencias que es necesario mencionar: en primer lugar, no tiene expectativas de un mesías; tampoco demuestra tener esperanza en una vida futura; y por último, en varios lugares muestra tener muy poco aprecio por el sexo femenino.

Sabiduría

En griego la obra lleva como título “Sabiduría de Salomón”, porque el autor habla como si fuera aquel rey que con su experiencia, su sabiduría y su autoridad habla a los gobernantes de la tierra.

La primer parte de este libro es un análisis sobre la sabiduría. El autor describe a la sabiduría mediante una figura femenina que tiene su trono junto a Dios. Se afirma que no se puede alcanzar la sabiduría si Dios no la concede, y por eso es necesario pedirla.

La segunda parte de esta obra es una larga meditación sobre la actuación de la sabiduría en la historia. Pasa con rapidez desde Adán hasta Moisés, pero se detiene largamente en los relatos de las plagas de Egipto y los milagros del Éxodo, para comparar la diferente forma de obrar que ha tenido Dios con Israel y con los egipcios.

Libros didácticos o sapienciales

Libros didácticos y sapienciales

En Israel existió el interés por alcanzar la sabiduría. El término hebreo equivalente a “sabiduría” puede designar distintas formas de habilidad: la capacidad para tareas manuales, el buen sentido en la conducción política, el buen criterio para juzgar, la astucia para comportarse en situaciones comprometidas, etc. Se dice que Salomón investigaba sobre toda clase de plantas y de animales, y por esa razón era reconocido como sabio. La adquisición de esta sabiduría promete una vida larga y feliz, libre de contratiempos. Aquel que no tiene sabiduría es el “necio”, el que no sabe manejar bien sus negocios ni solucionar de manera acertada sus problemas.

La literatura sapiencial apareció en Israel durante el reinado de Salomón. En aquel tiempo era muy apreciada la sabiduría de los paganos. Por eso en algunos escritos aparecen enseñanzas que se encuentran también en los libros sapienciales egipcios.

Había una mirada negativa de la sabiduría humana en la época de los profetas, ya que estos se habían opuesto muchas veces a los sabios de las cortes porque aconsejaban soluciones contrarias al plan de Dios.

Esto provoca que más tarde se considere a la sabiduría de los hombres como opuesta a la sabiduría de Dios. Por eso la reflexión sapiencial se orientará hacia la sabiduría de Dios.

Proverbios

Proverbio

La enseñanza de la sabiduría, tanto en Israel como en el resto de los países vecinos, se realizaba principalmente por medio de oraciones breves, que tenían una comparación y se expresaban en forma de paralelismos. En hebreo, la palabra que significa “comparación” es “mashal”. Este término puede indicar distintas clases de comparaciones: proverbios, sentencias, parábolas, enigmas, etc. En latín se tradujo como proverbium y de allí pasó a ese nombre al castellano.

Los proverbios muestran paralelismos que a veces son:

  • Sinonímicos: dice dos veces lo mismo, pero con distintas palabras o figuras, por ejemplo: “el que tarde en enojarse vale más que un héroe, y el dueño de sí mismo, vale más que un conquistador” (Proverbios 16, 32).
  • Antitéticos: muestran casos opuestos, por ejemplo: “el malvado huye sin que nadie lo persiga, pero el justo está seguro como un cachorro de león” (Proverbios 28, 1).
  • Sintéticos: reúnen una idea y una figura que la describe, por ejemplo: “como el perro vuelve sobre su vómito, así el insensato reincide en su necedad”.

Job

Este libro es considerado el más importante de los libros sapienciales. Este escrito se ocupa del interrogante sobre la causa del sufrimiento del hombre justo.

La enseñanza de la tradición afirmaba que los que cumplen atentamente los mandamientos de Dios recibirían las bendiciones divinas y estarían al cuidado y abrigo de Dios ante cualquier problema, mientras que los que no cumplían con ellos sufrirían toda clase de males. El libro de Job, en cambio, afirma que también los justos sufren y que el sufrimiento no es un castigo por algún pecado.

Job

Este escrito consta de tres partes. En la primera de ellas, se presenta la situación de Job, que es una persona correcta que es puesta a prueba por Satanás. Pierde a sus hijos, sus riquezas y, finalmente, su salud.  En la segunda se narra la rehabilitación de Job después de sus pruebas.

La tercera parte comienza con Job lamentándose por lo ocurrido. Luego acuden a consolarlo varios amigos, conversando con él acerca de la razón de sus sufrimientos. Aquí vemos que en medio de sus dolores, Job está totalmente desconcertado porque sabe que no ha cometido ningún pecado y, por eso, no se explica la razón de los males que padece.

Luego de los discursos de sus amigos, habla Dios. El discurso de Dios no da la solución al problema, no responde a lo que le sucede a Job, sino que lo sitúa a él en su lugar: la sabiduría de Job no es suficiente como para pedirle a Dios razones. La razón de ser del dolor queda en el misterio. Las dos enseñanzas de este libro son:

  1. La sabiduría de Dios supera los razonamientos de cualquier ser humano y no se le puede pedir razones a Dios.
  2. El sufrimiento humano no está necesariamente ligado al pecado. En el caso de Job era sólo una prueba. En el Nuevo Testamento se encuentra un testimonio de que esta enseñanza no había sido asumida por algunos judíos de la época de Jesús: los discípulos de Jesús vieron a un hombre ciego y preguntaron quién habría pecado para que él tuviera que padecer este mal.

Eclesiastés

El autor de este libro muestra a un predicador que se presenta como Salomón. El interés de identificarse con el rey sabio proviene de que le interesa mostrarse como aquel que ha tenido todo: gloria, riquezas, sabiduría, bienestar… pero después de las experiencia de la vida y de la reflexión ha llegado a la conclusión de que todo es “vanidad”, es decir, “vaciedad”. No hay nada que sea duradero, sino que todo pasa y no deja nada más que sensación de vaciedad. Ni aun la sabiduría llega a colmar el corazón, porque el saber “trae aflicción”. A todo esto se suman los males que vienen por las injusticias que se comenten en la sociedad.

El sabio que reflexiona de esta manera supone que después de la muerte no hay ninguna retribución. Ellos todavía vivían con la convicción de que “de polvo eres y al polvo volverás”, y no tenían esperanza de una resurrección. Esta esperanza sólo aparecerá en los últimos años del Antiguo Testamento y será proclamada definitivamente por Nuestro Señor Jesucristo.

Hay que hacer una observación sobre este libro: el pesimismo del autor puede explicarse por el momento histórico en que es escrito. Es la época en la que los griegos comienzan a expandirse y llevan su cultura por todo el mundo. El pensamiento y la vida de los griegos (el arte, los deportes, las formas de vida…) ejercían un fuerte atractivo sobre los jóvenes judíos, que se sentían arrastrados a abandonar la Ley de Dios y las tradiciones del judaísmo. El autor de este libro, sabiamente, pone al descubierto la vaciedad de todas estas cosas: nada de eso es permanente. Sólo se debe poner la mirada en Dios.

Libros poéticos

Salmos

Los salmos son oraciones poéticas o cantos con que el pueblo de Israel expresaba a Dios sus sentimientos, ideas y peticiones. En ellos los salmistas hacen de la historia del pueblo y de su propia historia una oración. Los salmos formaban parte de toda la liturgia judía, siendo parte esencial de la vida religiosa del pueblo.

Jesús oraba con los salmos, como se ve en los evangelios. Los apóstoles transmitieron a los primeros cristianos su cariño especial por los salmos. Las primeras comunidades cristianas descubrieron la presencia oculta de Cristo en varios de ellos. Por eso, además de dar al texto su sentido original, damos una interpretación cristiana a los salmos:

  • Recordamos la alianza del Sinaí y pensamos en la alianza nueva y eterna instituida por Cristo.
  • Exaltamos la Ley y consideramos la ley de amor que nos dio Jesús y cómo nos enseñó a vivir con libertad el espíritu de la Ley.
  • Valoramos la intervención de Dios en la historia de Israel y su presencia en el templo, y afirmamos nuestra fe en Cristo, presente en la comunidad, y en los sacramentos.
  • Adoramos a Dios como rey del universo y proclamamos a Jesús, que hizo presente el reino de Dios en la tierra.

Salmos

Con el tiempo, los salmos se convirtieron en cánticos de la iglesia y pasaron a ser parte de la celebración eucarística y Liturgia de las Horas. Al orar con ellos, nos unimos a la alabanza incesante de los cristianos y de la comunidad judía.

El cantar de los cantares

Este es un canto en el que dos enamorados se buscan, se encuentran, se anhelan, sufren por la ausencia y gozan la posesión mutua total, en una trama donde la voz de la mujer se escucha el doble de veces que la del varón.

Aunque el Cantar no habla para nada de Dios, los judíos lo leían en la celebración del matrimonio, por ser inspirado por Él. Su sentido radico en expresar el amor de una pareja, pues todo amor proviene de Dios y es reflejo de su amor apasionado y bello. Sin este canto, la revelación contenida en la Biblia estaría incompleta, pues el resto de sus libros enfatiza el amor entre Dios y nosotros, y el amor entre nosotros, como hermanos, hijos del mismo Padre.

El cantar de los cantares

Lamentaciones

El libro de las Lamentaciones expresa el drama de los israelitas al perder su templo, su ciudad, sus hogares y su libertad.

La ciudad es comparada con una joven o una madre fecunda que sufre el agravio de su maternidad y el dolor de su viudez. Jerusalén era sede de las promesas de Dios, de su presencia y justicia, y el pueblo se pregunta ¿les había fallado el Señor? ¿eran los extranjeros más fuertes que Dios? ¿Ya no había esperanza?

En su reflexión, el pueblo reconoce que su pecado causó la caída de Jerusalén y que sólo le queda presentar la dolorosa realidad a Dios y confiar en su misericordia, que perdona al pecador y purifica a su pueblo.

Los católicos leemos este libro en la liturgia de Semana Santa. Con ellos manifestamos nuestro dolor y nos apoyamos en la espera de la llegada del día del Señor, en que vencerá el pecado y la muerte.

Profetas posteriores: mayores y algunos menores

Profetas posteriores

Dentro de los profetas posteriores, reconocemos a los tres profetas mayores (Isaías, Jeremías y Ezequiel) y los doce profetas menores. La distinción en mayores y menores es de acuerdo a la extensión de la obra. A continuación veremos a los tres profetas mayores y a algunos de los profetas menores.

Profetas mayores

1. Isaías

El libro de Isaías, así como se lo encuentra en la Biblia, es el resultado de la unión de distintos escritos pertenecientes a diversos autores de diferentes épocas. Por esta razón, conviene hacer una distinción inicial y señalar que en este libro nos encontramos con un “pimer Isaías”, un “segundo Isaías” (o “Déutero-Isaías”) y un “tercer Isaías” (o “Trito-Isaías”). Estos tres Isaías corresponden a distintos tiempos históricos.

Este libro es el que mejor prepara la recepción de la Buena Noticia de Jesús, por lo que se lee con frecuencia en la liturgia. Los tres Isaías insisten en la santidad de Dios, la gravedad del pecado contra Él y los hermanos, el valor de la conversión, la fidelidad de Dios hacia el pueblo elegido, y los anuncios del Mesías.

El primer Isaías fue llamado por Dios en el templo. Declaró el peligro de aliarse con poderes extranjeros, ya que Dios quería que confiaran solamente en Él; denunció la injusticia y la opresión de los pobres, y fomentó la esperanza al anunciar la venida de un rey perfecto.

El segundo Isaías profetizó durante el exilio en Babilonia. Retomó los temas del primer Isaías para orientar y animar a los cautivos en tierra extranjera. Su mensaje creaba conciencia del pecado nacional y proclamaba la esperanza que viene con la conversión. Entre sus profecías están los célebres poemas del siervo del Señor y la promesa de que Israel regresará a su tierra.

El tercer Isaías profetizó en Jerusalén, durante el tiempo de la reconstrucción del templo y la ciudad. Reavivó la exigencia de justicia y fidelidad ante las prácticas injustas y la apatía religiosa, y abrió horizontes universales en esa época en que nacía el judaísmo. Sus últimas profecías anuncian un Israel perfecto y “un cielo nuevo y una tierra nueva”, promesa que se repite en el Apocalipsis.

 2. Jeremías

Jeremías fue un profeta tímido y violento, delicado y terrible, dedicado a proclamar el mensaje de Dios. Su vida y su ministerio fueron difíciles, dolorosos y variados.

La vocación de Jeremías surge desde muy joven. Durante la reforma religiosa del rey Josías, Jeremías insiste al pueblo que se convierta y le anuncia el castigo de manos del enemigo si no lo hace.

Además, Jeremías denuncia la política corrupta de los sucesores de Josías, los motiva a permanecer bajo Babilonia y se lamenta ante la conducta del pueblo. Por ello es perseguido y obligado a ocultarse para salvar su vida.

También el profeta acusa al rey, a los sacerdotes y a los falsos profetas, que engañan al pueblo en lugar de guiarlo hacia Dios. Su denuncia causa que lo persigan, arrojen a un pozo y encarcelen.

Por último, Jeremías realiza juicios contra varias naciones extranjeras, describiendo sus sufrimientos y proclamando esperanza. Jeremías escribe a los deportados y les promete la restauración de Judá, el regreso a su tierra, un porvenir bueno y una salvación duradera.

3. Ezequiel

Ezequiel fue sacerdote y profeta. Ejerció su sacerdocio en el templo de Jerusalén antes de ser destruido. Fue exiliado a Babilonia en la primera deportación, junto con los notables de la ciudad, y desde allá supo de la ruina de su patria, la cual interpretó a la luz de Dios.

Su libro cubre dos épocas. En Jerusalén llama a Judá a convertirse y denuncia la opresión de otras naciones. Después, en el destierro, da un mensaje de consuelo y restauración. Sus principales contribuciones pertenecen a la segunda época, y son cuatro:

  1. Ve la gloria de Dios presente en el mundo de Israel, la cual consiste en una realidad luminosa que se percibe cuando las personas se arrepienten de sus pecados, aceptan la liberación de Dios y lo adoran en el templo.
  2. Introduce el concepto de la responsabilidad personal en el cumplimiento de la ley de Dios, al enfatizar que cada individuo puede y debe dirigir su vida según la alianza con Dios.
  3. Manifiesta gran interés en el culto, pues sueña con una comunidad organizada alrededor del templo y con la ley de Dios inscrita en el corazón de cada uno.
  4. Visualiza un nuevo Israel, donde el único rey es Dios. Gobernará a través de un “príncipe” que vendrá de la casa de David y que como pastor alimentará sus ovejas, las sanará y reunirá a las que están perdidas, restaurando así la unidad de Israel. Este príncipe, quien es el Mesías esperado, buscará la santidad la pureza de vida y el culto, más que el poder político y las conquistas militares.

Profetas menores

1. Miqueas

Miqueas es portavoz apasionado de Dios. Su relación con la gente que trabaja la tierra lo obliga a denunciar a quienes codician y roban sus campos y sus hogares. Proclama que el Señor mostrará su justicia castigando la infidelidad a la alianza, que causa una separación cada vez más profunda entre ricos y pobres.

Miqueas anuncia al Mesías apuntando las características que tendrá Jesús. En tanto Israel esperaba un mesías guerrero y triunfador, el profeta lo presenta procedente del pequeño resto: fiel, humilde y pacífico; que nacerá en Belén, la pequeña ciudad de David. La salvación viene de Dios y Él quiere que se dé a partir de lo pequeño y lo humilde, no de lo grande, poderoso y esplendoroso.

2. Zacarías

El libro de Zacarías fue escrito por varios autores, en épocas y situaciones muy distantes. Se distinguen en él tres Zacarías.

El primer Zacarías ayudó a forjar la identidad del pueblo, centrándolo en el templo, el culto y la ley. Zacarías promueve la reconstrucción del templo, el cual ve clave para restaurar la alianza.

El segundo Zacarías fortalece la identidad nacional con visiones y discursos proféticos. Da importancia a los sacerdotes como pastores del pueblo, insiste en la responsabilidad de los dirigentes y destaca el trabajo de los profetas.

El tercer Zacarías, y el segundo también, dan esperanza al pueblo con su fuerte contenido mesiánico. Hablan del pastor bueno, el Mesías humilde y el reinado de la verdad, la justicia, el amor y la paz.