Jueves…

Mensaje nuevo en su bandeja de entrada, remitente, Directorio ─sabía los que ello significaba, alguna complicación!!!─, el asunto del mensaje decía “Reunión informativa 15.00 hs.” En el cuerpo del mail, el texto no explayaba mucho más, solamente que a la hora fijada, en la sala de reuniones había que presentarse, firmaba el mail, Robert Smith, directo general.

─Alan, tu reporte de policiales…─ exclamo Willy.

─Gracias Willy, ya me ocupo de ello, hoy estoy muy atareado. Si no empiezo ahora no terminaré.

─¿Alan, puedo hacerte una pregunta?─ interrogó Willy.

─Si Willy no hay problema…─ conteste intrigado.

─He visto un comportamiento en ti, desde hace varios meses. En determinado momento de la mañana que generalmente es a tu llegada, te quedas extasiado frente a la ventana mirando, no se que. ─¿Qué es?

─Mi que querido Willy, es la musa que despierta mis poesías mas profundas, es mi espejismo más hermoso, la diosa griega que ilumina la plaza cada mañana…─ contesté sorprendido por la pregunta de Willy y el nivel de espionaje hacia mi.

─¿Pero quien es?!!! ─exclamo Willy sin entender mi respuesta.

Al momento tuve la visión perfecta, el gordo Willy me ayudaría a saber quien era.

─No sé quien es, pero tú me ayudar a descubrirlo ─conteste mirando la cara de Willy que continuo sorprendido por mi respuesta.


Contuniará…

Propiedad intelectual y derechos reservados de Claudio A. Nieva.


Miercoles…

Al llegar me dispuse en la rutian de siempre, pasar por redacción y obligar al gordo Willy, siempre está con un traje negro y blanco, no hay duda, se parece a la ballena !!!!

Insistí en que enviara las noticias policiales del día a mi casilla para yo poder hacer mi trabajo. En mi recorrido, desvíe por la cafetera que aparentemente le gusta ser golpeada después de que uno introduce la moneda, como si el café fuese rico…

Mi oficina no tiene nada que envidiarle a las demás, todas son pequeñas, incomodas, mal distribuidas y con poco espacio.

Esta ubicada en una esquina, dentro de un amplio salón. Uno de sus divisorios da a una ventana por la cual puedo observar la plaza más importante de la ciudad que atesta de gente cada minuto de los 365 días del año.

También la veo a ella, no se su nombre pero lo que si sé, es que cada mañana a las 10, sale con un ramo de flores de la floristería de la esquina. Con pasos cortos pero firmes cruza la avenida y se pierde en una de las tantas galerías que rodean la manzana. Desde aquí se la ve alta, o mas bien de mi altura. Su pelo negro azabache me recuerda a un caballo que tenia mi abuelo. Sus curvas desde lo alto, parecen un camino sinuoso que me gustaría recorrer sin duda alguna. Tanto reparo en ella cada mañana, que solamente una vez, desde que la miré por primera vez, se demoró dos minutos de reloj y fue porque el maldito diarero la detuvo con algún pretexto quien sabe porque.

Fantaseo con seguirla uno de estos días y descubrir donde trabaja, tal vez así, logre acercarme a ella, pero ya lo decía mi madre en las reuniones de vecinas en casa ─ ¿Alan?, no… Alancito es un niño muy tímido…

Tanto lo escuche que termine creyéndolo y no fue hasta pasada la preparatoria que lo experimente en carne propia, cuando tuve que soportar en la primera cita la humillación de aquella bella vecina embriagada por los brazos del alcohol que muy suelta de cuerpo, viendo mi inútil y ausente coraje reprimido, aseguró.

─ ¿Alan, no me vas a dar un beso…?

Aun hoy lo recuerdo, desde aquella noche ya nada fue igual. Prueba de ello fue mi cara al recibir algún que otro cachetazo por querer robar un beso no correspondido. Igualmente cuando algo es sumamente importante la timidez aflora como cuando niño me ruborizaba ante aquellos dichos de mi madre.

Tal vez con el tiempo me anime a seguirla, ya no soy un niño, solo hace falta una excusa. Una mísera excusa, que sé que no tendré, en tanto y en cuanto mi jefe que como todo animal inextinguible rodee mi oficina controlando quien sabe qué.

Pensaba en estas cuestiones cuando el sonido de mi pc anunciando un nuevo mensaje me transporto a la realidad.

Continuará…

Lunes…

Me desperté esta mañana pensando que todo lo que podía hacer hoy para calmar mi soledad seria inútil. Revolví mis pelos y me dirigí hasta el baño, como siempre el espejo me revelo porque es tan difícil reconocerte los primeros dos minutos de realidad, después de 8 horas de sueño, tome el cepillo de dientes tratando de localizar el dentífrico que como siempre se resiste a estar en su lugar, a veces pienso que tiene vida, propia de la clase nómade!!!! Algunas muecas más que ayer frente al espejo marcaron el final del cepillado.

Después de pasar por lo habitual de revisar las bolsas bajos los ojos, estirar las cejas, exterminar algún que otro granito rebelde, maldecir los pelos bajo la nariz y odiar al desodorante, nunca entendí bien porque lo de este ritual, pero la realidad es que yo, como todo el mundo o casi todo el mundo lo hago también, me peine y me despedí del espejo con un guiño…siempre lo hago, creo que me da suerte, no se nota, pero lo creo los mismo…

Me vestí, el mismo traje de siempre, es típico que en mi clase social tengas uno solo que generalmente es de invierno y lo uses en verano o sea de verano y lo uses en invierno, en cualquiera de los dos caso el sufrimiento físico es el mismo, tener mas frió cuando hace frió y tener mas calor cuando hace calor. El único beneficio tangible es cuando estas en la oficina porque seguro en invierno la calefacción te recuerda que es el infierno mismo y en verano solo te falta el iglu.

Pero no me presente, mi nombre es Alan Gardner, soy periodista de un diario no menos conocido, amarillista en algún punto y comprometido con algunas causas, sobre todo en aquellas contra el gobierno, podría decir que siempre este Diario viaja contra la corriente. Trabajo en la sección policial y mi función consiste en ordenar los artículos del día en la sección, algo que hasta el portero del edificio donde vivo lo podría hacer sin problemas.

Tengo 36 años y me resisto a aceptar que la juventud ya no es una etapa de mi vida, que algunos de mis actos deben coincidir con mi edad cronológica. Por suerte he transcurrido por momentos donde a fuerza de decidir la madurez se impuso. Estoy divorciado y mi relación con “ella” nunca fue buena, incluso antes de casarme, ¿por que me case? Es lo que me pregunto sin obtener respuesta, si no fuera por el engaño, aun hoy, seguiría equivocado.

Continuará…

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