Gulliver en el país de los enanos

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  Cuenta Jonathan Swift en su increíble libro “Los viajes de Gulliver”, que cuando el “hombre montaña” llegó a Liliput, el rey de los enanos propone una serie de reglas para que pueda quedarse en esas tierras lejanas. Reglas, que le impedía muchas cosas, y lo obligaba a trabajar para el pueblo. No se sabe si el gigante las cuestionó, solo que las aceptó. Sin discutir. Pese a que parecía tener la ventaja por su altura y fortaleza. No discutir una injusticia puede ser una actitud peligrosa. Eso parece pasar en las farmacias del conurbano bonaerense y de Capital Federal, respecto a las bonificaciones que deben pagar cada vez que dispensan medicamentos a afiliados del PAMI.

 

 

Por porcentaje, las mismas son casi vejatorias, de tan altas se asemejan a peajes o tasas aduaneras. Y sin embargo parece que nadie las discute. Para muestra basta un botón: cuando quien escribe estas (indignadas) líneas, en una reunión con dirigentes de Colegios de todo el conurbano, le plantea al caso al presidente de todos los farmacéuticos de la Argentina con la presencia de algún dirigente provincial en esa misma mesa, ejemplificando la paupérrima distribución que existe hoy en nuestro país, los colegas miran con mala cara, se apartan, o dicen que “este no es el contexto…”, quedando más preguntas que respuestas flotando en el tenso aire.

Porque uno hace esa pregunta y esta convencido que el hilo se tiene que cortar por lo más grueso y no por lo más fino, como viene pasando. Y en estos momentos de la coyuntura económica, uno no entiende como estos descuentos no son tema prioritario de la agenda de la dirigencia farmacéutica, como no estamos discutiendo las bonificaciones en los convenios más importantes a nivel nacional, como PAMI o varias prepagas. No faltarán los agoreros de turnos que dirán, muy sueltos de cuerpo: “cada farmacia pone lo que quiere poner”, sostenidos en que en el interior se pone mucho menos en bonificaciones porque hay más unidad o decisión.

Ese mecanismo de simplificación en la dirigencia del sector existe (cuesta creerlo), gracias a la total falta de conocimiento de cómo es el mercado de las grandes ciudades, entonces un poco se dejan pasar esas voces, para no volverse reiterativo y cansador explicando a quienes ocupan lugar en la estructura de la dirigencia provincial y nacional de los farmacéuticos; cosas que son básicas para cada farmacia, que detrás de cada mostrador responde todos los días a un patrón de costos en crecimiento. Más si escucha de algún dirigente nacional: Hoy la farmacia se esta llenando de guita. No hay duda de que cuanto más alto llegas en la pirámide del poder más rápido se olvida del farmacéutico en su farmacia, incluso en cuestiones tan básicas como el salario del profesional.

¿Alguien imagina a un gremio cualquiera, incluso a la CGT, esté quien esté al frente, bajándose de la lucha por el salario, por la cobertura médica, por la formalidad del empleo? Por más diferencias política que haya con esta u otra conducción sindical, uno reconoce que hay dos, tres, varias banderas impostergables para cualquier dirigente que quiere representar trabajadores. Salario, fuentes laborales, obras sociales, elementos que son prioridad en cualquier gremio, sea cual sea su línea política. Esto, en la dirigencia farmacéutica, es una verdad de Perogrullo. Porque tendremos discusiones del mejor curso de perfeccionamiento profesional, certificaciones, fotos en olimpíadas farmacéuticas, distinciones por llegar a cumplir medio siglo como colega. Muy respetable todo. ¿ Y del salario farmacéutico y la rentabilidad de la farmacia para cuándo? La discusión y los argumentos sólidos para defender la economía, el negocio de la farmacia independiente en la Argentina hace años que no está en la agenda de ningún dirigente. Alguna vez en forma testimonial. Algunas conclusiones en Buenos Aires o en un hotel mardelplatense; ¿ Pero con las conclusiones qué: avioncitos de papel?

Volviendo a los descuentos del PAMI, un lugar como la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), que tiene una de las redes de farmacias más importantes del país, establece una escala que va desde menos de 10 puntos hasta los 17, sin importarle la calidad de farmacia que tenemos. Entonces, una farmacia en el conurbano, que atiende digamos 100 recetas, tiene que dejar arriba de los 16 puntos de bonificación, mientras que en Salta, un mostrador que atiende a dos terceras partes de los afiliados de la provincia y 1000 recetas, pone el 50 por ciento de esa bonificación. Estas asimetrías ya no pueden existir. Hoy, ninguna farmacia debería soportar una bonificación por encima del 10 por ciento. En ningún convenio.

Algunos dirán que PAMI tiene una bonificación país de 13 puntos. No es excusa. Hay que homologar el sistema. Porque así, desparejo, nos perjudicamos incluso a la hora de negociar. Cómo se puede discutir con PAMI temas de costos si ellos establecen un descuento que las propia COFA obliga a subir. “El problema es entre ustedes”, te dicen en la mesa. En principio, la estructura de costo hoy (lo decimos en marzo 2010, a medida que nos acercamos a un año electoral) se basa en una inflación estimada de 25 por ciento (piso) al 35 por ciento (techo), pero para los costos, no para los precios públicos de las farmacias, lo que hace que no se puede seguir sosteniendo este esquema. Y que un dirigente, de cualquier peso, soslaye esta discusión, que la deje de lado, no puede estar ocupando una silla de conducción nacional o provincial o en cualquier grado de responsabilidad. Así de claro.

Yendo a la estructura del negocio, es verdad que el mercado de las grandes ciudades tiene desviaciones por la cantidad y calidad de “jugadores” que interactúan en poblaciones de 200 mil, 500 mil, un millón de habitantes. Porque la oferta de medicamentos es mucho mayor, los descuentos a algunos son mayores, las ventas por fuera del circuito farmacéuticos, todos elementos que condicionan y desvían el precio relativo de los remedios. La primera pregunta a esos dirigentes que nos (mal) dirigen salta de madura, es si no conocen esta situación, y si no es una necesidad que ninguna farmacia tenga que entregar más de 10 puntos de su rentabilidad. Aquellos mostradores que están acostumbrados a pelear por el mercado haciendo beneficencia, concentrando la oferta de medicamentos y atacando la farmacia independiente, deberían ser inteligentes y entender que podríamos tener otra escala de bonificaciones, teniendo arriba de la pirámide al el número de recetas y no a la zona donde está ubicada. Hoy las bonificaciones son territoriales. “Si estas en Lanús, ponés el 16 por ciento, y en la Quiaca el 8”. Y como hasta ahora no hay farmacias móviles, con rueditas para trasladarla al lugar más conveniente, lo que hay que hacer es establecer un nuevo esquema basado en el volumen de recetas que se atienden. Evitando que cuatro vivos se queden con el negocio de la seguridad social mientras la farmacia independiente desaparece.

Cuando se plantea esto, no se hace desde una posición de mayor inteligencia. Ni siquiera desde una posición futbolera que apela al “aguante” de los profesionales. Lo hace desde la convicción de ver que dirigentes farmacéuticos, mandato tras mandato (y van décadas con ellos arriba) no ponen la discusión sobre la mesa. Muchachos que ya no se pueden esconder detrás de una botellita de una mineral con gas. Tenemos dirigente no sólo con práctica política vencida, sino con concepciones del mercado arcaicas. Esto no quiere decir que el farmacéutico de Carmen de Patagones, que hoy pone menos de 10 puntos de bonificación, tenga ahora que poner más. Eso no. No queremos que esa farmacia ponga más, pero no podemos soportar que nosotros, en el conurbano, seamos el “pato de la boda”. Porque esta desviación en las grandes ciudades hace insostenible el negocio, por lo que deberíamos marchar todos juntos a un convenio donde podamos discutir la prestación a la seguridad sociale con menores plazos de recobro y menos bonificaciones.

Así no se sostiene. No sólo esta parte del costo farmacéutico, sino mucho del andamiaje de la estructura en la que está sentada el negocio de la farmacia. Hoy, por ejemplo, hay una intención manifiesta de un sector de la industria de romper la ley de prescripción de medicamentos por nombre genérico. Así, el laboratorio se hará cargo del repago de la receta que se dispensa, que estará escrita con el nombre comercial. El costo esta a la vista: los laboratorios direccionarán la oferta de productos, a costos señalados con el dedo ( hacia los concentradores) y sobre todo violando sin más una ley. Una locura, si miramos cómo hacen los países del primer mundo, que no atacan al genérico. En Alemania, los fármacos tienen un porcentaje diferencial por cada banda, pero además el estado premia con un honorario al farmacéutico que orienta, realiza atención farmacéutica y sustituye con un medicamento por su genérico, que hace que baje el gasto en el sector y beneficia al bolsillo del paciente. Como se ve, en el primer mundo no atacan la ley, la incentivan, la cuidan, la premian.

La inflación de costos que tenemos hoy se da porque el colchón de precios que tiene algunos medicamentos hace que la inflación se note en la carne, en la verdulería, pero no supere el 5 por ciento de noviembre del año pasado a estos días en las farmacias (datos de manual farmacéutico, nada del INDEC). Gracias a ese cupo de exportaciones, a esa industria nacional que saludamos y festejamos.

En conclusión, queremos que la dirigencia trate los temas prioritarios, los urgentes. Porque tenemos un problema grave en la economía de las farmacias, de viabilidad, de sustentabilidad. Tenemos una pelea por las asimetrías con las bonificaciones, entre grandes ciudades y el resto del país, lo que hace entre otras cosas que farmacias puedan comprar más barato que incluso en las droguerías. Estamos ante una coyuntura de costos, una crisis de sustentabilidad, y una dirigencia farmacéutica que en vez de admitir el problema se limita a hacer el “siga siga” arbitral futbolero. Con esa única justificación siguen sentados a la cabeza de las grandes organizaciones. Es hora de pensar diferente, para que Gulliver no se vea tan grande. O nosotros dejemos de ser enanos.

Néstor Caprov

Ley de trazabilidad de medicamentos: ¿Qué se esconde detrás de ella?

 

Sinuoso

El verano suele ser época de planes, de proyecciones, de tomarse un tiempo para pensar en lo que se vendrá a partir de marzo, cuando “empieza” verdaderamente el año. Es que entre el relax de las vacaciones y el agobio del calor -¿alguien puede pensar bien con una térmica de 45 grados? -los primeros dos meses del año son, en cierto modo, de planificación. De “pretemporada”, en términos futbolísticos. Pensando en el 2010 que se viene para el sector farmacéutico, los temas principales que debemos afrontar no son ni más livianos ni menos importantes que los abordados en 2009, cuando se lograron cosas pero se dejaron varias en la categoría del “debe”.

Esquemáticamente, podemos decir que los tres tópicos para este año son: primero, cómo hacemos para que se respete la flamante ley de venta sólo en farmacias (lo que implica entre otras cosas el y el fin del gondolero); segundo, un ataque frontal a la mal habida “ley de franquicias sindicales”, que desató una polémica enorme, un escándalo legislativo con dos modificaciones sobre la marcha de un mismo artículo y una aprobación record para la legislatura provincia; y tercero, la ley de trazabilidad de medicamentos que harán más seguros para el consumo. A nuestro modesto entender, esto tres puntos conforman los ejes cartesianos del sector para lo que se viene.

Vamos a fundamentar esta idea, a simple vista un tanto arriesgada, ya que los dos primeros ítems parecen de mayor peso. El proyecto para adoptar una ley pareja que permita la trazabilidad de todos los medicamentos, evitando su adulteración y posterior ingreso al mercado negro, tiene en estos momentos una discusión angular. Se trata del método con que se garantiza el control de la circulación. Inicialmente, se habló de utilizar el sistema de radiofrecuencia, como esos dispositivos que se encuentran entre las hojas de un libro que reposa en las estanterías de una librería, el famoso RCD, más costoso pero efectivo. Sin embargo, fuentes consultadas afirman que la industria del medicamento buscará cambiar esto, e imponer el sistema óptico, es decir, el escaneo de código de barras.

En primer lugar, esta es una discusión por los costos. Si la industria insiste en que pierde millones por la falsificación de medicamentos, es necesario un sistema que garantice la mejor trazabilidad. El primero de los sistemas implicaría la aplicación de microtransmisores en los envases, producidos por la propia industria. En este punto, se especula que ese valor se puede trasladar a los precios de los medicamentos, o que se intente imponer como costo a las farmacias. Sin embargo, desde el sector farmacéutico independiente niegan esta posibilidad: “los laboratorios deben hacerse cargo de este gasto”. Los pacientes que son expuestos a marcas de medicamentos adulterados no deberían temer por sus vidas a la hora de consumirlos y en eso los laboratorios son los primeros responsables de brindar esa prestación de calidad. Además que es un costo menor al que la misma industria dice perder por la cantidad de falsificaciones a sus remedios que circulan en el mercado. No podemos ni pensar en la posibilidad de hacer cargo a la farmacia, el eslabón más endeble de la cadena y por ello el más vulnerable.

Por esto, la industria estaría buscando una movida alternativa: aprobar la media sanción de la ley modificada, y en vez de imponer el método RCD, se utilice el de identificación óptica. Este sistema, mucho más barato, es el mismo que se usa en supermercados y otros comercios para leer código de barras, que en los medicamentos están incorporados a troqueles. En un país que se falsifica dinero, títulos académicos y demás, uno se puede imaginar la facilidad para duplicar un troquel de un fármaco. Primera objeción de sentido común.

Entonces, la propuesta incorpora un sistema altamente vulnerable (aunque más barato, ya que muchas farmacias (piensan ellos) están casi todas equipadas con los lectores, que ahora se usan para no tener que escribir todo el nombre del producto dispensado). Pero hay un detalle tal vez no tenido en cuenta, que hace inviable su utilización: el tiempo del armado de un pedido, en materia logística, falla. Porque si la droguería tiene que pasar cajita por cajita los productos de un pedido, para cada farmacia, dos veces por día (como es mas o menos lo normal) no alcanza el tiempo físico para hacerlo. Y si esto se resolvería quitándole a las farmacias la posibilidad de hacer dos pedidos diarios, peor, porque se achica el margen de rentabilidad en mucho más de lo que se podría calcular. Favoreciendo a las grandes farmacias concentradoras con casi droguerías propias capaz de satisfacer la demanda de cualquiera. Ni más ni menos que un aumento exponencial de la concentración. Las farmacias pequeñas serían sepultadas por la necesidad de los pacientes del medicamento al instante o lo sumo para ese mismo día en el segundo pedido.

En materia de margen de ganancia, este sistema parece un “suicidio inducido” hacia la farmacia independiente. Entre las droguerías ya se habla de la imposibilidad de absorber dos pedidos por día si sale la ley con este sistema óptico. La respuesta generaría una situación similar a las de 2007, cuando se restó dos puntos –a quemarropa- por parte de las droguerías en la rentabilidad general de las farmacias, un escándalo que hizo crujir toda la estructura del sector y que puso en discusión la estabilidad de toda la cadena y la conducta de algún dirigente farmacéutico por la tibieza en la defensa de esta rentabilidad violada.

Una movida así puede hacer de la farmacia la “nueva estación de servicio”, es decir, un negocio que ya no es rentable en sí y necesita del “auxilio” de otros rubros (golosinas, diarios, cafetería), para sostenerse, porque hoy en la Argentina nadie hace plata vendiendo nafta. Las asimetrías del sistema terminan siendo sostenidas por los eslabones más débiles de la cadena, en este caso el paciente, y el más poderoso –la industria –decide apostar a un cambio que sólo sirve para profundizan esa diferencia.

Además, aparece en la nueva ley aparece una reforma penal, que incluye la incorporación a la cadena “Laboratorio-Droguería-Farmacia” la figura de “operador logístico”, estamento creado por la industria para hacer presión sobre las droguerías. La reforma implica que de no cumplir con esta cadena determina quedar encuadrado en un delito penal. No estaría mal, de no ser porque para implementar esto se recurre al sistema más vulnerable como es el óptico. Con responsabilidades compartidas por toda la cadena de distribución. Con bandas especializadas que operan en todo el país, falsificando troqueles de todo tipo (el caso del año pasado en caso Río Negro debería bastar de ejemplo), los riguroso de la ley es, como mínimo, una tentación a una justicia a lo “mono con navaja”.

El cerrojo le pone un marco penal a las infracciones, y pone de responsables a todos los integrantes de las farmacias, droguerías etc. Porque nadie quiere caer bajo el rigor penal. Pero ponen el sistema mas vulnerable, aparentemente menos costoso pero que traería a la larga más inseguridad para la gente y las farmacias, porque los segundos no tendrían en tiempo y forma los medicamentos. Los números son claros: si se tiene repasar por el lector óptico los pedidos de 12 mil farmacias, no alcanza el día para hacer los dos pedidos tradicionales. A menos que cambiemos o manipulemos el calendario (el lector dirá que si se maneja la inflación se puede hacer, por suponer, un día de 48 horas, algo que esta Argentina, irónicamente, parece aceptar).

En definitiva, un método que parece menos costoso para la farmacias, porque la instalación está casi resuelta, termina siendo una pérdida de la rentabilidad insoslayable, que nadie va a dejar pasar. Aunque en la sima sea habitada por dirigentes que hacen de la siesta o la vista gorda su principal fortaleza. Qué dirá el “as de espada” del gobierno en materia de precios, el inefable Guillermo Moreno, sobre esta idea de la industria de favorecer a los grandes capitales en contra de los chicos, y que la gente termine pagando el pato de la boda, sesgando la llegada de medicamentos en tiempo y en forma a cada una de las farmacias.

Seguimos pensando que una mala ley que favorece al mercado negro de troqueles o a la venta de distribuidores de lectores ópticos, pasándoles costos a las farmacias por la falta de la necesaria e institucionalizada segunda entrega de medicamentos para la gente; no deber salir, si va a terminar perjudicando a la misma gente que quiere proteger… “Peor el remedio que la enfermedad”, dice la frase popular. Que define de manera perfecta por qué si sale así la ley de trazabilidad, el sector no suma una herramienta para un medicamento más seguro, sino que compra un problema. Para pensar en el verano, y que marzo no nos encuentre desprevenidos.

Néstor Caprov

Astillas del mismo palo

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Paul Valéry solía decir que “todo hombre lleva en sí un dictador y un anarquista”. Además de marcar el carácter dual del ser humano, el poeta francés advertía que librado a su suerte, el hombre puede ser cosas opuestas. El valor del contexto, en ese caso político, sirve como contención del individuo. Así, cuando uno forma parte de una Institución, cualquiera sea esta, se dependen no sólo de las metas gremiales (en el caso de las farmacias la ley nacional de medicamentos, la lucha contra el “gondoleo”, para nombrar sólo dos). Además, uno necesita una base de sustento para argumentar su posición, y que a su vez sirva para que ese mensaje sea replicado a la mayor cantidad de gente. Las estructuras se forman para tratar de organizar a un sector, cualquiera sea su procedencia. Cuanta más gente representen estas estructuras, tanto más fuerza en pos de las reivindicaciones que representa.
 
 

Hasta acá estas son verdades de Perogrullo, dirá usted, querido lector. En el caso de la farmacia, la estructura gremial se nutre de los profesionales, a quienes representa en sus reivindicaciones básicas, y lleva a delante su trabajo en pos del bien común. Ahora bien, el problema se plantea cuando hay varias organizaciones o instituciones, que compiten por representar a esa masa de profesionales, diluyendo los esfuerzos realizados. Básicamente, la calidad de una organización o estructura organizativa va en la capacidad de representar a la mayor cantidad de unidades posibles del sector, en este caso de farmacéuticos. Como los gremios más fuertes son aquellos que tienen la mayor cantidad de afiliados posibles, o los partidos políticos se consolidan cuando más afiliados tienen, la Confederación más fuerte es aquella que alcanza la mayoría de los profesionales.

Cuando en este espacio se dijo que frente al llamado de licitación para participar de la campaña de vacunación 2010 del PAMI, se presentaron instituciones que representan a farmacéuticos (y no a farmacias, hay que saber diferenciar este punto), advertimos que no sólo compiten por el servicio, sino también por los honorarios que quieren cobrar. Entonces, el resultado es previsible: el Estado o la industria, como la otra parte de de la cuestión, aprovecha estos huecos que deja la organización gremial para sacar su beneficio propio. “Divide y reinarás”, decían los romanos, que conquistaron Italia peleando ciudad por ciudad, pese a que eran menos en cantidad de soldados.

Pero no existe sólo un caso, un ejemplo, en el mundo farmacéutico. La vacunación de jubilados no es un determinante para el sector que le sucede al farmacéutico en la farmacia. Entendemos que el eje cardinal es enaltecer la profesión, robustecerla, atendiendo a la seguridad social (y así formando parte del sistema público sanitario) y a la medicina privada, en el caso que el profesional así lo elija. Además de esto, otro eje se basa en poder crear una herramienta gremial que nos de un lugar en la mesa de discusión, esa que perfila la actividad diaria, que incide directamente en los costos que debemos pagar y hasta en cualquier política regulatoria en materia sanitaria.

Cuando los profesionales nos agrupamos, vemos que tenemos la fuerza para bajar esos costos que son vitales para el futuro de la farmacia. En soledad, la cosa cambia, se vuelve titánica. Y hablamos de costos de todo tipo, desde discución por contratos de prestaciones a condiciones frente a laboratorios, pasando por la cadena de pago impuesta por el mercado o las bonificaciones “obligatorias”. Acá vale hacer una aclaración: cuando se construye una organización y un eslabón es más importante que toda la cadena, sólo se consigue una representación formal, un simulacro de gremio. Si un profesional logra solo, mejoras para sí que son más importantes en calidad y cantidad que la propia institución que lo agrupa, pertenecer a la misma es un dato casi folclórico. De anécdota, una referencia como los créditos al final de una película que nadie lee.

(Abrimos un paréntesis. Esta es una vieja discusión en el sector, donde cada vez más profesionales se platean para qué se paga la matrícula. Hay que recordar que la matriculación de los profesionales de la salud es universal, acá y en cualquier parte. La pregunta que nos hacemos es si hay contraprestación por ese valor –que muchas veces es incluso bastante abultado –Pero a no confundirse, que esa no es la discusión, si es o no accesible, barata o cara. La discusión central es lo que se hace con el dinero, lo que se ofrece como contraprestación al profesional. Si uno saca los subsidios por fallecimiento y otros items similares, lo que queda es un porcentaje. Lo que pasa, para decirlo en criollo, es que si no hay servicios por ese monto, un peso es caro. Así de claro).

Ahora bien, ya casi llegando a marzo, cuando comienza el año laborar (estos días de verano sirven si para la reflexión) deberíamos empezar a pensar a futuro, si necesitamos instituciones como la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), que en estos días se va desaguando, deshojando, de la mano de colegios provinciales queriendo formar parte de otras confederaciones o asociaciones. ¿Sirven estas nuevas estructuras, nacidas como brotes de la institución madre, esta división? Porque a no engañarse, quien está enfrente de la mesa de negociación (sea el Estado o la industria) aprovecha al máximo esta situación, esta astilla del mismo palo, para hacer más endeble la estructura gremial.

No es hora de esperar que una generación de farmacéuticos deje de lado la discusión chiquita que la política barata establece como prioritaria, de esa discusión que se ahoga en nombres propios; y vea que una confederación dividida, debilitada, al único que perjudica es al farmacéutico en sus farmacias. A las pruebas nos remitimos, con el caso vacunas del PAMI. Es uno, pero no el único. A futuro, esto es una amenaza. Cómo convencer con este grado de dispersión a las obras sociales que el delivery de medicamentos que hacen muchos sindicatos es un peligro, y que debe recurrir a la farmacia atendida por un profesional para cuidar a sus afiliados. Cómo evitar las cada vez mayores bonificación que nos obligan a poner en la dispensa, si seguimos atomizados y dispersos.

Si uno considera a la COFA como un mosaico de realidades diferentes, para la que debe regir una política integradora, deberíamos usar las fortalezas de la cadena (en este caso representado por la organización) para disimular los eslabones débiles. Porque en la estructura, aún fallando, hay elementos buenos. Como en política, lo nuevo se funda sobre lo viejo, no dejamos de reconocer el trabajo de dirigentes de calidad en todos los sectores. Entonces qué esperamos.

En política, siempre es necesaria la nueva generación. Aunque en muchos casos resulte hasta peligrosa (por inexperiencia, por pensamiento radical, por lo que sea). Pero ella son las que oxigenan las estructuras, rompen el cerco del sectarismo que muchas veces rige en la organización gremial. Sería bueno que antes de marzo, comience el proceso de unidad. Porque en este 2010 necesitamos de todos los farmacéuticos, de su unidad, cualquiera sea la posición que ocupen. Porque tenemos grandes desafíos, como hacer cumplir la flamante ley nacional de medicamentos, o la aberración de la reforma que hace de las farmacias gremiales las nuevas franquicias bonaerense. Para no hablar de los convenios que por la situación económica del país atentan contra la cadena de pagos de las farmacias, o los ajustes anuales que tenemos de nuestros costos, incluso en materia impositiva. Muchas cosas por la que estar juntos peleando en la misma vereda.

Este año, deberíamos aprovechar la prensa gratuita que nos dio el escándalo de la mafia de los medicamentos, que de Zanola para acá comenzó a cuestionar un drama harto denunciado por los farmacéuticos. Ninguno de los efectos creados fue aprovechado por el sector, no se salió con un discurso claro y contundente al vecino y al paciente, para lograr una conciencia real de los peligros de comprar fuera de la farmacia. No se pudo aprovechar eso, quedamos en manos de los mismos “opinólogos”, con sus dichos y sus formas. En el 2010 la profesión tendrá enormes desafíos. La COFA tendrá elecciones, y que marcarán un rumbo. El de seguir regalando astillas de su mismo palo, regando el país de estructuras pequeñas a gusto y necesidad de todos menos a los farmacéuticos, o si fortalecerá su base de consenso.”Hay que unirse no para estar juntos, sino para hacer algo juntos”, escribió Donoso Cortés en la España del 1800. A dos siglos, las líneas están más vigentes nunca. Ojalá sean escuchadas.

Néstor Caprov

El año se termina con un golazo a favor y varios en contra.

Fin de año. Tiempo de balances. No porque sea una obligación del calendario, sino porque es una buena forma de recopilar lo hecho durante los 12 meses de trabajo. De ver lo que se hizo, y la repercusión que tuvo. Porque nadie trabaja para sí. Lo hace para sus pares, para mejorar un sector, para paliar una necesidad. Para evitar una injusticia. “Cuando venga la reflexión y se den cuenta cabal de lo que ha sucedido, ¿cómo haré para mitigarles la pena?”, decía Juan Salvo, el genial Eternauta, en el cierre de su primera historia en 1957. Esa es una de nuestras motivaciones en MIRADA PROFESIONAL, alertar y llamar a debatir sobre las amenazas que se ciernen sobre nuestra querida profesión.

Tuvimos de cal y de arenas este 2009, en cuanto a noticia destacadas en el sector farmacéutico. En rigor de verdad, el único hecho singular, a favor de los profesionales independientes, que realmente nos pone contentos y nos acerca a una legislación que convierte a la farmacia en una parte del sistema de salud; es la Ley Nacional 26.567 de Medicamentos, que prohíbe la venta por fuera de los mostradores y elimina la “gondolización”. No es poca cosa, y la saludamos con entusiasmo. Pero en todo lo demás, la profesión farmacéutica tuvo un año que dejó bastante que desear. Muchas deudas a saldar.

Pero fin de año también es tiempo de agradecimientos, y queremos aprovechar estas líneas para compartir con usted. Empecemos por la gente, el lector, que de a miles se acercan todos los días a MIRADA PROFESIONAL. Hoy podemos decir con orgullo, que tuvimos más de 2.500.000 de entradas en nuestra web durante el año. Sumados los linkeos nacionales e internacionales. “Una banda”, en lenguaje juvenil. Entonces nos sentimos obligados de agradecer, a esos amigos que llaman, mandan mails, se preocupan y nos aportan datos, temas, que nos piden que sigamos adelante. Esos que en los momentos donde “las papas queman” –expresión menos juvenil- , por cierto –nos apoyan en este arduo trabajo. Agradecemos también a los Colegios Profesionales que vieron con buenos ojos esta propuesta, y aportaron su mensaje de aliento, cuando los comentarios y las críticas buscaban soslayar y detener lo que desde Lanús buscábamos reflejar en nuestra web.

También saludamos a quienes pensando lo contrario que nosotros, han hecho un gran esfuerzo para impedir estas iniciativas, y que no hicieron más que ayudarnos a consolidar este proyecto. A veces uno elige de qué lado estar simplemente viendo quiénes están del otro lado, una forma de definir cómo estos profetas del desánimo aportaron a apuntalar nuestro modesto proyecto. Críticas sin fundamentos, anónimos que mienten y ofenden, sus usos más comunes. Los saludamos porque a ellos también le debemos parte de los éxitos por lo que hoy estamos brindando. Esperamos que sigan ahí, de hecho no podemos evitar que estén, y saludamos su presencia inexorable.

También saludamos al lector que no viene del mundo farmacéutico, en especial al vecino de Lanús, que se empezó a interesar por las noticias de las farmacias, y que puso su mirada crítica en las informaciones que fuimos volcando del distrito, en especial en temas tan mentados como la salud, lo social y la política de seguridad. También vamos a brindar con quienes forman parte, farmacéuticos o no, del mercado de la farmacia. Porque si MIRADA PROFESIONAL es un portal de noticias dedicado casi con exclusividad a dar una mirada crítica de la realidad farmacéutica, está hecho también con la idea de generar debate, con la idea constructiva de llamar al debate y generar un punto de vista singular, que no tiene que ser ni el único ni el que más se parezca a la realidad de todos. Tenemos nuestra verdad, la pensamos y la decimos con toda fuerza, pero respetando la diversidad de pensamientos. Hace mucho tiempo decidimos no pelearnos con el que piensa diferente. Esta bueno la variedad de abordajes y por cierto la fuerza con que se defiende las propias convicciones. Por su puesto, cuando las hay.

Queremos saludar, ya que la copa está en alto, a aquellos que siempre promulgan que nuestro discurso está muy politizado. Ideologizado. Por esas voces, y gracias a ellas; la dirigencia farmacéutica actual parece escuchar con singular interés, y así tenemos hoy una profesión despolitizada, con falta de debate, organización, y lo peor, sin capacidad de sorprenderse ante las piedras que la realidad nos pone en el camino. Salud a la dirigencia actual, por despolitizar un gremio que miró sin reacción como se rompe la ley sanitaria 10.606, corriendo detrás de los acontecimiento, respetando y siendo fiel a ese reclamo de ser “apolíticos” .Nosotros, por nuestra parte, seguiremos politizando todo lo posible el sector, impulsando y estimulando el debate constructivo, con “ideologización” porque son justamente las ideas las que permiten establecer un camino al devenir, a la resolución de cada uno de los problemas y para que nuestro gremio termine por revindicar lo mejor que tenemos: nuestra profesión liberal (por lo independiente).

Además, queremos saludar a las organizaciones que aportan temas para la discusión y el debate, las gacetillas de prensa que nos informan de lo que pasa en todo el país, las novedades que nos comentan y que muchas veces son la usina que luego se transforma en una gran noticia. En definitiva, agradecemos a todos lo que hacen posible que MIRADA PROFESIONAL sigua existiendo y creciendo, y a aquellos que hacen todo lo contrario, preocupados por mandar inspecciones de AFIP, de Rentas, de Aduanas, de la División de Drogas Peligrosas y no se cuantas paparruchadas más; pero que refuerzan nuestra existencia y nuestra posición. A todos la más sincera y calurosa salutación. De verdad y de onda.

El 2010 será un año intenso, de eso no hay dudas. Como deseos, esperamos que esta profesión siga existiendo, que nuestras instituciones sigan existiendo, construidas por pro-hombres que miraron más allá de las contingencias y formaron las herramientas institucionales que hoy tenemos. La reforma de la ley sanitaria 10.606 de la provincia de Buenos Aires es un tema gravísimo que apenas nos vamos dando cuenta de las consecuencias que traerá a futuro. Debemos despertar y ver que este puede ser el principio del fin para la profesión tal y como la entendemos.

Nos quedan deudas pendientes, seguro que si. Además de la protección de la ley sanitaria, nos queda pendiente el tema de la concentración, la pérdida del convenio de IOMA y sus consecuencias actuales para rentabilidad de las farmacias y la red que ellas componen. Quedan pendiente un montón de cosas, que hoy están en el debe y nos gustaría que estén en haber. Pero si el 2010 nos va a tener aquí comentando y haciendo lo posible para que más farmacéuticos se sumen al debate y la discusión sobre qué profesión queremos, esperamos poder aumentar la columna de los hechos concretos realizados.

Por último, y en líneas con este deseo, aprovechamos para anunciar que este verano MIRADA PROFESIONAL inaugurará su foro de discusión. Un ámbito para analizar los temas que se desarrollan en nuestras páginas. Una sección que buscará la participación como principio de solución a nuestras problemáticas. Porque entendemos que esta es una tarea de todos, y necesitamos de ese aporte. Porque el único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo. Por eso y mucho más, salud, y hasta el año que viene.

Néstor Caprov

Bienvenidas las franquicias a la Provincia de Buenos Aires. Farmacias sindicales for export.



Cuando todavía no se habían agotado los festejos por la aprobación de la ley nacional de medicamentos, que prohíbe la venta por fuera de las farmacias, la provincia de Buenos Aires dio un paso en falso en materia de legislación del sector. Un verdadero salto al pasado. La aprobación de la excepción a la limitación geográfica y a la densidad de población para la instalación de farmacias cuando pertenezcan a entidades gremiales sacudió la alegría del sector. El proyecto fue presentado por el senador Armando Nieto y ya tiene media sanción del senado bonaerense. El mismo establece que las limitaciones para abrir nuevos mostradores (uno cada 3 mil habitantes y separadas por lo menos 300 metros) “no serán aplicables cuando se tratare de farmacias propiedad de entidades gremiales”.

El legislador explicó que las farmacias sindicales “tienen la finalidad de procurar a sus afiliados condiciones más ventajosas en cuestiones laborales y en asistencia médica” por lo que consideró “de vital importancia” eliminar las restricciones, en cuanto a que “afecta de manera directa a la salud de las personas” . De esta manera, sin aviso y sin que se enteraran de antemano los dirigentes farmacéuticos provinciales y con total impunidad, la provincia de Buenos Aires se encamina a crear una nueva manera de franquiciar farmacias. Farmacias sindicales for export.

La noticia fue un baldazo de agua fría. Es que la reforma, de ser ley, permitirá que las farmacias sindicales se comporten como franquicias, porque se puede ir a cualquier gremio y pedir la apertura de una farmacia con su nombre (UOM, SMATA, todos) e instalarse sin ningún tipo de regulación. El mismo senado que dio media sanción a la limitación de las farmacias bajo el mismo dueño (proyecto del senador Roberto Fernández aprobado el lunes) ahora le abre la puerta a una nueva forma de concentrar el sector. Inexplicable.

Así, todos los logros que se consiguieron a nivel nacional, el fin de la gondolización y el fin de la venta por fuera de las farmacias, quedaron opacados. Sin previo aviso, se desarma una ley modelo como la 10.606, un ejemplo de sanitarismo. De un plumazo, en la provincia de Buenos Aires retrocedimos al 2002, cuando se logró derogar estas excepciones. Lo peor del caso es que la noticia llega sin aviso. Apenas unas líneas en algunos diarios, como al pasar. Nada más. Demasiado poca información para un asunto tan crucial.

Ahora, las farmacias sindicales no tienen ningún condicionamiento para establecerse. Ninguno. Si uno entendiera que sólo atienden a sus afiliados, seria menos serio. Pero eso no pasa. Atienden a todo público, incluso con un ardil legal pueden intercambiar beneficios, y atender a OSDE, Swiss Medical, cualquier prepaga que no son obras sociales. Pueden atender absolutamente a todos.

La noticia llega sin mayores explicaciones. Ni internas a nivel del sector ni tampoco las que deberìan aparecer casi sin solicitarlas. Se aprobó. Adolfo Bioy Casares solía advertir que “las mujeres deseadas y los ideales, ay, se alcanzan”, como recordando que las metas más anheladas se vuelven, al otro día, un compromiso muy pesado. Que hay que sostener con trabajo. Lo más extraño es que la bomba llegó de un lugar inesperado. Del senado muchos esperaban, vanamente la limitación de las franquicias, no una apertura indiscriminada. Pero a alguien ´´se le escapó la tortuga¨. En Buenos Aires, el ojo viene puesto en la posible llegada de Farmacity. Lo venimos advirtiendo. Como venimos advirtiendo sobre la creciente concentración. Pero la pelea tenía un aliado inmejorable: la ley 10.606. Estamos convencidos de su valor. De su extraordinario valor sanitario, de su importancia para la salud pública de la Provincia. La ley, que regula la instalación de farmacias en territorio bonaerense, está a la altura de cualquier ley europea del rubro, incluso las más avanzadas. Hasta ahora. La reforma planteada será un golpe difícil de soportar.

De permitirse esta aberración, se profundizará un tema complejo, como la ruptura de los canales habituales de comercialización. Esto es, cuando un laboratorio le vende a las grandes farmacias concentradoras de forma directa, entregando precios que ni las droguerías otorgan a las farmacias independientes. Esta es su gran ventaja, la compra directa a los laboratorios. Hoy, casi de forma escandalosa, el 70 por ciento de las compras de la farmacias concentradoras se hace por esta vía directa, y sólo el 30 a través de droguerías. ¿Con la libertad para poner farmacias a discreción, alguien duda de que esta concentración se va a disparar?.

Entender la farmacia como un eslabón más en la cadena de atención primaria de la salud es, sobre todo, darle una legislación acorde a esa visión, y sostener esta idea a largo plazo. También es necesario defender el circuito laboratorio-droguería-farmacia, como eje de la comercialización de fármacos en el país. Entre otros beneficio, mantiene el triple control sobre los productos, un sistema que hace casi imposible la falsificación o adulteración tan visible en estos días.

Una política anticoncentración, donde el Estado debe jugar un rol importante, debe tener como principio rector que los laboratorios le vendan a las droguería, y estas a las farmacias. Es un escándalo mayúsculo enterarse que hay farmacias concentradoras que consiguen mejores precios que las propias droguerías (el canal mayorista) gracias a estas desviaciones del mercado, que están distorsionando la relación mayorista-minorista. Al punto que una farmacia podría ser proveedora de una droguería. Si, el mundo del revés acá nomás y a la vista de todos.

Pero el poder legislativo bonaerense no lo entiende así. Dijimos que abrir la ley 10.606 podía traer sorpresas (ver editorial 2010, Odisea en el mercado). Nunca pensamos que sería una apertura, casi como un agujero negro tan pero tan grande. Y desagradable. Entonces, cuando estamos avanzando en una ley sanitaria nacional que saca los medicamentos de la calle, los lleva a su lugar natural como la farmacia, cuando estamos trabajando para terminar la gondolización, cuando decimos que la ley 10.606 es de las mejores leyes sanitaria del país, los senadores provinciales hacen retroceder a Buenos Aires al pasado. Inician el camino inverso en materia de legislación farmacéutica. Inventan la nueva franquicia sindical. En vez de ir hacia el futuro retrocedemos sin escala. Al 2002. A la peor crisis de nuestro país. Hasta allí nos lleva esta reforma. Un viaje sin escalas a la vergüenza colectiva de toda la profesión en la provincia de Buenos Aires.

Néstor Caprov

2010 Odisea en el mercado.

La buena noticia que significó la aprobación de la ley nacional de medicamentos parece haber puesto en marcha al sector para tratar de remediar algunas situaciones de injusticia, que con el tiempo se dejaron de cuestionar porque nuestra cultura de lo contingente lo impidió. Sabemos que desde hace un tiempo, alentados por esta nueva dinámica, farmacéuticos independientes de varios barrios de Capital federal, en especial Barracas y Almagro, sin más motivación que su malestar y su necesidad de sobrevivir en un territorio por demás hostil, están recorriendo despachos de legisladores de la Ciudad de Buenos Aires para que haya un compromiso para regular en ese territorio las franquicias farmacéuticas. El sacudón de ver al sector movilizado tal vez los animó. Lo cierto es que los colegas están saliendo a pedir por una regulación seria para el territorio porteño.

Los argumentos que exponen ante los legisladores son sencillos y muchas veces escuchados. Dicen que no basta como argumento a favor de estas franquicias (y en especial de una, Farmacity) la inversión que hacen para la ciudad. Ya casi todos saben que el desembarco no requiere de grandes capitales, sólo el alquiler de un suntuoso local. Con la mano de la industria, las primeras compras son financiadas a largo plazo, haciendo flujo de caja con ese “pedal” financiero que le da los laboratorios al “gran jugador”. Conocemos bien esta movida de los colegas capitalinos. Que va más allá de la estructura de su propio Colegio Profesional. A veces van solos, a veces son dos. Otras ocho y se les suman colegas diariamente. Pero se mueven, van “de a pié”, y buscan una solución en los despachos de los representantes del pueblo.

Están preocupados. Porque como a nosotros nos consta también, Farmacity está anunciada como la gran noticia comercial en el ámbito de la farmacia de la provincia de Buenos Aires para el 2010. La forma de su expansión no está clara. Si será por las Sociedades Anónimas, o por las franquicias. Aunque nos aventuramos a decir – pronóstico cojonudo si los hay – que no será por la segunda chance, porque eso implicaría una reestructuración de su negocio, y la firma no da señales de ir por ese lado. Será entonces por la primera vía. Pero los colegas porteños, como nosotros, saben que será. Y se mueven para tratar de evitarlo.

Esta movida trae al recuerdo de los bonaerenses de un proyecto de reforma de nuestra ley 10.606 que regula el sector. Presentada por el senador provincial Roberto Fernández, la misma busca cambiar el artículo 3º de la normativa, para limitar el número de locales bajo el mismo dueño, sean franquicias o similares, a tres. La reforma ya obtuvo el visto bueno de la comisión de Salud, y estaría próxima a pasar a su tratamiento en el recinto. El proyecto asume vital importancia en tiempos que los rumores aseguran que, como en Capital federal, en 2010, Farmacity buscará el postergado desembarco en tierras bonaerenses, una idea que pone en alerta al sector.

La reforma de Fernández aparenta ser una medida a favor del sentido sanitario de la ley actual de farmacias, porque de alguna manera la explotación comercial de quienes entienden el medicamento como una mercancía más e ingresan al sector con esa mirada mercantil queda limitada. La farmacia no sólo vende medicamentos, sino que además entrega información, trabaja día a día sobre atención primaria para la salud. No es necesario que lo digamos otra vez. Que enumeremos los principios sanitarios de cada mostrador. Los sabemos. Pero ahora, ante este nuevo desafío, queremos preguntar si realmente esta reforma protege la ley sanitaria 10.606 que rige hoy.

Tratemos de contestarnos. Hoy en día, gremialmente, no importa donde se ejerza la profesión farmacéutica, o las ideas políticas que se promulguen, hay una unanimidad de que la ley sanitaria de farmacias 10.606 no se debe tocar. No debemos adoptar el ejemplo nefasto de Capital Federal, donde desapareció lisa y llanamente la farmacia independiente, pequeña o mediana, a manos del gran concentrador Farmacity. La reforma cambiará el artículo 3 de la ley, por lo que de aprobarse, para poder instalar una farmacia se tendrá en cuenta, además de la distancia y la cantidad de habitantes, la propiedad de la misma, es decir, que en más de tres establecimientos no podrá haber la misma marca.

Para quienes quieren un futuro franquiciado en el sector, esta reforma los limita claramente. Porque la política de estos pulpos es poder poner cada vez, más locales con su marca. No crecer día a día en este mercado es morir. Así de simple. Y estos grupos concentrados que manejan este axioma a la perfección, van a tratar de evitarlo por cualquier medio.

Un peligro de esta reforma es que deja un precedente, que abre y cierra una norma que pensamos no debe tocarse nunca. Sabemos la responsabilidad que implica decir –y defender –esto. Porque no se puede prohibir la explotación comercial de ningún tipo. Para ser claros: no estamos en desacuerdo con que alguien “se franquicie” si así lo quiere, es mas de antemano le deseamos mucha suerte; en tanto que todos somos libres y soberanos en las decisiones comerciales que tomamos, pero las limitaciones que farmacia y farmacéutico sean una unidad deben ser tajantes. Una farmacia por cada farmacéutico. Porque ambos factores son indivisibles. No podemos entender que una farmacia se llame igual en cinco lugares, porque esto es lo que desarma, desarticula, a futuro, una ley sanitaria de farmacias. Lo que a su vez termina por sepultar la noción de que en cada local hay un profesional preocupado por la salud del paciente, convirtiendo el mostrador en una posta sanitaria de atención. Incluso en el caso donde el farmacéutico no es el dueño, pero si su responsable absoluto de las cuestiones técnicas.

Abrir la ley, ligeramente, es un riesgo. Porque si bien una mirada a favor de la reforma asegura que de aprobarse nos acerca un poco más a una ley sanitaria integral, también es cierto que dejamos un precedente abierto que con el tiempo, en la reglamentación, puede traer una sorpresa. Una desgraciada sorpresa. Porque se puede interpretar que la limitación es por localidad, y entonces en Lanús, por ejemplo, donde hay ocho localidades, nos da pié a 24 farmacias de la misma marca en el partido. Acá, el espacio para la interpretación (antojadiza) puede ser fatal para el futuro del sector.

En la actualidad, ya existen varias farmacias que se llaman igual, sin una regulación específica al respecto. Pero empezar a pensar en una norma que prohíba una denominación repetida despojando a la unidad Farmacia-farmacéutico es lo que venimos humildemente a plantear en estas líneas, querido lector. Cuando una persona elige una farmacia, lo hace a partir de una muy variada combinación de factores. No sólo influye la marca. Lo que uno pretende desde el punto de vista sanitario, es que se elija por la calidad del servicio que se despliega, y por la capacidad de articulación del farmacéutico con el público. La marca debería estar subordinada a lo que la ley manda: la farmacia para el farmacéutico. Esto es innegociable. La propiedad de la farmacia debe ser del farmacéutico y emparentada a su nombre y apellido y a su matrícula profesional. Sino, se esta hablando de cualquier cosa menos de una ley que respete el manejo responsable del medicamento. Me gustaría preguntarle a usted que esta leyendo, sí la presencia del profesional en todos los locales Farmacity esta verificada, sí es un hecho.

La reforma que impulsa el diputado de Tres Arroyos, nos consta, que nace de las mejores intenciones, busca evitar que pase con la farmacia lo que pasó con los locales independientes frente a los shoppings e hipermercados. Es un buen augurio, pero guarda, precaución, que en la reglamentación, con tanto en juego, haya chances de generar un “efecto rebote” indeseable.

La unión de todo el sector farmacéutico –colegios, cámaras, gremios –hace que hoy tengamos una ley nacional acorde a un país serio, ratificando las normas regionales que van por ese sentido. Juntos lo logramos. Debemos parecernos nuevamente a nosotros mismos, estar a al altura de la hora, para alcanzar un logro común como el de la flamante ley. Estar a la altura de este desafío que se nos presenta: la invasión sin cuartel de Farmacity. Con el precedente importantísimo de escuchar a senadores defender banderas que nos son propias. Farmacias como referentes sanitarios, y no un cambalache de productos que nos alejan de nuestra propia esencia. Llamamos a toda la dirigencia a cumplir la ley por la que trabajamos, y evitemos el “gondoleo”. Y que nuestro faro, nuestra guía en el camino, sea la ley 10.606 de la Provincia de Buenos Aires, sin duda una de las mejores leyes sanitarias de farmacias de la Argentina.

Néstor Caprov

Ley del medicamento seguro solo en farmacias, en La Argentina.

BUENOS AIRES un 25 de noviembre de 2009: Por fin se logró la aprobación, por lo que ya es ley la prohibición de vender fármacos fuera de las farmacias. Apoyo unánime de todos los bloques, que coincidieron en su importancia. Júbilo de una multitud presente en la plaza de los Dos Congresos y en cada ciudad de La Argentina, para pedir por la norma. Una puerta a la normalidad que abrimos entre todos. Nadie podrá atribuirse, con razón o sin ella, que es el triunfo de un dirigente, de un sector. Hoy hicimos una manifestación de lo que la unidad puede conseguir. Crónica de una tarde histórica.

Cuando el tablero del Senado confirmó la aprobación de la Ley Nacional de Medicamento, el júbilo se adueño de la plaza de los Dos Congresos. Es que no sólo se saldaba una cuenta pendiente por años en el país, sino que además se terminó con un flagelo que por decadas le costó la vida a miles de argentinos. Desde ahora, los medicamentos deberán ser dispensados sólo en farmacias, bajo la supervisión de un profesional, libre de las manos inescrupulosas que lo manipularon por años, y que hasta último momento hicieron lobby para evitar que la ley saliera.

Por una unanimidad, la norma presentada en diputados por Juan Silvestre Begni (Justicialismo de Santa Fe) se convirtió en ley. La voz cantante en el inicio del debate la llevó la senadora Haidé Giri, representante de Córdoba, quien explicó la necesidad del medicamento en farmacias y los peligros de la venta por fuera de las farmacias. “Hay unas 100 internaciones por automedicación, vinculadas por el mal uso de medicamentos. Esto forma parte de nuestra incultura ciudadana, que debemos saber que un remedio puede causar mal si no se consume asesorado por un profesional”, dijo la senadora.

Además, Giri recordó el rol del farmacéutico en el control de esta automedicación, y su valor en la cadena de trazabilidad. “Yo tengo una gran cantidad de abogados que son grandes médicos, que me dicen que tengo que tomar cuando me duele algo. Nos vamos recibiendo en expertos de salud, y eso trae peligros. Por eso estamos muy contentos, desde la comisión que integro estamos muy satisfechos por esta aprobación”, cerró.

Atrás, la UCR adelantó su voto. “Consideramos sumamente importante para la salud de los argentinos, la senadora fue suficientemente clara, y su aprobación como vino de Diputados, que se aprobó con una unanimidad, y me preocupó particularmente su demora y su posible modificación”, dijo Roy Nikisch, senador de Chaco. El legislador aseguró que el oficialismo “dio muestras de buena voluntad en el tema”, para aprobar la norma como vino de Diputados.

Además, apeló a la responsabilidad de las farmacias, y dio un claro mensaje a los que quisieron boicotear la ley: “los que estaban presionando en contra de la ley, en especial laboratorios de origen extranjeros, deberían tener en cuenta que como pretenden que nuestro país tenga flexibilización en materia de comercialización de fármacos deberían pedir que hagan lo mismo sus países de origen, donde los controles son muy estrictos”.

María Colombo puso la cuota de incomodidad, cuando dijo que la desregulación “no nació de un repollo”. “Acá hay responsabilidades políticas, quienes aplaudieron la desregulación del estado en los 90 deben admitir que cometieron un error que puso en riesgo a la salud de los argentinos, desafiando el principio de que todo medicamentos no es inocuo”. La senadora, un poco llamada a ser la “aguafiestas” de la jornada, pidió terminar “con la impunidad política” para quienes permitieron el mamarracho que ayer se terminó. No estuvo para nada errada la senadora. Otros senadores la acompañan en su crítica.

Así, uno en uno los senadores fueron dando su visión favorable. El consenso ampliaba la posibilidad de un voto unánime, un espaldarazo que sea además una señal a toda la sociedad. “Sentido común”, “resguardar la salud”, “saldar una deuda de la democracia”, fueron alguno de los argumentos de los senadores, que se fueron sumando a la expectativa de todos los presentes. En el senado y en sus casas, palpitando la ley que se hace desear, porque los senadores quieren dejar su posición bien expresa.

La tensión creció por unos momentos. Hubo algunos entredichos entre senadores. Silvia Gallego “levantó el guante” lanzado desde la bancada de la senadora Marina Riofrío, que despachó alguna crítica al sector. La interna sale a la luz. “Hay que trabajar en contra de la publicidad, hay que acabar con este tema que repugna en nuestro país. Nuestro gran desafío ahora es la publicidad, y la venta por Internet, que pone en riesgo la salud e nuestros chicos, que consiguen cualquier cosa por la web”, dispara Gallego, adelantando la batalla que se viene.

Después llegó el momento histórico. El presidente del Senado Julio Cobos llama a votar. La expectativa crece. Hay tranquilidad por la exposición de los legisladores, hay nervios, por llegar al objetivo luego de tanto trabajar. El vicepresidente pide votar, en particular y general. Las luces se encienden. “50 votos a favor, ninguno en contra”. Hay gritos de alegría. “50 a cero” se entusiasman en las gradas. Peronistas, radicales, socialistas, partidos provinciales. Todos a favor de la ley que resguarda la salud argentina. Hace cuánto que no se daba tanto consenso. Las caras son una mezcla de sensaciones. Cansadas, acaloradas, no ocultan la alegría de la tarea cumplida.
Importantísima forma de terminar con la sombra nefasta que cubría al sector.

Desde el sector farmacéutico, la aprobación de la ley es un hito de la democracia. Por eso la alegría, que no se pudo ocultar. Ni se quiso. Como los senadores, en la mayoría de los casos se destacó la importancia de una norma como esta, que hace que la Argentina abandona la informalidad en materia de medicamentos, y que restringe la posibilidad de la falsificación y adulteración de fármacos. Ese sentimiento de felicidad es difícil de sintetizar, pero como en otras ocasiones, una bandera, una consigna, sirve para tal fin. “¿Ley de farmacia o jarra loca? Si no se aprueba la ley, la jara local va a ser el futuro del país”. La bandera, vista en el congreso, es el sentimiento claro de las horas previas. Los senadores permitieron abrir la puerta a un país serio, y convenga usted conmigo, querido lector, un poco más seguro. Y eso no es poca cosa en estos días.

Es momento de recordar el trabajo de años, al principio en soledad, contra la desregulación asesina de la década del 90, contra la “gondolización de los medicamentos, contra la mirada mercantil sobre la salud, hubo que pelear, pero se logró. Desde ahora, el sector farmacéutico renueva el compromiso con la salud de la gente, por un medicamento seguro y con una mirada social y compromete al profesional farmacéutico a ir a fondo con la calidad de prestación que brinda desde siempre.

Los profesionales farmacéuticos somos eso mismo, el último control antes de que cualquier paciente se lleve una medicación a la boca. Y ese sentido de la responsabilidad, de la rigurosidad que nos formó en los claustros universitarios es la credencial, acaso más noble que podemos exhibir a la hora de atender a un paciente.

Cabe recordar que la flamante ley sustituye el artículo 1 de la Ley 17565 al afirmar que la “preparación de recetas, la dispensa de drogas, medicamentos, incluidos los denominados de venta libre y de especialidades farmacéuticas, cualquiera sea su condición de expendio, sólo podrán ser efectuadas en todo el territorio de la Nación, en farmacias habilitadas”. “Los medicamentos denominados de venta libre deberán ser dispensados personalmente en mostrador por farmacéuticos o personas autorizadas para el expendio”, resalta el primer artículo de la norma.

Asimismo, incluye que la venta de medicamentos fuera de las farmacias “se considera ejercicio ilegal de la farmacia y, sin perjuicio de las sanciones establecidas por la ley, los que la efectúen podrán ser denunciados por infracción al Código Penal”.

Por último, el proyecto también modifica el artículo 2 de la Ley 17565 agregándole que las autoridades sanitarias podrán autorizar “a título precario, en zonas donde no actúen farmacéuticos, el establecimiento de botiquines de medicamentos, debiendo determinar las condiciones administrativas e higiénico-sanitarias de los mismos”. En ese sentido, la norma aplica que los programas nacionales, provinciales, municipales o comunales destinados a la provisión de medicamentos o productos farmacéuticos “deben contar con la supervisión de farmacéuticos conforme lo regule la autoridad jurisdiccional competente”.

Tenemos una Ley Nacional 50 veces votada en cada senador. Enfrente,
el silencio de un cero espasmódico que da la complicidad de un sector de los laboratorios de especialidades de venta libre que no logró convencer sobre la “bondad” de apoyar sus intereses.

Como todo, las palabras tienen sus qués, sus cómos, sus porqués. Algunas, solemnes nos interpelan con aire extravagante, dándose importancia, como si estuvieran destinadas a grandes cosas y, ya se verá más adelante, si no son más que una simple brisa que no levantará el peso de una hoja, otras, de las más comunes, de las cotidianas, acabarán teniendo consecuencias que nadie se atreverá hoy a pronosticar: No habían nacido para eso. Tenemos una Ley, un país que solo por hoy, eligió salud y seriedad de un tirón, en una tarde, en un día como hoy.

Néstor Caprov

Día D para la Ley de Medicamentos: el próximo miércoles la aprobaría el senado sin modificaciones

Así lo aseguran fuentes legislativas. Por eso el sector farmacéutico llamó a una movilización a las 14 horas en el Congreso. Piden “reventar” la plaza para terminar con la Decreto-Ley de la dictadura de Cavallo y darle a La Argentina la Ley sanitaria que se merece.

Los farmacéuticos que se movilizaron al Congreso para pedir por la aprobación de la ley de medicamentos no se fueron con las manos vacías.Pese a que no se trató la norma que prohíbe la venta por fuera de la farmacia, hubo un importante compromiso de varios sectores políticos del Senado para tratarla la semana que viene sin modificaciones y sin producir el “engendro” que amenazaba votar una ley de medicamentos solo en farmacias habilitando a los kioscos para las excepciones. Humildemente: Un Mamarracho que nos emparentaría con algunos distritos de Zimbawe.

La noticia llegó en momentos en que parecía que la ley se caía, acechada por el tiempo, ya que a fin de mes pierde estado parlamentario. El consenso para aprobar la ley llegó y necesita más que nunca nuestra movilización para consolidar ese consenso. Así, fuentes parlamentarias dicen que la semana que viene se aprobará la norma como llegó de Diputados, un triunfo del sector.

Para “apoyar” a los senadores en esta trascendental medida, el sector farmacéutico llamó a una masiva movilización a la Plaza de los Dos Congresos para el próximo miércoles a las 14 horas. Ese día, el sector pidió “reventar la plaza”, y mostrar al país la importancia de tener una ley sanitaria que frene el avance del asesino serial del que dan cuenta las crónicas de los diarios y que representa la venta ilegal de fármacos en La Argentina.

Ese día –un gran día al estilo de Joan Manuel Serrat –será el fin de una era oscura en el país: el fin de la “gondolización” de los medicamentos, de la venta trucha, del kiosquero que compra y vende a mejor postor sin saber que lo que hace es a todas luces una participación en el mercado ilegítimo. Una sinrazón propia de países que no se respetan así mismos. De una sociedad que ningunea su propia salud y solo se acuerda cuando la tapa de los diarios le avisa intuitivamente: “Se busca la próxima víctima de medicamentos truchos: ¿quiere ser usted?”

Como ocurre en estos casos, el sector pide a esos traficantes de la muerte, a los productores y partícipes de la mafia de los medicamentos, a todos aquellos que durante años priorizaron su bienestar comercial a la salud de la población, se abstengan de ir a la plaza. Los que si deben estar son todos los farmacéuticos, todos los interesados en hacer de este país un lugar seguro a la hora de ingerir un fármaco, todos los que durante años pelearon contra la marea por una ley integral.

El aporte de cada uno es más que valioso. Será dejar a tras un souvenir de la dictadura, reforzada por un decreto del ex ministro Domingo Caballo, y darle paso a una ley de la democracia. Una ley para todos, que aporta seguridad sanitaria. Una ley que nos haga sentir orgullosos. Casi, un país normal.

Por eso, el miércoles a las 14, el mundo farmacéutico tiene que estar en la plaza. Apoyando a los senadores que seguramente estarán presionados en sus celulares por algunos muchachos que tienen una fuerza de lobbie que da la billetera de algunos laboratorios de OTC ( medicamentos de venta libre). Sabemos o queremos creer que esta vez el interés común le ganará al interés económico. Para que el país sepa que no se trata de un capricho o una disputa de sectores implicados: la ley de medicamentos es un estricto ejercicio de justicia y seguridad sanitaria. No tiene que faltar nadie. A reventar la plaza con un solo grito: ¡medicamentos sólo en farmacias!

Néstor Caprov

» Vox populi vox dei, a la argentina

Cuando parecía que todo estaba listo para empezar una nueva etapa en materia de medicamentos en la Argentina, con una ley nacional acorde a las necesidades de la situación actual, el Senado decidió postergar una semana el tratamiento de la norma que prohíbe la venta fuera de farmacias. Con el apoyo de todos los bloques, se postergó siete días una decisión que desde este espacio venimos reclamando incansablemente. Se decidió posponer algo que, mafia de los medicamentos de por medio, se hace impostergable, a la luz de hechos que no hacen más que confirmar lo que venimos diciendo: la venta ilegal es un asesino serial implacable, que cada día cobra más víctimas. Las presiones y los desaciertos en la cámara alta llaman a la reflexión, para entender cuál es el nudo de una disputa que desnuda lo peor de nosotros en cuanto a leyes se refiere.

En primer lugar, habrá que reflexionar sobre esta tendencia que tenemos como argentinos de creer que la norma es una sugerencia, un manual acondicionado a la voluntad del usuario, que decide por caso respetarla o no. En términos futboleros, es ese agarrón que en nuestra área es “un roce normal de partido” y en el área de enfrente “un penal grande como una casa”. Una costumbre que ninguna ley nos podrá sacar.

(tan sugestible es la cuestión de las leyes en nuestro país, que sobre la ley nacional de medicamentos se dio una cosa muy curiosa: varios medios la dieron por aprobada sin que fuera tratada en el Senado. Desde Página 12 que aseguró su supuesta aprobación hasta el diario de La Plata El Día que incluso hizo una larga editorial sobre su aplicación y su necesidad, muchos se dejaron llevar por los rumores, sin comprobar lo que había pasado en el recinto. Lo que habla que las leyes no tienen que ver con su aplicación sino más bien con “el estado de ánimo” que generan en la sociedad.)

Frente a la formulación de una ley, lo que queremos y esperamos es que sea una ayuda a la sociedad, en este caso para combatir uno de los flagelos más grande que vive el país: la proliferación del medicamento ilegítimo y mortal. Si hoy los políticos de la Argentina, por presiones de los laboratorios productores de especialidades OTC o de venta libre, que quieren tener más canales de comercialización además de las farmacias, dicen estar de acuerdo con la nueva ley, pero dejan abierta la posibilidad de que se filtre la “excepción”. En este caso, que algunos medicamentos estén fuera de la farmacia, como los antiespasmódicos, las sales digestivas (Uvasal y otras marcas comerciales) y los anti-inflamatorios. Una muestra de la doble moral a la que tristemente nos vamos acostumbrando, que invita a un despegue a la normalidad pero dejando una ventanilla abierta. Un dilema central y reiterativo: Fundar lo nuevo sobre lo viejo, dejando el peor precedente sin terminar con las raíces de lo que más nos retrasa como sociedad.

El problema que esa “ventana abierta” puede despresurizar todo el avión, con la consiguiente tragedia. Esa es la imagen de la discusión que se da hoy, entre el poder político y el sector farmacéutico. Incluso entendiendo que no hay mala intención o cohecho, sino que lo que hay es años de malas costumbres. Porque si todos los argentinos por comodidad o tendencia de consumo vamos a comprar medicamentos a los kioscos, o a los valijeros del tren de Constitución; algunos legisladores pueden preguntarse porque vamos a legislar ese “derecho”. Parecería hasta antipopular, jugar en contra de esta “normalidad”, prohibir los remedios en kioscos. Lo que sucede es que de una buena vez debería haber una nueva clase dirigente, política, que entienda cómo separar “la paja del trigo”. Lo que es “vox populi-vox dei” no siempre es correcto, no es verdad, no siempre “un millón de moscas no se equivocan”. Se equivocan, como lo hacen los pueblos, que muchas veces eligen con su voz o con su voto a sus propios verdugos.

Según el proverbio medieval, “vox populi-vox dei” significa “la voz del pueblo es la voz de Dios”, y se utiliza generalmente para justificar las verdades que la gente va asumiendo como propias y que nadie discute. Desde sus orígenes, se aplica para asegurar que a través del pueblo se expresa una opinión verdadera, sólo porque la mayoría así la cree.

Las verdades casi siempre, en el sentido ontológico, se derrumban, son ajustables únicamente a su tiempo. Por eso, lo que buscamos en esta clase dirigente es que vea más allá de la coyuntura, de la popularidad de una medida, en este caso la prohibición de vender medicamentos en kioscos y otros establecimientos no habilitados. Porque sabemos que los legisladores compran medicamentos fuera de las farmacias (la pregunta es valida: cuántos familiares de quienes toman decisiones en la Republica Argentina se murieron por tomar fármacos falsificados de la línea venta libre (OTC) o de cualquier otra especie. No lo sabemos). Pero sabemos, o por lo menos eso dejan ver en algunas de sus declaraciones, que saben, que está mal.

Si una ley se modifica y se aprueba por presiones de las multinacionales del caso, mal conceptualizada, alguien tiene que preguntarse de una buena vez cuándo aparecerá esa clase dirigente que se pare frente a las presiones o al mentado vox populi y lo enfrente. Y cuando hablamos de clase política hablamos de diputados, senadores, funcionarios de todo orden, etc. También hablamos de la Superintendencia de Servicios de Salud, que tiene la obligación legal de controlar el respeto a los contratos de la seguridad social y con ella la calidad de los medicamentos, pero es la primera incumplidora en la Argentina, porque no se respeta ni el Programa Médico Obligatorio (PMO), ni el PMO de Emergencia (PMOE), ni los canales de compras de medicamentos de cualquier tipo, etc. Los casos están a la vista, la falsificación de productos oncológicos, que dio lugar a la doliente “mafia de los medicamentos”, no nos dejan mentir. Si la primera entidad constituida por ley, puesta por el Poder Ejecutivo Nacional, no respeta los convenios que ella misma hace firmar, que queda para los demás, para el ciudadano común. La excelencia, aseguran, va de arriba hacia abajo. Y no hay campaña de salud que no comience con una gran campaña de educación.

Nosotros nos preguntamos cómo se puede educar al prójimo, si los propios legisladores, representantes del pueblo soberano, dejan como mensaje que se puede hacer las cosas bien, dejando alguna ventana abierta al vacío para el descuido a remediar en otro momento. Que la doble moral no es una aberrante forma de cinismo sino un oportunismo político permitido por el propio Estado. Cuándo vamos a considerar que una cuestión “normalizada” por la propia sociedad puede estar mal, y que enfrentarla –pese a los costos que se paguen –es la obligación de quienes detentan responsabilidades de conducción, en todo orden, tanto político como gremial.

Porque, para decirlo claro, “vox populi-vox dei” no es una verdad establecida. No lo decimos nosotros, no es una novedad. Ya lo decía en el año 700 Alcuino de York, asesor y hombre de confianza de Carlomagno: “Y no se debería oír a los que dicen ‘la voz del pueblo es la voz de Dios’, porque la muchedumbre violenta suele estar más próxima en sus opiniones a la locura que a la verdad”. Esa locura que hace arriesgar la salud de tu familia por una costumbre que otros impusieron.

Néstor Caprov

La vuelta del dengue: improvisación, “la mano de Dios” y la crisis sanitaria

Según define la Real Academia Española, “improvisar” significa “realizar algo sin haberlo preparado con anterioridad”. Sin ser muy purista, “improvisar” puede ser un acto de espontaneidad, de amplitud –si se trata de arte o música –o puede ser una señal de falta de previsión, de trabajo e incluso de información. La segunda parece ser la más cercana a la forma en que otra vez se prepara la campaña contra el dengue, un fantasma que ya circula entre nosotros pese a todo lo que se dice desde los gobiernos sobre los trabajos que se hacen contra la enfermedad. Sí “improvisar” es hacer algo “sin prepararlo”, la actual lucha contra el mosquito Aedes Aegypti es sin duda una improvisación más, de esas que nos tiene –mal –acostumbrados los organismos encargados de estos menesteres.

Con 26 mil contagios confirmados, la epidemia de principios de este año dejó al descubierto cuanto le falta al país para encarar una campaña realmente preventiva. Pero la advertencia anterior, se encamina a volverse escarmiento poco después. Y nadie, por más optimista que se muestre, puede asegurar que por lo menos se logre contener la enfermedad, que ya causó en varios países cientos de muertos (por su versión hemorrágica) y que se sospecha ya está instalado en el norte del país.

Justo en esas provincias, los primeros datos confirman el adjetivo de “improvisada” la actual campaña. Según los primeros datos, los mosquitos siguen presentes y no hubo un trabajo estructural para luchar contra el futuro brote. “No estoy de acuerdo con las políticas sanitarias de la provincia del Chaco. No se está haciendo la prevención que corresponde frente a un posible rebrote del dengue”, dijo sin filtro Luis Lita, ex director del Hospital 4 de Junio de la ciudad de Roque Sáenz Peña, quien renunció denunciando lo que decimos en el título de esta nota. “Puede venir la cepa de tipo hemorrágico y eso va a ser muy pesado”, advirtió (Crítica de la Argentina, 15 de octubre de 2009).

Un día después de esta noticia, la vecina provincia de Corrientes declaró a través de su legislatura la “emergencia sanitaria”. Los diputados correntinos tomaron una medida que sirve para entender como la lógica de intervención en materia sanitaria está trastocada en la Argentina: declarar el mal y luego actuar sobre él. Intervenir cuando el mal está por lo menos iniciado. “El instrumento sancionado por los legisladores correntinos le da facultades especiales al Ministerio de Salud de esa provincia para que comience con los operativos de prevención” (Datachaco.com, 16 de octubre de 2009). Es decir, esperar que se produzca el brote para actuar. Todo un dato.

Cuando escuchamos y vemos las palabras oficiales respecto al dengue surgen innumerables preguntas respecto a lo que se hace o deja de hacer, y si realmente hay una estructura y un trabajo coherente pensando en un nuevo brote o si se apuesta a la “mano de Dios” (no la maradoniana) sino a esa que salva tanta improvisación típica argentina, que ya vimos en la pandemia de gripe A y otras cuestiones sanitarias. Un país que necesita una mafia de los medicamentos, con miles de vidas en peligro y una estafa pocas veces vistas, para discutir sobre la venta ilegal de fármacos fuera de la farmacia tiende siempre a la improvisación. No hay dudas.

Cabe preguntarse cómo se combate la enfermedad en otras zonas del planeta, para entender las cosas que por ahora parecen no hacerse. En 1981, Cuba sufrió la peor epidemia de dengue, con 344.203 casos confirmados, 10.312 de ellos de la variante hemorrágica, y 158 muertes. Desde ese momento, el país creó un sistema de vigilancia y una red de laboratorios de diagnóstico, para combatir el mosquito y frenar el avance de la enfermedad. Desde ese momento, y por casi 20 años, la isla no tuvo casos autóctonos de dengue, un logro que hizo que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) nombrara como “modelo a imitar” al sistema cubano. Entre las medidas tomadas, se creó un “responsable vecinal” por cuadra, que está a cargo de recordar cada día a sus vecinos de cuadra, de dar vuelta tarros de agua, ventilar la casa, etc. De esa gran epidemia, Cuba pasó a exportar su método preventivo. Este año, unos 400 epidemiólogos de ese país estuvieron en Bolivia, ayudando a combatir el mal.

El modelo cubano se basa en prevenir al mosquito, evitando los lugares proclives para que ponga larvas. La fumigación tiene poco espacio en la campaña. Así quedó expuesto en un reciente seminario realizado en Panamá, con especialistas de todo el mundo. Allí, Romero Montoya, del Programa Regional del Dengue de la OPS, manifestó que en la actualidad circulan en Latinoamérica y el Caribe los cuatro

serotipos del virus de dengue lo que obliga a replantear la lucha contra un insecto que se adapta a los insecticidas, precisamente porque es combatido en muchos lugares. “Las investigaciones revelan la necesidad de una nueva y más efectiva estrategia, porque no podemos llenar el medioambiente de insecticidas y esperar que con ello sea resuelto un problema endémico en los países de la región”, acotó (Diario Ciudad de Panamá, 28 de septiembre de 2009). Sin embargo, en el país, la fumigación masiva y a gran escala fue la cara de la lucha contra el dengue, algo que parece no replantearse nadie de cara a la campaña que se viene.

En forma de preguntas, es bueno saber cómo, pese a la ya mencionada “coordinación con municipios”, que anunció el ministro de salud provincial Claudio Zin. Cómo se llevará una campaña de deschatarrización, si proliferan los “cementerios de autos” en todo el conurbano. Cómo se detectarán los posibles casos, si la red de laboratorio públicos sigue siendo escasa, lenta, sin recursos, etc. La Provincia está “lista para evitar el dengue”, dice Zin, pero hasta el momento no explicó cómo.

A principios del siglo pasado, cuando la Argentina transformaba su estructura política y social, se hacía célebre una frase que definirá como se gobierna en el país: “la mitad de los problemas son tan vanos que se resuelven solos, la otra mitad son tan graves que no tiene solución”. Así, 100 años después, la idea se repite. La sabiduría popular otra vez da una clave para entender por qué, otra vez, estamos a las puertas de un problema repetido.

Néstor Caprov


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