EDITORIAL 23-5-08: Alimentos o medicamentos; esa es la cuestión

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Lo pensamos, Lo decimos……. El primer blog para debatir sobre la actualidad farmacéutica

Todo bàrbaro ! pero, por ejemplo, un diabético lo puiede tomar ?????
El envaso dice que comtiwne edulcorantes y 0 grsasas, es asi ?????
creo que esto te puese interesar, saludos!
Obesidad, fármacos psiquiátricos y niños
Paula J. Caplan *
14/02/10
Mientras los estadounidenses bregan por mantener las decisiones de fin
de año para perder peso, las alarmas de los expertos sobre la obesidad
zumban en nuestros oídos. Estamos obsesionados por el control de las
raciones, acudimos en tropeles al gimnasio, y no nos hartamos nunca de
The Biggest Loser (un programa de televisión que premia la pérdida de
peso. NdT). Ahora que las escuelas, los subcomités del Congreso e
incluso la primera dama Michelle Obama –que ha hecho de la cuestión
algo de primera prioridad− han asumido el problema, el punto de
atención se dirige a los sospechosos habituales: comida rápida,
raciones inmensas y vida sedentaria. Para algunos que luchan contra
problemas de peso, esos factores son sin duda importantes. Pero se
pasa por alto en todo eso uno de las principales causas de la epidemia
de obesidad en EEUU: el elefante en la sala es el acelerado uso de los
fármacos psiquiátricos. Muchos de ellos, que son usados para tratar
problemas emocionales como la depresión y la ansiedad, causan el
aumento de peso –a menudo de forma rápida y cuantiosa− como uno de sus
“efectos secundarios”, este brillante término de márquetin para lo que
son llanamente efectos negativos de un fármaco.
Es llamativo que el peso de muchos estadounidenses se ha inflado al
compás del aumento de los fármacos prescritos. La Sociedad de la
Obesidad clasifica en cerca de dos tercios los adultos estadounidenses
con sobrepeso, el promedio de peso de un adulto ha aumentado desde
1960 unas 25 libras (unos 11’5 quilos. NdT), mientras que solamente
entre 1996 y 2006 las prescripciones de fármacos psiquiátricos para
los estadounidenses adultos aumentaron el 73 por ciento. El valiente
abogado de Alaska James Gottstein expuso en 2006 la ocultación que
hizo la compañía farmacéutica Eli Lilly del conocimiento que se tenía
sobre los efectos de su fármaco Zyprexa3 (aprobado para tratar la
esquizofrenia y el desorden bipolar pero también prescrita para otros
usos) sobre el aumento de peso, y posteriores informes han puesto de
manifiesto tales efectos para una amplia gama de fármacos
psiquiátricos. Pero casi todos los investigadores y periodistas que se
centran en la obesidad no mencionan la conexión con los fármacos.
Es difícil no preguntarse por qué ocurre esto. ¿Es que las compañías
farmacéuticas son mucho más poderosas que las cadenas de comida
rápida, o es que las primeras precisan más tiempo para que los
fármacos no produzcan estos indeseados efectos que el que precisa
McDonald’s para producir comidas más saludables en porciones más
pequeñas? ¿Es tal vez el miedo de los médicos de no saber hacer otra
cosa que prescribir estos fármacos? Si es eso, entonces es hora de
ampliar su formación para que conozcan mejor la amplia diversidad de
otras posibilidades de actuación que pueden ayudar a muchos que sufren
problemas emocionales, tales como el ejercicio, la meditación, cambios
en la ingesta de vitaminas y minerales, participación en las artes,
trabajo voluntario y el desarrollo o el mantenimiento de amistades
íntimas. Cualesquiera que sean las razones, el resultado es que
demasiada poca gente conoce que muchos de estos pacientes
emocionalmente atribulados ahora tendrán problemas añadidos.
Lo peor es que la conexión entre los fármacos psiquiátricos y la
obesidad incluye a los menores también. En las últimas dos décadas el
número de adolescentes obesos se ha triplicado, al tiempo que en los
10 años posteriores a 1996 las prescripciones de los fármacos
psiquiátricos para los menores de EEUU aumentaron el 50 por ciento. Y
un nuevo estudio federal muestra que los niños pobres son más
proclives que otros niños a que les sean administrados fármacos
comercializados como los antipsicóticos, uno de los mayores
responsables de causar aumento de peso así como problemas metabólicos
permanentes. Si se añade la humillación a la que son sometidos por
sus compañeros, los potenciales daños psicológicos a los niños y niñas
con sobrepeso son aterradores.
Otro vínculo inquietante podría encontrarse en el camino. La quinta
edición del importante manual de diagnóstico psiquiátrico, el
Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-V), se
espera que se publique en el año 2013. Una propuesta que se está
examinando: incluir la obesidad como enfermedad mental. Sería un
error, puesto que la obesidad puede estar causada por problemas
metabólicos y de tipo físico que a menudo no son diagnosticados. Y
porque la obesidad puede también ser resultado de los fármacos
psiquiátricos, incluirla como enfermedad mental crearía un círculo
vicioso: alguien está atribulado, démosle fármacos, se vuelve obeso,
por lo tanto diagnostiquémosle como enfermo mental, démosle más
fármacos.
En general, hay mucho que hacer. La primera dama debería hablar de la
conexión obesidad-fármacos. La Food and Drug Administration debe
vigilar –con dureza− a las compañías farmacéuticas que ocultan esta
conexión. Cada médico debe alertar a los pacientes de este efecto
potencial y explorar otros remedios no farmacológicos para tratar los
problemas emocionales. Editores y redactores deberían insistir que
esta conexión debe abordarse en los artículos sobre la obesidad. La
Asociación Psiquiátrica de EEUU debería rechazar la clasificación [de
la obesidad] como enfermedad mental en su DSM-V. Y todo ciudadano
debería poner fin al acto reflejo de culpar a la gente con problemas
de peso por carecer supuestamente de autocontrol.
* Paula J. Caplan es psicóloga clínica e investigadora de la Universidad
de Harvard. Es autora de They Say You’re Crazy: How the World’s Most
Powerful Psychiatrists Decide Who’s Normal.
Traducción para http://www.sinpermiso.info: Daniel Raventós
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Muy claro pero nadie hace nada!!!!!!