Capítulo 28

Anabella volvió a su casa después de hablar con Sofía. Se había dado cuenta que debía pensar muy seriamente qué hacer porque realmente no sabía cómo proceder de acuerdo con lo que se había enterado. La situación la superaba y todas las ideas que cruzaban su mente la llevaban a la misma sensación de que tenían más contras que pros… Sentía la necesidad de que el mundo se entere que la burbuja de vida country que se promulgaba era una falacia, que nada era lo que parecía. Quería que su experiencia sirviera para algo fuera productiva, fuera ilustrativa para las madres que como ella se habían respaldado en la seguridad de club para abandonar a sus hijos a su suerte. Quería gritar a los cuatro vientos que su hijo era un ladrón, un adicto, un delincuente, pero sobre todo que era una víctima de la falta de atención que ella misma le había propinado.

Caminó sin cesar por la galería y el jardín durante horas.

Luego hastiada se sentó frente a la computadora y comenzó a escribir. Sin saber qué, ni por qué, ni para qué, comenzó a escribir…

Esa noche Anabella obligó a su hijo y a su marido a empacar, a Nicolás lo echó de la casa y a su hijo lo subió al auto y se lo llevó lejos.

Anabella internó a su hijo en una clínica de recuperación de adicciones donde Franco estuvo meses intentando recuperarse. Anabella iba todos los días sitemáticamente a visitarlo, estaba horas allí, hablaba, le leía libros. Franco ni siquiera la miraba. Estaba tan enojado que expresaba su enojo con una indiferencia absoluta. Nunca reaccionó frente a los ruegos de su madre, ni a sus gritos, ni a su llanto descontrolado que se alternaban a diario. Anabella nunca logró sacarle una palabra.

Un día Franco se escapó y después de estar tres meses desaparecido fue arrestado por robo a mano armada. Estaba totalmente drogado y había tomado un rehén. Le dieron 12 años de cárcel porque ya había cumplido la mayoría de edad. Anabella siguió visitándolo en la cárcel. Ya no hablaba, ni gritaba, solo lo miraba y lloraba en silencio. Franco siguió sin dirigirle la palabra. Parecía disfrutar de ver a su madre pagando sus culpas tres veces por semana allí sentada.

Anabella y Nicolás presentaron recursos de amparo por doquier y cuando finalmente estaban a punto de darle la libertad condicional, Franco recibió una cuchillada en las duchas y murió.

Anabella intentó cuanto pudo por recuperar a su hijo de todo el descontrol en que estaba inmerso y no pudo. 

Y pese a que intentó reformar con poco éxito y menos apoyo aún las normas de convivencia de su country para tratar de rescatar algo positivo de su experiencia y hacer del club un lugar más seguro para que los adolescentes aprendan límites, poco logró y nada redimió su conciencia.

Un tiempo más tarde vaciando cajones se encontró con aquellas líneas que escribiera cuando atada de pies y manos se enteró de la verdad y decidió hacer algo con ello. Por eso para dar a conocer su historia que seguramente refleje la de tantos otros hijos y tantas otras madres en su misma situación y para todos cuantos quisieran oír escribió:

Mi hijo es un ladrón…

Capítulo 27

Nicolás miró a su mujer intentando descubrir si esta lo podría perdonar. y dijo:

-Sé que fue muy cruel para vos que yo te mintiera, pero espero que alguna vez puedas entender por qué lo hice y puedas perdonarme.

-Ya no estoy ni siquiera enojada Nicolás, la verdad es que yo digo que hubiera actuado diferente pero la verdad es que no lo sé. Creería que no, pero lo digo en la galería de mi casa, no en la guardia con mi hijo de 14 borracho destruyendo mi auto y la entrada del club con un auto que me robó. No sé cómo hubiera reaccionado, es muy difícil en ese momento discernir que la única protección posible radica en exponerlo al castigo que le corresponde para que aprenda que las cosas que uno hace tienen consecuencias. Tal vez yo también hubiera creído que la mejor manera de protegerlo era tapar las cosas y darle la oportunidad de que aprenda sin pasar por la vergüenza y el castigo. Uno no puede asumir que iba a hacer lo correcto, puede aspirar a tener la capacidad y el coraje de hacerlo, pero hay que estar en ese lugar.

Anabella hizo una pausa y luego más fría dijo:

-Pero eso no quiere decir que pueda perdonarte u olvidarme, solo lo entiendo…

Nicolás recibió el cuarto llamado telefónico a su celular y aunque tal como las otras veces estaba dispuesto a apagar, Anabella aprovechó para decirle que atendiera no más que ella tenía cosas que hacer. Tomó su cartera, se subió al auto y después de manejar unos minutos en silencio llegó a casa de su hermana. Sofía regresaba del gimnasio cerca de las 10, así que Anabella entró por la cocina saludando a Gloria, la empleada de su hermana, y con un café en mano, se sentó  en el living a esperar.

Eran miles las ideas que le venían a la cabeza, con quién hablar qué hacer, qué castigo ponerle a Franco y que escarmiento real. Nada parecía acorde, ni suficiente, ni útil.

Sofía llegó empapada en sudor y con una botella de agua en la mano, saludó a su hermana desde lejos y le dijo si podía esperar que se bañe. 10 minutos después bajó envuelta en una bata y con un toallón en la cabeza.

-¿Qué pasa Ana? La última vez que te vi vestida así a esta hora era el día que se firmó la escritura del depto de la vieja. ¿Qué pasó?

- Yo no tenía razón Sofi, Franco no está metido en lo del diario.

-Bueno, mejor… ¿Por qué el tono solemne entonces?

-Porque no está metido en eso pero está metido en todo lo demás.

Anabella le relató a su hermana cada uno de los sórdidos detalles que Nicolás le había contado sobre los siniestros  episodios de su hijo. Sofía escuchaba sin poder decir una palabra y sin tampoco poder cerrar la boca. Estaba atónita.

-Yo no puedo creer que el pelotudo de tu marido haya apañado a Franco en sus cagadas durante tantos años… Porque uno puede hacerlo una vez, dos veces, tres… pero 4 años, ¡dejate de joder! Es casi como cohecho. Es de una absoluta y absurda complicidad.

-Ya lo sé…

-¿Y qué pensás hacer con todo esto?

-No tengo idea, Sofía, no tengo idea…

Capítulo 26

Anabella se quedó sentada en la galería, mientras Nicolás se arreglaba para ir a la oficina. Antes de irse el hombre pasó por donde estaba su mujer y se sentó diciendo.

-Yo no sé qué querés hacer Anabella con todo esto que te conté, sabé que no se puede ir contra los molinos de vientos, nuestro hijo es nuestro hijo y lo que hizo o dejó de hacer es nuestra responsabilidad también, el hecho que yo lo apañe lo convirtió en quién es hoy… Pero entendé que vas a encontrar resistencia en todos los ámbitos para tratar de hacer esto ejemplificador y el único que va a pagar los platos rotos va a ser Franco. Esto es culpa nuestra y de ahora en más tendremos que tratar de lograr que Franco se encarrile. Yo no sabía cómo decirte todo esto y creo que lo mejor que pudo haber pasado es que te enteres. Necesité siempre tu ayuda y por miedo a que me odies por haberte mentido no te la pedí y seguí mintiendo. Pero me alegro que esto haya pasado, estoy tan cansado de lidiar con Franco, no te das una idea. No hay una noche que duerma tranquilo, siempre estoy pensando que me van a llamar para decirme algo que peor que lo que me dijeron la última vez. Es un peso tan enorme, y yo sé que es mi culpa y que yo elegí no decirte y que tal vez nunca me perdones por eso, pero también sé que es tan difícil hacer algo útil con esto, es tan difícil dejar todo al descubierto ahora, es tan difícil pedir al club que se vuelvan un ente que hace respetar las normas… es tan difícil…

Anabella lo miró, su marido parecía derrotado, triste, vencido. Nunca recordaba haberlo visto de esta forma. Entonces con voz calma y reflexiva empezó a hablarle:

-Pero tiene que haber algún modo Nicolás, no podemos permitir que nuestros hijos se conviertan en delincuentes porque nosotros no sabemos cómo ponerles el límite. ¿Te acordás por qué nos vinimos a vivir acá?

Nicolás asintió en silencio y Anabella continuó:

-Porque era un lugar seguro, los chicos podían andar en bici en la calle, podían ir a dar una vuelta al club sin  que uno tuviera que mandarlos con guardaespaldas… Uno vino a vivir acá creyendo que les daba una vida mejor y más segura. Y en esa tramposa sensación de seguridad que brinda el alambre del perímetro y la guardia, los dejamos solos. Primero una vuelta en bici, después otra y sin darnos cuenta, se nos fueron de las manos y se criaron en la calle . Sin reglas, sin respeto, sin límites… los dejamos solos… Creyendo que nada podía pasarles porque todos los que vivíamos acá adentro éramos gente de bien, nuestros chicos se volvieron los dueños de la calle. Probaron su suerte y los límites sin nadie que los frene las veces que quisieron, y para colmo, cuando nos enteramos que habían hecho algo mal los tapamos y los dejamos saber que podían seguir haciéndolo, y cada vez fueron probando cosas más graves. Franco, como tantos otros, es el resultado de un chico de 6 años que agarra la calle por su cuenta y no tiene ojos en la nuca, ni los nuestros, ni los del vecino, ni los de nadie. Yo me acuerdo cuando éramos chicas con Sofi y nos escapábamos a la plaza mientras mamá trabajaba y si llegábamos a ver un grande salíamos corriendo porque sabíamos que nos iba a mandar de vuelta a casa, en aquella época, todos los grandes del barrio tenían derecho a decirte cómo debías comportarte… Era como un grupo de padres que se ayudaban mutuamente a educar y cuidar de sus hijos, hoy por mi mañana por tí todo el mundo ayudaba y le marcaba el camino al chico que se cruzara delante haciendo algo mal… Acá le llegás a decir algo a algún chico y te manda a la miércoles. No están acostumbrados a que nadie les diga nada. Es increíble lo solos que los dejamos… Son como un caballo desbocado corriendo en el campo. Claro que corren hacia el abismo…

-Si Anabella es sumamente desalentador ver todo esto, y tal vez ahora entiendas un poco por qué te lo oculté y a su vez el enojo que sentía con vos que podías vivir ese mundo feliz de no saber nada de toda esta mierda y andar por el club tranquila y con la frente alta. Yo hace 3 años que no puedo mirar a la cara a la mayoría de los que viven acá. Y todos creerán que soy un garca que no me importa un carajo lo que hace mi hijo. No es así, la verdad me importa, me avergüenza, pero no sé cómo pararlo, no sé qué hacer para revertir las cosas… y es una pesadilla diaria tenerlo delante, tener que cubrirlo y saber que lo va a hacer una y otra vez de nuevo y que cada vez va a ser peor… Es como si me probara constantemente para ver hasta dónde lo voy a cubrir, cuánto lo voy a ayudar… cuánto lo quiero… es enfermizo…

Capítulo 25

Anabella y Nicolás hablaron un buen rato sobre cada una de las cosas que Franco había hecho. Anabella repetía una y otra vez lo mismo:

-¿Cómo puede ser que hayan podido esconder esto tanto tiempo? Acá todo el mundo se entera de todo. No es posible ocultar todo lo que me contás, y no solo lo de Franco sino lo de los amigos con los que hace los líos…

-Parece que todo se sabe pero en el fondo como son chicos y el club sabe que se puede comer un juicio si habla mal de un menor, es medio complicado y se hace más fácil taparlo.

-Pero entonces, todas esas cosas que uno se entera que parece que pasaron y después se desmienten, son verdad?

-Sí, es así, son verdad, los hechos de vandalismo, las peleas, los robos, los destrozos, las pintadas, las picadas con motos en el fondo… todo es cierto y en casi todo ha estado metido Franco.

-¿Y cómo puede ser que la gente que sufre estas cosas no lo denuncie, o tome medidas para evitarlo? Me extraña que el tipo al que le roban el cuatri y se lo dejan flotando en el medio de la laguna del golf no se queje.

-Se queja, y se le paga, pasa que nunca se le reconoce que sea comprobable quién fue el autor del hecho. Franco una vez se llevó un auto del estacionamiento del club house y después de correr un par de picadas al fondo, cayó la guardia y Franco salió corriendo, era la palabra del guardia contra la de Franco y la mía que decíamos que ese día a esa hora estábamos en otro lado. Nunca pudieron probar nada y el tipo hizo un quilombo bárbaro en el club, que estaba en todo su derecho, pero a Franco no pudieron tocarle un pelo.

-Pero entonces esto es más peligroso que vivir en la calle, ahí por lo menos la policía te lleva preso en el momento, y andá a mentir después.

-Sí. Esto es en realidad un lugar cercado en el que los que están adentro tienen piedra libre para hacer lo que quieran. Acá no hay leyes, hay normas, pero las normas no se cumplen y como no hay quién las haga cumplir los chicos y nosotros los padres podemos esconder cualquier elefante blanco a la vista de cualquiera y aún así negar su existencia. Nadie puede hacer nada, todos estamos atados de pies y manos y todos somos responsables de eso. ¿Nos queríamos aislar del mundo viniendo a un lugar ideal con reglas establecidas entre todos y que a todos nos venían bien? Nos salió bien un rato, pero a la larga estos lugares son una trampa, porque las mismas cosas que te mantienen seguro y oculto de los de afuera a los que les tememos tanto, te hacen vulnerable a los de adentro a los a que habría que temerles mucho más.

Nicolás respiró hondo y luego continuó:

-La verdad que la gente con chicos chiquitos no sé cómo se anima a dejarlos salir a la calle, acá en cualquier esquina te encontrás con un boludo grande o chico que te lleva puesto porque viene a mucho más de 20 y hablando por teléfono. Con o sin registro la gente maneja, ni siquiera se plantean que si les pasa algo el seguro no les cubre nada y si matan algo tienen que vender hasta el último palo de golf… Esto se ha convertido en u paraíso  para todos los que quieren infringir la ley… y Franco es uno de ellos Anabella. ¿Vos querés ir al club para que tomen medidas, para que lo reten, para que pague su culpa? Ellos son los primeros interesados en que nada de esto salga a la luz… ellos taparon esto por tanto tiempo que ya no pueden hacer nada porque son cómplices…

Capítulo 24

Nicolás tomó su taza de café pero siguió hablando sin beber un trago. Parecía convencido de decir todo lo que había callado durante años.

-Franco estuvo a punto de ir a la cárcel, pero por ser menor y conocer al comisario que es más delincuente que los que mete presos, zafó…

-¿Pero qué hizo? 

-Entró a una casa que creyó que no había nadie y entró el dueño y lo vio, entonces, no tuvo mejor idea que amenazarlo con un cuchillo y salir corriendo. El tipo llamó a la guardia, lo persiguieron, lo agarraron y me llamaron a las 3 de la mañana que estaba demorado en la comisaría.

Anabella no sabía si llorar, gritar, enojarse, necesitaba encontrar una explicación una razón, y en vez buscó desesperadamente un culpable:

-¡Esto es tu culpa! ¡Si la primera vez hubieras dejado que lo reten y lo castiguen esto no hubiera llegado tan lejos! ¡Tu responsabilidad era educarlo no apañarlo!

-Ya lo sé Anabella, creeme que ahora lo sé, pero no puedo cambiar lo que pasó.

-¿Y ni me preguntaste? ¿Decidiste el futuro de nuestro hijo y ni me preguntaste?

Anabella seguía hablando sin escuchar a su marido

-¿Cómo pudiste dejarme afuera y arruinarle la vida a nuestro hijo? ¿Y todo por qué? ¿Para que no supieran que Franco, tu hijo, era un chico con problemas?

Nicolás miraba su taza llena asintiendo una y otra vez sin poder retrucar ni uno de los reclamos de su mujer. Anabella seguía tratando de descargar toda su angustia responsabilizando a su marido.

-¿Y ahora qué se supone que hagamos, a ver? ¿Lo dejamos seguir siendo un delincuente?

-¿Creeme que no sé qué hacer?, hace mucho que no sé qué hacer…

Nicolás dijo esto con una profunda culpa. Como Anabella nunca lo había escuchado… Tanta era la sorpresa ante esta apariencia vencida de su marido, que su ira de pronto se apagó. Nicolás ni percibió esto pero siguió hablando.

-Me doy cuenta que mis hijos son personas adultas con secretos, con una vida que no es la que yo creía que tenían o quería para ellos y me pregunto qué hice yo para que todo suceda de esta manera… Me doy cuenta que se nos pasó su vida tan rápido y no creo haber hecho casi nada bien… Me parece que fue ayer que aprendían a andar en bici, o a escribir y ya no hay tiempo… ya no hay tiempo para enseñarles nada, son lo que son y es por nuestra culpa…

-Si, Nicolás,, hay tiempo, Franco tiene 17 años y habrá hecho todo lo que decís y más, pero hay tiempo para que las cosas vuelvan a su curso, tiene que haberlo…

Capítulo 23

Nicolás tomó un sorbo de café y luego lo puso sobre la mesa, se refregó la cara con las manos y se reclinó sobre el sillón. Inspirando profundamente empezó diciendo:

-Hace un tiempo vos estabas de viaje y me llamaron a casa a las 2 de la mañana desde la guardia para decirme que Franco estaba totalmente borracho y había chocado la barrera del club cuando intentaba entrar. Yo no entendía nada, le dije que debía ser número equivocado porque mi hijo no tenía registro. Pero me dijeron que era Franco y que era mi auto que no había ningún error. Salí como loco a la guardia y ahí estaba Franco. Estaba súper borracho, venía de la autopista y estaba con 2 amigos más que eran de acá del club.

-¿Quiénes?

-El que se fue un tiempo después, gordito, petiso…

-¿Marcos Ponce?

-Sí ese.

-Pero ese se fue hace como 4 años a vivir a Alemania, ¿de cuándo estamos hablando? ¿Cuántos años tenía Franco

-Franco tenía 13, Anabella. 13. Imaginate, por eso yo pensé que los boludos de la guardia estaban equivocados. Pero no. Era Franco. Estaba con mi auto, estaba dado vuelta, no sé cómo no se mataron antes te juro, porque venían de la calle. Y después con los registros de salidas averigüé que habían salido 4 horas antes. Habían ido a bailar y volvían, y estaba tan borracho que al entrar no le embocó y se llevó puesto el palo de la barrera, un desastre… un papelón. En aquel momento Miguelito era el director del club y me dio una mano. Como era la primera vez, no lo suspendieron. Tuve que pagar para que arreglen la barrera y una multa tremenda, pero quedó ahí.  En casa estuvo 2 horas hablando pavadas y recién después de eso se durmió.

-¿Estaba borracho o algo más?

-Tal vez algo más, no lo admitió, lo cierto es que el susto y el reto le duró un tiempo largo.  Y yo lo tomé como algo de chicos. Él me dijo que no lo iba a hacer más, y yo creí que era mejor que ni te cuente. ¿Para qué te ibas a hacer mala sangre yo creí que era algo que seguramente no iba a volver a suceder?

-Pero volvió a suceder ¿no?

-Sí. Anduvo un tiempo bien, pero después empezó de nuevo. Yo le dije que lo iba a seguir de cerca entonces, le sacaban nafta a otros autos para que yo no me de cuenta. Una vez los agarraron, y yo tuve que salir a decir que Franco no podía ser porque había estado en casa toda la noche. A los 14 empezó con las matinnes y me llamabanvuelta a vuelta que se peleaba en la puerta de los boliches. Le prohibí ir pero claro empezó a encontrar con qué entretenerse acá y se la pasaba rompiendo greens por dar vueltas con el cuatri, o las motitos. En esa época se empezó a juntar con los del colegio este que va ahora que son un desastre y los pibes se venían para acá y se la pasaban rompiendo faroles, haciendo pintadas, han entrado a casas de socios que no estaban y se robaban las botellas de whisky.

Anabella tenía los ojos llenos de lágrimas, no podía contener su angustia, ni podía creer lo que estaba escuchando.

-Anabella, Miguel y después Darío que se metió en la comisión cuando Miguel se fue, han tapado los desastres de Franco durante años. Yo no puedo ahora perjudicarlos así, ellos hicieron lo que les pedí  y fueron buenos amigos. Pasa que se volvió un círculo vicioso. Una vez que lo hicimos un par de veces Franco se dio cuenta que nunca le iba a pasar nada y todo empeoró. Con el tiempo se sentió intocable, la guardia lo paraba por cualquier cosa que fuera y él no les daba bolilla . Empezó a perderles el respeto, una vez se estaba peleando y le terminó pegando una trompada a un guardia que le bajó 2 dientes. Lo tuve que convencer al tipo que no haga juicio comprándole un auto más o menos para que se haga remisero…

Capítulo 22

A la mañana siguiente Anabella se despertó muy temprano como era su costumbre. Se dirigió al cuarto de sus hijos y los despertó uno a uno con un seco:

-Son las 7 y 30.

Todos estuvieron en silencio aquella mañana. El primero en irse fue Tomás que saludó a su madre con un beso y apuró a su hermana tirándole del pelo. Mariana miraba a Franco y a su madre que no sacaba los ojos de la taza de café. Por un instante estuvo a punto de hablar pero decidió irse en silencio después de saludar con un beso a su madre y avisarle que hoy no volvería  a cenar porque tenía un cumpleaños.

-Cómo volvés?

-Con Sabri.

Una vez que Mariana se fue, Anabella bajó la taza y miró a los ojos a Franco. En su voz se podía sentir, el enojo, la decepción y la firmeza de su decisión.

-A las 2 de la tarde estás de vuelta en casa, tenemos muchas cosas que hacer, si no llegaste 2y10 hago la denuncia a la policía de que me robaste el auto.

Diciendo esto se paró, llevando su taza de café n la mano y se fue a cambiar. Bajó 20 minutos después vestida y arreglada como generalmente no se la veía a esa hora de la mañana. No iba a caminar ni al golf, eso estaba claro.

Nicolás había dormido abajo tras intentar entrar a su cuarto y ver que la puerta tenía llave.  Anabella entró intempestivamente al cuarto de huéspedes y prendió la luz.

-En casa no queda nadie salvo Mariela. Yo tengo muchas cosas que hacer, si recapacitaste y estás de acuerdo tenés 30 minutos. Yo a las 9 quiero estar entrando en Administración.

-Anabella, ¿qué te proponés? 

Anabella giró en el lugar para irse al darse cuenta que Nicolás no había cambiado de opinión. Él la interrumpió, se lo veía cansado, abatido, sin demasiada energía al hablar, pero se escuchaba sincero. 

-Pará, pará, no te estoy diciendo que no… Solo quiero que lo hablemos un rato.

-¿Qué querés hablar? Nuestro hijo estuvo envuelto en un montón de problemas de disciplina y quiero que me den todo el legajo. Quiero saber qué hizo, a quién se lo hizo, desde cuándo y hasta dónde ha llegado.

-Pero las chicas de administración no saben nada. Son administrativas.

-Pero ellas se encargan de las multas y de las sanciones y de todo eso, algo tienen que saber. Tiene que haber un legajo.

-Anabella, no hay legajo.

-¿Cómo que no? Vos me decís todo esto para que no vaya a preguntar.

-No es eso, querés saber qué hizo Franco traeme un café al living que yo te cuento todo. Dejame ir al baño un minuto.

Anabella fue a la cocina, dejó su cartera y llaves del auto sobre la mesada cerca de la puerta de servicio y preparó un café. Lo llevó en una bandeja hasta el living y se sentó frente a Nicolás con otra taza para ella en la mano.

-Te voy a dar 20 minutos para que hables, en cuanto vea que me mentís, que me ocultás cosas o que me estás tratando de convencer de alo que no me gusta, me voy sin darte explicaciones, ¿oíste? Tengo motivos de sobra para no confiar en vos.

-Lo sé, lo sé.

Capítulo 21

-Mamá, ¿puedo pasar?

Dijo Mariana golpeando a la puerta del cuarto de su madre.

Anabella abrió la puerta sin contestar.

-¿Estás bien?

Preguntó a su madre preocupada.

-No, no estoy bien, estoy mal, estoy frustrada, me siento enojada, decepcionada, y sobre todo conmigo misma.

-Mamá, Franco no es tu único hijo y si él eligió ese camino es su decisión,  no es tu culpa.

-Si que es mi culpa, Mariana. Yo siempre lo dejé hacer cualquier cosa, era el más chiquito entonces todos siempre se la hicimos fácil. Yo me acuerdo cuando vos entraste a 1er grado que él entraba al jardín me pediste que te deje en la puerta solita así lo acompañaba a tu hermanito que era chiquitito. Me acuerdo que me decías que vos eras grande y podías entrar solita, en cambio él no… Siempre todos le hemos allanado el camino y por eso es que hoy no tiene idea lo que significa el trabajo, el esfuerzo, el valor de las cosas.  Siempre tuvo todo servido en bandeja y nunca se le pidió ni un mínimo gesto de apreciación. Él se cree el dueño de todo cuanto está a su alrededor y eso es culpa mía Mariana y de tu padre, y de la mala educación que le dimos.

Anabella hablaba sentada al borde de la cama, sin mirar a su hija, frotando nerviosamente sus piernas con las manos y casi sin mirar a Mariana a los ojos.

-Mamá, no es justo tampoco que te eches toda la culpa de esto. Franco tiene casi 18 años, si hace las cosas que hace ya no puede justificarse en que es una etapa de rebeldía y que le quiere romper las bolas a papá.

-Esto ya no es rebeldía Mariana, ya pasamos hace rato esa etapa.

-Por eso, no es culpa tuyo que se haya ido de mambo.

-¿Ah no? ¿Y de quién es la culpa?

-De papá,  él es quien lo cubrió, quien lo tapó todo para que vos no supieras nada.

-Y yo lo dejé Mariana, aún sospechando que algo de esto podía estar sucediendo, nunca me metí, me quedé con lo que me decían.

Mariana miró a su madre con cierta tristeza sin poder decir más cosas para hacerla sentir mejor. Se sentó a su lado y le tomó la mano.

Anabella la miró con ternura. Entonces Mariana preguntó:

-¿De verdad pensás hacer lo que dijiste?

Anabella la miró y con tono firme dijo:

-No lo dudes, aunque tu padre quede mal parado ante todo el mundo, Franco tiene que aprender que lo que uno hace tiene consecuencias.

Capítulo 20:

Nicolás estaba sentado mirando el piso y fue Franco quien rompió el silencio diciendo:

-Mirá papá, el que decidió dejara a mamá fuera de todo fuiste vos. Ahora sos vos el que va a tener que arreglártelas con ella. Evidentemente los responsables de mis actos son ustedes y si ella quiere salir a resarcir al mundo por el hijo de mierda que soy el que va a quedar pegado conmigo sos vos… así que fijate qué hacés…

Sin más y con las manos en los bolsillos y desperezándose se fue a dormir.

Tomás que miraba todo entre dormido y sin sorpresa se sentó cerca de su padre.

Tomás nunca había sido un chico que generara problemas, se había enterado muchas veces de las andanzas de su hermano menor y lo había ayudado a su padre a encubrirlas. Era recto pero también débil frente a las decisiones de su padre y en busca de su aprobación era capaz de traicionar sus ideales y convicciones. Pese a toda la devoción que sentía por Nicolás, este nunca le había sido en lo más mínimo agradecido.

Tomás se sentó frente a su padre después de servirle un whisky.

-Gracias.

-De nada.

Nicolás tomó un trago y casi como pensando en voz alta dijo:

-La verdad que no sé qué vamos a hacer… cuando a tu madre se le mete algo en la cabeza es tan empecinada que no creo que se lo logre sacar. Y esto no es una boludez. Acá hay gente que tapó cosas que no pueden ahora salir a la luz. Que pendejo de mierda, yo no sé qué hice para merecer esta cruz de hijos.

Tomás lo miró sonriendo.

-¿Hijossss?

Dijo estirando el plural de la palabra y con una mueca de semi sonrisa en la boca.

-Bueno, vos sabés qué quise decir… no te pongas sensible vos también.

-¿Sensible?

-Tomás no me rompas las pelotas que no estoy para esto ahora.

Dijo tomando otro trago de whisky y levantándose a servirse más.

-¿No estás para qué? ¿O mejor dicho para qué estás? Porque que yo recuerde nunca estuviste más que para cagarme a palos por no ser lo que querías, así que creo que lo de hijos en plural te salió del alma. ¿Qué pasa papá? Cuál es la gran cruz que yo te hago llevar?

-Tomás no me refería a vos.

-Sabés que creo que sí.  Creo que te referías a mí  también. Creo que los dos sabemos a qué te referías. Y sabés que tarde o temprano vamos a tener que hablar del gran elefante balnco entre medio nuestro, así que ya que esta es una noche tan especial porqué no aprovechamos y listo. ¿Por qué no me decís de una vez por todas por qué soy una cruz? ¿Por qué haga lo que haga nunca voy a ser suficientemente bueno para vos papá?

Nicolás se bebió el vaso de un trago y acercándose dijo.

-Por hoy es suficiente Tomás, andate a dormir.

Nicolás se dio vuelta para seguir su camino cuando Tomás lo agarró de un brazo y dijo desafiante:

-Soy homosexual papá. No me gustan las mujeres lo sé desde hace años y tengo relaciones estables con otros hombres desde hace mucho también. De hecho mi amigo Juan es mi novio desde hace 6 meses. Y lamento si esto es una cruz para vos… la verdad que vos no sos ninguna bendición como padre tampoco…

Diciendo esto, Tomás se dio media vuelta y se fue para arriba.

Capítulo 19

Anabella se acercó a su hijo lo tomó de la pera con una violencia contenida por mucho tiempo y dijo:

-¿Vos crees que yo te voy a apañar como hace tu papá? Estás equivocado, yo no solo no te voy a apañar sino que te voy a denunciar a vos y a tus amigos. Van a pagar por todo lo que hayan hecho y vas a enderezarte. Yo no te crié para que seas un delincuente.

Dándose media vuelta se dirigía a la escalera cuando Franco arremetió diciendo:

-No me criaste ni para ser un delincuente ni para no serlo, no me criaste mamá. Siempre me dejaste hacer cualquier cosa, lo que quisiera, me prestabas tu auto para dar una vuelta cuando tenía 13, ¿y ahora te sorprende que haya manejado sin permiso? Lo más cercano a una madre que tuve fue a la vieja esa que era mucama cuando yo era chico que era la única en casa que me esperaba por lo menos para prepararme un nesquick. Vos siempre tenías algo más importante o urgente que hacer o que hablar por teléfono. Qué me vas a criar. Siempre estuviste más ocupada por los chicos pobres de la sociedad de fomento que por mi, hay que juntar fondos, hay que juntar juguetes, siempre haciéndote la buena mina de la puerta para afuera, a mí no me criaste y no me vengas ahora a querer cagar la vida con que vas a denunciarme porque me voy de casa y no me ves nunca más un pelo.

Anabella lo miraba y escuchaba con lágrimas en los ojos pero su voz denotaba otra fortaleza que no sabía de dónde salía al hablar.

-Yo habré sido la peor madre que pudieras tener, pero no pienso seguirlo siendo, por eso es que desde hoy te voy a controlar tan de cerca que no vas a sentir más que mi respiración, se acabaron las salidas a cualquier hora, el auto y las boludeces. Vas a rectificarte de todo cuanto has hecho y tomar responsabilidad por tus faltas. Mañana mismo vamos a ir a hablar a cuantos hayan adornado y vamos a obligarlos a que tomen las medidas que correspondan para resarcir a quienes se hayan visto damnificados por tu mal obrar. De ahora en más te voy a enderezar aunque para eso te tenga que meter en la cárcel.

Anabella estaba a punto de irse nuevamente cuando se volteó nuevamente para dirigirse a Nicolás:

-Y vos, podés ir pensando de qué lado te vas a poner poruqe esto lo voy a resolver con o sin tu apoyo.

 Dicho esto  dejando a tods en silencio Anabella se fue a su cuarto.

Todos abajo habían quedado en silencio hasta que Tomás dijo:

-Yo no sé cuánto de esta conversación me perdí pero me parece que alguien va a tener que ponerle un freno a mamá porque se va a armar un quilombo.

 Mariana lo miró con desconcierto y le contestó:

-¿Vos crees que es a mamá a quien hay que ponerle un freno y no a este enfermito que se la pasa haciendo cagadas? Ustedes son todos iguales.

Diciendo esto se fue tras su madre.


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