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Una noche con Madonna – Parte I

Como muchos saben la popular cantante y actriz Louise Verónica Ciccone, más conocida como Madonna tiene programados varios show en el glorioso Estadio River Plate del barrio de Núñez.

No voy a entrar en detalles de la exitosa carrera de la Reina del Pop, solo voy a decir que es justificada la gran cantidad de fans que ha cosechado en todo el mundo quienes están dispuestos a asistir a sus shows en vivo sin importar el costo de una entrada.

A mi prima, una admiradora promedio de esta estrella le brindaron el regalo de una entrada VIP o preferencial para alguno de los recitales. El tema es que ella vive en Neuquen. Obviamente que estamos en el siglo XXI y existe la venta telefónica y la venta on-line. Pero con la avalancha de fans que se volcaron a adquirir entradas por estos medios era imposible comunicarse.

La opción que quedaba era comprarlas personalmente en puntos de venta de Ticketek. En este punto de mi relato creo necesario aclarar que no soy fanático de Madonna y todo lo que viví en esta aventura trato de relatarlo objetivamente desde el lugar de un ciudadano común que desea adquirir algo.

La venta de entradas para el tercer y último concierto se realizaba en los puntos de venta a partir de las 9:00 horas del DIA martes 16:00 de septiembre. Por casualidad la semana anterior yo había pasado por uno de los puntos de venta para las primeras fechas de los shows y había una fila de más de 300 metros formada la noche anterior a la apertura de boleterías.

Entonces el día Lunes 15 me fuí a Viamonte y San Martín para “tantear el terreno”, averiguar a que hora empezaban a formar fila y así regresar preparado con elementos propios de un acampe. Grande fue mi sorpresa al ver que había una fila de 58 personas. Entonces decido quedarme y hacer la fila. Eran las 16:00 horas de un día fresco, soleado y que prometía ser largo y tedioso.

Transcurrida una hora la fila se había incrementado en 20 personas. A las dos horas se habían sumado 50 personas más. Inmediatamente detrás de mí estaba un joven de unos veintipico de años, delgado, con cabello un poco largo. Me contaba que trabaja en el mismo edificio que Ticketek y que había bajado al mediodía a comer y había una docena de personas en la fila. Le pidió al último de la fila que le guardara el lugar un par de horas hasta que saliera de trabajar. Pero su solicitud fue tomada de mala manera y tuvo que huir con el rabo entre las patas.

Yo no podía creer la falta de solidaridad de esta gente, o la “mala onda” como decía este flaco. Y así se lo hice saber y de paso le dije si podía cuidarme el lugar mientras yo me escapaba al locutorio del Patio de Comidas de Galerías Pacífico a mirar mis mails. No le quedó otra que tener “buena onda” y aceptar. Después de chatear un rato también regresé con dos cafés horribles (uno para aplacar al flaco que debía estar acordándose de mi madre después de mi ausencia de una hora) de los que venden en Burger King, pero era todo lo que podía pagar.

Para las 19:00 horas ya no sabíamos como pararnos, y no daba para sentarse en la vereda con la ropa de la oficina. Así que mientras me cuidaban el lugar salí en recorrida cartonera a conseguir algunas cajas para poner en el suelo y sentarnos sobre ellas. Para esto enfilé primero para calle Florida donde me encontré que los cartoneros oficiales me habían madrugado y tenían acaparado todo el stock de cartón que se había juntado durante el día. Obviamente que ante un “mangazo” de mi parte rápidamente quisieron venderme alguna, pero soy reacio a comprar cosas que estaban destinadas a ser tiradas.

Así que seguí mi recorrido por Florida, hacia Avda. Corrientes haciendo incursiones en las calles transversales. Había un par de cajitas de alfajores de morondanga. Retomando por San Martín hacia Córdoba había más cartoneros. Pero estos eran mas solitarios (no dije solidarios). Cuando uno de ellos se alejó de su montículo le birlé unas hermosas cajas como para hacerse una casita y regresé a mi puesto en la fila.

¡Que lindas sonrisas pueden despertar unas cajas desarmadas…! Distribuí mi botín con el flaco pseudo flogger (pobre, cansado de aclarar que el pelo largo lo usa desde siempre así y no por cuestiones tribales) y le ofrecí unas a la pareja de novios que estaban delante de mí en la fila.

Ahora sí una vez todos con las asentaderas sobre el almohadón de cartones nos aprestábamos a pasar las horas. Dicen que uno cosecha lo que siembra y en mi caso con las horas fui cosechando camaradería con los pobres compradores de esta fila.

En cierto momento abro mi bolso buscando una lapicera y encuentro el resumen de la tarjeta de crédito vencido con el dinero para pagarlo. Le pedí a la parejita de adelante si me guardaban el lugar un ratito mientras iba a un Pago Fácil que está en las Tiendas C&A de Florida. Lógicamente que me dijeron que vaya tranquilo, que me cuidaban los cartones (je, je).

Una hora después a más de uno le empezó a hacer ruido el estómago de hambre. Los que no vinimos preparados recurrimos a hacer “una vaquita” y comprar la pizza más rica y más barata de la ciudad. Por supuesto fui el encargado de salir en su búsqueda la que me llevó a Paraguay y San Martín donde está el local de Ugi´s.

Para el que no la conoce es la mejor pizza saca hambre del mundo. Solo una masa recién elaborada, un poco de salsa de tomate y abundante muzzarella. Estando en la espera de su cocción entraron dos turistas extranjeros. Una pareja de mediana edad, bien vestidos, de cutis bien cuidado. La dama en un español chapurreado preguntó “¿tiene con lomito?” , lo que mereció una casi irrespetuosa carcajada del pizzero de Ugi´s mientras contestaba con tonada correntina que “le tenemos solo de muzzarella acá”. Entonces decidieron cruzarse al Restaurante El Establo y pagar una comida con todas las de la ley.

Regresé con mi caja de pizza al puesto y ahí nomás salió un relevo a comprar una Coca Cola en el supermercado chino de la vuelta. La verdad que estar sentado en esa vereda viendo la luna llena brillante hacia el lado del rió, comiendo una pizza calentita con un vaso de coca, era casi poético.

Justo enfrente había un evento en el Centro Cultural Borges, lo que nos permitió ver el arribo de algunos famosos que bajaban de los taxis. Pude notar a los finalistas de High School Musical Argentina, y a la reconocida actriz Carolina Pelleretti. Era notoria también la concurrencia de mucha gente ligada a la cultura y de clase social alta.

Este movimiento mitigó el aburrimiento por un rato, pero solo duró hasta las 23:00 horas nada más, o sea que faltaban 10 horas para la apertura de la boletería. Estando en estos menesteres me dediqué a recorrer la fila de arriba abajo y conocer distintos personajes de los que habitan el universo de los fans. Pero eso lo dejo para mi segunda parte de la historia, haciendo click ACÁ.