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El encargo – Capítulo 4

 

- Antes de ver nada tengo una pregunta: ¿puede llegar a estar en riesgo mi vida?

- No, definitivamente no.

- Bueno, de todas maneras no te va a salir barato.

- ¿eso quiere decir que aceptas?

- Va a depender de que se cumplan ciertas condiciones.

- No creo que tengamos problema con eso

- Bien, dime de que se trata entonces. ¿Qué complot debo descubrir?

Por primera vez Virginia no miró a los ojos al contestar y su voz no sonó segura.

 - Creo que Mariano me es infiel

 La respuesta no pareció sorprender en lo más mínimo a Fernanda y con un tono entre divertido y sarcástico dijo:

- Ajá, y eso es algo que podría perjudicar la carrera de Su Señoría.

- Por favor, no lo llames así. Entre nosotras siempre lo llamaremos Mariano… No, en realidad no es algo que vaya a perjudicarlo. A pesar de la pacatería y el discurso moralista de algunos nadie se va a rasgar las vestiduras por una infidelidad. No creas que Argentina está tan lejos del Paraguay, solo nos separa un río.

- Si tienes razón. Después de todo no me debería importar. Es solo un trabajo.

Abrió la carpeta que había dejado apoyada en la mesa y observó pausadamente las fotos. Eran fotografías profesionales, donde se veía al Juez en eventos y presentaciones, siempre rodeado de gente poderosa.

- Si, ya lo tenía ubicado a Mariano. Supongo que deberé seguirlo por todos lados, tomar nota de sus actividades y si es posible conseguir algunas fotos.

- Exactamente. Las hojas que no miraste contiene un detalle de horarios y actividades programadas para las próximas 3 semanas. Es sumamente metódico y puntual. Odia cualquier variación en sus rutinas. Ya vas a tener tiempo de estudiarlo para hacer el seguimiento.

- ¿y como se supone que lo siga? ¿tienes a alguien para que me lleve o me ayude?

No. Ahí tienes una tarjeta de “Tango Rent a Car”. Habla con Ernesto de mi parte, y te entregará un auto. El está acostumbrado a que les alquile autos a empleadas y amigas. Tengo una prima de viaje por Europa que renta un espacio en el estacionamiento subterráneo de Plaza Lavalle, frente a Tribunales. Me dejó la tarjeta de acceso. Puedes dejar el auto allí. El estacionamiento de Mariano está en un sector contiguo. No te va a ser difícil seguirlo. Como te dije es metódico y toma siempre la misma ruta: básicamente por Avenida Córdoba, General Paz y luego Panamericana. Ya me informé que manejas bien, así que puedo estar tranquila.

- Suena bastante simple.¿y no se va a dar cuenta que lo sigo?

- No creo, tanto Mariano como su custodia tienen la idea hollywoodense de que si algún día  lo van a seguir serán cuatro hombres en una camioneta negra 4 x 4 de vidrios polarizados. No prestarían atención a ninguna chica bonita manejando detrás de ellos.

-¿y si tengo inconvenientes con el auto?, ¿si se descompone, o me chocan o lo roban?

- Ernesto siempre tiene disponible autos o los consigue con otros colegas. Simplemente lo llamas, sin necesidad de dar explicaciones y el se encarga de ir a buscarlo y dejarte otro.

- En realidad tienes todo muy bien pensado, hasta el último detalle. Así que supongo que vas a querer que te mantenga informada todo el tiempo. Hasta ahora no tengo tu número…

Virginia nuevamente buscó dentro del bolso sacando una delicada bolsita de pana con un lazo hecho en hilo dorado, que contenía un iphone idéntico al que usaba Fernanda.

- Te voy a llamar todos lo días a este equipo, al mediodía y las 10 de la noche. Es un número nuevo que solo yo tengo, y nadie más. Nunca tiene que estar ocupado o apagado así que cerciórate que tenga carga y no hagas llamadas desde él.

- La verdad que me estas sorprendiendo.¿algo más?

- Sí, No hablamos de cuanto pretendes por el encargo.

- 300 dólares por día, pagados por adelantado, 5 días por vez.

- Pensé que ibas a pedir más. Pero no está tan mal.

- Pero te parece que al final soy medio tonta…

- En realidad me sorprende que seas tan ingenua

Virginia escarbó un poco dentro de su bolso y sacó un sobre marrón. “Son cinco días” dijo mientras extendía su brazo hacia Fernanda. Pero en lugar de tomarlo ella le miró fijamente sin moverse

- No me estás diciendo todo, y no me siento cómoda con eso

- Te contesté todo lo que preguntaste.

- Si, pero ninguna mujer se toma tantas molestias y está tan dispuesta a gastar su dinero solo por una sospecha de infidelidad cuando han pasado tantos años de matrimonio y ya deben estar en la etapa en que solo se soportan. Primero le das excesiva importancia y luego dijiste “estamos como en Paraguay”, quitándole el dramatismo de tu primera llamada.

- Pero ya aceptaste el trabajo. Lo demás es secundario.

- Acepté, es cierto… pero ¿firmé algo? ¿Acepté algún pago?… No. Así que podemos decir que “las palabras se las lleva el viento”.

- ¿y que pretendes? ¿más dinero?¿que te parece si duplico tu pago y se calma ese viento?

 - No, pero si lo triplicamos seguro que la palabra empeñada se cumple.

- Veo que aprendes rápido. ¿y que te hace suponer que voy a aceptar?

El encargo – Capítulo 3

Fernanda, después de cerrar la laptop y ponerla a un costado, hizo señas a la camarera, que se puso en camino con mucha parsimonia, dándose vuelta un par de veces respondiendo algún comentario que le hicieron desde la barra y recogiendo dos carpetas forradas en cuero con letras doradas

No pudo evitar nuevamente sentirse molesta por la actitud de la camarera. Había cierto desparpajo y familiaridad en su trato para con los clientes y compañeros que chocaba con el estilo servil y acartonado de los otros mozos. “Me parece que esta no tiene problema de ofrecerse de postre a más de uno”, pensó malignamente.

Cada una tomó un menú, y Fernanda aprovechó para leer el gafete del uniforme de la camarera: ”Samantha”. Mientras esta se alejó brevemente para recoger los cubiertos de otra mesa Virginia ojeaba el menú simulando gran interés en los platos y bebidas, pero varias veces su vista se desviaba hacia Fernanda, estudiándola, envidiándole su juventud y seguridad. “Pobrecita, no se da cuenta lo rápido que van a pasar los años en los que pueda ser amada y sentirse feliz…”

Samantha las observaba de reojo. Sus dotes de observación, desarrollados en este ambiente donde atender bien a los clientes significaba una buena propina, le permitieron darse cuenta que la joven la trataba con cierto desprecio. “Siempre envidian que los hombres me miren y se sientan cómodos con mi forma de tratarlos. Son tan fruncidas, pagadas de sí mismas. La jovata se estaba bien conservada, pero a pesar de su buena pilcha, sus uñas arregladas y la billetera gordita seguramente es una amargada”

Se acercó a la mesa con su sonrisa simpática y estudiada preguntando: “¿Ya decidieron chicas?”.

- Sí.-respondió Fernanda- de entrada unos ‘Bocaditos de espinaca’ y luego para comer ‘Cuerdas de guitarra caseras all arriabata’. Para las dos lo mismo.

- Okey. ¿Y para beber?

- ¿Qué te gustaría Virginia?

- Me gustaría una copa de vino blanco para empezar.

- Si, como no. ¿Y vos? ¿Te traigo otra Coca?

-No, quiero una Quilmes Stout y un Agua sin gas.

- Okey, en unos minutos les traigo

Se produje un silencio incómodo que fue roto por Virginia cuando intentando parecer interesada recorrió las preguntas típicas de un primer encuentro entre desconocidos

- Contame un poquito de vos. Sé que estás estudiando. ¿Qué carrera elegiste?

- Periodismo

- Que interesante, ¿y piensas que vas a poder abrirte paso en ese medio?

- Creo que todo es posible con esfuerzo y si uno está verdaderamente convencido de su vocación.

- Si, y si se tiene buenos contactos y se sabe a quien pedir favores.

- Me parece que eres bastante escéptica. Deberías tener más fe en la gente.

La respuesta tuvo que esperar porque Samantha había llegado con las bebidas. Destapó la cerveza hábilmente con una sola mano y guardó la tapa corona en el bolsillo de su largo delantal. Sirvió la mitad del contenido en el vaso chopero. Tomó de la bandeja la copa de vino y la puso en la mesa junto con una hielera. Durante esos segundos era observada en todos sus movimientos y cuando terminó les devolvió la mirada con una sonrisa antes de retirarse.

- Mira Fernanda cuando tenía tu edad creía que el mundo era bello, la gente buena y el amor eterno. Los años me han dado muchos motivos para ser escéptica.

En el televisor de plasma estaba sintonizado Much Music, pero con evidente turbación el encargado de la barra corrió a cambiar de canal y puso uno de noticias. La imagen de un avión de Air France daba marco a las palabras del periodista que anunciaba el peor desastre en la aviación comercial de Francia. Todos los comensales dejaron por unos minutos sus cubiertos y prestaban atención con simple curiosidad pero sin verse afectados realmente.

Samantha volvía otra vez la mesa portando en la bandeja dos platos de bocaditos de espinaca. Los depositó junto con una panera y se marchó rápidamente. Paulatinamente todos volvían a atender su almuerzo comentando el accidente. Pero las dos mujeres del reservado tenían otros asuntos que atender que impactaban directamente en sus vidas.

Siguieron conversando sobre trivialidades hasta que por tercera vez Samantha bajaba de su bandeja platos en esa mesa. Ambas demostraron su satisfacción y alivio por tener disponibles esos platos con suculenta pasta que ayudaron a seguir charlando en tono distendido, casi confidente.

“Fernanda debe estar tejiendo en su mente mil y una historias de complots, sobornos, secuestros, arreglos bajo cuerda, zonas liberadas y otras situaciones donde un juez posiblemente podría estar implicado” pensaba Virginia

.”¿Qué es lo que me dirá Virginia? Es algo enigmática, culta, muy segura de sí misma y se nota que ha vivido mucho tiempo rodeado de lujos y servidumbre, pero de comienzos humildes. Su ropa no es muy llamativa pero si muy costoso. Sus manos cuidadas y el tono bronceado parejo confirmaban su pertenencia a los exclusivos clubes de zona norte ¿Por qué recurre a alguien como yo?” se preguntaba Fernanda.

Terminaron de almorzar y pidieron un café junto con la adición para no ser interrumpidas luego. Virginia pagó la cuenta y cuando la mesera se hubo alejado le entregó una carpeta a Fernanda, diciendo en tono melodramático: “Vayamos a los negocios”.

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El encargo – Capítulo 2

Considerando que era un mediodía de clima fresco se decidió por unos jeans al cuerpo, sandalias negras de taco chino, una blusa manga larga con motivos en tonos turquesa y morado, un collar de cuentas grandes símil topacio intercaladas con otras doradas y un par de aros colgantes grandes con detalles de los mismos colores.

Cuando terminó con su maquillaje, muy tenue y natural, miró por última vez al espejo y asintió con aprobación a la imagen que reflejaba. Al salir del departamento cogió de un anaquel del recibidor una cartera negra, y las llaves.

Virginia era mencionada rara vez en las notas periodísticas y jamás se vio una foto de ella donde no estuviera con lentes oscuros bien grandes y capelina que ocultaban su rostro. Era de esperar que fuera de la misma manera al encuentro, o no. Si nadie la conocía podía ir vestida a la moda como cualquier mujer de clase media alta como las que recorren las calles de Palermo y almuerzan en alguno de los tantos “restó” ambientados con paredes de ladrillos desnudos, luces difusas, sillones, televisores de plasma y Wi-fi.

Wi-Fi, que buena idea. Voy a ir temprano y completaré mi perfil profesional en Facebook y trataré de contactarme con más gente de la Facultad. Nadie va a recordar a una de las tantas estudiantes que suelen estar con su laptop en el local. Y cuando llegue Virginia bien puede pasar por una tía que ha decidido almorzar con su sobrina ese día soleado.

Salió de su departamento sobre Humberto Primo y caminó por el empedrado hasta llegar a Defensa. En el vértice de la plaza había montado un puesto Maia, una bella mujer que ofrecía bijouteri armada con sus propias manos. En uno de los lienzos se podía ver una colección bastante particular de prendedores, aros y colgantes de una sola pieza fabricados con hueso. Eran tallas muy pequeñas heredadas de su padre hacía algunos años.

Se distrajo unos momentos mirando un prendedor, pero el sonido del colectivo 29 que se acercaba por Defensa la trajo de vuelta a la realidad. Con una carrera corta volvió a cruzar la calle justo a tiempo para subir al colectivo que la dejaría en Santa Fe esquina Godoy Cruz unos 40 minutos después. De allí iría caminando por Bullrich bordeando el parque paralelo a las vías del Ferrocarril San Martín hasta llegar a Cerviño. Doblando hacia la derecha luego de pasar el puente ferroviario giraría a la izquierda caminando unos 50 metros por la vereda impar hasta Elisabetta. Eran las 13:18. Hacía exactamente 4 horas que se había embarcado en una aventura que podría terminar en un rato con el estómago lleno y la billetera sin cambios o bien empezar una correría que le daría un matiz diferente a su vida con la billetera engordada.

Había ido varias veces al lugar, suficientes como para desenvolverse con la naturalidad típica de un cliente habitual, pero segura que su presencia no iba a ser recordada pocos minutos después de su ausencia. A la izquierda, un escalón más arriba que el resto del salón, estaban los reservados. Se encaminó al del medio y se sentó con su rostro en dirección a la puerta. Abrió la laptop y se puso a mirar los mails mientras esperaba. Varias veces recorrió con su vista el local y quedó conforme cuando vio que la gente de las otras mesas estaba totalmente concentrada en sus platos o en sus charlas y arrumacos prestarle atención…

La mesera demoró exactamente 3 minutos en acercarse a tomar su orden. Era la de cabello teñido en un tono rojizo y sonrisa franca. Solía ser bastante confianzuda con los clientes. Este detalle le preocupó a Fernanda pero no supo porqué. Pidió una Coca Zero y le dijo de modo amable que esperaba a alguien y que le haría señas cuando estuviera lista para ordenar. Regresó enseguida con la botella, la destapó en silencio, sirvió la mitad de su contenido y siguió su camino bajando desde la bandeja que mantenía a la altura de su hombro paneras, cubiertos y bebidas en otras mesas.

Cada vez que se abría la puerta Fernanda hacía un esfuerzo para no levantar la vista ansiosamente y ver si su cita misteriosa se hacía presente. Había pedido puntualidad pero ya eran las 13:35 y no llegaba. A las 13:40 una mujer alta, delgada, con una melena castaña oscura y portando una carpeta en su mano entró y adoptó una posición que delataba que buscaba a alguien. Fernanda fijo su vista en ella y la siguió, girando su cabeza, mientras la veía avanzar por el pasillo hacia los reservados. En el último metro desvió sus pasos hacia el sector de sillones y siguió caminando hacia donde un cuarentón bronceado y de porte atlético se ponía de pie y extendía sus brazos para recibirla.

Cuando miró nuevamente hacia delante descubrió sentada en la silla de enfrente a una mujer de mediana edad, levemente bronceada, con cabellos cortos y ojos de color miel. Su atuendo estaba compuesto por una blusa color mostaza y botones dorados, una falda amplia y larga color chocolate y sobre los hombros una chalina en tonos dorados y caramelo. Todo el conjunto hacía recordar una foto en sepia cargada de luminosidad.

No pudo evitar sobresaltarse por lo inesperado de esta aparición y Virginia rió entre divertida y maléfica al ver el estremecimiento de su compañera de mesa.

- ¡Hola Fernanda!, veo que fuiste puntual.

- ¡Sí!, ¡me asustaste! En realidad llegué hace 20 minutos.

- Si, si, lo sé. Estuve sentada en el bar de la esquina esperando verte pasar y me tomé unos minutos para ver si no te habían seguido. Una nunca sabe en estos casos.

- ¿Y porqué me habría de seguir alguien? Pero si deseas saber si hablé con alguien de tu llamada la respuesta es “no”. No hablé con nadie, puedes estar tranquila. Y en cuanto a Sole no me va a preguntar nada hasta que nos veamos mañana. Luego pensaré que le voy a comentar.

- Eso lo tengo resuelto. Llama aquí de parte del Ing. Ruiz Díaz por el puesto de secretaria. Te van a entrevistar. Las buenas amigas saben cuando les mentimos aunque no nos pregunten.

- Veo que has pensado en todo. Me gustaría que comamos primero antes de pasar al otro asunto. Suelo tomar mejores decisiones con el estómago lleno.

- Ordenemos entonces. Como ya conoces el lugar te propongo que decidas por las dos.

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El encargo – Capítulo 1

El ritmo pegadizo de Daddy Yankee sonando en su celular la despertó esa fresca mañana de primavera. No esperaba ningún llamado en particular pero antes de contestar quiso creer que iba a ser por algo fuera de lo común. La pantalla marcaba “número desconocido”. “¿será una sorpresa?” Pensó. Tal vez por eso respondió con demasiado entusiasmo, disimulando su soñolencia.

- ¿¡Hola!?

- Hola ¿Fernanda?

- Sí, ¿Quién habla?

- Me dio tu teléfono tu amiga Sole. Con su madre jugamos tenis algunas veces. Me llamo Virginia y quería ofrecerte un trabajo. ¿Te interesa?

- Si, si, me interesa. ¿De qué se trata?

- Mira, es algo temporal. Más que un trabajo es un encargo que vez te incomode un poco. Así que quiero que seas totalmente franca conmigo.

- Bueno, pareciera que tengo que hacer algo indecente de la forma que lo dice. Pero conociendo a Sole ella no te hubiera dado mi número si fuera el caso.

No, no, no. Nada ilegal o indecente. Quiero que sigas a una persona.

-Ah. Suena interesante. Nunca hice nada por el estilo. ¿Y puedo saber quien es esa persona?

- Mi marido.

- Mmmm, no sé. Es algo medio loco. ¿Y una agencia de Investigaciones Privadas no sería lo aconsejable en este caso?

- Normalmente sí. Pero necesito alguien con más discreción. El apellido de mi familia no puede ser invocado en algo así.

- Bueno, ¿tan importante es? ¿Cuál es su apellido?

- En realidad el mío no es tan importante, pero sí el de mi esposo. Su apellido y su prestigio no pueden ser manchados por ninguna infidencia. El es el Juez Martínez Berragoechea.

Martínez Berragoechea había estado en el ojo de la tormenta varias veces durante los últimos 10 años y había sobrevivido. Los vaivenes políticos, las crisis internas, los cuestionamientos, las amenazas de juicio político y la constante confrontación con la prensa en lugar de hundirlo parecían ser peldaños para ascender cada vez más en la escala social y en el favoritismo de lo poderes de turno. Eso justificaba plenamente que una novata, total desconocida, y la antítesis de un detective de novelas, fuera convocada para tan delicada tarea.

Cualquier cosa que Virginia quisiera ventilar y exponer a la luz sería el empujón necesario para que tambaleara el pedestal donde estaba parado. Fernanda nunca había soñado con emprender alguna aventura, pero al repasar frenéticamente en su mente todo lo que sabía e encendió en ella una chispa, el deseo de más adrenalina acompañado de una bonita suma. En fin, poder contar con dinero propio, era un deseo que siempre la impulsó a aceptar diferentes trabajos. Y ahora que se presentaba la oportunidad de sacar una buena tajada de la torta que manejaba esta familia, no la iba a desaprovechar.

Las pocas producciones a las que era llamada para cubrir algún papel de extra gracias a su amistad con Seba, director de un grupo de teatro under, no le daban suficiente ingresos para independizarse. No estaba en la indigencia. La caja del Spa/Pilates de mamá estaba disponible si ella precisaba algo y papá la auxiliaba financieramente con generosidad cuando ella le pedía, en parte para compensar que durante su niñez solía estar mucho tiempo alejado por viajes de negocios.

- Virginia, para aceptar un encargo de esta naturaleza tengo como condición indispensable que Ud. esté dispuesta a responder todas las preguntas que le haga por más íntimas que le parezcan y si estoy dispuesta a aceptar la tarea tendrá que pagarme lo que pida sin cuestionarlo. De más está decir que tengo que pesar el riesgo de jugar a la espía de un Juez.

- Antes que nada por favor deja de tratarme de “usted”. No quiero que hablemos por teléfono de todo esto. Y por supuesto debo pedirte especialmente que no menciones a nadie, absolutamente a nadie, esta llamada. Ni siquiera a Sole. Le dije que tenía que darte el número de un conocido por una entrevista laboral. ¿Qué te parece si nos juntamos lo antes posible, en algún lugar discreto? Me ajusto a tus horarios.

- Bueno, a ver. Déjame pensar. Almorcemos juntas lejos de nuestros barrios. Me parece que Palermo está lo suficientemente lejos de Beccar. Si no recuerdo mal he leído en alguna revista que viven en esa zona ¿verdad? y también estaremos lejos de San Telmo como para no cruzarnos con nadie conocido por mí. Conozco un Restó con reservados, donde asisten pocos clientes los mediodías entresemana. Está sobre calle Sinclair a media cuadra de Cerviño. Se llama Elisabetta. ¿Lo conoces?

-No, nunca fui a ese lugar, pero sé donde queda. Me parece perfecto. Sole me dijo que eras inteligente y decidida. Me gusta. Nos vemos a la 1 y media entonces.

- Sole a veces es un poco exagerada. Charlemos y vemos. ¿Como hacemos para reconocernos?

- Yo te busco, te vi en algunas fotos y seguramente podré reconocerte. Cuando llegues al restaurante ubícate en alguno de los reservados y te busco. Sé puntual por favor.

- Okay. Nos vemos a las una y media.

Eran recién las 09:18 cuando cortó con Virginia. Tenía tiempo suficiente para, ducharse, cambiarse y salir sin apuro hacia Palermo. A pesar de que Sole la tenía por persona muy decidida nunca se hubiera imaginado la cantidad de combinaciones de ropa y calzado que hizo frente al espejo. ¿Con que aspecto debía ir? ¿Muy formal? ¿Elegante sport? De momentos quedaba con la mirada fija en el vacío con una prenda en la mano dejando que su mente recorriera caminos de información cierta y supuestos inciertos, haciendo y deshaciendo planes.

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ELECCIONES

Su belleza viril no pasaba desapercibida. Todos los hombres deseaban tener esa imagen al mirarse al espejo y muchas mujeres querían tener mucho más que su imagen. Pero solo eran vanas ilusiones porque Richard era un espíritu libre, que por voluntad de la Emperatriz Alexandra no estaba obligado a vivir como el resto de los soldados.

Ella alimentó por años la llama de la seducción. Lo invitaba frecuentemente a su palacio, le enviaba mensajes cargados de intención que eran respondidos siempre galantemente. Después de tanto tiempo estaba convencida que el ya le pertenecía, o por lo menos nadie pudo confirmar los rumores envidiosos que afirmaban que Richard enviaba recados románticos a varias plebeyas.

Durante la cena de esa noche la dulce Alexandra jugó sus cartas a todo o nada y le ofreció la mitad de su Imperio, y su vida completa en una propuesta matrimonial apasionada y segura. El simplemente la miró y partió en silencio. La angustia que no le permitió dormir ante esa falta de respuesta dio paso a la mañana a la perplejidad cuando llegaron al palacio noticias que sumieron en desazón a todos. Richard había sido atrapado en la frontera tratando de pasarse al bando contrario.

Nadie podía creer que dentro de una misma oración se pronunciaban las palabras “desertor” y “Richard”, pero comprendieron rápidamente que no hay furia mayor que la de una mujer ilusionada, luego herida y finalmente despechada. Y la furia de Alexandra se había transformado en odio. No iba a hacer uso de su autoridad para conceder el perdón que salvara la vida de Richard. Al amanecer el reo sería ejecutado como dictaban las leyes para el cargo de traición.

No falta nadie en el patio de la prisión. Richard estaba de pié con postura estoica, las manos atadas a la espalda y sus ojos vendados. Cuando entró el Comandante con el verdugo todos se callaron y entonces el secretario dio lectura a la resolución condenatoria:

“Habiéndose encontrado al acusado, O.C.Richard, culpable del cargo de traición, el Consejo Marcial ha resuelto que le sea aplicada la pena máxima dictada en el Artículo 12 del Código Supremo y sea colgado del cuello hasta morir. Pero, atento al espíritu misericordioso de nuestro pueblo civilizado, el Artículo 13 permite la conmutación de la pena por prisión domiciliaria perpetua si alguna mujer lo reclama como esposo”

De entre la multitud salió una voz de mujer reclamando para sí el derecho a casarse con él. Todos murmuraron de alivio por su héroe y cuando volvieron a ver quien había hablado enmudecieron. Era Lady Mary, la doncella principal de la emperatriz. Mujer gruesa, de carnes abundantes y flojas, baja estatura, tez morena, de facciones toscas remarcadas por su ojo desviado.

Richard intrigado ante ese silencio sepulcral pidió que le sacaran la venda y viendo a la dama se contagió por unos segundos del mutismo general. El guardia que le había destapado lo ojos estaba a su lado y con tono cómplice murmuró: “Fea. Pero más fea es la muerte…”

Un minuto después ante la presencia del Sacerdote, las historias de Richard y Lady Mary se convirtieron en leyenda. Y cada año en el Día de los Enamorados las mujeres solitarias la recuerdan trocando muerte por esperanza. Los hombres de espíritu libre lo recuerdan con los ojos vendados y la trampa abriéndose bajo sus pies.

Ultimátum

Pobre Willy, esta situación lo tenía muy perturbado, lo abrumaba el tener que pensar todos los días de su vida, desde que firmó aquel documento se sentía obligado a brindarle atención, que cada minuto de su tiempo debía permanecer a la expectativa de responderle, y que no podía disfrutar del calor que le proporcionaba su hogar como todo hombre en su casa.
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Francamente… ¿Cuánto tiempo más iba a tener que soportarlo? Si estaba acomodando para mirar una película, tranquilo, con su balde de pochocho y los pies sobre la mesa ratona, justo cuando había logrado encontrar la mejor posición, justo en ese momento tenía que levantarse y atenderlo.
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Si estaba con todo el cuerpo enjabonado y los ojos llenos de espuma, tenía que apresurarse, salir como desesperado de la ducha. ¡Siempre ese llamado con tono de urgencia! No dejaba lugar a ignorarlo.
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Y ahora, era la tercera vez que lo despertaba en su primera madrugada de vacaciones. ¿Qué debía hacer?, ¿mudarse?, ¿suicidarse?. ¿Resignarse a la idea de ser torturado las próximas dos semanas por su impertinencia?.
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Ahí está, otra vez, llamando. El silencio de la casa en madrugada parece potenciarlo. Su paciencia llegó a su límite. Saltó de la cama furioso y se dirigió a la cocina mientras le grita ¡Ya voy! ¡Ya voy la p….!¡Me tienes harto!.
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Revolvió los cajones. Probó el filo de la cuchilla y la descartó. Sopesó la tijera y le pareció muy endeble. Del armario de la despensa sacó una caja de herramientas, analizó los destornilladores y todos les parecieron muy pequeños, hasta que finalmente se decidió por un martillo galponero, con su cabeza de hierro pesada, contundente, redondeada por un lado y acabado con uña filosa y metálica del otro lado.
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Con paso impetuoso Willy fue hasta el living, donde lo encontró apoyado en la pared, al lado del espejo, inmóvil, llamando con toda sus fuerzas. Alzó el martillo sobre su cabeza y de un solo golpe hizo añicos la roseta de conexión acallando permanentemente el ¡ring! ¡ring! ¡ring!

FIESTA

SABADO 14 DE FEBRERO 11:00 AM

Fer ¿Vos que te vas a poner para el casamiento? (empezamos, hace una semana que no habla de otra cosa. Ni buen día me dijo y dale con el casorio…)

No sé mamá, no me pienso comprar nada. No vale la pena. Me pongo lo que ya tengo y ya está. Tengo un vestido fresco, me pongo ese.

Si, no yo tampoco. Tengo todo el placard lleno de ropa. No tiene sentido que me compre, que esté gastando plata con todos los gastos que tengo. La verdad que no vale la pena. Voy a ver si me pongo el pantalón negro con una blusa. O de última veo si encuentro alguna blusa que me convine, o una camisa, o algún tipo de remera y me pongo algún collar y aros que vayan a juego…

Bueno fijate, total ropa tenés, y zapatos también como para tirar por la ventana (se compró zapatos negros, y collar y aros combinando hace una semana!! y ahora no sabe que ponerse?)


LUNES 16 DE FEBRERO 08:30 AM

Mirá lo que me compré!!, Mirá lo que me compré!!! Mirá esta blusa!!, pre-cio-sa, un regalo, 50 pesos lo pagué!. Ves? con tonos fucsia, violetas y uva pero igual la voy a levantar un poco. Se la voy a llevar a Silvia, mi clienta, viste, la que borda para Gino Bogani, así le puede hacer algún vivo, algo como para realzarla.

Bueno fijate. (menos mal que no iba a gastar… y sí, es medio apagada para un casamiento…).


LUNES 16 DE FEBRERO 20:30 AM

Traje la blusa! Le agregó unos vivos en color uva. (otra vez con el tema? Para variar, ni siquiera un “Hola Fernandita, como estás?”). La iba a usar con el pantalón negro que me compré el otro día. Pero Silvia me dijo que la combinara con una pollera o un pantalón color uva también. Y mirá lo que me compré! Un pantalón color uva divino! (y si la verdad que está hermoso el pantalón… seguimos con “no comprando nada” ). Pero ahora no sé si me va a combinar con los zapatos negros. Y ya que estaba a tu hermana le compré una remera strapples color fucsia mirá… (huy!!, horrible! Ni loca se pone eso) para que combine con la pollera gris porque yo le iba a prestar la blusa blanca que le iba a quedar muy fina pero esta le va a quedar mejor.

Bueno , está bien (seguro que mi hermana la va a ir a cambiar por algún vestidito de algodón para ir a la playa, ni siquiera para el casamiento)

Tu hermana no tiene zapatos, se iba a poner los míos que yo le regalé, esos que me había comprado pero no me iban porque se me escapaban los dedos del pie, se me iban todos para adelante. Y yo pensaba que era por la horma del zapato, pero resulta que tu hermana se los probó y le pasa lo mismo, se le van los dedos, se la va el pié y no puede caminar. Al final está incómoda y no sabe que ponerse. Yo que pensaba que era a mí que no me calzaba el zapato, pero no, no tiene buena horma, buen agarre. Así que voy a ver si se quiere comprar, voy a ver si le encuentro algo ( por Dios! Callate un poco! No tenés otra cosa para hablar que no sea la bendita fiesta!!)


MARTES 17 DE FEBRERO 08:40 AM

Buen día hermanito!, te agarré justo. ¿me dejás en J.B. Justo? así tomo el 34 que voy a ir más rápido que con el 55 al trabajo..

Si, vamos!.. mamá ya está en el auto.

Ah! La dejás en la peluquería? Si le faltan como 20 minutos para que abra y está a 5 cinco cuadras! (¿?)
………….
Bueno, podes dejarla en esta esquina (que silenciosa que viene… por fin) a mamá que le queda a 2 cuadras.

Es que no voy a abrir la peluquería todavía, no voy para allá

¿y adonde vas?

Voy hasta Corrientes y Dorrego

¿a esta hora? ¿Qué vás a hacer ahí?

Voy a buscar unos zapatos para tu hermana. Voy a ver si le consigo algo… (para que le pregunté! Soy una estúpida! Menos mal que se baja enseguida…)


MARTES 17 DE FEBRERO 09:00 AM

Mira lo que traje! Ves? Con esto me hago un lazo para ponerme en la cintura, y así con este color uva va a combinar bien. (no iba a comprar unos zapatos para Jime?!!) El tema es que la bijú que tengo era para ponerme con la ropa negra. Bueno, la pulsera es color uva, pero el anillo tiene una piedra muy grande en negro, y la gargantilla es también en negro. ¿Qué hago?¿lo voy a cambiar? No sé si me combinar ahora, o me compro otra cosa. ¿qué me pongo?


MIERCOLES 18 DE FEBRERO 10:00 AM

Hola…

Preciosa estaba! (ni hola me dijo…para variar Y no le alcanza con torturarme en casa y ahora me llama al teléfono para seguirla! Me había olvidado que iba al civil)Pre-cio-sa, un vestido amarillo patito por debajo de las rodillas. Una confeccion! Que la modista que se lo hizo se pasó. Pero sabés que tenía unas sandalias plateadas, parecidas a las tuyas, como las que vos te vas a poner. Me parece que eran iguales, porque las tuyas ¿no tenían pulserita?

Si , las mias tienen pulsera…

Porque tenía las tiras cruzando sobre los dedos, con unos espejitos. Pero no le quedaban bien. El pié se le iba para adelante y le sobraba de la parte del talón como 3 centímetros… (obviamente esta mujer tiene una obsesión con los dedos de los pies). Estaba fina, como es ella, así, toda “sorry”, con su pelo rubio largo, lo tenía planchado. Un maquillaje muy natural, muy parejo. Y bueno, Ana, la madre, igual que siempre: una momia. Flaca está, pero no sé, está medio encorvada, y bueno tiene ya 79 años, pero como siempre súper maquillada, siempre bronceada. Viste que ella se cuida mucho en las comidas pero está muy flaca. La blusa que tenía puesta no me gustó, parecía comprada en los coreanos de Once, no le quedaba bien.

Bueno mamá. Estoy trabajando ahora. En un rato te llamo (menos mal que paró un segundo para tomar aire. No la soporto más)

Bueno, llamame en un rato a la peluquería ahora estoy yendo en un taxi a la peluquería y en 10 minutos llego.(me cortó y ni chau me dijo. Vamos mejorando. Ni hola ni chau…)


JUEVES 19 DE FEBRERO 09:00 PM

A la novia de tu hermano no le entra el vestido … por la panza (buen dia primero ¿no?)

No creo que sea para tanto , es un vestido de una tela que cede. Está bien, le quedará ajustado y le marcará la pancita que tiene ahora, pero no puede ser que no le vaya. Además es un vestido precioso.

Si, pero lo compró en un outlet, lo pagó 30 pesos! Un vestido que normalmente cuesta 200 pesos… por más que le puso canutillos… no le queda bien. Viste que ella es un corchito de sidra, mucho busto, bajita, piernas flaquitas…. Y con esa panza no le entra el vestido… (que pesada, no es que tenga una panza a la altura de las gomas!)


JUEVES 19 DE FEBRERO 10:00 PM

Ale, vos vas a ir de traje?

No sé todavía Fer. pensaba ponerme jeans y mocasines o zapatos tipo zapatillas.. (pobre hermano, no tienen ningún interés en ir)

No! Como va a ir así a la fiesta, de jean?. Te tenés que poner un traje! (mamá tuvo que saltar)

me voy a poner lo que tenga ganas mamá (ojalá yo tuviera esa firmeza para tratarla, me puede)

Pero Ale… ( huy mejor me voy a dormir!, la verdad que esta mujer ya me sacó las ganas de ir a la bendita fiesta)


VIERNES 20 DE FEBRERO, 08:30 AM

Con el pelo suelto tenés que ir. Porque a vos te quedan bien los bucles (otra vez? Ni buen dia?) Porque no tiene sentido que te haga un recogido con las ondas hermosas que tenés. Para ir ahorrando tiempo ,ahora que tenés el pelo mojado te lo puedo tomar por tiras, te lo retuerzo todo, te lo enrrollo en rodetitos chiquitos, te los agarro con hebillas y a la noche te lo soltás, te lo bato un poco y listo.

Mirá si voy a ir al trabajo así. Ni loca! Si estoy en casa bueno, no me importa. Pero no voy a ir con la cabeza así al trabajo!

Bueno, entonces voy a traer si me traigo la buclera de la peluquería (y obvio!! Lo único que falta, “en casa de herrero cuchillo de palo”) Total tenemos tiempo. ¿Vos llegas del trabajo a las 6 y media mas o menos no?

Si mamá. Pero como hoy es viernes por ahí demoro un poco más, viste como se llena de gente y tráfico la ciudad… ¿a que hora tenemos que estar?

No estoy segura si a las 8:30 o 9

¿Cómo que no estás segura si no has hecho otra cosa que hablar del tema toda la semana? A ver, mostrame la invitación.

Quedan cordialmente invitados al banquete que se

celebrará el dia JUEVES 19 de FEBRERO

a las 21:00 horas en el Salon Premium del ….

GENESIS

Han pasado varios siglos desde las llamadas “Guerras Mundiales” donde los humanos incomprensiblemente, y utilizando armas rudimentarias, se masacraron unos a otros. El mundo no volvió a ser el mismo desde entonces y tan solo 200 años después volvieron a repetir esa carnicería y desatando una furia incontrolada arrasaron con ciudades, bosques y ríos en gran parte de la tierra.

El renacimiento de la raza humana en el siglo XXIII no fue fácil y el precio a pagar fue muy alto: la libertad. Los Dómine, como se llamaban, pronto impusieron sus decisiones y con el correr de los años fue tan grande su poder que nadie osaba hacerles frente. Bajo esa autarquía lograron mantener cierta paz basada en el temor y organizar la limpieza del planeta poco a poco.

La nueva generación, sencillamente nombrados como El Pueblo, nacida un siglo después no sabía que hubo en el pasado siglo XXI una Era del Conocimiento. Desde la cuna eran adiestrados para que sus juegos, aprendizaje y trabajos se hallara circunscripto al uso de unos pocos instrumentos, el reconocimiento de órdenes por medio de sonidos, y la identificación de premios o castigos por colores.

Su lenguaje se limitaba cada vez más a monosílabos y ademanes. Rara vez alguno manifestaba alguna tendencia hacia el arte y torpemente hacía garabatos simulando un retrato o un paisaje. Otro tal vez con sus manos o alguna de las herramientas descubría la armonía y el ritmo que se producían al golpearse algunos elementos.

Poco a poco el enemigo silencioso llamado desidia comenzaba a minar la unidad y la autoridad de los Dómine y la nueva sociedad tan duramente formada y mantenida activa parecía que iba a sucumbir otra vez sin que se disparara ningún arma.

Sin embargo en absoluto secreto una familia había preparado a sus hijos, nietos y bisnietos en una arte antiguo y poderoso. Desde la temprana edad de 4 años fueron adoctrinados para nunca revelar a nadie lo que se le enseñaba dentro de esa Sala Secreta adonde eran llevados con los ojos vendados. Se le daba el privilegio de conocer su ubicación y la guarda de la llave de entrada a quien fuera el mejor alumno y se convirtiera en Mentor.

El conocimiento de este arte había sobrevivido casi milagrosamente. Solo quedaba con vida un Mentor, con suficiente fuerza y juventud para transmitir su saber. Había llegado el momento de que se revelara su existencia y mostrara al mundo la clave para salvarse.

Una fría y oscura mañana tomó el cofre con la llave sagrada. Con paso resuelto y sin detenerse se dirigió al Consejo de los Dómine. Los guardias le franquearon el paso sin pensarlo admirados por su aire de autoridad. De la misma manera los Dómine, gordos y desganados no supieron o no quisieron impedir la presencia del extraño en su sala.

El Mentor habló durante un buen rato. Su voz sonaba clara y su mensaje hendía profundamente la mente de los autócratas. Su propuesta parecía mover algunas fibras en esos corazones aletargados. Se miraban entre ellos buscando consenso y trasmitiendo conformidad en su mirada. Solo faltaba la aprobación del Presidente.

El más anciano de todos parecía dudar. En ese momento el Mentor dirigió la atención de todos al pequeño cofre que había traído y yacía sobre la mesa. Lo tomó entre sus manos y con una expresión de esperanza lo puso frente al Anciano. Este lo abrió ansiosamente y sus ojos se iluminaron con un brillo juvenil. En su cara arrugada se dibujó una sonrisa aprobatoria y de satisfacción porque reconoció el significado de aquellos extraños símbolos, que solo él supo interpretar y, que grabados en un placa decían: Biblioteca

INCENDIO

Se decía que Don Emilo era tan viejo como la isla. Nadie sabía cuando construyó su cabaña en la cima de la colina con su puerta mirando al mar y recibiendo la luz de cientos de amaneceres.

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Era un hombre amable y de andar pausado. Bajaba a la aldea regularmente para aprovisionarse. No hacía uso del dinero, la electricidad o la radio. Sin embargo con sus manos grandes y callosas tejía cestos, bolsos, y sombreros de una calidad exquisita. Además conocía los secretos de toda la madera que producían los árboles de la isla y sus trabajos de carpintería estaban en cada hogar aldeano. Nunca ningún comerciante se negó a aceptarlos como moneda de pago y el nunca quiso comprar excentricidades.
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A pesar de su aislamiento de alguna forma estaba enterado de todo lo que ocurría en la aldea, así fuera la muerte de algún pescador de corales en las fauces de un tiburón o del casamiento de la hija del alcalde con el comerciante viajero que decidió quedarse al mirar a esos ojos color del tiempo.
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Los pocos pobladores que vinieron del continente al principio pensaban que era un ser huraño. Pero a los pocos días las historias de los aldeanos sobre las muchas veces que tendió su mano para ayudar a un necesitado les hacía olvidar su primera impresión.
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Don Emilio era el consejero natural al que todos recurrían a la hora de sembrar porque interpretaba asombrosamente las señales del cielo y del mar prediciendo con exactitud cuales serían las condiciones climáticas en pocas horas y en los días subsiguientes. Un brillo pícaro se notaba en sus ojos cuando veía a algún chacarero muy interesado en los partes metereológicos que transmitía la Marina y era transcripto por un joven y entusiasmado radioaficionado.
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No había nadie que pudiera evitar subir por el sendero serpenteante hasta la cima de la colina para admirar la “cabaña” de Don Emilio. Asentada sobre una base de roca y construida completamente con maderas de diferente dureza y colores era sin duda la obra maestra de este carpintero. Y era su mayor causa de orgullo. Sin ninguna falta modestia recibía hospitalariamente a quien quisiera ir a visitarlo y pasar una tarde escuchando embelesado las historias que acompañaban a la explicación de cada detalle de construcción y su decoración.
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Sin embargo ese día no llegó hasta su mecedora. Con paso enérgico y apresurado siguió su recorrido hasta el pequeño cobertizo que había detrás de la cabaña y regresó con un bidón de combustible. Con una expresión seria y en total mudez comenzó a rociar sus muebles, las repisas, la cama, los pisos, las cortinas y las paredes de su casa. Tomó una antorcha que encendió en el rescoldo del hogar y con un frénesi extraño en él inició un incendió devastador.

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Luego fue a sentarse en su mecedora, contemplando el mar. A su espalda la columna de humo negro del incendio se elevaba por varios metros. Inmediatamente en la aldea se corrió la voz y todos los hombres dejaron sus labores. Las mujeres con sus niños los acompañaron y como una sola masa subieron jadeando hasta la casa de Don Emilio.

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El estupor los envolvió. El bidon arrojado a un costado era un acusador mudo que develó la identidad del incendiario. No había señal de lamento ni dolor en la cara del viejo. Al contrario, su rostro estaba surcado por enorme sonrisa de satisfacción. El alcalde fue el primero en reaccionar. Tomándolo de los brazos lo sacudía fuertemente y le gritaba.

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-¿Se ha vuelto loco Don Emilio?… ¡Mire lo que ha hecho!… ¡¿Por qué? !

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-Para salvarles la vida – dijo sonriente el anciano mientras con un gesto amplio de su mano señalaba hacia la Aldea

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Entonces todos se dieron vuelta justo a tiempo para ver avanzar en una vorágine de destrucción macabra, implacable y poderosa a la enorme ola del tsunami que sepultó para siempre sus hogares.

C O N T R A R I E D A D

Sobresaltado, con la respiración entrecortada y el pulso acelerado se incorporó en la cama. Una claridad cegadora le impedía distinguir el display del radio despertador. Frunciendo el entrecejo se acercó a la mesa de noche y comprendió que se había interrumpido la energía eléctrica durante la noche.

Torpemente revolvió los objetos desordenados apoyados en la mesa buscando el reloj pulsera protestando en forma audible. “Justo hoy me pasa esto. Por más que le explique al jefe que no fue mi culpa quedarme dormido igual me va a echar.”

No encuentra el reloj. Salta de la cama y se apresura a ir al baño. Una imprecación se atora en su garganta cuando su pié desnudo choca contra las pesas que había dejado al costado de la cama. No hay tiempo de ordenar nada. Llega al baño y mira la hora en reloj que había dejado apoyado en el lavatorio: 07:32

Está a tiempo de tomar el ómnibus hasta la estación de trenes y tomar el servicio rápido a Retiro de las 08:18 y recuperar el tiempo perdido. Se mira al espejo y se lamenta no haberse afeitado anoche. Ahora deber recurrir a la maquinita descartable, que en minutos le deja el rostro con varias pequeñas cortaduras. Al tomar el frasco de loción se le escapa entre las manos y se hace añicos contra el piso.

Sale presuroso del baño y busca en el placard una camisa. Están todas en el canasto de la ropa para planchar. Si logra llegar a tiempo al trabajo de todos modos recibirá una reprimenda por ir de remera, informalmente. No importa. Lo prioritario es llegar antes que el jefe.

07:52 en el reloj. Estoy a tiempo. Solo 20 metros para llegar a la esquina y de ahí solo 5 pasos a la parada. Pasa un colectivo de Transportes del Oeste, apresura el paso, pasa otro colectivo, corre, y al llegar a la esquina un tercer colectivo está arrancando. Le hace señas desesperado. El conductor cierra la puerta y le hace señas de “no” con el dedo.

Insultarlo es una descarga inútil, su chance de llegar a tiempo a la estación está casi perdida. Los segundos parecen durar más tiempo. A la distancia viene uno de la línea 338, es más caro pero no le queda otra que tomarlo. Sus últimas dos monedas de 1 peso son engullidas por la máquina pero el boleto no cae. El chofer se detiene a un costado y parsimoniosamente trata de destrabar las monedas con un precinto largo de plástico mientras los segundos siguen corriendo.

Decide seguir la marcha y expender boletos manualmente. En cada parada suben pasajeros y el recorrido de 2 Km. hasta la estación Hurlingham parece de 20 Km. El reloj rodeado de un paño con los colores de River Plate puesto entre los espejos del frente marca las 8:13

Solo una cuadra para que cruce las vías y llegue a la parada. 10 metros antes el tráfico se detiene porque la barrera automática ya está bajando ante la proximidad del tren que viene de Pilar. Luego sale el servicio local.

“Chofer ¿puedo bajar acá?”

No, la parada es del otro lado

¡Pero pierdo el tren jefe!

No es mi problema

Pasó el convoy y la barrera se eleva. El servicio local ya está estacionado en la plataforma. Se encamina a la entrada norte del andén y justo hoy apostaron guardas.

-“Boleto por favor”

-“No tengo jefe, si voy hasta la boletería pierdo el tren y llego tarde al trabajo. Dejame pasar…Me echan macho. “

-“Faltan 2 minutos para que salga. Corra y saque boleto. No lo puedo dejar pasar”

Media cuadra de pique rápido hasta la boletería. 7 personas adelante.. Justo cuando toca su turno se oye el silbato de la locomotora y el tren empieza a moverse.

-“Ida a Retiro” jadea, entregando el único billete que le queda de 2 pesos

-“¿no tiene uno de 5 o 10? No tengo monedas para darle el vuelto”

-¡No nena, ahí tenés monedas! ¡Dale que pierdo el tren!

Toma el boleto y sin espera el vuelto sale en una persecución perruna. Corre con todas sus fuerzas e iguala durante unos segundos la velocidad del convoy. Se estira para tomarse del pasamos pero una mano firme lo toma del hombro y lo sacude con fuerzas.

“¡Josè! ¡José! ¡Levantate! ¡Se cortó la luz y no encendió la radio! ¡Menos mal que estabas tan inquieto y te sentí!