Posts etiquetados como ‘crisol’

Crisol

La campanilla de bronce tintineó por enésima vez esa fría mañana de junio. La cafetería estaba mucho más concurrida que cualquier domingo, a excepción de cuando transmitían algún partido importante. Después de haber emitido su voto, muchos habían decidido ir a recuperar energías y algo de calor tomando un café con leche y facturas o un chocolate caliente con churros, Los domingos siempre se almuerza tarde y además recién eran las 10:30.

Sobre el ventanal que daba al este el sol era un anfitrión magnífico que cuatro amigos disfrutaban charlando. Los comentarios sobre la gripe A, la suerte de Estudiantes o, en voz más baja, su preferencia política se interrumpieron mientras giraban sus rostros hacia la puerta. Acaba de llegar Ramiro, con su infaltable bolsito porta termo de cuero. Era el quinto integrante de ese círculo formado en una adolescencia dejada hace mucho en el pasado.

¡Buenas! ¡Que tal muchachos! saludó con sonrisa franca mientras tomaba una silla de la mesa de al lado y se acomodaba

¡Que hacé yoruba! –contestó Ernesto mientras le palmeaba el brazo

¡Eso! ¿Qué hacés por acá? -preguntó divertido y curioso Mauricio.

¿Te escapaste de la gorda? agregó en tomo bromista José en alusión a una solterona grandota que siempre buscaba charlar con Ramiro.

¡Pero, déjenlo tranquilo che! ¿Desde cuando tenemos que dar tanta explicación? -Dijo conciliador Fernando

Lo que pasa es que nosotros vinimos porque nos quedaba cerquita de la escuela donde votamos, pero Ramiro no vota, ¡si es uruguayo! afirmó Mauricio.

Si, es cierto respondió Ramiro con tono calmo pero ustedes son mis amigos y supuse que iban a estar por acá agregó cariñosamente.

¿Vieron? -dijo Fernando– el siempre tan educado y amable con todos. Tendríamos que seguir su ejemplo.

¡Uhhhh, ya saltó el ortiva! -respondió Ernesto riéndose

No, ortiva no, solo que por nuestra forma de ser nos buscamos que en el mundo no nos quieran y por más que digamos que Uruguay es como otra provincia nuestra no he escuchado que a los uruguayos le hagan mala fama como a nosotros retrucó Fernando.

Bueno muchachos, vine a pasar un rato ameno con ustedes, no me parece que tengamos que empezar a hablar de diferencias. -comentó amablemente Ramiro.

En eso tenés razón, tenemos más cosas en común que diferencias. Fijate Gardel, embajador de “la música de Buenos Aires” en todo el mundo hasta el día de hoy y resulta que era uruguayo -recordó Ernesto

¿Y la Natalia Oreiro papá?, ¡que buena que está,! hasta parece argentina- chuceó Mauricio

Y no se olviden de China Zorrilla -contestó Ramiro obviando adrede el comentario de Mauricio.

Lástima lo de las papeleras, tener que ensuciar el agua así -pensó en voz alta José

Si una lástima respondió Ramiro- pero no solo por el agua. A veces pienso en que algún día alguien medio chupado se hace al loco, se le escapa un tiro y se arma la guerra. Vieron que el dicho que dice: “para comer y rascar solo hay que empezar”…

Si, claro empieza una bola de nieve que no sabemos como puede acabar. Después de algunos años terminamos mirándonos de reojo con el vecino por una bronca heredada como pasó con Chile -reflexionó José.

¿Saben donde olvidamo todo eso? En la cancha loco. ¿Quién no recuerda los goles del chileno Salas o el uruguayo Francescoli? -dijo con entusiasmo millonario Ernesto.

Sonamos, empezaron a cacarear las gallinas retrucó burlonamente Fernando

¿Ahora quieren hablar de fútbol? ¡Nos vamos a poner a discutir a muerte!

¡Uh loco! ¡No hables de muerte! ¿Vieron todos los conocidos que se están yendo pa´l otro lado? El refrán decía algo de que Agosto se los lleva ¡pero Junio no nos ha dado respiro!

Se produjo un abrupto silencio y por unos instantes todos se pusieron reflexivos. Comulgaron en sus pensamientos y recordaron a los grandes hombres argentinos y uruguayos que figuraron en las noticias necrológicas del último mes.

José hizo una seña al paraguayo Benítez, ordenando café para 4. Ramiro con paso calmo se arrimó tímidamente al mostrador y se repitió la misma escena de todos los domingos. Ante su pedido el gallego Fernández mascullaba algo sobre que si le permitía tomar mate tenía que permitírselo a todos y fingía molestarse. Daba la espalda a Ramiro y le guiñaba un ojo a la linda peruana con la que se había conchabado hacía 5 años. Llenaba el termo con lentitud intencional mientras aprovechaba el espejo para ver al uruguayo chamuyar a una mulata que había entrado a ofrecer sus relojes.

Este cuento originalmente fué publicado en “El club de la Serpiente”, espacio compartido con otros bloggers que ya no está online