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El mundo es un pañuelo… Mi historia (parte 1)

“El burro adelante, para que no se espante” decía mi madre para hacerme notar que no se era de buena educación hablar de uno mismo antes de los demás. Pero en este caso no es estrictamente así ya que en mi post introductorio anterior muchos han dejado en los comentarios grandes historias en tamaño de pañuelo de bolsillo.

Contaba yo con unos 10 años mas o menos y me encontraba viajando rumbo a Concordia, Entre Rios a bordo de un ferrocarril que cruzaba toda la Mesopotamia y llegaba hasta Monte Caseros, Corrientes. Aún no se había construido el puente Zárate-Brazo Largo por lo que el cruce del río Paraná se hacía a borde de un Ferry Boat. Durante esta travesía nocturna, y luego de varias horas de aburrido viaje, la diversión de los niños de mi edad consistía en recorrer los vagones y la plataforma de carga haciendo amigos para el resto del viaje. Esa noche solo estaba Cristian Fernández y con él nos dedicamos a jugar a las cartas y mirar el cielo estrellado que era muy diferente al que se vé en la ciudad.

En estos viajes anuales para visitar a la parentela no faltaba oportunidad de conocer gente nueva, especialmente de la edad de mis primos y primas, como la bella Lorena Meritano y otros que el tiempo ha borrado de mi mente.Creo que fue para ese mismo año que mis padres acogieron en casa por unos meses al joven Dante que venía del Chaco a trabajar. Esta es una de las provincias que me quedaron pendiente de conocer durante los viajes vacacionales.

Nuestro periplo vacacional nos ha llevado hasta Ituzaingó, Corrientes donde más primos y primas como Germán fueron compañeros de travesuras y también la mediterránea Córdoba donde compartimos un asado con Nikky y su familia en Unquillo. Cada año que recorríamos tan largas distancias Buenos Aires era parada obligatoria donde veía a antiguos conocidos y amigos de la infancia y nos quedábamos unos días en la casa de la familia de Susana.

Con los años el trabajo de mi padre nos llevó a radicarnos en Comodoro Rivadavia, en un 1 de mayo gris y ventoso. Esto implicaba que tuve que cambiar de escuela con el ciclo lectivo empezado. Esto significó despedirme nuevamente de Cristian Fernández con quien nos encontramos en el primer año de la secundaria, 3 años después de la charla a bordo del Ferry. De ese primer año trunco en el Mariano Moreno de Hurlingham también tengo el recuerdo de Cristina, Alan y otros.

La vida en Comodoro era muy diferente, la secundaria nueva muy grande, y difícil para hacer nuevas amistades al comienzo. Solo algún que otro compañero, como el caso de Miguel quien venía de Monte Caseros, Corrientes y era tan forastero como yo. Pero a los pocos meses ya tenía mi grupito de amigos que conocían a algunos hacendados que criaban ovejas. Así que varias veces fui invitado a comer un rico corderito patagónico al asador y así volver a compartir la mesa con Nikki que había dejado su Unquillo natal para trabajar en la Patagonia.

Me tocó vivir el Campeonato Mundial de Futbol en el 78 y la Guerra de Malvinas mientras estaba en el Colegio Nacional Perito Moreno. Al tener esa escuela una estrucutura muy grande y fuerte con amplios gimnasios y dependencias en el subsuelo fué utilizado para albergar a conscriptos en espera de su destino en Malvinas. Y allí fué a para por unos meses Daniel, un desconocido para mí pero procedente de Buenos Aires y compañero de secundaria de Susana. Mi posición como alumno del Colegio facilitó que le entrega correspondencia.

Al terminar la secundaria conservé algunas amistades pero que mudanzas de por medio perdímos contacto, como el caso de Claudia o Myriam por quien me inserté en el mercado laboral ocupando un puesto que ella dejaba en un estudio contable. Meses después me presenté para un concurso de oposición y antecedentes con éxito y pasé a formar parte del personal no docente de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Mi recorrida por sus pasillos me llevó a toparme una mañana con Myriam y vernos con frecuencia hasta que se presentó la oportunidad de trabajar para la Universidad en la Sede Esquel.

Y allí fui. Solo con dos bolsos fui acogido por Dante quien años atrás había pasado por el Gran Buenos Aires procedente del Chaco, se había casado y asentado con su familia en esta ciudad. Esquel es una ciudad chica y todos se conocen y se saludan cuando se cruzan en la calle. Tal vez por eso no me sorprendió encontrarme con Cristina, quien había terminado la secundaria en el Mariano Moreno de Hurlingham y por esas vueltas de la vida varios años después se radicó con su esposo en Esquel, y luego en Trevelin, donde también fuimos vecinos un par de años después.

Mientras trabaja en la Universidad fuí enviado a Buenos Aires a realizar un curso dictado en la vieja ENTEL como especialista en operación de máquina Telex. Nuestra instructora Clarita prometía visitar el sur, al igual que mis compañeros.

La gran crisis de principios de los 90 me encontró casado con Susana (amiga de Buenos Aires) y con una beba recién nacida en aquel hermoso lugar. La opción de irse para Buenos Aires, la tierra de las oportunidades pareció la mejor. Y así fue que junté todos mis bártulos con mi familia y retorné al barrio de mi niñez.

La suerte me fue esquiva y tuve que ganarme el pan de muchas maneras. Juan me prestó su Falcon para remises sabiendo que venía del interior, de la misma ciudad de Esquel donde vivía su cuñado con quien en varias oportunidades yo había conversado. Esta solo fue una de las tantas actividades que desarrollé para mantenerme.

Siempre buscaba mejorar mis situación laboral y hacía largas filas para alguna entrevista, donde mataba el tiempo conversando. Lo interesante fue volver a conversar largo y tendido en una de estas con Miryam, quien había emigrado de Comodoro y estaba trabajando para la Universidad y viviendo en Buenos Aires.

Un día bajando las escaleras del subte bajo el obelisco me topo con Miguel de Monte Caseros quien había vuelto a su tierra algunos años atrás y en ese momento vacacionaba en Baires. En otra oportunidad mientras hacía la fila en el supermercado en Hurlingham alguien detrás mío me tapaba los ojos y al girar me encontré con Claudia después de 10 años. Luego haberse casado había emigrado de Comodoro Rivadavia y vivía ahora cerca.

Pero como esta historia vá para largo les sigo contando después. Mientras tanto pueden releer lo escrito hasta aquí y ver cuantas situaciones me hicieron decir “El mundo es un pañuelo”…

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El mundo es un pañuelo… (introducción)

…por lo sucio diría un amigo que gusta del chiste fácil y tonto.

Pero en este caso me refiero a las extrañas casualidades que llevan a personas a relacionarse y tener puntos de conexión que no parecían posibles. De esto trata la “Teoría de los 6 grados de separación” que en su enunciado dice que uno puede estar relacionado o conectado de alguna forma a cualquier otra persona a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios o “grados” conectando a ambas personas.
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En 1967, Stanley Milgram llevó a cabo el “experimento del mundo pequeño” que consistió selecciónar al azar varias personas del medio oeste estadounidense, para que enviaran tarjetas postales a un desconodico situado a varios miles de kilómetros. Los elegidos sabían el nombre, ocupación y localización aproximada del destinatario pero tenían que enviar el paquete a una persona que ellos conocieran directamente y que pensaran que fuera la que más probabilidades tendría de conocer directamente al destinatario. Esta persona a su vez debía seguir el mismo procedimiento y así sucesivamente hasta que el sobre llegara a destino.
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Sorprendentemente la entrega de cada sobre que llegó a destino solo llevó entre 5 y 7 destinatarios. Sin embargo cuando se habla de este “experimento” se omite comentar que solo el 30% de los sobres llegaron a destino y que las personas elegidas no eran representativa de la persona media.
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A pesar de eso, la leyenda urbana se implantó y siguió creciendo alimentada por un juego para computadoras con el mismo nombre en la década del 80 y una película que en 1993 basándose en esta teoría obtuvo dos nomimaciones para los premios Oscar de la Academia de Cine. Mucho más cerca en el tiempo, los productores de la popular serie Lost intentaron el año pasado transmitir una serie por la TV estadounidense que tenía como trama esta teoría pero sin mucho éxito.
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Es más si Ud. es usuario de Facebook en el pasado puedo registrarse en una de sus aplicaciones que se llamaba ”6 grados de separación” donde rápidamente los algoritmos del sitio le daban una lista de 6 usuarios donde las probabilidades de que tengan conexiones comunes es muy alta. Pero por supuesto es solo un juego muy subjetivo porque no abarca a los miles de millones de personas que no pertenecen a esta red social.
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Todo esto me lleva a pensar en que cualquier conexión inesperada entre desconocidos que habitamos este planeta es simple coincidencia y no hay teoría o cábala que tenga una influencia real en el asunto. Y tengo en mente varias experiencias que me tocan de cerca, que pueden conocer haciendo click aqui