El tiempo no existe
“el tiempo sólo es tardanza / de lo que está por venir; / no tuvo nunca principio / ni jamás acabará, / porque el tiempo es una rueda, / y rueda es eternidá”.
De Martin Fierro (payada con el Negro)
Cuando en nuestra conversación cotidiana usamos la palabra “tiempo” en general nos referimos a esa magnitud física que permite ordenar la secuencia de sucesos pasados, presentes y futuros. Este proceso que consideramos natural, automático y subconsciente fue motivo de muchísimo debate y estudio a lo largo de la historia del hombre en siglos pasados.
Pero ahora, en el primer decenio del siglo XXI el debate más común relacionado con el tiempo tiene que ver con la factibilidad de poder “viajar” en el tiempo. Un argumento común en mucha literatura y cinematografía de ciencia ficción que a fuerza de repetición ya no resulta descabellado y hasta parece tener sustento en alguna aplicación teórica de la famosa fórmula E=MC2
Temprano en el relato de Génesis vemos la primera división natural del tiempo en “día”y “noche”, al que se suman los ciclos estacionarios de “verano, otoño, invierno y primavera” como componentes de una administración del tiempo necesarios para la programación de las actividades de la vida humana.
Con las herramientas técnicas que provee la astronomía se ha logrado conocer que la tierra tarda 365 días, 6 horas, 9 minutos y 9,5 segundos,en completar una vuelta alrededor del sol, ciclo al que se denomina “año”.
Pese a la exactitud cronométrica con la que se nos informa de la duración de los movimientos astronómicos que regulan nuestras actividades, el paso del tiempo, en la práctica es percibido de diferentes formas por cada persona. Nuestra subjetividad nos hace sentir de que pasa más lento o más rápido.
Es curioso que para muchos la velocidad del tiempo sea directamente proporcional a los años vividos. Suele pasar que las personas mayores son las que frecuentemente dicen: “¡Que rápido pasa el tiempo!” Mientras que los niños suelen exclamar “¿Falta mucho?”, evidenciando la lentitud con que perciben el transcurrir de los minutos.
Algunos estudios hablan del “efecto reminiscencia” de la memoria, la que tiende a concentrar mayor cantidad de recuerdos de cuando la persona tenía 20 años de vida. Esta contracción y expansión de la memoria se refleja en la percepción subjetiva del tiempo.
Otros ( por ejemplo St. Augustine) opinan que el tiempo como magnitud dentro de la física no existe que sólo es un concepto humano, lo que nos acerca al campo de la filosofía y la religión. Pero esto no nos alejaría de la ciencia, ya que descubrimiento científico relacionado con la física cuántica, o la astronomía muestran patrones y ciclos que son factibles de medir o contar por medio de “relojes”. Y este conocimiento ampliado de las maravillas del cosmos reaviva en nuestro interior el deseo de obtener respuestas a interrogantes universales: “¿De dónde venimos?, ¿Hacia dónde vamos?, ¿Qué nos traerá el futuro?”
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