Junio 15, 2009 | Por marceale | # Enlace permanente
Primeras manifestaciones
Pero, ¿cuándo surgió en sí el impresionismo musical? Me parece casi imposible dar una respuesta exacta a esta pregunta. Sin embargo, podemos percibir un paulatino cambio de sabor y carácter en algunos autores. En un principio, esta evolución parece haber ocurrido de manera individual y con escasa influencia recíproca entre autores, y aunque en esta etapa es difícil hablar de un nuevo estilo bien definido, sí es notorio un importante germen de cambio. Éste se dará algunas veces desarrollando de un modo peculiar elementos tradicionales, y otras, sobre todo al final, mediante el empleo de recursos nuevos, e incluso, exóticos.
Una primera y pequeña oleada de compositores empezó a hacerse notar en Francia por un discreto alejamiento del sentir del romanticismo y, aunque en un principio sus formas y su lenguaje eran prácticamente los mismos que empleaba el resto de los románticos, el carácter de algunas obras de madurez, el uso poco ortodoxo de ciertos procedimientos armónicos tradicionales y la rica y novedosa orquestación empleada por algunos de estos creadores delineaban un nuevo camino a seguir hacia una música más serena, a veces de ensueño. Era una época de transición en la cual Emmanuel Chabrier (1841-1894), Ernest Chausson (1855-1899) y, sobre todo, Gabriel Fauré (1845-1924), por sólo mencionar a los autores y obras más célebres del periodo, desempeñaron un papel en la música similar al que Manet había jugado en la pintura. Ellos, por un lado, prosiguieron la asimilación y el desarrollo de la armonía tonal cromática que en Francia había tenido a Cesar Franck como su mejor exponente. Sin embargo, también otorgaron a sus creaciones un sabor más francés, íntimo y delicado, y comenzaron a revelar una “preocupación por evocar y sugerir más que por expresar el pensamiento con luz demasiado cruda”3.
En búsqueda de identidad, iniciaron un re-torno gradual al uso de los modos gregorianos4 y de ciertas formas musicales cultivadas durante el barroco y clasicismo franceses, como es el caso de la suite. Comenzaron a olvidarse de las grandes óperas y sinfonías, y compusieron fantasías y rapsodias orquestales, canciones y música para piano. Asimismo, dieron un nuevo auge a la música de cámara.
Apogeo
La siguiente generación de compositores, la más famosa y criticada por el severo academicismo francés, consumó el cambio. Las novedades armónicas que en la generación anterior habían sido una insinuación creciente, en ésta se convirtieron en la base del lenguaje, el cual se enriqueció además con la utilización de material exótico, desde ruso hasta javanés. Debido a la influencia mutua entre compositores, aquí ya presente, ahora podemos hablar de un nuevo estilo bien definido en el que las reglas clásicas del arte musical se emplearon con menor frecuencia que las prohibiciones tradicionales a dichas reglas.
Satie
Encontramos en el autodidacta Erik Satie (1866-1925) al primer autor que se aventura a hablar el nuevo lenguaje armónico en una obra completa, Ogives (1887). Desde sus primeras piezas para piano (Trois sarabandes [1887], Trois gymnopédies [1888] y Gnossienes [1889-96]), hasta en varias de sus obras tardías (el drama lírico Socrate y los Nocturnes para piano, ambos compuestos en 1919), Satie muestra una notable preferencia por el empleo de modos gregorianos en lugar de escalas tonales, un uso muy novedoso de acordes disonantes, además de un extrañísimo sentido repetitivo e hipnótico de la forma.
Debido al uso tan temprano que hizo de los recursos mencionados y a la influencia que tuvo en algunos contemporáneos suyos, Satie es frecuentemente mencionado como uno de los creadores del impresionismo musical. Sin embargo, él no pareció compartir varios de los ideales estéticos de este estilo, y como veremos, su obra de madurez -dotada de un inusitado, agudo y bizarro sentido del humor- influyó en generaciones de compositores más jóvenes, cuyos ideales musicales diferían notablemente de los impresionistas.
Debussy
Un caso distinto fue el de Claude-Achille Debussy (1862-1918), el más célebre de los músicos impresionistas y el primero a quien se reconoce públicamente como tal. Su nuevo modo de hacer música modificó las concepciones tradicionales de prácticamente todos los aspectos de la composición musical, enriqueciendo considerablemente las nociones de armonía, textura, timbre y forma. Pide prestadas algunas disonancias a Satie y emplea exhaustivamente escalas inusuales -tanto occidentales como exóticas- como nadie lo había hecho antes. Por si fuera poco, hace a un lado los esquemas formales clásicos de composición y desarrollo temático, y su música, que ahora parece responder exclusivamente a su gusto, parece volverse una exquisita sucesión de imágenes oníricas.
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Claude-Achille Debussy (1862-1918).
www.ux1.eiu.edu |
Aunque sus obras juveniles -compuestas aproximadamente entre 1880 y 1894- no muestran un distanciamiento muy notorio de la tradición romántica, el estreno de su pieza orquestal Prélude à l’après-midi d’ un faune (1894), inspirado por un poema de Mallarmé, causó una honda impresión debido a la novedad y aparente vaguedad de su estructura, la riqueza y el colorido de su orquestación, el sabor exótico de su armonía y la sutileza onírica de su carácter. Quizá no sea coincidencia que este cambio en su música haya ocurrido más o menos en la misma época en que conoció a Satie, con quien trabaría una profunda y duradera amistad. A partir de entonces, la música de Debussy comenzó a separarse cada vez más de la tradición y a desarrollar un estilo atrevido y personal.
Otro de los grandes hitos de su carrera lo marcó el estreno de su ópera Pelléas et Mélisande (1902)-sobre una novela del escritor simbolista Maurice Maeterlinck-, cuyo lenguaje llevaba al extremo los elementos novedosos encontrados de manera incipiente en el Prélude, lo cual provocó un escándalo en el ambiente musical francés y generó la incomprensión de buena parte del público y de la crítica.
El estilo de Debussy alcanzó su madurez en obras como La mer (1905) y Jeux (1913) para orquesta, y los dos cuadernos de Images (1905-07), los dos libros de Préludes (1910-13) y los dos libros de Études (1915) para piano.
Ravel
Le correspondió quizás a Maurice Ravel (1875-1937) la asimilación y comprensión totales de este nuevo modo de expresarse en música, otorgándole una claridad, perfección y accesibilidad tales que logra sintetizar en una obra coherente las tradiciones más clásicas de la construcción y las sutilezas armónicas del nuevo estilo, al cual enriqueció dándole un sello personalísimo.
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| Maurice Ravel (1875-1937). www.resmusica.com |
Discípulo de Fauré en el conservatorio de París, y habiendo conocido personalmente tanto a Satie como a Debussy desde muy joven, Ravel muestra ya desde sus primeras obras un marcado alejamiento del sentir romántico y un interés por resucitar ciertas formas musicales del barroco y clasicismo franceses como el minueto y la pavana, dándoles un sabor moderno mediante la utilización de armonías de inspiración satie-debussista. Su ascendencia vasca por vía materna le produjo una fascinación especial y una identificación con el vecino país hispano, las cuales se reflejan en varias de sus creaciones. Su obra pianística, muy influenciada tanto por Liszt como por los clavecinistas clásicos franceses, revolucionó la técnica del instrumento y aportó varias obras de enorme trascendencia como Jeux d’eau (1901), Sonatine (1904), Miroirs (1905), Gaspard de la nuit (1908), Le Tombeau de Couperin (1914) y dos conciertos para piano (1930-32). Instrumentador atrevido, refinado y extraordinariamente dotado, creó auténticas obras maestras del género orquestal como lo demuestran su Rapsodie espagnole (1907), su magistral ballet Daphnis et Chloé (1912), su popularísimo Bolero (1928), sus óperas L’ Heure espagnole (1911) y L’ Enfant et les sortilèges (1925), así como una célebre transcripción para orquesta de los Cuadros de una exposición, de Mussorgsky (1922). Dentro de su música de cámara, merece una mención especial su Trio (1914) del cual se ha dicho que quizá sea la mejor obra francesa del género.
Otros compositores importantes que denotan la influencia del impresionismo fueron Paul Dukas (1865-1935) y Albert Roussell (1869-1934).
Este estilo hizo escuela primeramente en Francia. Sin embargo, hacia la segunda década del siglo XX, comenzó a salir de las fronteras galas y su influencia empezó a sentirse en el extranjero: en los españoles Manuel de Falla (1876-1946) y Federico Mompou (1893-1987); en el italiano Ottorino Respighi (1869- 1936), y en los ingleses Frederick Delius (1862-1934) y Cyril Scott (1879-1970), entre otros.
Declinación
Y mientras esta música se difundía por todo el mundo, en Francia comenzaba a diluirse y a cambiar. Las creaciones postreras de algunos de los compositores ya mencionados se iban alejando cada vez más del estilo que habían ayudado a formar. El caso de Satie era el más evidente. Por otro lado, el ruso Igor Stravinsky, que había creado obras con influencia debussista, hizo temblar al mundo con su ballet La consagración de la primavera -estrenado en 1913-, obra de una fuerza y novedad sin precedente, cuyo carácter se oponía decididamente a la generalidad de la estética impresionista. Pronto los compositores más jóvenes -y otros no tanto- que comenzaron su actividad durante la época de la Primera Guerra Mundial, cambiaron de ideales estéticos, y ahora, sus grandes modelos a seguir serían tanto el nuevo Satie como Stravinsky. Como estilo, la época del impresionismo musical había concluido.
Esta corriente musical nos muestra al menos dos facetas diferentes: la del estilo y moda tan franceses del refinamiento, la sensualidad y el misterio, la cual fue desvaneciéndose hacia la segunda década del siglo XX; y otra más perdurable, la de la actitud y el espíritu de renovación y liberación del arte, que nos recuerda una vez más que la belleza y la creatividad pueden ir mucho más allá de las normas establecidas por una sociedad, moda o academia. En este sentido, su influencia impregnó todo el mundo musical moderno: de los seis a Bartók; de Messiaen a Webern, y de Copland a Moncayo.
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| Chabrier
. Pièces pittoresques
. España
Fauré
. Requiem
. La bonne chanson
. Nocturnes, Barcarolles
y Préludes para piano
. Pénélope
Chausson
. Poème de l’ amour et de la mer
. Poème para violín y orquesta
Satie
. Ogives, Sarabandes, Gymnopédies, Gnossienes
y Nocturnes para piano
. Socrate
Debussy
. Pelléas et Mélisande
. Prélude à l’aprés-midi d’ un faune, Nocturnes, La mer
. Images y Jeux para orquesta
. Suite Bergamasque, Pour le piano,
Estampes, Children’s Corner,
Images, Préludes y Études para piano
| Ravel
. Jeux d’ eau, Sonatine, Miroirs, Gaspard de la nuit
y Le Tombeau de Couperin para piano
. Concerto en Ré Majeur «Pour la main gauche»
y Concerto en Sol Majeur para piano y orquesta
. Rapsodie espagnole, Daphnis et Chloé
y Bolero para orquesta
. L’ Enfant et les sortileges y Trio
Dukas
. L’ apprenti sorcier
Rousell
. Bacchus et Ariane
Falla
. Noches en los jardines de España
. Siete canciones populares españolas
Mompou
. Impressions intimes y Paysages
Respighi
. Fontane di Roma y Pini di Roma
Delius
. Sea Drift y On Hearing the First Cuckoo in Spring
Scott
. La Princesse Maleine y La Belle Dame sans Merci
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| Por marceale | # Enlace permanente
Primeras manifestaciones
Pero, ¿cuándo surgió en sí el impresionismo musical? Me parece casi imposible dar una respuesta exacta a esta pregunta. Sin embargo, podemos percibir un paulatino cambio de sabor y carácter en algunos autores. En un principio, esta evolución parece haber ocurrido de manera individual y con escasa influencia recíproca entre autores, y aunque en esta etapa es difícil hablar de un nuevo estilo bien definido, sí es notorio un importante germen de cambio. Éste se dará algunas veces desarrollando de un modo peculiar elementos tradicionales, y otras, sobre todo al final, mediante el empleo de recursos nuevos, e incluso, exóticos.
Una primera y pequeña oleada de compositores empezó a hacerse notar en Francia por un discreto alejamiento del sentir del romanticismo y, aunque en un principio sus formas y su lenguaje eran prácticamente los mismos que empleaba el resto de los románticos, el carácter de algunas obras de madurez, el uso poco ortodoxo de ciertos procedimientos armónicos tradicionales y la rica y novedosa orquestación empleada por algunos de estos creadores delineaban un nuevo camino a seguir hacia una música más serena, a veces de ensueño. Era una época de transición en la cual Emmanuel Chabrier (1841-1894), Ernest Chausson (1855-1899) y, sobre todo, Gabriel Fauré (1845-1924), por sólo mencionar a los autores y obras más célebres del periodo, desempeñaron un papel en la música similar al que Manet había jugado en la pintura. Ellos, por un lado, prosiguieron la asimilación y el desarrollo de la armonía tonal cromática que en Francia había tenido a Cesar Franck como su mejor exponente. Sin embargo, también otorgaron a sus creaciones un sabor más francés, íntimo y delicado, y comenzaron a revelar una “preocupación por evocar y sugerir más que por expresar el pensamiento con luz demasiado cruda”3.
En búsqueda de identidad, iniciaron un re-torno gradual al uso de los modos gregorianos4 y de ciertas formas musicales cultivadas durante el barroco y clasicismo franceses, como es el caso de la suite. Comenzaron a olvidarse de las grandes óperas y sinfonías, y compusieron fantasías y rapsodias orquestales, canciones y música para piano. Asimismo, dieron un nuevo auge a la música de cámara.
Apogeo
La siguiente generación de compositores, la más famosa y criticada por el severo academicismo francés, consumó el cambio. Las novedades armónicas que en la generación anterior habían sido una insinuación creciente, en ésta se convirtieron en la base del lenguaje, el cual se enriqueció además con la utilización de material exótico, desde ruso hasta javanés. Debido a la influencia mutua entre compositores, aquí ya presente, ahora podemos hablar de un nuevo estilo bien definido en el que las reglas clásicas del arte musical se emplearon con menor frecuencia que las prohibiciones tradicionales a dichas reglas.
Satie
Encontramos en el autodidacta Erik Satie (1866-1925) al primer autor que se aventura a hablar el nuevo lenguaje armónico en una obra completa, Ogives (1887). Desde sus primeras piezas para piano (Trois sarabandes [1887], Trois gymnopédies [1888] y Gnossienes [1889-96]), hasta en varias de sus obras tardías (el drama lírico Socrate y los Nocturnes para piano, ambos compuestos en 1919), Satie muestra una notable preferencia por el empleo de modos gregorianos en lugar de escalas tonales, un uso muy novedoso de acordes disonantes, además de un extrañísimo sentido repetitivo e hipnótico de la forma.
Debido al uso tan temprano que hizo de los recursos mencionados y a la influencia que tuvo en algunos contemporáneos suyos, Satie es frecuentemente mencionado como uno de los creadores del impresionismo musical. Sin embargo, él no pareció compartir varios de los ideales estéticos de este estilo, y como veremos, su obra de madurez -dotada de un inusitado, agudo y bizarro sentido del humor- influyó en generaciones de compositores más jóvenes, cuyos ideales musicales diferían notablemente de los impresionistas.
Debussy
Un caso distinto fue el de Claude-Achille Debussy (1862-1918), el más célebre de los músicos impresionistas y el primero a quien se reconoce públicamente como tal. Su nuevo modo de hacer música modificó las concepciones tradicionales de prácticamente todos los aspectos de la composición musical, enriqueciendo considerablemente las nociones de armonía, textura, timbre y forma. Pide prestadas algunas disonancias a Satie y emplea exhaustivamente escalas inusuales -tanto occidentales como exóticas- como nadie lo había hecho antes. Por si fuera poco, hace a un lado los esquemas formales clásicos de composición y desarrollo temático, y su música, que ahora parece responder exclusivamente a su gusto, parece volverse una exquisita sucesión de imágenes oníricas.
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Claude-Achille Debussy (1862-1918).
www.ux1.eiu.edu |
Aunque sus obras juveniles -compuestas aproximadamente entre 1880 y 1894- no muestran un distanciamiento muy notorio de la tradición romántica, el estreno de su pieza orquestal Prélude à l’après-midi d’ un faune (1894), inspirado por un poema de Mallarmé, causó una honda impresión debido a la novedad y aparente vaguedad de su estructura, la riqueza y el colorido de su orquestación, el sabor exótico de su armonía y la sutileza onírica de su carácter. Quizá no sea coincidencia que este cambio en su música haya ocurrido más o menos en la misma época en que conoció a Satie, con quien trabaría una profunda y duradera amistad. A partir de entonces, la música de Debussy comenzó a separarse cada vez más de la tradición y a desarrollar un estilo atrevido y personal.
Otro de los grandes hitos de su carrera lo marcó el estreno de su ópera Pelléas et Mélisande (1902)-sobre una novela del escritor simbolista Maurice Maeterlinck-, cuyo lenguaje llevaba al extremo los elementos novedosos encontrados de manera incipiente en el Prélude, lo cual provocó un escándalo en el ambiente musical francés y generó la incomprensión de buena parte del público y de la crítica.
El estilo de Debussy alcanzó su madurez en obras como La mer (1905) y Jeux (1913) para orquesta, y los dos cuadernos de Images (1905-07), los dos libros de Préludes (1910-13) y los dos libros de Études (1915) para piano.
Ravel
Le correspondió quizás a Maurice Ravel (1875-1937) la asimilación y comprensión totales de este nuevo modo de expresarse en música, otorgándole una claridad, perfección y accesibilidad tales que logra sintetizar en una obra coherente las tradiciones más clásicas de la construcción y las sutilezas armónicas del nuevo estilo, al cual enriqueció dándole un sello personalísimo.
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| Maurice Ravel (1875-1937). www.resmusica.com |
Discípulo de Fauré en el conservatorio de París, y habiendo conocido personalmente tanto a Satie como a Debussy desde muy joven, Ravel muestra ya desde sus primeras obras un marcado alejamiento del sentir romántico y un interés por resucitar ciertas formas musicales del barroco y clasicismo franceses como el minueto y la pavana, dándoles un sabor moderno mediante la utilización de armonías de inspiración satie-debussista. Su ascendencia vasca por vía materna le produjo una fascinación especial y una identificación con el vecino país hispano, las cuales se reflejan en varias de sus creaciones. Su obra pianística, muy influenciada tanto por Liszt como por los clavecinistas clásicos franceses, revolucionó la técnica del instrumento y aportó varias obras de enorme trascendencia como Jeux d’eau (1901), Sonatine (1904), Miroirs (1905), Gaspard de la nuit (1908), Le Tombeau de Couperin (1914) y dos conciertos para piano (1930-32). Instrumentador atrevido, refinado y extraordinariamente dotado, creó auténticas obras maestras del género orquestal como lo demuestran su Rapsodie espagnole (1907), su magistral ballet Daphnis et Chloé (1912), su popularísimo Bolero (1928), sus óperas L’ Heure espagnole (1911) y L’ Enfant et les sortilèges (1925), así como una célebre transcripción para orquesta de los Cuadros de una exposición, de Mussorgsky (1922). Dentro de su música de cámara, merece una mención especial su Trio (1914) del cual se ha dicho que quizá sea la mejor obra francesa del género.
Otros compositores importantes que denotan la influencia del impresionismo fueron Paul Dukas (1865-1935) y Albert Roussell (1869-1934).
Este estilo hizo escuela primeramente en Francia. Sin embargo, hacia la segunda década del siglo XX, comenzó a salir de las fronteras galas y su influencia empezó a sentirse en el extranjero: en los españoles Manuel de Falla (1876-1946) y Federico Mompou (1893-1987); en el italiano Ottorino Respighi (1869- 1936), y en los ingleses Frederick Delius (1862-1934) y Cyril Scott (1879-1970), entre otros.
Declinación
Y mientras esta música se difundía por todo el mundo, en Francia comenzaba a diluirse y a cambiar. Las creaciones postreras de algunos de los compositores ya mencionados se iban alejando cada vez más del estilo que habían ayudado a formar. El caso de Satie era el más evidente. Por otro lado, el ruso Igor Stravinsky, que había creado obras con influencia debussista, hizo temblar al mundo con su ballet La consagración de la primavera -estrenado en 1913-, obra de una fuerza y novedad sin precedente, cuyo carácter se oponía decididamente a la generalidad de la estética impresionista. Pronto los compositores más jóvenes -y otros no tanto- que comenzaron su actividad durante la época de la Primera Guerra Mundial, cambiaron de ideales estéticos, y ahora, sus grandes modelos a seguir serían tanto el nuevo Satie como Stravinsky. Como estilo, la época del impresionismo musical había concluido.
Esta corriente musical nos muestra al menos dos facetas diferentes: la del estilo y moda tan franceses del refinamiento, la sensualidad y el misterio, la cual fue desvaneciéndose hacia la segunda década del siglo XX; y otra más perdurable, la de la actitud y el espíritu de renovación y liberación del arte, que nos recuerda una vez más que la belleza y la creatividad pueden ir mucho más allá de las normas establecidas por una sociedad, moda o academia. En este sentido, su influencia impregnó todo el mundo musical moderno: de los seis a Bartók; de Messiaen a Webern, y de Copland a Moncayo.
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| Chabrier
. Pièces pittoresques
. España
Fauré
. Requiem
. La bonne chanson
. Nocturnes, Barcarolles
y Préludes para piano
. Pénélope
Chausson
. Poème de l’ amour et de la mer
. Poème para violín y orquesta
Satie
. Ogives, Sarabandes, Gymnopédies, Gnossienes
y Nocturnes para piano
. Socrate
Debussy
. Pelléas et Mélisande
. Prélude à l’aprés-midi d’ un faune, Nocturnes, La mer
. Images y Jeux para orquesta
. Suite Bergamasque, Pour le piano,
Estampes, Children’s Corner,
Images, Préludes y Études para piano
| Ravel
. Jeux d’ eau, Sonatine, Miroirs, Gaspard de la nuit
y Le Tombeau de Couperin para piano
. Concerto en Ré Majeur «Pour la main gauche»
y Concerto en Sol Majeur para piano y orquesta
. Rapsodie espagnole, Daphnis et Chloé
y Bolero para orquesta
. L’ Enfant et les sortileges y Trio
Dukas
. L’ apprenti sorcier
Rousell
. Bacchus et Ariane
Falla
. Noches en los jardines de España
. Siete canciones populares españolas
Mompou
. Impressions intimes y Paysages
Respighi
. Fontane di Roma y Pini di Roma
Delius
. Sea Drift y On Hearing the First Cuckoo in Spring
Scott
. La Princesse Maleine y La Belle Dame sans Merci
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| Por marceale | # Enlace permanente
El Impresionismo musical es un movimiento musical surgido al finales del siglo XIX y principios del XX sobre todo en la música francesa, con la necesidad de los compositores de probar nuevas combinaciones de instrumentos para conseguir una mayor riqueza tímbrica. En el Impresionismo musical se da mucha importancia a los timbres, con los que se consiguen diferentes efectos. También se caracteriza porque los tiempos no son lineales sino que se ejecutan en sucesión de impresiones. Se relaciona de esta manera con el Impresionismo pictórico, que conseguía las imágenes mediante pequeñas pinceladas de color. Dos de los principales compositores de este movimiento son Claude Debussy y Maurice Ravel.
IMPRESIONISMO MUSICAL EN FRANCIA:
El impresionismo musical fue encabezado por el compositor francés Claude Debussy. El movimiento, influido por los pintores impresionistas franceses y por la poesía de Paul Verlaine, Charles Baudelaire y Stéphane Mallarmé, acentúa el color tímbrico y el humor en vez de estructuras formales tales como la sonata y la sinfonía. Debussy, que también era crítico musical, enfocó el impresionismo como reacción tanto al interés formal del clasicismo de compositores como Wolfgang Amadeus Mozart o Ludwig van Beethoven y la vehemencia emocional del romanticismo en compositores como Robert Schumann y Franz Schubert. Para la consecución de este fin Debussy combinó elementos innovadores y tradicionales. Por una parte, utilizó la escala de tonos enteros e intervalos complejos que hasta ese momento no se habían utilizado, desde la novena en adelante. También recurrió a los intervalos de cuartas y quinta paralelas propios de la música medieval. Estos recursos técnicos aparecen en el temprano poema sinfónico Preludio a la siesta de un fauno (en el original: Prélude à l’après-midi d’un faune) de 1894, basado en un poema de Mallarmé. La extensa obra pianística de Debussy requirió nuevas técnicas interpretativas, que incluían un generoso pero sensible uso de los pedales para crear un torrente indiferenciado de sonido.
La música impresionista francesa continuó su evolución en la obra de Maurice Ravel. Otros compositores de esta escuela en Francia fueron Paul Dukas, Albert Roussel, Charles Koechlin, Alexis Roland-Manuel, André Caplet y Florent Schmitt.
Al comienzo de la I Guerra Mundial en 1914 el gran refinamiento, así como las limitaciones técnicas del impresionismo musical, provocaron críticas adversas de compositores y críticos. Un nuevo grupo de compositores franceses antirrománticos, Les Six (Los Seis), influidos por Erik Satie, satirizaron y rechazaron lo que consideraban excesos de esta corriente. El impresionismo, concebido por Debussy, como tendencia contraria al romanticismo, fue visto como la fase final de la música romántica.
IMPRESIONISMO MUSICAL EN EUROPA:
Influido por la personalidad de Debussy e íntimamente relacionado con el modernismo, el impresionismo musical se extendió por Europa hacia la segunda década del siglo XX. Algunos compositores europeos se vieron influenciados por el impresionismo, como Frederick Delius y Cyril Scott en el Reino Unido, Ottorino Respighi en Italia y Manuel de Falla (Falla vivió en París de 1909 a 1914) y Federico Mompou en España, que siguieron ciertos rasgos del estilo de Debussy.
PRINCIPALES OBRAS IMPRESIONISTAS:
http://www.correodelmaestro.com
Noviembre 30, 2008 | Por marceale | # Enlace permanente

IMPRESIONISMO-ARGENTINA
Fernando Fader (1882-1935). fue el pintor argentino que ejerció una influencia determinante en el proceso de renovación que puso fin al imperio de las corrientes realistas o naturistas y académicas -originadas en la pintura italiana.
Nacido en Mendoza -hay quienes afirman que en Burdeos-, de madre francesa y de padre alemán, partió a Europa en 1900 y, en el Real Instituto de Artes y Ciencias, de Munich, siguió los cursos del maestro Heinrich von Zugel, cuya pintura de aire libre es una especie de versión germana, muy particular, del impresionismo.
Definen el arte de este maestro la preocupación de la luz, la fusión en ella de las formas y la pesadez de los empastes y, en su concepción general del cuadro, gravitan de modo muy evidente fuertes elementos naturalistas. La influencia de su mentor muniqués se hizo sentir poderosamente en la obra de Fader a lo largo de toda su vida.
De vuelta en la Argentina se presenta por primera vez en el Salón Costa de la calle Florida, en 1905, y luego, durante varios años, se expone en Muller. Su éxito es fulminante. Se lo acoge con interés y es, desde el primer momento, de los pocos artistas argentinos que tienen compradores. Espíritu emprendedor, intenta la construcción, en el río Mendoza, de un embalse que le permita instalar una usina destinada a proveer energía eléctrica a la capital de la provincia.
Pero un inusitada creciente del río arrasa el dique y se lleva, con él, toda su fortuna. Fader abandona los negocios, se consagra de nuevo a la pintura y reconstruye, con ella, su bienestar. Pero, enfermo de los pulmones, se ve obligado a recluirse en las sierras de Córdoba y allí termina sus días, en el pueblito de Ischilín, trabajando con intensidad hasta su último instante.
Su pintura -inspirada en temas, por lo general, de nuestras serranías cordobesas- incorporó, en la Argentina , una visión nueva ,completamente distinta, de esos motivos. Sus características son, en términos generales, las mismas de su maestro Zugel : empastes pesados, preocupación de la luz, fusión en la retina de los tonos divididos en la tela, composición impuesta por la reproducción de motivo más que por un propósito deliberado de equilibrio y, dominándolo todo, una concepción naturalista. Desde el punto de vista del color no siempre Fader es afortunado. Con frecuencia su cromatismo adolece de cierta actitud y no son raros, en sus cuadros, los grises carentes de limpieza. Logra, a veces, hermosas transparencias atmosféricas. Su obra -con la de Malharro, principalmente- señala el fin de la etapa naturalista y academinizante de la pintura argentina y el advenimiento de la renovación impresionista.
FERNANDO FADER
Hijo de padre alemán y madre francesa, Fernando Fader vivió una breve parte de su niñez en la provincia argentina de Mendoza, donde su familia tenía empresas, e hizo sus cursos escolares en Francia y Alemania (1888-98), adonde volvió en 1900, para estudiar pintura. De nuevo en la Argentina, realiza su primera muestra en Buenos Aires, en 1905. Desde entonces, un éxito inusual de crítica y de ventas acompañará a Fader durante un cuarto de siglo. Célebre fue por eso su actitud al conferírsele el Premio Adquisición del IV Salón Nacional, en 1914, por su tela Los mantones de Manila: como el monto de laureo (3.000 pesos) no se ajustaba a su tasación (6.000), rechazó el premio y conservó la obra (será comprada más tarde para el MNBA). Resentida su salud, Fader se instala en la mediterránea provincia de Córdoba, en 1916; queda imposibilitado de pintar, en 1931, y ha de morir pocos años después. La honda revolución pictórica del Impresionismo llega a la Argentina al despuntar el siglo, cuando no ha logrado aún el reconocimiento debido en Francia, su lugar de origen. Tampoco es aceptado fácilmente entre nosotros, excepto el caso de Fernando Fader, según se ha dicho más arriba. Por cierto, el impresionista faderiano, como el de los otros pintores asociados a esta poética, es propio de él, denotado en su caso por una manera densa, grave, a veces ruda, derivada quizá de su formación en Alemania. Fader, junto a Pío Collivadino y Carlos Ripamonte, entre otros, fundó el grupo Nexus (1907-08) con el objeto de dar cuenta del país y de sus gentes desde una perspectiva localista pero abierta al universalismo pictórico. Fader pudo explayarse como nunca en esta vía, con sus paisajes y escenas humanas de Córdoba, uno de los cuales es este Fin de invierno, donde los empastes se dulcifican por la luz.
Aunque nació en Burdeos, Francia, el 11 de abril de 1882, a los 3 años de edad, Fernando, hijo de un ingeniero alemán (Carlos Fader) y una vizcondesa de Francia, se vino con su familia a vivir a Mendoza, donde residió durante unos años para luego recibir su educación primaria y secundaria en Alemania.
De regreso a Argentina en 1898, realiza sus primeras pinturas y es con estos trabajos donde decide su vocación y viaja nuevamente a Alemania a estudiar pintura.
Recorre toda Europa tomando conocimientos en distintos países y a fines de 1904, vuelve a Mendoza para realizar su primera exposición donde presentó 70 obras propias.
Durante su vida se dedicó a la pintura, abandonando el arte en 1909 y volviéndolo a retomar en 1914, y exponiendo en importantes eventos, tanto en Argentina, como en Uruguay y España.
Hacia fines de la década del 20 la salud de Fader, comienza a decaer, a tal punto que en 1932, su estado le impide presenciar el homenaje a sus 50 años en la Galería Muller.
Deja de existir tres años más tarde, el 28 de febrero de 1835 a los 52 años de edad en Loza Corral.
A pesar de tener procedencia francesa, el mismo argumentaba ser mendocino, con lo que no se puede negar su espíritu tan argentino como las obras que el realizó.
ARTISTAS ARGENTINOS
ARTISTAS ARGENTINOS :Alberto Goldenstein, Arturo Aguiar, Rodolfo Agüero, Pablo Bobbio, Eduardo Cetner, Liliana Golubinsky, Jorge Ludueña, Jorge Gumier Maier, Marino Santa María, María Luz Seghezzo, Enrique Tudó, Andrés Waissman, Griselda Álvarez, Walter Álvarez, Karin Berben, Verónica García Lao, Marcos Rebasa, Marino Pérsico, Graciela Ieger, Gerardo Romano, Bernardo Rodríguez Gil, Juan Manuel Díaz Puerta, Norma D`Ippólito, Marcela Baubeau de Secondigné, Daniel Pérez, Helena Distéfano, Heriberto Zorrilla, Josefina Di Candia, Fernando Martínez, Sebastián Pastorino, Aldo Martínez, Lydia Zubizarreta, Carlos Scaglione, José Ignacio Garrido, Fabiana Rossi, Alex Mitia, Milagro Peralta Ramos, Alberto Martinez Pueyrredon, Marizú Terza, Cristina Velo, Camilo Lucarini, Alejandro Gigli, Sergio Quattrochi, Zelmira Peralta Ramos,Tulio De Sagastizabal.Alejandra Repetto Escardó, Elena Blasco, Kiki Gómez Mac Gregor y Tatita Ganly.
Junio 19, 2008 | Por marceale | # Enlace permanente
La influencia del grabado japonés
Unos años antes de la época en la que se dieron a conocer los impresionistas, se crearon las condiciones para que cobrara fuerza una nueva moda procedente del extremo Oriente: la de las estampas japonesas de los maestros del ukiyo-e.
En 1854, el comodoro Matthew C. Perry pisó suelo japonés con lo que se abrieron los puertos japoneses al comercio occidental después de un aislamiento de 215 años (durante el cual sólo los holandeses tenían derechos comerciales con Japón). En los años siguientes proliferaron los tratados comerciales, y la influencia recíproca entre Japón y los países occidentales más industrializados comenzó a crecer.
Una de las consecuencias que tuvo esta apertura comercial de Japón sobre el mundo del arte fue la llegada y popularización de las estampas japonesas. Desde Millet o Theodore Rousseau hasta Degas o Van Gogh coleccionaban apasionadamente estas estampas del ukiyo-e. La palabra ukiyo significaba «mundo flotante» en japonés, y el sufijo «e» equivale a «pintura». Estos grabados comenzaron a popularizarse en Japón durante el s.XIX y representaban escenas cotidianas tratadas informalmente.
Desde el punto de vista plástico, en estas estampas se utilizaban principalmente grandes masas planas de color, con una casi completa ausencia de sombras, una despreocupación por la perspectiva, encuadres asimétricos de las escenas y una gran capacidad de síntesis por parte de los artistas para plasmar los temas.
Por tanto, este arte japonés ahondaba en algunos de los elementos que sugería la influencia de la fotografía, ya que los maestros del ukiyo-e se deleitaban plasmando en sus trabajos los sutiles cambio atmosféricos y luminosos que detectaban por efecto del viento o de la lluvia, o los fugaces momentos de cambios de postura o gestos en los personajes.
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Retrato de Père Tenguy
Vincent Van Gogh (1887-88)
El fondo sobre el que aparece el personaje retratado está repleto de estampas japonesas.” href=”http://www.fcalzado.net/impresionismo/img/02/tanguy1.jpg” rel=lightbox>
Retrato de Père Tenguy
Vincent Van Gogh (1887-88)
Si bien esta influencia está presente en el enfoque general que los impresionistas daban a su trabajo, en algunas obras concretas se plasma más visiblemente esta influencia. Por ejemplo, la <A class=mostrar title="
Olimpia
Edouard Manet (1863)
La composición recuerda a la
Venus de Urbino de Tiziano. Igual que en
La merienda campestre, destaca el contraste de colores. La iluminación se basa en una potente luz frontal que ilumina al personaje principal y no admite sombras, de manera similar a la luz propia de las estampas japonesas, de moda en la época.” href=”http://www.fcalzado.net/impresionismo/img/01/olimpiamanet1.jpg” rel=lightbox>Olimpia de Manet está recostada sobre un mantón oriental, y en un <A class=mostrar title="
Retrato de Zola
Manet (1868)
La influencia de las estampas japonesas se deja ver en la figura casi sin modelado, y en el color aplicado de forma prácticamente plana. En la parte izquierda aparece un biombo con decoración oriental, y en la superior derecha hay una estampa japonesa, una fotografía de la Olimpia del mismo Manet, y un grabado del cuadro
Los borrachos, de Velázquez (’Pintor de pintores’, según Manet).” href=”http://www.fcalzado.net/impresionismo/img/02/manetzola1.jpg” rel=lightbox>
Retrato de Zola realizado por el mismo Manet en 1868 aparece colgada en la pared una estampa japonesa, lo mismo que hizo Van Gogh en un <A class=mostrar title="
Retrato de Père Tenguy
Vincent Van Gogh (1887-88)
El fondo sobre el que aparece el personaje retratado está repleto de estampas japonesas.” href=”http://www.fcalzado.net/impresionismo/img/02/tanguy1.jpg” rel=lightbox>retrato de
Père Tanguy, donde el fondo está cubierto de estas estampas. Monet llego incluso a tener, en su jardín de Giverny un <A class=mostrar title="
El puente japonés
Claude-Oscar Monet
En esta obra aparece el puente japonés que Monet tenía sobre el estanque de su jardín. Las sombras del camino están realizadas a base de pinceladas de un intenso color rosado que contrasta con el verde de la vegetación y hace vibrar todo el conjunto.” href=”http://www.fcalzado.net/impresionismo/img/03/puentejapones1.jpg” rel=lightbox>puente japonés sobre un estanque que pintó en varias obras. Edgar Degas aprovechó su estudio de los maestros japoneses para aprender a capturar la espontaneidad de los personajes en sus habituales estudios de las posturas y movimientos del cuerpo humano.
Cuadros
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Olimpia
Edouard Manet (1863)
La composición recuerda a la
Venus de Urbino de Tiziano. Igual que en
La merienda campestre, destaca el contraste de colores. La iluminación se basa en una potente luz frontal que ilumina al personaje principal y no admite sombras, de manera similar a la luz propia de las estampas japonesas, de moda en la época.” href=”http://www.fcalzado.net/impresionismo/img/01/olimpiamanet1.jpg” rel=lightbox[japon]>

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Retrato de Père Tenguy
Vincent Van Gogh (1887-88)
El fondo sobre el que aparece el personaje retratado está repleto de estampas japonesas.” href=”http://www.fcalzado.net/impresionismo/img/02/tanguy1.jpg” rel=lightbox[japon]>

El fondo sobre el que aparece el personaje retratado está repleto de estampas japonesas<A title="
Retrato de Zola
Manet (1868)
La influencia de las estampas japonesas se deja ver en la figura casi sin modelado, y en el color aplicado de forma prácticamente plana. En la parte izquierda aparece un biombo con decoración oriental, y en la superior derecha hay una estampa japonesa, una fotografía de la Olimpia del mismo Manet, y un grabado del cuadro
Los borrachos, de Velázquez (’Pintor de pintores’, según Manet).” href=”http://www.fcalzado.net/impresionismo/img/02/manetzola1.jpg” rel=lightbox[japon]>
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El puente japonés
Claude-Oscar Monet
En esta obra aparece el puente japonés que Monet tenía sobre el estanque de su jardín. Las sombras del camino están realizadas a base de pinceladas de un intenso color rosado que contrasta con el verde de la vegetación y hace vibrar todo el conjunto.” href=”http://www.fcalzado.net/impresionismo/img/03/puentejapones1.jpg” rel=lightbox[japon]>

En esta obra aparece el puente japonés que Monet tenía sobre el estanque de su jardín. Las sombras del camino están realizadas a base de pinceladas de un intenso color rosado que contrasta con el verde de la vegetación y hace vibrar todo el conjunto
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La influencia de la fotografía
Si hay una innovación tecnológica que ha influido en la pintura impresionista, esa es sin duda la fotografía. La captación fotográfica de imágenes reales progresó espectacularmente hacia la mitad del s.XIX, desde los experimentos de daguerrotipia en 1839, hasta las primeras cámaras portátiles (con el invento de George Eastman de la película flexible en 1884). Monet tuvo hasta cuatro cámaras, y Degas experimentó con una de las primeras cámaras portátiles de Kodak.
La fotografía permitía captar con total fidelidad las luces efímeras de los paisajes y el quehacer cotidiano de la gente. Pero la pintura de los impresionistas explotaba las cualidades del medio, como el color, que la fotografía de la época no podía igualar.
Al ofrecer diversas versiones de un mismo estímulo con apariencias distintas, la fotografía animó a los impresionistas a investigar sobre fenómenos perceptivos relacionados con el color, antes que a hacer estudios descriptivos de la realidad. Para los impresionistas la experiencia personal, y cómo se sentían sobre ella, era más importante que la propia realidad. (Pueden verse las series de Monet sobre la catedral de Ruán, o las de Pissarro sobre el bulevar de Montmartre).
La La en el circo Fernando
Edgar Degas (1879)
La fotografía estimuló a los impresionistas para elaborar audaces composiciones, como figuras en contrapicado, o escenas incompletas que ayudaban a crear el efecto de inmersión del espectador en la escena, dando la sensación de que el cuadro se extendía más allá de los límites del marco, dentro de la vida misma del espectador. Este recorte del encuadre dejando abierto e incompleto el primer plano se denomina «desbordamiento del primer plano», y era un recurso muy utilizado por
Degas.
Otro recurso compositivo de inspiración fotográfica era el desplazamiento del punto de interés del cuadro a alguno de los lados, en composiciones asimétricas que en ocasiones dejaban el centro de la obra vacío. A esto se le denomina «encuadre selectivo», y lo utilizaron en alguna ocasión todos los impresionistas.
En la obra de Degas que tenemos al lado aparecen algunas de las características señaladas. En primer lugar, lo primero que llama la atención es el audaz encuadre: un «contrapicado», en términos fotográficos. Raramente se había observado algo similar en pintura antes de los impresionistas.
En segundo lugar, la figura de la trapecista está confinada en una esquina del cuadro. Es un claro ejemplo de «encuadre selectivo»: el autor imprime asimetría deliberadamente a la obra para aumentar su carga expresiva.
Junio 2, 2008 | Por marceale | # Enlace permanente
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