Agosto 9, 2008 | Por mensajedefuego | Claves: biblias, comunion, cristianos, evangelicos, iglesias, proverbios, salomón | # Enlace permanente
“Para entender sabiduría y doctrina, para conocer razones prudentes”
Proverbios 1:2
La finalidad de los proverbios escritos por el rey Salomón, está descrita en los versículos que siguen al primero.
En este primer párrafo (el versículo 2) Salomón nos da una pista sobre su motivación:
Que quienes lean estos proverbios, alcancen un grado mínimo de comprensión sobre la sabiduría y la doctrina.
Una de las cosas que pretende es que el lector de estos escritos “conozca razones prudentes”, entre otras que leeremos en versículos posteriores.
No he sido yo quien ha divido en versículos y capítulos los antiguos escritos.
Sé que los textos leídos “de corrido” sin las interrupciones propias de estas divisiones no inspiradas nos dan una mayor claridad sobre el mensaje que se intentó dar en un primer momento.
Cierta vez, leí un nuevo testamento cuyos número de versículo se encontraban a lo largo del texto, sin cambiar de renglón (retorno de carro) en cada número de versículo, sino sólo cuando el texto original cambiaba de tema.
Fue enriquecedor olvidar por un momento esas divisiones que, de modo inconsciente, forman una idea de pequeños bloqueos a lo largo de un texto que jamás tuvo la intención de mostrarse interrumpido a mitad de una frase.
Es lógico leer con cierto orden, pero cuando ese orden se nos impone externamente, sin intenciones del autor, pueden existir errores interpretativos.
Muchas veces una exposición sobre determinado mensaje se suspende en un versículo determinado, cuando restan dos versículos para terminar un capítulo, y dos capítulos para terminar el libro o carta de donde ha salido el texto utilizado para ese mensaje.
Lo cual nos hace pensar que: 1) el mensaje está siendo manipulado para llevar a la audiencia a un punto determinado, o bien, 2) es importante evitar el resto del texto pues arruinaría el mensaje, el cual, con el texto completo, carecería de sentido.
La sabiduría sirve para pensar y para hacerlo tal como a Dios le gusta que pensemos.
Por lo tanto, en este “¿estudio?” pienso seguir utilizando el orden de los versículos por un motivo tan caprichoso como aquel por el cual existen, pero intentando guardar el contenido del mensaje de los precedentes y los próximos a ser presentados.
Tenemos libertad en Cristo para leer, comprender e interpretar los escritos que nos ha dejado el Señor.
Ahora bien, esta libertad puede ser utilizada con negligencia o necedad, en lugar de hacerlo con auténtica sabiduría, con lo cual, estaríamos utilizando la libertad que Dios nos ha dado para condenarnos en lugar de utilizarla para ayudar a otros a conocerla y compartirla.
Este segundo propósito es el que deseo llevar adelante.
Que Dios les bendiga.
Abril 16, 2008 | Por mensajedefuego | # Enlace permanente
¿Cómo es posible que el orgullo,
ponga su mano en el arado,
junto al pastor que descuidado
le dio lugar al lado suyo,
permitiendo que ese yuyo
acabe con lo que ha sembrado?
¿Cómo pensar que un hombre santo
llegue a jactarse de “su” obra,
desestimando que si cobra
en este mundo de quebranto
en el eterno no habrá tanto
pues habrá de tener sobras?
¿Cómo llegar al extremo
de confiar en su persona?
Lo he vivido, y no es broma,
desde que nací de nuevo,
¡ya no caigo en ese agujero
de serpiente que no asoma!
Mis ojos se han abierto,
me cansé de los oscuros,
entre encuentro, reunión, curso,
y un afán aventurero
me metí tanto de lleno
que olvidé si Dios me puso.
¡Ahora veo! Ya no hay vendas,
no hay mentiras, no hay contiendas,
no hay palabras endulzadas,
ni hay intérpretes de nieblas,
¡Dios conoce mis pisadas,
y al fin veo bien Su senda!
©2008 – Raimundo Baravaglio
| Por mensajedefuego | # Enlace permanente
Por la pereza del tiempo
el otoño estaba tibio,
ya que en el Chaco, el verano
es como dueño del sitio,
y a veces demora en irse
sin importarle el destino.
Por eso es que aquella tarde
cuando bajó a la estación
del lerdo tren que vino,
su cuerpito era una brasa
por nuestro clima encendido
y se quedó en el andén
como asustada y con frío,
por ser mucha juventud
pa’ terreno tan arisco.
A más, mujer, buena moza
y en pago desconocido.
Y allí se quedó parada
en vago mirar perdido
por querer disimular
su temor a estar tan sola
y sin saber el camino.
Pero al momento nomás,
las toscas manos de un gringo,
callosas de tanto arar
y de pelearlo al destino,
se acercaron bondadosas
y con ternura de niño,
le dieron la bienvenida
en nombre de la escuelita
que hace mucho la esperaba,
triste en medio del monte,
para alegrar a sus hijos.
Subieron al viejo carro
de aquel colono sufrido,
y comenzaron a andar
entre una nube de polvo
por el reseco camino.
Cuando llegaron al rancho
la noche ya había encendido
sus farolitos del cielo
y el canto arisco del grillo.
Y fue por eso, tal vez,
que entre las cuatro paredes
de aquel su humilde cuartito,
una angustiosa tristeza
entraba a clavar cuchillos
como queriendo matar
esa noble vocación
que en su pecho había nacido.
Pero le llegó la mañana,
y el sol con todo su brillo
desdibujó las tinieblas
que habían querido torcer
las huellas de su destino.
Y aunque llorando por dentro,
masticando soledad
en aquel lejano sitio,
puso firmeza en el paso
y fue a buscar el amor
de aquel puñado de niños
que hace mucho esperaban
en la escuelita de campo
clavada en Pampa del Indio.
Y desde entonces su vida
se hizo horcón de guayacán,
se hizo paredes de adobe,
se hizo terrón para el quincho.
Y armó con todos sus años
aquel rancho para el alma,
con un letrero invisible
que decía en letras de amor:
aquí hay saber y cariño.
Y fueron treinta los años.
Y fueron muchos los niños
que luego se hicieron hombres
y mandaron a sus hijos.
Ella no pudo tenerlos
porque la flor de su vida
se marchitó entre los montes
y nunca llegó el amor
a golpear en la ventana
de su rancho de cariño.
La escuela le había pedido
hasta ese sacrificio:
que se quedase soltera,
porque precisaba intacto
todo el amor que tuviera
para entregarlo a los chicos.
Y en eso de darlo todo,
un tibio día recibió
en una nota oficial,
algo que la estremeció:
después de mucho esperar
el Consejo le anunciaba
que había sido jubilada
en premio por su labor.
¿Era premio o era castigo? -
mil veces se preguntó.
“No se vaya señorita,
quédese a vivir aquí,
si nosotros la queremos,
¿por qué se tiene que ir?”.
Esas voces, y unas manos
que se agitaban sin ruido,
fueron únicos testigos
de aquella amarga partida.
Ella entraba en el olvido.
Allí dejaba sus años,
allí dejaba su vida.
La polvareda del sulky
y manitas color tierra,
fueron su único homenaje
en aquella despedida.
Adiós, señorita Rosa…
Adiós, maestra de campo…
En Usted a todas les canto,
los maestros de mi tierra.
No sé si mi estrofa encierra
y expresa lo que siento.
Pero tan sólo pretendo
oponer a tanto olvido
mi simple agradecimiento,
ya que la Patria les debe
el más grande y merecido
de todos los monumentos.
Autor: Don Luis Landriscina.
Humorista, Contador de cuentos y anécdotas.
Este texto fue rescatado del libro “De todo como en galpón” de editorial Imaginador. Libro que el autor dedicara (entre otros) a la ternura de sus padres adoptivos: Doña Margarita y Don Santiago.
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