| Por elioanibalkrank | # Enlace permanente
Como lo indica el encabezado, desde mayo hasta hoy una presentación tras otra, con nuevos brios y nuevos integrantes y bajo la conducción coreografica de Florencia, Meine Leute sigue su camino danzante por los caminos argentinos: Castex, Quemú, Winifreda, Mayer, Ingeniero Luiggi, Intendente Alvear, Bowen, Olavarría, Santa Anita…, gracias pòr acompañarnos!!!
Septiembre 20, 2010 | Por elioanibalkrank | # Enlace permanente
A pesar de los tironeos, idas y venidas de abril y mayo, estamos aquí, cumplimos 4 años y lo festejamos como se debe, con una gran cena aniversario!!!!
Muchas gracias a nuestros ilustres visitantes de

Sandra Ostertag en la fiesta
Villa General Belgrano, y a Sandra Ostertag.
Muchas gracias a todos los asistentes al evento!!!!
Enero 21, 2010 | Por elioanibalkrank | # Enlace permanente
El Atrio del Paraíso
Los Alemanes, tanto del Volga como del Mar Negro, habían decidido marcharse de Rusia, pero no tenían decidido hacia dónde. Soñaron primero con volver a la Tierra de los Padres, pero ese sueño se desvaneció muy pronto, entonces se dejaron tentar por la propaganda que ejercían los gobiernos americanos. Su suerte estaba echada y se embarcaron hacia rumbos desconocidos, y diferentes. Los que llegaron al Brasil tal vez comprendieron que no estaba allí la tierra que esperaban. Allí el calor los sofocó en un solo verano. Su desilusión se tradujo en primavera cuando Argentina les permitió la entrada.
Encontraron tierra fértil para cultivar sus ansias,
La Pampa toda los acogió en su seno
y en su seno vertieron su sangre.
Pero muy pocos en definitiva, llegaron a la Argentina. Recortes de todas las familias: hijos, sobrinos, abuelos y padres se quedaron aguardando. No todos estaban decididos a marcharse. No todos tenían cómo hacerlo.
La pobreza en que Rusia había sumergido a aquellas colonias era digna de pena, y con más pena muchos estaban condenados a morir en ella. Toda Rusia se regó con sangre de estos colonos. Hoy siento que toda esa sangre, desde el Bering hasta el Cáucaso, desde Siberia hasta la Europa misma, me reclama una protesta.
Y es mi protesta reconocerme pronto
y decirles pronto hacia dónde vamos.
Es mi propia sangre la que está dispersa,
la que ha regado mapas enteros:
tres continentes llevan ya mis huellas.
La vieja Europa, la de la partida,
la que no pudo con tanto embarazo.
La Rusia que los cobijó un tiempo,
y los mandó a la muerte en Asia, o al destierro.
Y el destierro luego, sobre tanta pampa
y sobre la llanura del Misisipi.
Hoy ya muchos de esto nada saben,
no conocen siquiera la historia,
no hablan la lengua de nuestros padres,
no queda más que, por ahí, sus genes:
ojos muy claros, cabellos rubios,
tal vez con apellido extraño,
mezclada la sangre con tanto inmigrante,
que ya es difícil reconocerlos.
¿A dónde vamos?, me he preguntado
y la respuesta fue muy sencilla,
a sumergirnos en otras patrias,
a diluirnos entre su presencia,
a dejar de nosotros sólo unos vocablos
que suenan extraños: nuestros apellidos,
que también el tiempo irá simplificando
y tanto hasta que toda presencia
se restrinja a libros de historia
que muy pocos seguramente lean,
a archivos que se irán quemando,
y a cementerios abandonados.
De sus aldeas pocas sobrevidas,
y en sus alrededores algunos paisanos,
los que se resistan y aguanten tanto
hasta quedar borrados en la historia.
Y tal vez me lean en unos cien años,
y se pregunten dónde han quedado
esas aldeas y quienes han sido,
esta gente que tanto ha luchado.
Son alemanes, siempre desterrados,
habitantes del mundo todo,
que en el alma llevan impreso
el mapa todo de todo lo germano.
Con genes fuertes, algo ya probado.
ELIO A KRANK.
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