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EL CARNAVAL: La alegría se mezcla con la tradición.


Llega Febrero y el paisaje urbano va tomando diferentes matices, aunque el espíritu tiene un denominador común: el baile, la música, la alegría, el regocijo. Los colores inundan las verdeas, las lentejuelas de los trajes destellan en las noches veraniegas, las serpentinas dibujan abstractos paisajes en un vuelo incierto por los aires, y la espuma o el agua cubre las caras de los feligreses que se olvidan por un rato de la rutina y se prestan para celebrar una de las  fiestas populares de mayor tradición de la humanidad: el carnaval.

Tan añejo es su origen que para saber de ellos es menester remontarnos a diversos momentos de la historia.  Algunos estudiosos reconocen los primeros carnavales en la antigua Sumeria, hace más de cinco mil años.  Otras teorías citan su génesis en los rituales paganos a Baco, el dios del vino; en los festines que se realizaban en honor al buey Apis en Egipto; o en las “saturnalias” romanas, en honor al dios Saturno.

Independientemente de cual fuera el primer lugar del mundo que lo vio nacer, el ritual se propagaría, como otros tantos aconteceres del mundo, a través del Imperio Romano por  toda Europa, siendo traído a América por navegantes españoles y portugueses en época de colonización y conquista a partir del siglo XV.

Con el correr del tiempo, el carnaval fue incorporado por los pueblos de tradición cristiana, precediendo a la cuaresma.  La etimología del  término proviene del latín medieval  carnelevarium (”quitar la carne”) refiriéndose a la prohibición religiosa de consumir carne durante los cuarenta días que dura la misma.

Mascara, típico disfraz del carnaval

Durante la época colonial, con los Reyes Católicos en el apogeo de su reinado, se adoptaría la costumbre de utilizar un disfraz para celebrarlo, por entonces los lugareños ocultaban su rostro en determinados días con el fin de realizar bromas en los lugares públicos.

La idea estuvo opacada durante un tiempo, ya que en 1523 el rey Carlos I dictó una ley prohibiendo los antifaces y enmascarados, que rigió hasta que el reinado de Felipe IV que se encargo de restaurar el esplendor de las máscaras.

A través de los años, el carnaval fue adoptando estilos diferentes según cada país. En América incorporó elementos aborígenes y hasta alcanzó ribetes místicos precolombinos.

En la actualidad esta expresión popular se celebra en distintas partes del mundo.  En muchos de ellos (como el Carnaval de Río de Janeiro en Brasil, el de Oruro en Bolivia, el de Venecia en Italia, o el de Gualeguaychú) implica un espectacular montaje de escenarios, despliegue de comparsas, convirtiéndose en un espectáculo que atrae a miles de turistas de otras latitudes para sentir, vibrar y disfrutar de una ceremonia llena de brillo, luz y sonido sin precedentes.

Pese a que se festeja en lugares diferentes del orbe, existe en todos los desfiles ciertas similitudes.  De esta forma es común la presencia de carrozas, comparsas formadas por grupos de bailarines vestidos con un mismo estilo que caracteriza a cada una de ellas, máscaras representando a distintos personajes reales o alegóricos, así como bailes de disfraces y diversión con cotillón, típico de esta fecha.

En algunos lugares se estila que las máscaras persigan a los paseantes con vejigas que se utilizan para asustar, dar golpes no demasiado fuertes, o hacer reír.

Es distintivo además el  uso de serpentinas, papel picado, espuma molesta, y hasta mojar con agua, en pomos, globos y recipientes.

Independiente del carácter religioso o pagano, condimentado de grandes comparsas o modestos transitar de “mascaritas”, con espuma o con agua, lo cierto es que el carnaval convida a la celebración en familia.  Al salir a las calles en el caer de la tarde para disfrutar con júbilo, para mover el cuerpo al compás de los tamboriles, contagiarse de música, color y alegría.  Una mezcla de historia y tradición.  Una interesante excusa  para alimentar al cuerpo de sentimientos agradables.

EFEMERIDES: UN DIA COMO HOY NACIA NIKOLA TESLA


Un 10 de Julio pero de 1856, nacia Nikola Tesla. Fue un físico, matemático, ingeniero eléctrico y célebre inventor que revolucionó la teoría eléctrica desarrollando las bases para la generación de corriente alterna.

En su honor por ejemplo la unidad de inducción del campo magnético del SI (Sistema Internacional de Unidades) refiere a su nombre: “tesla” (T).

Pero en Me Gusta Igual, vamos a recordarlo de otra forma, rectificando sus derechos sobre la base que sirvió de sustentos a uno de sus inventos más importantes en la vida social: La Radio.

Mucho antes de que Marconi, allá por 1901, lograra una comunicación de carácter telegráfico de lado a lado del océano Atlántico, Tesla había conseguido producir y detectar ondas de radio, aunque por un camino diferente.

En verdad lo que buscaba más que transmitir señales, transmitir energía eléctrica a larga distancia sin necesidad de usar conductores metálicos.

Lo consiguió generando a través de alternadores corrientes eléctricas alternas de muy alta frecuencia que eran aplicadas a una gran antena y a tierra con lo que se originaban ondas electromagnéticas que se transmitían a larga distancia y que eran captadas por otras s antenas unidas a tierra a través de circuitos resonantes.

Tesla hizo su primera demostración pública de radiocomunicación en San Luis (Missouri, USA), en 1893.

Pese a que sus aparatos contenían ya todos los elementos que fueron utilizados en los sistemas de radio hasta el desarrollo de los tubos de vacío. Y tener la patente (1897) d de algunos de los desarrollos clave en los comienzos de la historia de la radio, la Oficina de Patentes de Estados Unidos revocó su decisión en 1904 y adjudicó a Marconi una patente por la invención de la radio. Es probable que la decisión estuviera fuertemente marcada por las influencias de los patrocinadores financieros de Marconi (entre los que podemos destacar a Thomas Alva Edison y Andrew Carnegie).

No obstante en la década de los sesenta el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dictaminó que la patente relativa a la radio era legítimamente propiedad de Tesla, reconociéndolo de forma legal como inventor de ésta. Pero esto no trascendió a la opinión pública, que sigue considerando a Marconi como su inventor.

Por ello queremos revindicar a quien podemos considerar como el mayor científico y el mejor inventor de la historia, con un total de entre 700 y 1600 dispositivos, de los cuales la gran mayoría se desconocen.

EFEMERIDES: SE ESCRIBIO EL ULTIMO VERSO


“Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida “

Mario Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, una pequeña cuidad Uruguaya, ubicada en el departamento de Tacuarembó. En su juventud supo trabajar como administrativo en la Contaduría General de la Nación de Uruguay.

Aquellos años y la marcada burocracia de entonces, dejaron huellas, que luego se plasmaron en las páginas Poemas de la oficina y la novela La tregua (1960).

En esa época tuvo sus primeros “amoríos” con el periodismo. Fue parte de la redacción del ya extinto semanario Marcha. Publicación de análisis político y amplios espacios para la cultura.

Su primer libro vio la luz en 1949, bajo el nombre de Esta mañana, y un año más tarde aparecería Sólo mientras tanto, inclinado hacia la poesía. En 1953 se editó su primer novela, Quién de nosotros… .

Los vaivenes como administrativo lo llevaron a publicar Con Montevideanos (1959), un refrito de varios cuentos breves.

Aunque, sin dudas, La tregua le permitiría traspasar la frontera oriental. Año mas tarde aparecería Gracias por el fuego (1965), quien también seria traducida a varios idiomas.

La situación política de Uruguay (y de toda Sudamérica también) allá por la década del ´70, obligaron a Benedetti a exiliarse. La Dictadura se sostuvo hasta 1985, durante esos años el vivió en la Argentina, Perú, Cuba y España. En esos años publicó Pedro y el capitán (1979) y los poemas de Viento del exilio (1981).

En primavera con una esquina rota, publicado en 1989, aborda el amor desde la perspectiva de una familia con uno de sus miembros preso por razones políticas.

En los últimos diez años, debido al asma y por recomendación médica, alternaba su residencia entre España y Uruguay, tratando de evitar el frío, pero al agravarse su estado de salud permaneció en Montevideo.

El pasado domingo 17 su salud dijo basta, y su alma garabateo un último verso. Su muerte confirmó su máxima: es sólo un síntoma de que hubo vida.

(Foto Gentileza infobae.com)


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