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17 Octubre 2010 | Por nuwanda | # Enlace permanente
Hace unos días atrás el Senado de la Nación aprobaba la implementación del 82 por ciento móvil para las jubilaciones mínimas, 24 horas después la Presidenta Cristina Fernández vetaría en su totalidad la Ley 26.649.
A partir de entonces una catarata de cruces verbales ocupó el centro de la escena política. La capacidad financiera del estado para la implementación del aumento de la jubilación mínima derivo en acusaciones varias, desde la oposición al gobierno y en sentido contrario.
Que el vicepresidente es un “okupa”, que el veto es “una burla a la Constitución”, que la propuesta era un “una ley de quiebra”, se hablo de “locura y suicidio colectivo”. La retorica estuvo al orden del día, pero fueron nulas las voces que, tomando la prudente distancia, intentaron aplicar el razonamiento, en función de explicar las posibilidades concretas de implementación (o no) de dicha ley.
Para comprender desde el llano esta idea, debemos tomar las riendas de la historia y adentrarnos en el tiempo.
En la Edad Media el agricultor, de no hallar la muerte prematuramente, ideaba como viviría los últimos años de su vida, cuando sus energías amainaran. La clave consistía en tener muchos hijos, algunos de los cuales morirían a poco de nacer, orando para que algunos de los que sobrevivieran lo asistieran cuando llegara a viejo.
Con el tiempo aparecieron las mutuales, es decir, relaciones entre privados para solucionar un problema común. Hasta que en Alemania, alrededor de 1860, Otto Bismarck inauguró el sistema jubilatorio estatal.
En la Argentina la experiencia tuvo el mismo camino que la mayoría de las “innovaciones” importadas: primero funcionaron a favor de algunos sectores, siendo luego generalizada y por último “universalizada”. De esta forma los empleados públicos tienen sistema jubilatorio desde 1904, los ferroviarios desde 1915, los de los servicios públicos desde 1921, los bancarios desde 1923, los periodistas desde 1939, etc.
Fue Juan Domingo Perón, quien lo extendió a los asalariados del comercio y la industria. He aquí un detalle: la introducción de un régimen jubilatorio, como su extensión o universalización, al comienzo genera superávit, porque se le cobra a todos pero la gente se jubila con el correr del tiempo.
Pero desde fines de la década de 1950 el sistema dejó de ser superavitario. Fue precisamente en este contexto cuando se introdujo la ley 14.499, y el “82% móvil” (que en un lenguaje mas coloquial implica que el jubilado cobre 82% de lo que cobra el asalariado que lo reemplazó en su puesto de trabajo, cuando aquel se jubiló, la “movilidad” sugiere que si el salario del “activo” se modifica, el monto jubilatorio también lo haga).
Advertimos entonces (con una base matemática promedio) que si, en el mejor de los casos, la suma del aporte personal y la contribución patronal equivale a 27% del salario, se necesitan por lo menos 3 aportantes (denominados activos) por cada jubilado (denominado beneficiario, o pasivo).
Actualmente, consecuencia de la dinámica demográfica, la informalidad laboral (40% del mercado laboral es negro o paralelo) y el hecho de que varios gobiernos, incluido el actual, incorporaron al “club” de los jubilados a muchísimas personas que nunca aportaron pero igual cobran, hoy la Argentina tiene más de 6 millones de jubilados (en un país con alrededor de 40 millones de habitantes).
Calculando llegamos a que la relación entre aportantes (asalariados formales) y jubilados no debe ser hoy superior a 1,5. Entonces multiplicando 27% por 1,5 significa que la jubilación no tiene más remedio que equivaler a la mitad de lo que dispuso la ley 14.499.
Esto es una realidad más que tangible, lo difícil es que los políticos implementen este discurso. Promover que el 82% móvil se convierta en 41% móvil, sería morir en la hoguera no solo en manos de los jubilados y pensionados, sino también de la prensa y todo par político.
Otro dato estadístico, existe un solo país en el mundo que implemento el porcentaje en cuestión: Luxemburgo. ¿Como fue posible? Repasemos algunos detalles. Ubicado en del noroeste de Europa, el Gran Ducado de Luxemburgo cuenta con una población de casi medio millón de habitantes sobre un área de 2.586 kilómetros cuadrados. Es, además, uno de los centros comerciales y financieros más importantes que compite con Bélgica y Países Bajos. Como miembro de la Unión Europea, disfruta de las ventajas del mercado abierto europeo. Luxemburgo posee el más alto PIB per cápita del mundo, 80.000 dólares, en comparación Estados Unidos posee un PBI de 45.000 dólares.
Diferencias marcadas con nuestro territorio, que hacen económicamente viable un proceso que en estas latitudes se presume complejo.

Volviendo a nuestro país, otros datos permitirán advertir que en la Argentina 2010 la reforma presenta más escollos. Actualmente el salario mínimo es de $ 1.500 mensuales, lo cual implica que –según la iniciativa en consideración– la jubilación mínima debería ser de $ 1.230. Esto significa aumentar casi 40% a esta última.
Ahora bien, como consecuencia de los aumentos jubilatorios diferenciales, desde el abandono de la convertibilidad se produjo tal achatamiento en los beneficios jubilatorios que hoy más de 80% de los jubilados percibe la jubilación mínima. Esto quiere decir que, de aprobarse la iniciativa, más de 80% de los 6 millones de jubilados vería aumentado sus ingresos casi 40%.
En relación “seguridad social” es el mayor ítem de gasto, dentro del gasto público primario del Estado nacional. En 2009 las erogaciones para pagar jubilaciones y pensiones equivalieron a 40% del total del gasto primario.
Concluyendo la implementación del 82% móvil implicaría aumentar casi 40% lo que reciben por lo menos 80% de los jubilados, que hoy absorben 40% del gasto público primario del Estado nacional.
La situación, en definitiva, se torna compleja desde el lado estadístico. Seria atinado, por parte de los representantes del pueblo, que abandonen la jerga agresiva, las chicanas dialécticas, las especulaciones personales y la demagógica para dar pasó al razonamiento. A la explicación lisa y concreta de cómo hacer financieramente posible esta medida. Evitar ilusionar a nuestros abuelos con “torres de babel” y dar firmeza en las ideas. Debatir, oposición y gobierno, con argumentos sólidos, números reales, realidades equivalentes y en función del y para el pueblo.
No se trata de ser el más gritón de una mesa de café, sino de construir en el presente la Argentina del mañana.
22 Junio 2009 | Por nuwanda | # Enlace permanente
En Octubre de 2006 la Nación sancionó la Ley de Educación Sexual Integral, esto implica que un niño o una niña, desde el nivel inicial hasta su formación universitaria, pueda trabajar, debatir y analizar temas en relación a la sexualidad y el género. En Julio de 2008 el Consejo Federal de Educación, conformado por los 24 ministros de todo el país, aprobó los lineamientos curriculares para que a partir de este año debieran aplicar en la enseñaza tanto en instituciones públicas y privadas.
Lo cierto es que en la mayoría de las provincias los planes de capacitación aun están en “veremos”. Las distintas gestiones no han logrado superar la etapa de los diagnósticos, ofrecer alguna que otra charla o plan (algunas con más seriedad que otras) y pese a las declaraciones de funcionarios que explican que de “manera gradual y transversal” se implementaría la educación sexual en las escuelas, el resultado final viene a paso lento.
Uno de los motivos por el cual se rezagó la aplicación de una Ley tan importante, recae en las antinomias que generó desde su nacimiento. ¿De que entidad debe emerger la educación sexual? ¿La familia o la escuela?.
El arduo debate originado en torno a esta inquietud entre entes religiosos, estado, ámbitos educativos y sociedad derivó en vastas opiniones.
Lo cierto que la raíz de esta controversia germina en la “inmadurez” social en la que se habita.
Esta inmadurez mezclada con ignorancia e hipocresía es un combo difícil de desactivar y con consecuencias peligrosas.
En primer lugar es substancial diferenciar la educación sexual y la educación moral de una persona. Aunque parezcan en algún punto coexistir, estos preceptos pueden ser fácilmente disociados.
Otra de las variables a tener en cuenta es la realidad histórica en la que esta inmerso el mundo. La problemática del Sida, los abortos seguidos de muertes, los embarazos no deseados en edades cada vez más tempranas, son problemas de índole social que no pueden obviarse. Ésta, como cualquier otra dificultad, presentan solución, se erradica y se evita de una sola forma: con educación. En este rincón del planeta y en cualquier otro.
La inmadurez aludida en párrafos anteriores se suscita en la escasez de un discurso adulto de los responsables de actuar en consecuencia en este punto.
Debemos despojarnos, de una vez y para todas, de algunos tabúes prehistóricos aun reinantes y explayarnos de manera seria, profesional y coherente.
Como en la vida, podemos coexistir un par de años concibiendo que los truenos no son otra cosa más que “ruidos originados por San Pedro en su afán de correr los muebles celestiales de lugar” pero en algún momento de nuestro estar tenemos que dar lugar a la información concreta, a las descargas eléctricas, al choque de nubes saturadas con energía positiva y negativa, etc. Con esto no dejamos de creer, si es que lo hacíamos antes, en la existencia de un “edén”, simplemente incorporamos conceptos nuevos, maduramos, formulamos otros pensamientos. Así todo conseguimos continuar con nuestras convicciones.
Con el sexo sucede exactamente lo mismo. No es posible creer en la cigüeña o el repollo eternamente, algún día vislumbramos el funcionar de los aparatos reproductivos, aparecen nociones nuevas como esperma, ovulación, feto, etcétera. Aun así nada nos imposibilitará el asistir a misa cada domingo.
Igualmente como en la vida particular, los argentinos debemos prosperar en la sociedad. Madurar. Razonar, de una vez por todas, que explicarle a una joven que el preservativo es el único y más efectivo método de prevención de embarazos y enfermedades letales como el Sida, no tiene porque impedir que esa misma chica prosiga con una línea de pensamiento y optar con preservar su virginidad hasta el matrimonio o cuando lo deseara.
Es inexcusable tomar conciencia y comprender que el amor entre dos personas del mismo sexo no es ninguna enfermedad. Enfermo es aquel que abusa sexualmente de niños.
Educar no es mal formar. Exponerle a un niño gradualmente sobre el sexo no es estar conduciéndolo a una mala vida, muy por el contrario se lo esta previniendo de enfermedades que pueden terminar con ella.
Porque, en definitiva, una persona es libre de elegir que hacer con su existencia, lo que no se puede es negarle el derecho de información en el curso de su andar.
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Agradecemos la ilustracion de MAJOFA, viste su site: blogs.clarin.com/majofa/posts
24 Mayo 2009 | Por nuwanda | # Enlace permanente
Las secuelas que pueden dejar las próximas elecciones legislativas parecen perfilarse como la prueba de fuego para el kierchnerismo. Subsiste, en la “atmósfera social” una rara sensación de, conforme el resultado, la figura presidencial de Cristina Fernández pueda caer como una casa de naipes, o bien, resucitar un cimiento de poder que se insinúa desgastado.
Lo más sugestivo del asunto es que la peligrosa observación no fue manifestada por la oposición, sino que emergió de la misma Casa Rosada.
Encolumnado en una falso concepto de que la gobernalidad esta en jaque (con su génesis en el conflicto con el campo y las retenciones, pasando por el enfrentamiento con TN e incluyendo la visión de “amenaza” en una caricatura de Hermenegildo Sábat) se reprodujo, en todo acto publico que se presentase, un mensaje de cataclismo permanente.
Fue el mismo Néstor Kircher quien llevo el ilusorio axioma al punto más alto al declarar, semanas atrás, aquello de “Nosotros o el caos”. Surge entonces el interrogante ¿Cómo pretende el Gobierno evitar que se hable de inestabilidad política, si es de su propia esfera de donde salen dichos conceptos?
Debemos hacer hincapié en que, en el hipotético caso, el perder la mayoría legislativa no significaría quebrantar la gobernabilidad. Ahí cerca esta el ejemplo más claro: ¿No había una mayoría oficial cuando se rechazo la 225?
No seria tan embarazoso una inferioridad numérica, lo grave es la disminución de premisas en función a un discurso que se esta desdibujando. Lejas, prehistóricas casi, suenan las palabras de Cristina Fernández en su asunción. Aquello de convocar “a la concertación plural” no parece ser compatible al “ellos o nosotros”.
La predica de ejercitar la memoria para no repetir errores del pasado y evitar el accionar de la “vieja política” se trunca y pierde sentido ante la recurrencia a los históricos caudillos provinciales en post de ganar una elección.
Persiste en las esferas mas alta del gobierno una símil de paranoia que preocupa. En consecuencia se sospechan fantasmas inexistentes o se exponen mensajes que no condicen con el accionar.
Tampoco parece fácil interpretar el “fortalecer las instituciones” si se propone hacer de las elecciones parlamentarias de junio una especie de plebiscito de apoyo a la gestión de Cristina.
Cuando el doble discurso empieza a ganar terreno es difícil de limitar. Cuando el funcionar se distorsiona del decir, las ideas flaquean, pierden fortaleza. Es la confianza el motor principal de las relaciones humanas. Sin confianza no hay fe. Sin esperanzas tampoco hay futuro.
En resumen, seria interesante que se modifique el curso de algunas actitudes, un tanto desacertadas. Que se entienda que uno es esclavo de sus palabras y dueños de sus silencios. Los desafortunados ejemplos en desengaños políticos de manos de promesas falaces son, en nuestro país, abundantes.
De existir, en el círculo íntimo de la presidencia, una perspectiva de conformar un nuevo modelo de país, seria interesante que antes se comprenda que el utilizar discurso político ambiguo es un pésimo vestigio para consolidar la premisa.
Nuestros lectores dicen…