A VOS (SEGUNDA CARTA)

Alguna vez te escribí lo que sentía cuando me entere que estabas por llegar.  Las sensaciones que cruzaron mi vida.  Ya llevábamos tres años y poquito menos de un mes junto y la situación es algo diferente.

No te veo tan seguido, no compartimos el sueño.  A veces (las muy pocas por cierto) compartimos un llamado de teléfono, apenas.  Sé que vos no tenes nada que ver, que todo esto corre por mi cuenta.  Que la decisión de que este lejos de tu mama es puramente mía.  Lo asumo.  Que paso en el medio te preguntaras.  No tengo, ahora,  las palabras precisas para contártelo.  Tampoco sé porque recién ahora te estoy escribiendo esto.  También llevo un mes casi en esta situación.  Lo cierto es que me salió.  Estaba comiendo, solo, en el trabajo (otro trabajo diferente al que tenía en aquella otra carta) y me sentí solo.  Realmente solo.  Solo de vos sobretodo.  Se me vino tu voz a la mente, se me cerro el pecho, se me acabo el apetito y acudí a las palabras, como siempre.  A escribir como atajo para desterrar la tristeza en mí.

Pensaba, en aquella carta, la primera, como sería como papá.  Tenía ideado copiar bastante de tu abuelo y a su vez, tenía pensado ser bastante diferente a él en otros aspectos.  Pero la vida tiene sus idas y vueltas.  La vida no te deja prever, te seduce a improvisar.  En este tiempo que llevo con vos creo que todavía no soy el papá que quiero ser, soy el que me sale.  Y en momentos me sale bastante mal.

Soy como ciclotímico y caigo en errores que me jure toda la vida no cometer.  Te reto mucho, más de lo que quisiera.  Por boludeces, sos un  nene y parece como que no lo entiendo.  Quiero que seas más grande de lo que sos, y en realidad nunca me gustarías que crezcas.  Sobre todo ahora, que estas en la edad más linda.  Hablas mucho, aprendes cosas nuevas a mucha velocidad, me sorprendes mucho.  Me enseñas mucho también.  Hace unos días salimos juntos y tomamos taxi.  Yo iba distraído, pensando en pavadas.  Me pediste que te atara el cinturón y casi te digo que no me molestes.  Pero quédate tranquilo que no te lo dije, me frene a tiempo y te di un beso.  Te agradecí por cuidarme y cuidarte, por ser tan genio y ensañarme aun con tus tres años a ser mejor papá.  Chocamos los cincos y te llene a besos mientras ambos nos sujetábamos al asiento.  Como el “Agente Oso” me dijiste (un dibujito que ves seguido).

Te admiro mucho, me haces sentir extremadamente orgulloso debes saberlo.  Sos muy genio para tu corta edad.  Y eso hace que el nudo en la garganta que tengo ahora no salga, sino que se agigante en cada palabra.  Porque no sé si te estoy haciendo bien, no sé si es lo mejor que puedo hacer.  Me siento bastante egoísta, pero en el fondo en estos momentos estar con mamá sería mucho más egoísta, para ambos sobre todo.

Porque siento que no puedo hacerla feliz como se merece, no me sale, no sé.  Falle en algo y ese algo hace que estemos así.  Pero por otro lado siento, además, que es más noble esto, que no nos veas discutir, ni pelear.  Que el momento en que te compartimos sea especial para vos.  Que veas a tus papas darte amor y no verlos pelar por “cosas de grandes”, aunque sean pelotudeces en el mayor de los casos.

Necesitaba contarte que me pasa en la mente en estos días, en lo que me toca tenerte un poco más lejos.  Es difícil, de eso no debes tener ni la más mínima duda.  Es muy difícil tener que dejarte cada noche con el cuento de que vengo a trabajar.

Volviendo al tema de como soy con vos, necesito que sepas que cada día me levanto con el objetivo de compensar aquello que hago mal, como te decía antes, que no quiero ser ese papá que soy a veces, que quiero ser el otro en tiempo completo.  Intento ser un compañero más que un papá.  Es la parte que mejor me sale, creo bah! (eso deberías decirlo vos el día de mañana) pero es la que menos me cuesta, la que más natural me sale.  Quiero que sientas que me tenes ahí para lo que quieras, para lo que decidas, tenes mi “si” incondicional.  Te aconsejaré, seguramente, pero no te voy a detener,  no habrá paredes y barreras para vos.  Sos un tren, tenes que ir para adelante y yo seré los rieles de ese ferrocarril, seré la base para que te sientas firme, seguro y sin miedo a nada.  De ultima, si caemos, nos limpiamos un poco la tierra del pantalon y volvemos a comenzar, pero nunca te vas a quedar con la sensación horrible del “qué hubiera pasado si”.

La parte mala, esa que me hace retarte, a veces sin sentido, o la que me hace enojar cuando es lógico que estas aburrido y no tenes porque ser todo un Sir Ingles, la de la paciencia escasa, esa parte es la que intento mejorar.  No creas que me resigno a ser ese papá mal humorado.  No voy a dejar que suceda.  Te cuento esto porque soy bastante reservado, soy más bien de ocultar algunos sentimientos.  O más bien no soy de alardear sobre lo que hago.  Mal o bien, lo que hago lo hago en silencio.  Como la fábula de la cigarra y la hormiga, despacio siembro para cosechar luego.  Eso en “tiempos humanos” a veces parece lento, te hace ver como incapaz o que no le doy importancia.  Todo lo contrario, estoy dedicándole todo mi esmero, mi esfuerzo para modificarlo.  A la larga los resultados se verán (así con todo en mi vida en realidad, no voy a los tiempos del tipo común y la gente considera que no hago nada).

Como te decía en aquella carta, estoy seguro de que tendremos un vínculo casi perfecto.  Con aciertos y errores pero muy genuino, muy leal, muy nuestro, de eso estoy completamente seguro.  Vamos a llevarnos muy bien, eso se nota.  Vos tenes un corazón muy noble, muy bueno.  Por suerte, de mantenerse en el tiempo, adquiriste dos de las mejores virtudes de nosotros.  La templanza de tu mama, la calma aun en los momentos más complejos y el no rencor mío.  No te quedas con eso adentro.  Te enojas, a veces, pero es fugaz.  Fruncís el ceño pero al instante se te pasa.  Somos parecidos en eso, nos enojamos solo con quien lo merece.  Aborrecemos eso del rencor.  Ojala no pierdas nunca eso.  Es un gran atributo.

Para que te quedes tranquilo, a esta altura de la carta el nudo en mi garganta es casi imperceptible.  Me libera esto de escribirte, de contarte.  Es como exorcizar mi alma, de siempre escribir me hace bien.  Es mi psicólogo el lápiz y el papel.

Cerré aquella vez con una frase “Ojala cuando leas esto estés tan orgulloso de mi, como yo ya lo estoy de vos. Gracias matute, por cambiarme la vida” y lo sigo sosteniendo.  Sigo pensando igual.  Me haces sentir más que orgulloso campeón, y me cambiaste la vida de todas las formas posibles. Ojala logre que vos sienta lo mismo de mi algún día.


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