Una mujer solitaria

Cuando ella no puede estar segura
cuál de los dos amantes que era con quien sentía
este o aquél momento de placer, de algo ardiente
rayando desde la cabeza a los talones, la forma en que la llama
blanca de una cascada traza una montaña
visto desde un coche a través de un valle, el coche
cambiando la marcha, bordeando un precipicio,
escalando. . .
Cuando se pueda sentar o caminar unas horas después de una película
hablando con seriedad y con estallidos de risa
con amigos, sin preocuparse
de que es tarde, cenando a la medianoche, su tiempo
pasa sin notar el cambio. . .
Cuando la mitad de su cama está cubierta de libros
y nadie está despierto por la luz de la lectura
y desconecta el teléfono, para dormir hasta el mediodía. . .
Después
la autocompasión se agota, una alegría
intacta de culpa la levanta.
Tiene miedos, pero no de la soledad;
miedos acerca de cómo lidiar con el envejecimiento
de su cuerpo- de cómo tratar
con fotografías y el espejo. Se siente
mucho más joven y más hermosa
con las miradas. En su más feliz
-O incluso en medio de
algo menos de una hora alegre, sudando
pacientemente a través de una ola de calor en la ciudad
o escuchar los gorriones al amanecer, debidamente gris,
atonos, el sonido de la fatiga-
una especie de euforia sobria le hace creer
en su futuro como una anciana, una peregrina
cosida y bronceada,
los pequeños lujos de la mitad de la vida se fueron,
viendo ciudades y ríos, personas y montañas,
sin ser vista, no sombría ni triste,
una anciana tomadora, quién conoce
los viejos caminos, los pastos cultivados, y se ríe de ella misma. . .
Ella sabe que no puede ser:
la señora Doasyouwouldbedoneby de The Water Babies,
nadie puede caminar por el mundo,
un mundo de humo y decibeles.
Pero piensa que tal vez
podría llegar a ser firme y sabia, de alguna manera,
de todos modos. Ahora por lo menos
ella pasó el tiempo de luto,
ahora puede decir sin vergüenza o engaño,
Oh, bendita soledad.

(Denise Levertov – versión Hugo Zonáglez)

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A WOMAN ALONE

When she cannot be sure
which of two lovers it was with whom she felt
this or that moment of pleasure, of something fiery
streaking from head to heels, the way the white
flame of a cascade streaks a mountainside
seen from a car across a valley, the car
changing gear, skirting a precipice,
climbing . . .
When she can sit or walk for hours after a movie
talking earnestly and with bursts of laughter
with friends, without worrying
that it’s late, dinner at midnight, her time
spent without counting the change . . .
When half her bed is covered with books
and no one is kept awake by the reading light
and she disconnects the phone, to sleep till noon . . .
Then
self-pity dries up, a joy
untainted by guilt lifts her.
She has fears, but not about loneliness;
fears about how to deal with the aging
of her body—how to deal
with photographs and the mirror. She feels
so much younger and more beautiful
than the looks. At her happiest
—or even in the midst of
some less than joyful hour, sweating
patiently through a heatwave in the city
or hearing the sparrows at daybreak, dully gray,
toneless, the sound of fatigue—
a kind of sober euphoria makes her believe
in her future as an old woman, a wanderer
seamed and brown,
little luxuries of the middle of life all gone,
watching cities and rivers, people and mountains,
without being watched; not grim nor sad,
an old winedrinking woman, who knows
the old roads, grass-grown, and laughs to herself . . .
She knows it can’t be:
that’s Mrs. Doasyouwouldbedoneby from The Water Babies,
no one can walk the world any more,
a world of fumes and decibels.
But she thinks maybe
she could get to be tough and wise, some way,
anyway. Now at least
she is past the time of mourning,
now she can say without shame or deceit,
O blessed Solitude.

Tu perro muerto

Atropellado por una camioneta.
lo encontraste al lado de la calle
y lo enterraste.
te sentís mal por ello.
te sentís mal personalmente,
pero se sentís mal por tu hija
porque era su mascota,
y ella lo amaba.
ella solía cantarle
y lo dejaba dormir en su cama.
escribís un poema sobre esto.
lo titulás un poema para tu hija,
sobre el perro atropellado por una camioneta
y cómo te ocupaste de él,
lo llevaste dentro del bosque
y lo enterraste en lo más profundo, profundo,
y el poema resulta tan bueno
que estás casi contento porque el perrito
fuera atropellado, o de lo contrario nunca habrías
escrito ese buen poema.
entonces te sentás a escribir
un poema acerca de cómo escribir un poema
sobre la muerte de ese perro,
pero mientras estás escribiendo
escuchás gritar a una mujer
tu nombre, tu nombre de pila,
ambas sílabas,
y tu corazón se detiene.
después de un minuto, seguís escribiendo.
ella grita de nuevo.
te preguntás cuánto tiempo esto puede seguir.

(Tu perro muerto – Raymond Carver – versión Hugo Zonáglez)

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YOUR DOG DIES

It gets run over by a van.
you find it at the side of the road
and bury it.
you feel bad about it.
you feel bad personally,
but you feel bad for your daughter
because it was her pet,
and she loved it so.
she used to croon to it
and let it sleep in her bed.
you write a poem about it.
you call it a poem for your daughter,
about the dog getting run over by a van
and how you looked after it,
took it out into the woods
and buried it deep, deep,
and that poem turns out so good
you’re almost glad the little dog
was run over, or else you’d never
have written that good poem.
then you sit down to write
a poem about writing a poem
about the death of that dog,
but while you’re writing you
hear a woman scream
your name, your first name,
both syllables,
and your heart stops.
after a minute, you continue writing.
she screams again.
you wonder how long this can go on.