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Deportistas o no: el riesgo de las vitaminas sin control medico

Un joven se ejercita en u

Un joven se ejercita en un gimnasio (Foto: Julio Carlos)

Un gimnasio (Foto: Julio Carlos)

MARÍA VALERIO

MADRID.- El número de deportistas que consume algún tipo de suplemento vitamínico para mejorar su rendimiento o fortalecer su estado de salud no está claro y las cifras oscilan entre el 40% y el 88%, según encuestas realizadas en EEUU. Sin embargo, una nueva investigación británica señala que muchas de estas personas no conocen la verdadera utilidad de estas sustancias y pueden poner en riesgo su salud con esta práctica.

Investigadores de una universidad británica especializada en medicina deportiva, dirigidos por Andrea Petròczi, han analizado una encuesta a 874 deportistas de más de 30 modalidades diferentes (tanto profesionales como aficionados) llevada a cabo en el Reino Unido sobre el consumo de sustancias. Aunque tres quintas partes de los encuestados consumía algún tipo de suplemento, las razones que argumentaban para su uso no siempre coincidían con la indicación real de estos productos.

El trabajo, publicado en las páginas de la revista ‘Nutrition Journal’, advierte de que este hábito puede tener consecuencias inesperadas, ya que algunos de estos complementos no están exentos de riesgos si se toman de manera inapropiada. Sobre todo a medida que aumenta la tendencia a combinar varios de ellos simultáneamente.

Una idea en la que coincide el doctor Francisco Miguel Tobal, especialista de la Escuela de Medicina de la Educación Física y el Deporte de la Universidad Complutense de Madrid. “El problema es que muchas de estas personas toman esto por su cuenta y riesgo, a dosis mayores de lo recomendado, por un tiempo prolongado y sin ningún control médico o especializado”, advierte. “Cuando la realidad es que en el 95% de los casos, con una dieta adecuada, no serían necesarios”.

Una encuesta de su escuela entre 120 deportistas de gimnasios madrileños observó que el 46% de ellos ingería ayudas ergogénicas, es decir, “sustancias legales para mejorar el rendimiento y que, a las dosis adecuadas, no deberían provocar problemas. Fundamentalmente vitaminas y minerales”.

Conocer antes de consumir

Como recuerdan los investigadores del estudio, sería necesario aumentar la educación de los deportistas y de los profesionales que se encuentran en los centros deportivos para que conozcan el uso más adecuado de los complementos vitamínicos. De hecho, según recuerdan, algunos trabajos previos han demostrado que los atletas que mejor conocen estos productos menos los toman.

“A menudo se prescriben o recomiendan estas ayudas porque nadie se ha molestado en preguntarle al deportista qué es lo que come, cuál es su dieta”, incide por su parte el doctor Tobal.

De la encuesta británica también se desprende que muy pocos contaban con asesoramiento médico para llevar a cabo estos ‘tratamientos’; pese a que la mayoría alegaba razones de salud para justificar su uso. “Esta incongruencia es preocupante”, advierte Petròczi, “porque parece que los atletas consumen estos remedios sin conocer los beneficios que pueden aportarles, ni sus posibles riesgos. Es decir, sin un plan coherente”.

Vitaminas que no son inocuas

El trabajo examinó, entre otros productos, el hierro, cuyos suplementos no deben tomarse sin control médico porque pueden tener efectos adversos en personas con enfermedades renales e intestinales, úlcera péptica, enteritis, colitis, pancreatitis o hepatitis. O el ginseng, que según los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, puede reducir los niveles de glucosa en sangre y que “debe tomarse con precaución en pacientes con diabetes, hipoglucemia o que toman sustancias que afectan el azúcar en la sangre”.

Otro de los suplementos es la equinacea, que según indica el Centro Nacional de Medicina Natural y Complementaria de EEUU podría provocar reacciones alérgicas en algunas personas y empeorar algunos casos de asma. Finalmente, y además de la mencionada vitamina C, el trabajo habla del magnesio que a través de las fuentes naturales ayuda a mantener la función muscular y nerviosa, pero que en forma de suplementos puede producir diarrea y calambres abdominales.

“Porque una cosa es lo que los deportistas dicen que toman y otra, las cantidades que consumen”, señala Tobal, “y ya estamos empezando a detectar en las consultas casos de hipervitaminosis o de alteraciones digestivas provocadas por el exceso de vitamina C, por ejemplo”. Si el nivel máximo recomendado para esta vitamina es de 1,5 gramos al día, algunos deportistas toman hasta 2-5 gramos diarios, asegura Tobal, que alerta de otros problemas de insuficiencia renal, reacciones alérgicas, subidas del colesterol…

“La gente normal ha adoptado estos hábitos de los deportistas de élite sin ningún control, porque todo el mundo habla de las bondades de los suplementos, que se pueden adquirir fácilmente en farmacias o por internet, pero nadie menciona sus efectos tóxicos”.

Fuente: El Mundo.es

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Sin Remedio

Tome esta noticia de otro periódico Argentino (Pagina 12 ), lo interesante de esta muy buena noticia, es que si usted compra un microondas, la ley de defensa al consumidor obliga a que las instrucciones (cosas que nunca entiendo) , no tengan menos de 18 mm. , es decir, que no haya letra chica. Pero aun cuando los medicamentos para la propia industria son una mercancía, que cotizan incluso en bolsa, difícilmente uno alcance a leer lo que dice en esa letra tan chiquita, pero si lo alcanzan a leer, no importa mucho porque el lenguaje es absolutamente critico. El gobierno atento a semejante desatino ha puesto las barbas en remojo y les ha dado un plazo de 2 años (dos años ???? ) para cambiar el prospecto, y si quiere uno con letra mas grande, mejor compromese una plancha. Una disposición de la Anmat ordena a los laboratorios que producen medicamentos de venta libre colocar en los envases textos comprensibles con la función que cumple el remedio, el modo de aplicación y su duración. Da un plazo de dos años.

La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica dispuso una serie de normas que los laboratorios deberán cumplir en las inscripciones de los envases de medicamentos de venta libre. La resolución no es una formalidad: busca que de la lectura correcta se pueda interpretar fácilmente el uso que se le puede dar a cada remedio. Se acabó la costumbre de traducir al “como-venga” términos médicos como “analgésico”. Aunque incorporados al sistema coloquial, nadie tiene por qué estar obligado a saber de qué se trata y en qué consiste.

La disposición 753/2012 –publicada ayer en el Boletín Oficial con la firma del interventor de la Anmat, Otto Orsingher– regula que todos los envases de medicamentos deben estar escritos en idioma español, con una tipografía Arial de cuerpo 8 o mayor y detallar en forma clara el correcto modo de uso del remedio.

“La Anmat realizó un estudio acerca de la comprensión por parte del usuario de la información contenida en los prospectos, etiquetas y rótulos de los medicamentos de venta libre, donde se concluyó la dificultad de los usuarios para interpretarlos”, explicó Carlos Chiale, director del organismo.

La falta de comprensión “genera errores en la administración de los remedios”, agregó Chiale. Esta es “una herramienta válida para que los pacientes accedan y usen correctamente un medicamento de venta libre”. La medida destaca que se deberá detallar en forma precisa el modo de acceder y usar correctamente el medicamento; inducir al usuario a consultar al médico ante cualquier duda que genere el remedio; consignar nombre comercial o marca, nombre genérico, forma farmacéutica, lugar de elaboración y condición de venta.

Los prospectos, además de escritos en español, tendrán que incluir “pictogramas, iconos, colores diferentes y todos aquellos elementos de diseño que ayuden a un mejor entendimiento de la información”.

En la disposición se establece que para las especialidades medicinales actualmente comercializadas, “el laboratorio titular del registro tendrá un plazo de dos años para su adecuación a la nueva normativa”.

Uno de los ejemplos utilizados en la disposición señala que los laboratorios definen al medicamento como analgésico, poniendo en la obligación al público de entender el significado del término, en lugar de colocar la utilidad del remedio, en este caso “calma el dolor”.

También deberá indicarse qué personas no deben consumirlo, en el caso de que pueda provocar alergias, trastornos si se combina con otra droga o afectar a embarazadas o mujeres en período de lactancia.

Por último deberán sugerir la duración del tratamiento, dosis, modo de administración, preparación y conservación e incluir un número de teléfono 0800 para consultas.

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