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Oscarcito, Nardita y el asco

“Una ostra frita fue descubierta diciendo: `Soy buena para la salud porque soy buena yo´”. (Ambrose Bierce)

El nardo es una planta que crece en toda Centroamérica y particularmente en México. Tiene importancia como flor de corte para la venta, y también como productora de aceite esencial para la industria perfumista. Pero lo interesante es que sus flores (demasiado fúnebres para mi gusto) son hermafroditas, es decir que cada una tiene órganos sexuales masculinos y femeninos. Si la casa es la señora del caso, en este caso la regla genérica no se cumple. La narda no es la mujer del nardo, por la sencilla razón de que cada flor es ambas cosas.
Pero, cómo no, con la suerte que tenemos, nosotros los argentinos ligamos la única Narda que existe en el universo conocido.

Oscar Martínez es un actor competente, quién puede negarlo. Pero es de los que necesitan a grandes directores como Juan José Jusid o David Lipszyc para brillar. Además, no es físicamente el tipo de actor que yo elegiría, porque tiene un rostro blando, de líneas redondas, totalmente incompatible con el tipo de protagonistas ideales de mi próxima película. Su voz, para redondear el mal efecto, tiene una especie de chirrido más propio de una voz cascada y femenina, muy lejano del grave retumbar de un James Earl Jones o de la precisa modulación de un John Cusack. Pero no voy a hablar de eso hoy.

Y ahí se juntaron, y reconozco que la culpa es mía por haberme quedado mirando. En el canal de cocina Gourmet esta chica Narda Lepes (y ya dijimos que las nardas no existen, y dimos la explicación técnica) tiene un programa en el cual entra en la casa de una celebridad y cocina con él, o deja que él cocine, o algo por el estilo que es muy difícil desentrañar con éxito. Ha llegado incluso al extremo de mandar a su anfitrión a hacer algo en otra habitación para revisarle subrepticiamente los armarios y aparadores, en una actitud reñida con la ética digna de mejor causa. Además, no se le entiende lo que habla, y, para colmo de males, su actitud soberbia y de mal talante no ayuda a mejorar el efecto general. Por no hablar de su falta de estilo culinario, de los errores y marchas atrás, de los olvidos ni de las intragables propagandas de mayonesas.

La cuestión es que la tal Narda está en la casa de Oscarcito haciendo no sé qué plato (en el otro televisor tenía un capítulo de “Constructores de Túneles” abriendo el camino horizontal del Acueducto Nº 3 de Nueva York, una tarea más peligrosa que el desembarco de Normandía ya que si se equivocaban con los explosivos morían todos y la isla de Manhattan se iba a hundir de una manera que reíte de Bin Laden y el 11-S, y que por lo tanto absorbía toda mi atención) cuando la muchachita le hizo a Oscar una pregunta que, primero, no tenía ningún sentido, y, por otra parte, no venía al caso. La pregunta fue: “¿Qué cosas no te gustan?”.
Oscar Martínez, en un increíble ataque de clarividencia, respondió que sabía que muchos del público lo iban a maldecir, pero que lo que no le gustaban eran las ostras. Peor para tu señora, Oscar, pero bueno, vaya y pase. No te maldigo, pero de ahora en más te voy a mirar con conmiseración. No te gustan las ostras.
De inmediato, Nardita tomó el comando de la situación y, decidida a ofender y molestar a la mayor cantidad de televidentes posibles, comenzó a hablar de lo desagradable de comer ostras y caracoles, de las sensaciones de disgusto que provocaban en la boca, y terminó con una perla que quedará en los anales de las barrabasadas televisivas. Ya sé que no me lo van a creer, pero sí, esta frase la dijo una chica que se cree chef en un programa de televisión. Dijo: “(Las ostras y caracoles) son un asco”. Un azorado Martínez intentó poner paños fríos a la situación, diciendo algo así como que bueno, que a ellos les podían no gustar pero que no eran asco, mas el daño ya estaba hecho. El poco respeto que el espectador le tenía a Narda acababa de esfumarse en el limbo de las agresiones descolgadas y las insensateces seudoprofesionales.

Los que me conocen saben que trabajé en AYB en hotelería de 5 estrellas, particularmente en la cocina de restaurantes de 5 tenedores. Nunca, nunca en mi vida escuché decir a un chef, ni en público ni en privado, que tal plato o ingrediente fuera “un asco”. Porque decir que las ostras o caracoles son un asco implica que aquellos a los que nos gustan somos unos asquerosos. Si a ella no le gustan, o piensan que somos personas repugnantes, está muy bien, pero que se guarde su opinión cuando está en el aire. Ya sé que ahora va a salir a decir que no quiso decir eso, pero lo dijo y está grabado.

Las ostras no son un asco, Narda. Las ostras son un alimento que se viene consumiendo desde la mismísima prehistoria, extremadamente importante para los hombres porque contiene altos niveles de zinc, imprescindibles para la producción de testosterona (de ahí su fama de afrodisíaco masculino). Las ostras no son un asco porque constituyen una comida baja en calorías (una docena solo contiene 110 calorías o 460 kilojoules), y son ricas en vitamina A, hierro y calcio. No son un asco porque están llenas de aminoácidos esenciales, vitaminas del grupo B, vitamina E, Omega 3 y son, por consiguiente, un alimento beneficioso, completo y perfectamente equilibrado. Las ostras no contienen colesterol y, más bien al contrario, a menudo se las incluye en las dietas hipocolesterolémicas. Las ostras, Narda, no son un asco porque ayudan a bajar los triglicéridos, y porque son un alimento rico, sano y natural.

Los caracoles, amiga mía, tampoco son un asco. Existen pruebas arqueológicas de que desde el siglo XIX antes de Cristo los pescadores de la Edad del Bronce los consumían a gran escala. Plinio el Viejo tenía costumbre de visitar los criaderos romanos de caracoles comestibles (razonablemente llamados cochlearia), porque, como hemos descubierto hoy, él ya sabía que los caracoles bajan la acidez del estómago y por lo tanto son buenos para la gastritis y la úlcera. Los caracoles apenas poseen grasas saturadas, mientras que son ricos en vitaminas A, C y E, y contienen fósforo (bueno para el cerebro), altas concentraciones de calcio y también magnesio. Son bajos en calorías, ya que 100 gramos de caracoles aportan apenas 90 calorías. Los caracoles tampoco son un asco, ¿de acuerdo?

Entonces la pregunta se vuelve obvia: ¿Por qué una supuesta cocinera profesional les dice a sus televidentes —que obviamente no están obligados a tener los conocimientos de un divulgador científico profesional— que dos alimentos tan ricos y de alta calidad nutricional son un asco? ¿Porque a ella no le gusta su textura, su sabor o lo que sea? Es lo más antiprofesional que he escuchado. ¿Qué sigue? ¿Recomendarles a los niños obesos comer cantidades industriales de molleja? ¿JMAF a los diabéticos? ¿Parathion a los cancerosos? ¿Por qué despreciar y deningrar a dos grupos de animales que se cuentan entre lo más sanos que podemos ingerir los humanos? ¿Y POR QUÉ DECIRLO TAN AGRESIVAMENTE POR TELEVISIÓN? ¿La habrá abandonado un vendedor de ostras y se venga de esta manera vil? ¿Es mera ignorancia? No lo creo, porque esta mujer Narda pasa por ser una especialista en comida oriental, y ya sabemos que las ostras son esenciales, por ejemplo, en la cocina coreana, china, japonesa, vietnamita, thailandesa y de otras nacionalidades.
El caracol, por su parte, es muy usado en la comida española y francesa, y podría decirse que es un clásico de la cocina argentina (probablemente a través de la gallega).

Amables lectores: No crean lo que dijo Narda Lepes. Las ostras y caracoles son alimentos sanos y naturales, plenos de principios nutritivos importantes, de sabor y textura atrayentes, capaces de ser preparados de mil modos diferentes, y muchísimo menos dañinos que otros que estamos acostumbrados a comer. No le hagan caso.

Y vos, querida Narda… No te voy a pedir que sonrías en cámara porque sé que te cuesta mucho, pero al menos sí te rogaré que no brindes información falsa basada en tu falta de tacto y tu escaso gusto personal, especialmente en temas tan sensibles y delicados como la nutrición y alimentación del público que te sigue.
Como celebridad (¿?) culinaria argentina tenés una gran responsabilidad, ya que puede haber gente poco informada que crea todo lo que vos decís, y en el tema de la alimentación no deberías perder la línea como hiciste en el episodio que comento, y, sobre todo, no brindar datos falsos.
Y no, no estaría de más que te disculparas en tu programa.

Che, Dolli, poné orden. Luego te mando un mail para quejarme.

Si tienen ganas de hablar con la producción del programejo de marras, vayan a este formulario, Opción “Quiero comunicarme con la producción de los programas”, y en el combo de arriba seleccionen el programa “Narda, como en casa”. Dejen sus opiniones, que seguro a esta gente les van a interesar.


geads