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Carta desde el futuro

por Richard Heinberg.

¡Os saludo, gentes del año 2001! Están viviendo en el año en que nací; yo cuento ahora cien años, y les escribo desde el año 2101. Estoy haciendo uso de los últimos remanentes de la física avanzada que los científicos desarrollaron durante la era de ustedes, para enviarles este mensaje electrónico, que envío al pasado para que les llegue a sus redes informáticas. Espero que lo reciban, y que les proporcione motivos para detenerse y reflexionar sobre su mundo y las medidas a adoptar teniéndolo en cuenta.
De mí mismo sólo contaré lo que es necesario contar: soy un sobreviviente. He tenido una suerte extraordinaria en multitud de ocasiones y de muchas maneras, y considero que es una especie de milagro que pueda estar hoy aquí componiendo este mensaje. He pasado gran parte de mi vida intentando labrarme una carrera como historiador, pero las circunstancias de la vida me han obligado a aprender y practicar los oficios de agricultor, forrajeador, guerrillero, ingeniero, y ahora físico. Mi vida ha sido larga y azarosa … pero no he hecho todos estos esfuerzos para transmitiros esto. Son todos los acontecimientos que he presenciado durante este siglo lo que me siento obligado a contarles de esta forma tan extraordinaria.
Están ustedes viviendo el final de una era. Quizá no lo entiendan. Espero que cuando hayan terminado de leer esta misiva lo comprendan.
Quiero contarles lo que es importante que conozcan, aunque es posible que les parezca que alguna de esta información es difícil de digerir. Les ruego que tengan paciencia conmigo. Soy un hombre viejo, y no me queda tiempo para detalles amables. Si lo que les cuento les resulta increíble, considérenlo como ciencia ficción. Pero, por favor: presten atención. El artilugio comunicativo que estoy usando es bastante inestable y no hay mucha seguridad de cuánto de lo que les cuente consiga alcanzarles. Por favor: pasen esta información a los demás. Probablemente sea el único mensaje de este tipo que reciban jamás.
Como no sé cuánta información voy a poder transmitirles empezaré con los temas más importantes, los que sean de mayor utilidad para que puedanentender hacia dónde se dirige el mundo de ustedes…
La energía ha sido el principio organizador central —¿o debería decir desorganizador?— de los siglos XIX y XX. La gente descubrió nuevas fuentes de energía —carbón, y más tarde petróleo— en el siglo diecinueve, y luego inventó todo género de nuevas tecnologías para usar esta energía recién descubierta. El transporte, la manufactura, la agricultura, la iluminación, la calefacción, todos sufrieron una revolución, y los resultados alcanzaron hasta lo más profundo de las vidas de todos en el mundo civilizado. Todo el mundo se volvió profundamente dependiente de nuevos artilugios; de los alimentos traídos de lejos y fertilizados con productos químicos; de medicamentos elaborados mediante síntesis químicas y a partir de procesos industriales dependientes de combustibles fósiles; de la misma idea del crecimiento perpetuo (después de todo, siempre sería posible producir más energía para el transporte y las manufacturas, ¿no?). Pues bien, si los siglos XIX y XX representaron la parte ascendente de la curva de crecimiento, este siglo pasado ha sido la parte descendente, la caída en picado. Debería haber resultado perfectamente obvio para todo el mundo que las fuentes de energía con las que contaban eran agotables. Sin embargo, de algún modo, esta idea nunca penetró muy profundo. Supongo que es porque la gente tiende a acostumbrarse a un determinado estilo de vida, y a partir de ese momento ya no le presta demasiada consideración. Lo mismo pasa hoy también. La gente joven ahora nunca ha conocido ninguna cosa realmente diferente; nuestro estilo de vida les parece de lo más natural —escarbando entre los restos de la civilización industrial en busca de cualquier cosa que pueda tener una utilidad inmediata— como si fuera esta la forma en la que la gente hubiera vivido siempre, como si esta hubiera sido la forma a la que aspirábamos a vivir. Es por eso por lo que siempre me ha atraído la historia, de modo que pudiera obtener alguna perspectiva de las sociedades humanas y cómo cambian con el tiempo. Pero me estoy yendo por las ramas.
¿Dónde me había quedado…? Sí, la crisis de la energía. Bueno, todo comenzó más o menos en el momento en que nací. La gente entonces pensaba que iba a ser breve, que se trataba tan sólo de un problema técnico o político, que pronto todo volvería a la normalidad. No se paraban a pensar que “normal”, en un sentido histórico amplio, suponía vivir de la energía solar entrante y del crecimiento vegetativo de la biosfera. Perversamente, pensaban que “normal” significaba poder utilizar la energía fósil como si no existiera el mañana. Y supongo que casi dejó de existir ese mañana. Fue la clásica profecía autocumplida… casi.
Primeramente mucha gente pensó que los cortes podrían ser resueltos con “tecnología”. Lo cual, retrospectivamente, resulta bastante absurdo. Después de todo, todos sus modernos artefactos habían sido inventados para emplear una abundancia temporal de energía. No producían energía. Si, claro, estaban los reactores nucleares (¡Dios mío, esos aparatos resultaron ser una pesadilla!), pero costaban tanta energía para construirlos y desmantelarlos que apenas compensaban la energía que consumían con la que producían durante toda su vida útil. Lo mismo sucedía con los paneles fotovoltaicos; parece que nadie se detuvo nunca a calcular cuánta energía se necesitaba realmente para fabricarlos, empezando por los microchips de silicio. Resultó que la fabricación de los paneles consumía casi tanta energía como la que producían los propios paneles durante su vida útil. Sin embargo, se construyeron unos cuantos —¡ojalá se hubieran construido más!— y muchos de ellos aún funcionan (son los que ahora mismo están alimentando el sistema que me permite enviarles esta señal desde el futuro). La energía solar era una buena idea; el principal motivo de su retroceso simplemente fue que era incapaz de satisfacer la voracidad energética de los hábitos de la gente. Al agotarse los combustibles fósiles, ninguna tecnología podría haber mantenido los estilos de vida a los que la gente se había acostumbrado. Sin embargo, tardaron bastante en darse cuenta. Su patética fe en la tecnología resultó tener un carácter religioso, como si sus artefactos fueran objetos votivos que los conectaran con un dios invisible pero omnipotente, capaz de invertir las leyes de la termodinámica.
Naturalmente algunos de los primeros efectos de la disminución de la energía tomaron la apariencia de recesiones económicas, seguidas de depresiones sin fin. Los economistas habían estado operando sobre la base de su propia religión —una fe absoluta e inconmovible en el Dios Mercado— y en la ley de la oferta y la demanda. Pensaron que si el petróleo empezaba a acabarse, el precio subiría, ofreciendo incentivos a la investigación de energías alternativas. Pero los economistas nunca se tomaron la molestia de reflexionar a fondo. Si lo hubieran hecho, se habrían dado cuenta de que la reconversión total de la infraestructura energética de una sociedad necesitaría décadas, mientras que pudiera ser que la señal que el precio emitía por la disminución de la energía tardara tan sólo unas semanas o meses antes de que se necesitara el hipotético reemplazo. Más aún, deberían haberse dado cuenta de que para los recursos energéticos de base no existen reemplazos.
Los economistas sólo sabían pensar en términos de dinero: las necesidades básicas como el agua y la energía sólo aparecían en sus cálculos en términos de su costo monetario, lo que hacía que funcionalmente fueran intercambiables por cualquier otra cosa a la que se pudiera poner un precio: naranjas, aviones, diamantes, cartas de póker, cualquier cosa. No obstante, si se analiza a fondo, se ve que los recursos básicos en absoluto eran intercambiables con otros: una vez se acababa el agua, no podías beber cartas de póker, por muy valiosa que fuera tu colección. Tampoco podías comer monedas si nadie tenía alimentos que vender. Y así, a partir de un determinado momento, la gente empezó a perder la fe en su dinero. Y a medida que lo iban haciendo, se dio cuenta de que la fe había sido el primer factor que hacía que el dinero tuviera algún valor. Las monedas fueron colapsando, primero en un país, luego en otro. Hubo inflación, deflación, trueques y pillaje a escalas inimaginables, a medida que iban acabándose las cosas.
En la era en que nací, los comentaristas solían equiparar la economía global con un casino. Unas pocas personas obteniendo trillones de dólares, euros y yens a través del comercio de divisas, compañías y operaciones a futuro. Ninguna de estas personas hacía realmente nada útil; simplemente realizaba sus apuestas y, en numerosas ocasiones, obtenía ganancias colosales. Si seguías la cadena económica, podías ver que todo el dinero salía de los bolsillos de la gente común… pero esa es otra historia. De todos modos: toda esa actividad económica dependía de la energía, del transporte y las comunicaciones a escala global, y de la fe en las monedas. A principios del siglo veintiuno el casino quebró. Gradualmente empezó a funcionar una nueva metáfora. Del casino global pasamos a la feria municipal.
Disponiendo de año en año de menos energía, y con monedas inestables lastrando las transacciones, la fabricación y el transporte redujeron su escala. Daba igual lo poco que Nike pagara a sus obreros en Indonesia: una vez que el transporte marítimo alcanzó niveles prohibitivos, los beneficios de la globalización de sus operaciones se desvanecieron. Sólo que Nike no podía simplemente empezar a reconstruir sus fábricas en los Estados Unidos, porque llevaban cerradas décadas. Lo mismo sucedió con todos los demás fabricantes de productos textiles, electrónicos, etc. Toda la infraestructura de fabricación local había sido destruida en aras de la globalización, para producir bienes más baratos y beneficios empresariales mayores. Y ahora reconstruir aquella infraestructura requeriría una ingente inversión financiera y energética, justo cuando el dinero y la energía empezaban a escasear.
Las tiendas estaban vacías. La gente no tenía empleo. ¿Cómo iban a sobrevivir? La única forma de hacerlo era reciclando sin cesar todas las cosas usadas que habían sido fabricadas antes de la crisis de la energía. Al principio, después de los shocks iniciales, que vinieron en forma de oleadas, la gente vendía sus cosas en subastas por internet (cuando había electricidad). Luego, cuando resultó evidente que la falta de un transporte eficiente hacía problemático el aprovisionamiento de bienes, la gente empezó a comerciar con cosas, arreglándolas, usándolas en la medida de lo posible para salir adelante. La cruel ironía era que la mayoría de sus cosas consistían en coches y artefactos electrónicos, que ya nadie podía usar. ¡Eran inútiles! Cualquiera que tuviera herramientas manuales y supiera usarlas podía considerarse rico. Y así sigue siendo.
La civilización industrial ciertamente había producido muchísimas cosas inútiles durante su breve existencia. Durante los últimos cincuenta o sesenta años, la gente ha empezado a desenterrar cualquier montaña artificial que encontrara, en busca de algo que resultara tener alguna utilidad. ¡Qué montones de basura más horribles! Con todos los respetos, siempre me ha costado entender por qué —e incluso cómo— ustedes podían tomar billiones de toneladas de valiosísimos y antiquísimos recursos básicos y convertirlos en montañas de basura maloliente, sin que apenas mediara un período de empleo útil entre ambos. ¿No podrían al menos haber fabricado objetos duraderos y bien diseñados? Debo decir que la calidad de las herramientas, muebles, casas, etc. que hemos heredado de ustedes —y que nos vemos obligados a utilizar, dado que pocos de nosotros podemos permitirnos el lujo de reemplazarlos— es desmoralizadoramente escasa.
Bueno, pido disculpas por estos últimos comentarios. No pretendo ser grosero. En realidad algunas de las herramientas manuales que han quedado son bastante buenas. Pero tienen que entenderme: el estilo industrial de vida al que ustedes se han acostumbrado va a tener terroríficas consecuencias para sus hijos y sus nietos. Vagamente consigo recordar haber visto —cuando era muy joven y tenía quizá cinco o seis años— algunos viejos programas de televisión de la década de 1950: Ozzie and Harriet, Father knows best, Lassie… Retrataban un mundo ingenuo, en el que los niños crecían en pequeñas comunidades rodeados de amigos y familiares. Los adultos, que eran amables y sabios, conseguían resolver con facilidad todos los problemas. Todo parecía estable y benigno.
Cuando yo nací, ese mundo, si es que alguna vez existió, ya había desaparecido hacía tiempo. En los tiempos en que ya tuve edad suficiente para enterarme de mucho de lo que pasaba por todo el mundo, la sociedad parecía empezar a reventar por sus costuras. Empezó con los apagones eléctricos, que al principio era de unas pocas horas. Luego llegó la escasez del gas natural. No sólo fue que pasábamos frío la mayor parte del invierno, sino que además lo de los apagones empeoró dramáticamente porque gran parte de la electricidad se producía a partir de gas natural. Y luego vino la escasez de petróleo y nafta. Llegado ese momento (supongo que sería un adolescente por entonces) la economía estaba hecha jirones y reinaba el caos político.
Cuando estaba saliendo de la adolescencia empezó a desarrollarse una determinada actitud, fácil de identificar, entre la gente joven. Era un sentimiento de gran rabia hacia cualquiera que tuviera más de una determinada edad, tal vez treinta o cuarenta años. Los adultos habían consumido tantos recursos que ahora no quedaba nada para sus propios hijos. Naturalmente, cuando esos adultos habían sido jóvenes se habían limitado a hacer lo que hacía todo el mundo. Les parecía normal talar bosques centenarios para obtener pulpa con la que fabricar guías telefónicas, o consumir hasta el último litro de gasolina para sus derrochadores todoterrenos, o enchufar el aire acondicionado a poco que tuvieran un poco de calor. Para los niños de mi generación todo esto no ocupa más que una nebulosa en su memoria. Lo que nosotros hemos conocido es otra cosa. Nosotros hemos vivido en la oscuridad, con carestía de alimentos y de agua, con saqueos en las calles, con gente pidiendo limosna en las esquinas, con unos fenómenos meteorológicos imprevisibles, con contaminación y basura que ya no pueden ser recogidos y ocultados a la vista. Para nosotros, los adultos eran el enemigo.
En algunos lugares, las guerras entre generaciones siguieron, bajo la forma de resentimientos encubiertos. En otros hubo ataques aleatorios a gente mayor. En otros, existieron purgas sistemáticas. Me avergüenza reconocer que, aunque no ataqué físicamente a gente mayor, sí participé cuando se les insultaba y avergonzaba públicamente. Esa pobre gente —alguna aún bastante joven, vista desde mi edad actual— se sentían tan confundidos y traicionados como nosotros mismos. Ahora sí puedo ponerme en su lugar. Intenten hacer lo mismo: traten de recordar la última vez en que fueron a una tienda a comprar algo y la tienda no lo tenía (este pequeño ejercicio mental constituye realmente un desafío para mí, pues hace décadas que no piso realmente una “tienda” que tenga mucho de nada, pero estoy intentando expresarlo en términos que ustedes puedan entender). ¿Se sintieron frustrados? ¿Se enfadaron pensando: “He recorrido un camino tan largo para esto, y ahora tengo que cruzar la ciudad para ir a otra tienda para conseguirlo”? Bueno, multipliquen esta frustración y esta rabia por cien o por mil. La gente pasaba a diario por estos trances, para cualquier objeto que necesitaran consumir, cualquier servicio, cualquier necesidad burocrática a la que se hubieran acostumbrado. Más aún, esos adultos habían perdido la mayoría de sus pertenencias al reventar la economía. Y ahora pandillas de jovencitos les robaban lo poco que les quedaba, insultándoles al hacerlo. Debió de ser una experiencia devastadora para ellos. Insoportable.
Ahora que yo mismo soy un anciano, me siento más tolerante hacia la gente. Todos estamos intentando sobrevivir, haciendolo lo mejor que podemos.
Supongo que sentirán ustedes curiosidad acerca de lo que ha pasado durante este último siglo, política, guerras, revoluciones, etc. Bueno, les cuento lo que sé, pero hay muchas cosas que desconozco. Durante los últimos sesenta años no hemos tenido nada parecido a una red global de comunicaciones, tal como existía antes. Hay amplias partes del mundo de las que no sé prácticamente nada.
Como podrán imaginar, cuando la escasez de recursos energéticos golpeó a los Estados Unidos y la economía empezó a caer en picado (es curioso que aún use esa expresión: sólo los más viejos entre nosotros, como yo mismo, han visto nunca caer en picado un avión o ni siquiera volar), la gente empezó a enojarse y a buscar a alguien a quién echar las culpas. Naturalmente, el gobierno no quiso ser el culpable, de modo que los bastardos que estaban en el poder (lo siento, sigo sin tener ninguna simpatía hacia ellos) hicieron lo que los líderes políticos siempre han hecho: crearon a un enemigo exterior. Enviaron barcos de guerra, bombarderos, misiles y tanques al otro lado del océano con propósitos de lo más siniestros. A la gente le decían que lo hacían para proteger su “Estilo de Vida Americano”. Bueno, no existía nada sobre la tierra que pudiera conseguirlo. ¡Era el “Estilo de Vida Americano” lo que constituía el problema!
Los generales consiguieron matar unos pocos millones de personas. De hecho pueden haber sido decenas o cientos de millones; los informativos nunca fueron muy claros al respecto, ya que estaban censurados por los militares. Había protestas contra la guerra en las calles, y persecuciones de gente que protestaba contra la guerra: a algunos de ellos los detuvieron y los metieron en campos de concentración. El gobierno se volvió totalmente fascista en sus métodos hacia el final. Existían levantamientos locales, que eran sofocados brutalmente. Pero no sirvió de nada. Las guerras agotaron los escasos recursos que quedaban, y después de cinco años terribles, el gobierno central simplemente se fue a pique. Se le acabó el combustible, por así decirlo.
Hablando de acontecimientos políticos, vale la pena mencionar que en los primeros años de los recortes, las filosofías políticas existentes tenían pocas cosas que ofrecer que realmente fueran útiles. La derecha se dedicaba totalmente a proteger a los ricos de ser avergonzados en público, y a desviar todo el sufrimiento hacia la gente pobre y los chivos expiatorios extranjeros: árabes, norcoreanos, etc., mientras que la izquierda estaba tan acostumbrada a combatir las pequeñas mezquindades empresariales que no era capaz de darse cuenta del hecho de que los problemas a los que se enfrentaba ahora la sociedad no podían ser resueltos mediante la redistribución económica. Personalmente, y como historiador, tiendo a tener más simpatía por la izquierda, porque pienso que la acumulación de riqueza que se estaba produciendo era simplemente obscena. Sospecho que gran parte de sufrimiento podría haberse evitado si toda esa riqueza se hubiera repartido desde el principio: se podría pensar que una vez se les parara el carro a todas las grandes corporaciones y los plutócratas billionarios aligeraran lastre, todo iba a ir bien. Pues bueno, no había manera de que todo fuera a ir bien. Era imposible.
De modo que aquí tenían estas dos facciones políticas combatiéndose a muerte, culpándose mutuamente, mientras todos a su alrededor se morían de hambre o se volvían locos. Lo que la gente realmente necesitaba era un poco de información básica y consejos de sentido común, alguien que le dijera la verdad (que su estilo de vida se estaba acabando) y que le ofreciera unas pocas estrategias de supervivencia colectiva inteligentes.
Mucho de lo que ha sucedido durante el siglo pasado es lo que cabía esperar de acuerdo con las previsiones de sus científicos: hemos visto cambios climáticos dramáticos, extinción de especies y terribles epidemias, tal como los ecologistas del final del siglo anterior habían advertido. No pienso que esto sea motivo de satisfacción para los descendientes de esos ecologistas. Conseguir decir “se los dije” es un consuelo bastante lamentable en esta situación. Los tigres y las ballenas han desaparecido, y probablemente decenas de miles de otras especies; pero nuestra falta de comunicaciones globales fiables hace que sea difícil que alguien sepa qué especies y dónde. Para mí, las aves canoras son un recuerdo grato pero lejano. Supongo que mis colegas en China y en África tendrán largas listas. El cambio climático ha sido un problema real para el cultivo de alimentos, e incluso simplemente para sobrevivir. Nunca sabes de un año para otro qué bandadas de insectos conocidos o desconocidos van a aparecer. Es mucho peor que un desastre; es una amenaza a la vida. Y este es solo uno de los factores que han llevado a la dramática reducción de la población humana en este último siglo.
Mucha gente lo llama La Gran Extinción. Otros lo llaman “La Gran Poda”, “La Purificación”, o “La Gran Limpieza”. Algunos términos son más amables que otros, pero en realidad no hay formas amables de describir los actuales acontecimientos, las guerras, epidemias y hambrunas.
Los alimentos y el agua han constituído importantes factores en todo esto. El agua potable lleva décadas de escasez. Una de las formas de hacer que la gente joven se enoje conmigo es contarles historias de cómo en los viejos tiempos la gente usaba millones de millones de litros de agua para sus céspedes. Cuando les describo cómo funcionaban los retretes, simplemente no lo pueden creer. Algunos piensan que soy un mentiroso. En estos días el agua es un asunto serio. Si la desperdicias, puede que muera alguien.
Hace ya décadas que la gente empezó —por pura necesidad— a aprender a cultivar su propia comida. No todo el mundo tuvo éxito, y hubo mucha hambre. Una de las cosas más frustrantes era la falta de buenas semillas. Muy poca gente entendía algo de ahorrar las semillas de una campaña para otra, de modo que los stocks de semillas existentes se agotaron rápidamente. También existía el gran problema de las modernas variedades híbridas: pocas de las hortalizas de invernadero plantadas producirían buenas semillas para el año siguiente. Las plantas de diseño genético eran incluso peores, causando todo tipo de problemas ecológicos cuyas consecuencias aún seguimos padeciendo, en especial la muerte de abejas y otros insectos beneficiosos. Las semillas de alimentos bien polinizados son como oro en polvo para nosotros.
He viajado a pie y a caballo cuando era más joven, en la década de los cincuenta y los sesenta, y preparamos algunos informes para el mundo exterior. Desde lo que yo he visto y oído, parece que gente de diferentes sitios lo ha conseguido por vías diferentes, y con diversos grados de éxito. Irónicamente, quizá, las etnias indígenas que más se han visto perseguidas por la civilización probablemente sean las que lo estén haciendo mejor. Aún conservaban gran cantidad de conocimientos de cómo vivir en el campo. En algunos sitios, la gente está conviviendo en comunidades rurales improvisadas; otros están intentando sobrevivir en lo que queda de los grandes centros urbanos, rompiendo el hormigón y cultivando lo que pueden al tiempo que reciclan y comercian toda la vieja basura que quedó atrás cuando la gente huyó de las ciudades en los años veinte. Como historiador, una de mis mayores frustraciones es la rápida desaparición del conocimiento. Ustedes tenían la manía de meter la información más importante en medios de almacenamiento electrónico y papel ácido que se está desintegrando rápidamente. Para la mayor parte tenemos fotografías, con imágenes que se van desvaneciendo, algunos libros al azar y revistas destrozadas.
Algunos de nuestros jóvenes miran los anuncios en las viejas revistas y tratan de imaginar cómo habrá sido la vida en un mundo de aviones, electricidad y coches deportivos. ¡Debe de haber sido Utopía, el paraíso! Otros de nosotros no tenemos una visión tan optimista del pasado. Supongo que es parte de mi trabajo como historiador: recordar a todo el mundo que las imágenes de los anuncios eran sólo una cara de la historia; la otra eran la galopante explotación de la naturaleza y de la gente y la ceguera ante las consecuencias, las cuales condujeron a los horrores del siglo pasado.
Ustedes seguramente se asombrarán de que les traiga alguna buena noticia, algo positivo acerca del futuro de su mundo. Bueno, como pasa con la mayoría de las cosas, depende de la perspectiva que adopten. Muchos de los supervivientes aprendieron valiosas lecciones. Aprendieron qué es importante en esta vida y qué no. Aprendieron a atesorar buen suelo, semillas viables, agua limpia, aire sin contaminar, y amigos con los que poder contar. Aprendieron la importancia de hacerse cargo de la propia vida, antes que esperar que se haga cargo cualquier gobierno o empresa. Ahora ya no existen “empleos”, de modo que el tiempo de la gente depende de sí misma. Ahora piensan más por sí solos. En parte como resultado de esto, las viejas religiones han sido dejadas de lado en gran medida, y la gente ha redescubierto la espiritualidad en la naturaleza y en sus comunidades locales. Los niños hoy están ansiosos por aprender y crear su propia cultura. Los traumas del colapso de la civilización industrial son cosa del pasado; eso ahora es historia. Ha comenzado un nuevo día.
¿Podéis cambiar el futuro? No lo sé. Hay todo tipo de contradicciones lógicas inherentes a esa pregunta. Yo mismo apenas acierto a comprender los principios de la física que me están permitiendo transmitirles esta señal. Es posible que a partir de la lectura de esta carta puedan hacer algo que cambie mi mundo. Es posible que puedan salvar un bosque o una especie, o conserven alguna vieja reliquia en forma de semilla, o que contribuyan a prepararse ustedes y el resto de la población para los recortes de energía que les esperan. Mi vida podría cambiar como resultado de ello. Habríamos establecido algún tipo de bucle cósmico entre el pasado y el futuro. Es una cuestión muy interesante, digna de reflexión.
Hablando de la física, quizá debería mencionar que he llegado a aceptar una visión de la historia basada en lo que he leído sobre la teoría del caos. Según dicha teoría, en los sistemas caóticos los pequeños cambios en las condiciones iniciales pueden llevar a grandes cambios en los resultados. Es que la sociedad y la historia del hombre son sistemas caóticos. Si bien lo que la mayoría de la gente hace está determinado por circunstancias materiales, sigue habiendo un margen de maniobra, y lo que hagan puede producir una diferencia significativa en la tendencia descendente. Retrospectivamente parece que la supervivencia humana en el siglo veintiuno dependía de una multiplicidad de pequeños esfuerzos, aparentemente insignificantes, realizados por individuos y grupos marginales en el siglo veinte. El movimiento antinuclear, el movimiento conservacionista, el movimiento en contra de la biotecnología, los movimientos en favor de los alimentos y la agricultura orgánicos, los movimientos de resistencia de los pueblos indígenas, las pequeñas organizaciones dedicadas a la cosecha de semillas… todos ellos han tenido un profundo y positivo impacto sobre los acontecimientos posteriores.
Supongo, hablando en términos lógicos, que si ustedes fueran a cambiar la red de causalidades que ha llevado a mi existencia actual, es posible que algunos acontecimientos pudieran impedir mi presencia aquí. En tal caso, esta carta constituiría la nota de suicidio más extraña de toda la historia…
Pero es un riesgo que estoy dispuesto a correr. ¡Hagan lo que puedan! Y mientras están en ello ¡por favor, trátense con respeto y amabilidad! ¡No dejen de tener en cuenta a nadie, ni a nada!

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/


geads

El fin de un asesino


“Una mañana como esta, lluviosa y destemplada, de 1956, comenzaron a llegar niños afectados de parálisis infantil, o mejor dicho, poliomielitis anterior aguda o Enfermedad de Heine-Médin. ¡Qué terrible! ¡Cuánto sufrimiento! Cada tres o cuatro años aparecía la epidemia. La del ‘43 fue
tremenda, y la del ‘56 peor todavía. ¡Había pulmotores hasta en los pasillos de la sala! El ruido de esos cilindros presurizados era ensordecedor y era trágico ver a los pobres niñitos metidos en esos armatostes. Los padres y los médicos, desesperados porque era poco lo que se podía hacer”.
Marily Contreras: El gato del campanario – El “Niños” ayer, hoy y siempre

Nadie de los que tenemos más de 40 años olvidaremos el terror que campeaba por las calles en los ‘60. La polio atacaba en nuestros barrios, en cada escuela había un chico inválido, en cada calle una familia destrozada.
Luego de tanta muerte, miedo y graves secuelas, se nos anuncia que la polio, la temible enfermedad de Heine-Médin, será erradicada por fin de nuestro planeta antes del fin del año en curso.
La pesadilla terminará, pues, después de haber sembrado la muerte y la incapacidad entre los hombres durante más de 5.700 años.

Se puede demostrar que la polio era una enfermedad temida y temible ya para los egipcios de la época predinástica. Un esqueleto del siglo XXXVII a.C. (700 años anterior, por tanto, a la unificación del mítico faraón Menes, fundador de la I Dinastía) presenta las deformidades típicas de la poliomielitis. Una estela egipcia de 1300 a.C. muestra a un joven funcionario con una pierna totalmente atrofiada, en una lesión también característica de esta enfermedad.
Es común la afirmación de que, como la peste o la viruela, ninguna civilización ni período humanos han estado libres del horror de la polio… hasta hoy.

Las epidemias de poliomielitis (todas modernas) arreciaron hasta fines de los años ‘50 y principios de los ‘60, y fueron verdaderamente masivas. Sin embargo, la efectividad de la enfermedad para causar la muerte o la parálisis es baja. Solo el 1% de los pacientes infectados morían o quedaban discapacitados, lo que no impidió que 35.000 niños norteamericanos terminaran dentro de un pulmotor en la epidemia de 1953, que haya en la actualidad 600.000 personas con secuelas físicas, o que el número total de víctimas a nivel mundial alcance hoy a varias decenas de millones de individuos.
Marily Contreras, en su extraordinario libro sobre la historia del Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez” (una cita de este libro abre el presente Zapping – Ed. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2002), pinta un tenebroso cuadro de la polio entre los niños porteños, en medio del caos social e institucional en que quedó sumida la Argentina en 1955, tras el derrocamiento del Gral. Perón: los terribles tratamientos que se aplicaban pondrían los pelos de punta al sádico más encallecido. Puntas de fuego, corrientes eléctricas a través de los músculos atrofiados y baños de agua hirviente con vinagre eran los remedios propuestos para derrotar al asesino. Y todo es aún más terrible si pensamos en la edad de los pacientes. Dice Contreras: “La edad de los enfermitos oscilaba entre 1 y 14 años. Según las estadísticas del hospital, el mayor número de afectados se situaba entre los 2 y los 5 años”.
Muchas de las víctimas sólo fueron capaces de sobrevivir, transitoriamente o de por vida, luego de la invención del pulmotor por Philip Drinker y Louis Shaw en 1928, y su puesta en producción industrial en 1931, pero la triste suerte de esos pequeños pacientes condenados a pasar su vida entera dentro del gigantesco tanque que los hacía respirar se parecía mucho a una muerte en vida.
Era imprescindible encontrar y comenzar a producir una vacuna efectiva.

La polio es una infección viral aguda producida por tres cepas de un retrovirus llamado poliovirus, de la familia de los picornavirus. La primera de ellas se llama Tipo I o Brunilda, por haber sido aislada de la médula espinal de un chimpancé de ese nombre, inoculado experimentalmente con virus obtenidos de siete pacientes humanos en Baltimore en 1939. El Tipo II se conoce como Lansing, por haberse encontrado en el cerebro y la médula de un hombre joven que murió de polio en 1938 en la ciudad de Langsing, Michigan. La cepa Tipo III se denomina León, que era el nombre de pila de un niño de 11 años que murió de polio en Los Angeles en 1937. Esta última cepa se descubrió en su sistema nervioso central.
Si bien el método de transmisión de la enfermedad no está muy claro, parece propagarse a través del contacto bucal con la saliva, heces u otros fluidos corporales de una persona infectada, pero se ha propuesto también un mecanismo de contagio aéreo a distancia. Como veremos, no es éste el único misterio de la polio que no nos ha sido del todo revelado. El virus ingresa, pues, por la boca, atraviesa la membrana intestinal, llega al torrente sanguíneo y de allí se dirige a su blanco favorito, el sistema nervioso central, donde sus efectos pueden ser devastadores.
La polio se produce de tres formas diferentes: bulbar, bulboespinal y espinal. También tiene tres grados de destructividad: de tipo abortado, de tipo no paralítico y de tipo paralítico.
Si bien su rango predilecto de edades oscila entre los 6 meses y los 15 años, también los adultos podían contagiarse, como en el célebre caso del presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt. A pesar de su afinidad con los niños, los ataca con mucha menos ferocidad que a los adultos: raro era el caso de un hombre o una mujer de más de 18 años que sobreviviera a la poliomielitis. En los niños, la polio cursaba con menos síntomas cuanto más pequeño fuese el enfermo: en los bebés era prácticamente asintomática, y en las edades superiores presentaba una sintomatología inespecífica, fácil de confundir al principio con una gripe fuerte o cualquier otra enfermedad. Fiebre, síntomas respiratorios altos, malestar gastrointestinal, dificultad para tragar, diarrea; en suma, podía ser cualquier cosa. Sin embargo, el síntoma clave aparecía pronto: si era polio, llegaría la parálisis sin falta de sensibilidad. En el 90% de los casos infantiles, la enfermedad pasaba en unas pocas semanas, dejando al paciente inmunizado de por vida. En esos casos afortunados, solo cabía rezar para que no le dejara, también, su “regalo”: la discapacidad motriz permanente. Los chicos de menos de 10 años generalmente tenían suerte.

Para leer el artículo completo, click aquí.

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/


geads

770 muertos

Las notas me pertenecen.

¿Han observado que ciertos medios ya ni mencionan a la Gripe A, a pesar de que el número de casos y la cantidad de muertos crecen en forma cada vez más descontrolada? Aunque suene increíble, los únicos tres diarios que se han ocupado de tema son La Prensa, La Nación e InfoBAE.
Y, de entre todos, el mejor comentario proviene de la RedHum, el sitio web de información humanitaria para América Latina y el Caribe, que pasamos a transcribir (el subrayado es nuestro):

El balance de víctimas de gripe porcina se duplicó en Argentina en 15 días al llegar a 337 (1) muertos, con casi 700.000 infectados en el país desde que se declaró la pandemia, informaron este miércoles las autoridades sanitarias.
Las autoridades argentinas estiman que más de 700.000 personas han sido contagiadas por el virus, que representa más del 90% de los casos de gripe en el país y habría desplazado de esta forma a la variante estacional.
Argentina se mantiene como la segunda nación más castigada por la pandemia, según el número de muertes, detrás de Estados Unidos, con 353 fallecidos al 31 de julio, en tanto que México está tercero con 146 fallecimientos, medidos al 4 de agosto.
“Tenemos confirmados por gripe A (H1N1) a 337 muertos. Tenemos otro número similar, de unos 400 casos (de fallecidos cuya causa está) en tendencia de confirmación “ (2), dijo el Viceministro de Salud argentino, Máximo Diosque.
Argentina tuvo “desde el inicio de la pandemia 762.711 casos declarados de síndrome gripal. Sabemos que un 93% de esos casos son (de la cepa) A (H1N1)”, precisó Diosque, al señalar que el virus generado en abril en México desplazó casi totalmente a los de otros síndromes gripales.
En Uruguay, los muertos ascendieron a 25, mientras que en Bolivia, también limítrofe con Argentina, el número de víctimas mortales se eleva a doce, con más de 1.000 casos reportados.
Hasta la semana pasada Chile contabilizaba 87 fallecimientos vinculados al virus H1N1.
Argentina entró en agosto en la normalización casi total de actividades, al regresar a clases unos nueve millones de estudiantes de todos los niveles, tras un receso ampliado del invierno austral.
Emilio Santabaya, ex director del Instituto Malbrán de investigaciones epidemiológicas, opinó este miércoles que el país “está en el pico máximo de la influenza A (H1N1)”.
Sin embargo, el viceministro Diosque dijo que se ha registrado “un descenso de casos graves” y precisó que para hacer una evaluación definitiva hay que esperar hasta enero de 2010.
Consultado a fines de julio por la AFP sobre si la gripe porcina suplantaría los virus estacionales, Daniel Lévy-Bruhl, epidemiólogo del Instituto francés de Veille Sanitaire, explicó que la experiencia muestra que cuando un virus pandémico se instala “a priori toma el lugar de los virus preexistentes”.
La OMS precisa no obstante que los datos que publica están muy por debajo de la realidad, dado que los países más afectados ya no realizan análisis y estadísticas sistemáticas de todos los enfermos. La organización sige recabando las cifras de casos mortales.
Según la OMS, la gripe estacional provoca de tres a cinco millones de casos por año en el mundo y provoca entre 250.000 y 500.000 muertes anuales.

Lo cual nos lleva a hacer algunas reflexiones.
Primer dato: las muertes argentinas se duplican cada quince días, y la práctica totalidad de los infectados tiene o ha tenido gripe A H1N1 y no la tan cacareada gripe estacional. Sabido todo esto, nos encontramos con que el Viceministro de Salud confirma a un medio extranjero que no tenemos los 338 muertos que se declaran, sino más de 700, y que hay o hubo cerca de un millón de infectados.
RedHum manifiesta claramente, además, la forma mortífera en que la Argentina está exportando la enfermedad a los países vecinos.
Pero lo más patético son las contradicciones: Diosque, Viceministro, afirma que “ha habido un descenso de casos graves” y que hay que esperar cinco meses para ver qué pasa. Hermano, hacé las cuentas, nada más. Duplicá los casos cada 15 días durante cinco meses, y vas a ver cuántos muertos te da. Setecientos mil muertos, da. En Vietnam murieron 56.000 soldados norteamericanos. Mientras él dice esta barbaridad, uno de los infectólogos más reconocidos del mundo, Santabaya, a quien echaron justamente por no callarse la verdad científica, dice correctamente que la Argentina está en el medio del pico de la epidemia, no que los casos bajan.
Por otra parte, un experto francés indica con precisión que el H1N1 elimina y reemplaza a las cepas estacionales, así que el gobierno no debería intentar minimizar esta catástrofe sanitaria diciendo que no debemos preocuparnos, porque al fin y al cabo la estacional mata medio millón de personas al año.
Esta va a hacer lo mismo, funcionarios, ya que elimina y reemplaza a las cepas estacionales.

Pero es mucho más contagiosa que ellas, y puede vivir en muchas especies esperando, agazapada, mutando, preparándose para matar.

¿Alguien me podría explicar por qué, en esta situación de desastre, la Argentina ha implementado una “normalización casi total de actividades, al regresar a clases unos nueve millones de estudiantes de todos los niveles, tras un receso ampliado del invierno austral” cuando todo, TODO, TODA ACTIVIDAD DE CUALQUIER TIPO que involucre contacto interpersonal debería continuar suspendida?

NOTA:

1: A las 15:57 de ayer los muertos ya ascendían a 368.

2: En realidad, 402 casos no confirmados (pero que igualmente son de gripe H1N1, puesto que el virus estacional ya ha sido aniquilado en estado salvaje), de ahí el total del título de este post.

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/


geads

270 muertos

Agosto 4, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Lo que yo me pregunto es lo siguiente: ¿cómo es posible que estemos segundos en cantidad de muertos a nivel mundial? Si los Estados Unidos tienen 43.771 enfermos y nosotros apenas 5.619, ¿cómo puede ser que tengamos 270 muertos y ellos solamente 384? ¿No deberían tener muchos más, o nosotros menos? Acá hay solo dos posibilidades: o el gobierno norteamericano tiene muchos muertos más de los que reconoce, o el nuestro miente descaradamente en cuanto a la cantidad de infectados. La Wikipedia estima cifras no oficiales de infecciones del orden de los 105.000. ¿Por qué, entonces, Salud dice que son solo 5.619? ¿Qué ganan con ventilar datos que no son ciertos ni de lejos?
Para colmo, han decidido reabrir las clases. Los niños volverán, de este modo, a estar en contacto con el virus. Escuchen esta pieza de oratoria, porque hay alguno que se está jugando la cabeza:

“No hay razones para que retengan a los hijos en casa”, dijo anoche a Clarín el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, como mensaje hacia los padres. Hoy, vuelven a las aulas más de nueve millones de alumnos de 21 provincias, incluida la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, y la apuesta fuerte de las autoridades es extremar las medidas de higiene para evitar un eventual nuevo pico de contagios por el virus de la Gripe A.
“Si hubiera algún tipo de rebrote se tomarán las decisiones que se deban tomar”, agregó Sileoni a este diario. Y agregó que “por ahora no hay razones para pensar en ese sentido. No tengamos miedo. Las provincias han tomado las medidas que hacen falta para tener una vuelta a clases ordenada”.

Dios lo oiga. Ojalá que no se equivoque. Sin embargo, y ya que es tan seguro en sus afirmaciones, nos gustaría que nos informara cuáles son esas misteriosas “medidas que se deban tomar” si la pandemia sigue avanzando. Porque es fácil decir “yo voy a hacer algo” cuando ese algo no se hizo cuando se debía y la consecuencia son 270 muertos evitables que acusan al gobierno desde sus sepulcros.
Para completar la ordalía opti-mística, miren esta otra perlita de la ciencia y la divulgación:

En la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires en las últimas semanas bajaron las consultas en hospitales, pero no se sabe con certeza cómo se comportará el virus de aquí en más. No obstante, el infectólogo Daniel Stamboulian arrojó ayer un pronóstico alentador. En una entrevista con el diario El País, de Montevideo (donde disertará sobre la pandemia), dijo que la segunda ola de la Gripe A en Sudamérica recién se dará el próximo invierno. Y agregó: “La segunda ola vendrá, como ocurrió con la epidemia mundial de gripe española en 1918-1919, el año que viene, no este”.

Obsérvense las obvias diferencias entre el discurso del periodista de Clarín, moderado y objetivo, y el de Stamboulian, eufórico y falto de asidero científico alguno. El primero dice correctamente que “no se sabe con certeza cómo se comportará el virus”. Stamboulian, en cambio, asimila quién sabe por qué motivo a esta nueva cepa con la de la Gripe Española, sin tomar en cuenta los 90 años de distancia, en los cuales el virus puede haber desarrollado capacidades nuevas que en verdad nadie conoce. ¿Cómo sabe Stamboulian que el virus tendrá la gentileza de comportarse igual que el de 1918? Y, aunque así fuera, ¿por qué evita cuidadosamente señalar que en esos dos años mató a más de 150 millones de personas? ¿Es una ventaja que el virus moderno se comporte como el de aquella época? Yo preferiría que se condujera distinto, les aseguro. ¿Por qué cuernos está tan contento el infectólogo, sumido —como todos nosotros— en una catástrofe sanitaria que amenaza con convertirse en una tragedia inolvidable como fue la de la Primera Guerra Mundial a la que él añora con tanta nostalgia?

Por último, les recomiendo que lean este post del personal de la salud, donde se demuestra mediante estudios científicos que el Tamiflu y similares son ineficaces contra la gripe estacional y que su efectividad contra la gripe A se desconoce.

El panorama es sombrío, señores funcionarios. ¿Para qué diantres juntaron de nuevo a 9 millones de niños y jóvenes?
Ruego al Dios de mis mayores que tengan razón ustedes, y que no siga muriendo gente por culpa de sus errores.

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/


geads

219 muertos

Julio 27, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Sí, ya son 219 muertos.

El director de Epidemiología del Ministerio de Salud bonaerense, Mario Masana Wilson, alertó hoy sobre una nueva ola de Gripe A en la provincia de Buenos Aires a comienzos de agosto debido a la ola de frío polar, y pidió a los ciudadanos que no cesen en las medidas de prevención.
“Esta ola de frío polar suma para que ocurra un posible pico de gripe A, porque las personas van a estar en lugares cerrados, donde estén protegidos del frío que hay en la calle, y se cambie bruscamente de un ambiente frío a otro muy caliente, produciendo una debilidad en las defensas corporales”, señaló el especialista.
En declaraciones a Radio Provincia, Masana Wilson agregó que “el cambio brusco de temperaturas modifica la temperatura corporal y, en la parte respiratoria, se favorece para que se multipliquen las bacterias y los virus”.
Y agregó: “Pensamos que el segundo pico puede ser a principios de agosto, pero esta enfermedad es un poco indescifrable, es producida por un virus nuevo como el N1H1 que está dando una magnitud de casos sorprendente en todo el mundo”.
Por eso, el funcionario insistió en continuar con las medidas de prevención como lavarse las manos varias veces al día y toser cubriéndose la boca con la parte interna del codo.

Pavada de tecnología sanitaria… Toser en el codo…
Pero el “funcionario” (¿no son funcionarios los que funcionan?) pudorosamente “olvida” manifestar que ya llevamos 219 muertos, apenitas por detrás de los Estados Unidos, que la epidemia cuesta a la economía argentina 95 millones de pesos (25 millones y medio de dólares por mes) y que todo esto podría haberse evitado.
¿Qué tiene que pasar para que nuestro bienamado gobierno tome alguna medida coherente?
Esto ya es una catástrofe sanitaria, y los medios se siguen callando.

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/


geads

144 muertos

Julio 15, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Argentina acaba de pasar a México en cantidad de muertos de gripe. Somos ya el segundo país del mundo en letalidad.
¿Por qué tuvo que morir tanta gente? ¿Por qué no se puede decir la verdad en caso de epidemia? ¿Por qué, siendo que el pico de la gripe A ni siquiera nos ha alcanzado todavía, el Director Provincial de Epidemiología de la Provincia de Buenos Aires, Mario Masana Wilson, dice que “ya pasó”?
Han muerto 94 personas que posiblemente no debían haber muerto. La supuesta “baja en las consultas” que manifiestan los funcionarios claramente se debe a que los pacientes han tomado conciencia y se quedan en sus casas a hacer el tratamiento, no a que el virus haya mágicamente decidido desaparecer. Dicho sea de paso, el 85% de los virus existentes en este momento corresponden a la cepa A variante H1N1.
Si, como los médicos (y el Ministro de Salud de la Nación) han afirmado, existen nada menos que 105.000 infectados, y la tasa de letalidad del virus es del 0,23%, entonces no tenemos 144 muertos sino 242. ¿O el virus es dos veces menos letal aquí que en otros países?
Por favor, señores funcionarios. Procedan con seriedad, sean veraces y tomemos el toro por las astas antes de que esta pandemia nos ponga en situación de desastre.

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Una pequeña duda

Julio 11, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

“Si hay algo que me enferma es no poder estar seguros de que estamos vacunando contra la cepa de gripe correcta”.

Sin palabras.

“El virus se expandió a partir de las comunidades escolares del Área Metropolitana Buenos Aires, duplicando aproximadamente los casos confirmados cada semana, una velocidad similar a la que registraría el Reino Unido un mes después.
Existen varios factores que colaboraron para la difusión del virus. Uno de los colaboradores centrales fueron las bajas temperaturas que se registraron en ese momento, en la segunda mitad del otoño austral, que impulsó a la población en general y a los escolares en particular, a quedarse en lugares cerrados, favoreciendo así la transmisión de la enfermedad. El segundo factor a destacar es la gran aglomeración urbana que constituye el AMBA, con más de 13 millones de habitantes. En tercer lugar, Buenos Aires es un punto de concentración de población de todo el país, tanto por actuar como hub de la mayor parte de los vuelos nacionales y regionales, como por ser la principal conexión hacia el exterior y ser sede de las autoridades nacionales y las principales empresas”.

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/


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¡Pongan un botón en sus blogs!

Julio 6, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/

Amigos:
Vista la catástrofe sanitaria en curso, y considerando que el gobierno no hace nada al respecto, creo conveniente que tomemos sobre nosotros el peso de la difusión de este asunto, principalmente en lo que respecta a evitar los contactos sociales que no sean completamente imprescindibles, por ejemplo la barbaridad de que se sigan jugando los partidos de fútbol, que sigan abiertos los boliches y restaurantes (imagínense al cocinero tosiendo sobre la comida), etc. Esto es especialmente cierto si uno tiene síntomas, para no andar desparramando virus por el mundo.
Uno de los organismos de salud más serios del mundo es el CDC, el Centro de Control de Enfermedades de los Estados Unidos.
Ellos ofrecen gratis muchos botones como los que ven aquí para colocar en los blogs y difundir el mensaje. Les recomiendo especialmente los que dicen “Quédese en casa” en sus distintas versiones.
Haciendo click aquí, accederán a la página del CDC, se copian el código del botoncito que les guste y lo pegan en sus posts.
Es tan simple como eso. Si todos ponemos nuestro granito de arena y convencemos a la gente de que no se reúna, podemos cortar la cadena de transmisión del virus y amargarle la vida.
¡A ponerse las pilas por la gente!

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/


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Catástrofe sanitaria

Julio 3, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Del Washington Post (traducción de Marcelo Dos Santos):

(ATLANTA) El número de casos de gripe porcina ha alcanzado los 34.000, y las muertes se han elevado el 34% para llegar a 170, reportaron ayer las autoridades federales de salud.
Cuatro de cada cinco muertos de gripe porcina son adultos de más de 25 años, aunque siete de los más recientes fueron niños, de acuerdo con el informe del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Atlanta, Georgia.
Estas cifras configuran un gran incremento respecto de las 127 muertes y menos de 28.000 casos de la semana pasada.
Las autoridades del CDC creen que esos casos —que buscaron tratamiento médico y fueron confirmados por pruebas de laboratorio— son solamente la punta del iceberg. Se estima que más de un millón de norteamericanos se hallan infectados hasta ahora con el virus, aunque probablemente la mayoría solo tendrá síntomas moderados. La gripe porcina es el virus predominante de los que circulan por el mundo en este momento, y, en los Estados Unidos, diez estados han denunciado una gran expansión de los casos: California, Connecticut, Delaware, Georgia, Hawaii, Maine, New York, Pennsylvania, Rhode Island y Virginia.
La pandemia se descubrió en abril en el estado de California, pero desde entonces se han detectado más de 77.000 casos en 100 países, informó la Organización Mundial de la Salud (WHO).

(WASHINGTON) Mientras la gripe porcina se expande alrededor del mundo, los investigadores creen haber descubierto la razón por la cual la pandemia se asemeja más a una serie de ataques aislados que a un incendio forestal descontrolado. El nuevo virus H1N1 tiene en su superficie una proteína que no es demasiado eficiente para unirse con su receptor en el tracto respiratorio humano, según afirman los científicos de la División de Ciencias de la Salud y Tecnología de la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
“A pesar de que el virus es capaz de unirse a los receptores de las células humanas”, declara Ram Sasisekharan, autor del informe, “aparece claramente restringido”.
Pero el virus de la gripe tiene una gran capacidad para mutar rápidamente, agrega, por lo que debe ser vigilado muy de cerca. Si llegara a mutar, se expandiría mucho más rápidamente.
Incluso si no mutara, ya está causando muchísimos casos aquí y en otros países. Los fabricantes de vacunas trabajan a toda velocidad para lograr una inyección que se debería aplicar en el otoño (boreal) si el gobierno lo considera necesario, como afirma el doctor Anthony Fauci, Director de Enfermedades Infecciosas de los Institutos Nacionales de Salud.
Dentro de algunas semanas, Fauci espera recibir los resultados de las pruebas que el gobierno federal ha llevado a cabo con voluntarios, para ver si el prototipo de vacuna dispara signos de protección inmunitaria y permite averiguar cuál es la dosis más segura.
Más de 300 personas han muerto y se han confirmado unos 70.000 infectados, informa la WHO, que ha declarado la pandemia mundial.
En estos momentos es temporada de gripe en el hemisferio sur, y la dispersión del virus en la Argentina ha obligado a las escuelas a adelantar las vacaciones. Sin embargo, la gripe porcina se ha abatido incluso sobre el hemisferio norte, algo inusual porque el virus solía huir de las altas temperaturas y humedades. Los Estados Unidos han confirmado 34.000 casos, pero esta cifra se basa en las pruebas de laboratorio, y solo una pequeña parte de los infectados son testeados. Las muertes crecieron un 34% en una semana, y se han reportado 170 fallecimientos, dice el CDC.
El Ministro de Salud de Inglaterra dijo el jueves que su país enfrentará 100.000 nuevos casos por día para fines de agosto.
El artículo de Sasisekharan, mientras tanto, advierte que la cepa H1N1 solo necesita un solo cambio o mutación para hacerse resistente al Tamiflu.
Los investigadores hicieron notar también que el nuevo virus es mucho más activo que la gripe estacional en el aparato digestivo humano. Esto lleva a problemas intestinales y vómitos en el 40% de los infectados.

NOTA DE MDS:
A pesar de lo catastrófico de la situación, se siguen alzando voces —desde Macri hasta los “simpáticos” visitantes a este y otros blogs— que continúan afirmando que no es para tanto, que no hay que crear pánico, que la pandemia no es grave.
Estoy, por tanto, traduciendo estas noticias provenientes de Associated Press y publicadas por el Post, uno de los diarios más serios e insospechables del mundo.
¿Qué parte de mi traducción no se entiende?
¿Que el virus está a solo un nucleótido de distancia de la resistencia total a los antirretrovirales?
¿Que necesita el cambio de una sola proteína para ser capaz de infectar con 100% de eficiencia?
¿Que es uno de los virus que más rápido mutan?
¿Que el Ministro de Salud de Gran Bretaña sabe que dentro de dos meses va a tener 100.000 nuevos infectados AL DÍA solo en Inglaterra?
¿Qué parte no se entiende, me pueden decir?

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Urgente: La verdad de lo que está pasando

Julio 1, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Esta es una imagen oficial del gobierno de los Estados Unidos de América. Explica claramente cómo es que el virus va mutando, volviéndose resistente a los antivirales, y cómo se produce el salto de una especie a otra. Vale la pena recorrer todo el ciclo que se muestra en este afiche para comprender la gravedad del problema al que nos estamos enfrentando hoy.

Gracias a Megantereon bonariensis por hacerme notar la existencia de este documento y permitirme traducirlo y compartirlo con todos ustedes.

Les recomiendo que lo peguen en sus propios blogs, así todos entienden que esto no es un chiste en absoluto.


geads


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