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La cuna de la vida

Por el psicólogo argentino Leonardo Bussi. Las notas me pertenecen.

Varias veces debo haber repetido que soy un hombre que gusta mucho de las fórmulas.
Una fórmula es un modo de expresión que suele resumir una hipótesis, o toda la serie de enunciados que conducen a la conclusión de un razonamiento.
Una fórmula puede ser la culminación de un razonamiento lógico o matemático, o puede ser también un modo de enunciar un sentimiento (”Te amo” es un ejemplo) o una idea cualquiera bajo el precepto que su expresión posea una cierta universalidad, de modo que la misma sea comprendida por su destinatario de un modo más o menos unívoco y sin que dicha universalidad implique valor de verdad al razonamiento.
“Las pastas engordan” es un ejemplo de una fórmula discutible pero fórmula en fin.
Para la literatura esto funciona del mismo modo: “Había una vez” es el preludio casi necesario a la introducción de cualquier cuento infantil clásico, así como: “Y vivieron felices por siempre” su lógica conclusión; otros dos tipos de fórmulas.

En líneas generales no suelo releer lo que escribo, porque ello me conduce a la decepcionante conclusión que todo lo que digo está plagado de “fórmulas” que nunca llegan a expresar lo que deseo ni del modo en que me gustaría hacerlo, al margen de otras impresentables faltas.
Soy reiterativo y torpe, muchas veces comienzo del mismo modo, y, lo que es peor, hablo de cosas muy disímiles usando los mismos ejemplos y el mismo lenguaje cosa que, desde cualquier aspecto de la semántica y la sintaxis, suena casi imposible. Pero bien, hoy, por ser mi cumpleaños (1), les pido cierta tolerancia respecto de esta poco feliz prosodia.
Y justamente por tratarse de esta fecha y quizás a modo de conjuro es que, al igual que lo hice el año pasado para esta época, quisiera hablar de la vida.
Comienzo entonces con ese redundante y poco preciso modo por el que acabo de excusarme, usando esa especie de “Había una vez” con la que suelo introducirme de lleno en ciertos asuntos:

Nadie sabe cómo, exactamente cuándo ni por qué apareció en nuestro planeta la vida.
De acuerdo a las investigaciones modernas, se especula con que hace aproximadamente unos 3.900 millones de años se dieron, en algún lugar y por razones que se desconocen, las condiciones necesarias para la aparición de los primeros organismos que pueden ser considerados seres vivos.
Así como el año pasado hablábamos de la dificultad que representaba definir con precisión el momento del inicio de la vida para cualquier organismo y a pesar de lo que nos dice el sentido común al respecto, existen toda una serie de dificultades también para definir exactamente lo que es la vida.
En líneas generales se considera que un ser está vivo si cumple ciertos requisitos tales como: organización celular, capacidad de reproducción o replicación, capacidad de alimentación, capacidad de producción de energía y capacidad de homeostasis, rasgo clave para esta definición, pues es la capacidad homeostática lo que permite la regulación de todos los mecanismos físicoquímicos presentes en cualquier organismo considerado vivo.
También podríamos definir la vida por su opuesto o su negación, aunque aquí hay un inconveniente, pues no hay un término preciso que defina esta oposición, al margen del término “inorgánico”, siendo la muerte es un estado que surge posteriormente a la aparición de la vida, un tipo de equilibrio homeostático y termodinámico diferente.
Dicho de otro modo, la muerte puede ser considerada un estado evolutivo de la vida; la evolución por cierto forma también parte del concepto definitorio de la vida, pero la muerte no es la negación de la vida: es, insisto, un estado diferente.
Existen ciertos organismos que en muy buena medida cumplen con varias de las condiciones mencionadas pero que no poseen autonomía metabólica, cuyas características homeostáticas están en discusión, y su existencia está sujeta a la existencia de otro organismo que los soporte, tal es el caso de los virus.
Sin embargo y bajo esta misma consideración podríamos decir que todos los seres vivos superiores, nosotros por ejemplo, somos organismos parasitarios cuya regulación homeostática y termodinámica depende de otros seres vivos.
Pero volviendo al surgimiento de la vida en nuestro mundo, la misma se creó gracias a la conjunción de algunos átomos básicos que son los que conforman todos los modos de vida conocidos hasta el momento.
Cuando se dice que la vida conocida está hecha a base de carbono, lo que se dice es que el elemento distintivo presente en todas las moléculas vivas es el carbono. Hay otro elemento fundamental en la estructura de la vida, el hidrógeno, pero el mismo no es tomado como elemento definitorio de la vida terrestre, pues por tratarse del elemento más común en el universo es probable que se encuentre en absolutamente todas las estructuras orgánicas sean estas del lugar del cosmos que sean.
De hecho se suele especular con que es probable que en otras regiones lejanas a nuestro planeta exista otro tipo de vida basada en el silicio (2), elemento que sin dudas, para crear dichas formas, se asociará con el hidrógeno y algunos otros átomos comunes en todo el universo.
Los átomos de carbono al igual que muchos otros átomos que componen la estructura fundamental de la vida, provienen de los diferentes procesos de fusión que se generan en los núcleos de las estrellas cuyas incalculables temperaturas hacen que de átomos livianos como el hidrógeno, por ejemplo, surjan átomos más pesados tales como el carbón o el nitrógeno.
Esto significa que sin dudas fue muy lejos de nuestro mundo donde se formaron los componentes básicos de la vida, y quizás también haya sido en algún lugar remoto del universo donde haya nacido la vida que, transportada por un meteorito o un cometa, terminó evolucionando hacia lo que actualmente somos.
Si esa unión de elementos se formó en nuestro mundo, es probable que dicho proceso se haya realizado espontáneamente en más de un lugar a la vez.
Pero no hay dudas de que debe haber habido un primer lugar en el cual los primeros átomos formaron el primer organismo vivo, ese lugar es el principio de todo lo que vive y evoluciona: ese lugar mítico es sin dudas la cuna de la vida.
Es probable que la primera biomolécula creada haya vivido una fracción de tiempo muy pequeña pues el ajuste de los mecanismos homeostáticos que regulan la existencia de cualquier organismo deben haber llevado millones de años de perfeccionamiento. Comparando la edad de la aparición de esa primera molécula que fue hace, como dije antes, unos 3.900 millones años (3), los 41 años que cumplo hoy parecen una minucia. Sin embargo la historia de la vida de todos y cada uno de los seres existentes en la actualidad tiene la misma edad que la creación, pues estamos formados de la misma materia de la que está hecha todo el universo.
Considerando que el planeta tiene 4.500 millones de años y comparando la historia del mundo con un reloj de 12 horas, los seres humanos, habríamos aparecido recién en los últimos 2 segundos, también una pequeñez en la historia cósmica.
Igualmente hoy no voy a preocuparme por estas cositas, máxime considerando que tengo planes para vivir para siempre y no estoy hablando de una metáfora, aunque lo parezca.
Pero hoy terminamos acá y otro día hablaremos de la inmortalidad… una especie fórmula del tipo de “Y vivieron felices por siempre” con el que concluye nuestra historia de hoy.

NOTAS:

1: Texto publicado originalmente el 4 de abril de 2008.

2: Viejo tópico de la ciencia ficción, pero que científicamente es un grave error. El Buen Doctor (que, entre otras cosas, tenía un grado universitario en química) ha demostrado, en su soberbio ensayo The One and Only que la vida basada en el silicio es imposible. Pero ha ido más allá: también ha demostrado que toda la vida, terrestre o extraterrestre solo puede estar basada en el carbono. No importa cuánta vida extraterrestre descubramos, toda ella necesariamente será vida de carbono. Es el único elemento químico capaz de sustentar la vida.

3: En realidad, el momento exacto en que se originó la vida es desconocido. Fue en algún punto entre hace 4.400 y 2.700 millones de años. En todo caso, fue muy rápido (en términos geológicos), casi podría decirse que apenas se formó la Tierra, 4570 millones de años atrás.

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Ayuda paleontológica

Les prometí para hoy tres reconstrucciones del animal vivo.
Aquí se las dejo. No sé qué otra ayuda darles. Falta que les diga el nombre, nada más.
Laburen, que Roma no se construyó en un día.

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“El Manuscrito Voynich” en Círculo de Lectores

William Parsons, Tercer Conde de Rosse, notable astrónomo irlandés, observó por primera vez en 1845 a la Galaxia Whirlpool (M51 o NGC 5194), descubriendo de este modo la primera prueba de que existían las galaxias espirales.
Sin embargo, un libro fechado en 1666 (o sea, nada menos que 179 años antes), ya muestra claras ilustraciones de galaxias espirales. ¿Qué sucede aquí? Nadie lo sabe.

Mi tercer libro trata exclusivamente sobre este misterioso volumen. Ha merecido ya cinco ediciones en siete países y dos idiomas, y parece seguir su andadura perfectamente bien.
Y acabo de enterarme de que se viene la sexta edición. Círculo de Lectores, empresa de referencia en la literatura en castellano y catalán, ha formalizado la compra de mi libro de manos de mi editor, Aguilar (del Grupo Santillana), para producir con él una de las lujosas ediciones de Círculo, que, dicho sea de paso, llevan vendidos 400 millones de ejemplares en el mundo hispanoparlante.
Según se me informa, la edición de Círculo de “El Manuscrito Voynich” saldrá a la venta durante el año entrante, y será una manera más para conectarse con el, para mí, misterio literario más desconcertante de todos los tiempos.

Para que se vayan poniendo a tono, les dejo la introducción general al libro. Espero que les interese.

En el estado norteamericano de Connecticut, sobre la costa del Estrecho de Long Island, se encuentra la ciudad portuaria de New Haven. Pasando la intersección de las calles Prospect, College y Grove, luciendo su sólida mole de mármol blancogrisáceo entre Grove y High Street, el visitante puede admirar el señorial aspecto de la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale.
Construido entre 1960 y 1963, el edificio fue recubierto del soberbio mármol de Vermont por una excelente razón: este material filtra la radiación de la luz solar para proteger mejor el contenido de la Biblioteca.
En su interior, junto a venerables glorias del ingenio humano como un ejemplar de la primera edición de la Biblia de Gutemberg (el primer libro impreso con una imprenta de tipos móviles), es posible observar un pequeño volumen en cuarto. Su número de catálogo es el MS 408 y su caligrafía es incomprensible.
Como el manuscrito no lleva título, siempre se lo ha conocido por el nombre de su descubridor moderno. Se lo ha llamado “el Manuscrito Voynich”.

El libro fue considerado desde hace siglos como un manual de medicina, un libro esotérico o un herbario medieval. Estas apreciaciones están basadas sólo en el análisis de las profusas ilustraciones que cubren casi todas sus páginas, porque la escritura nunca ha podido ser descifrada. Resistiendo a todos los intentos de decodificación y traducción, el manuscrito ha superado incluso a los códigos que durante mucho tiempo se pensaron indescifrables. Ha batido las marcas de los jeroglíficos egipcios, de la escritura cuneiforme e incluso del intransigente pero al cabo vencido minoico lineal B. Ninguno de los procedimientos científicos utilizados para penetrar los secretos de otras lenguas y sistemas de escritura conocidos ha servido en absoluto para arrancar al Manuscrito Voynich de su silencio de centurias.

El Manuscrito Voynich constituye el quebradero literario de cabeza más asombroso de todos los tiempos. Su complejo e intrincado pasado se inicia de la Alta Edad Media para internarse entre los vericuetos históricos del Sacro Imperio Romano, la Guerra de los Treinta Años, la dinastía Habsburgo, la Compañía de Jesús y la Revolución Soviética, y su presente se imbrica con la más avanzada ciencia de los albores del siglo XXI. Los mejores científicos de cada época han trabajado sobre él, han expuesto sus teorías, han intentado descifrarlo por distintos métodos y todos y cada uno de ellos, gozoso o renuente, ha debido terminar confesando su fracaso.
¿Qué significa, en realidad, el Manuscrito Voynich? ¿En qué clase de lengua, código o sistema criptográfico está escrito? ¿Qué representan exactamente sus extrañas ilustraciones? ¿Por qué no hemos encontrado nunca un documento que se le asemeje? ¿Con qué motivos pudo elaborarse trabajosamente un libro entero destinado, según parece, a no ser leído por nadie jamás?
Los enigmas entretejidos acerca del Manuscrito Voynich parecen no tener fin. A cada pregunta respondida encontramos varios otros interrogantes sin contestación. A cada metro allanado en el camino de su solución el Manuscrito responde con una legua de rocas, barrancas y obstáculos en el sendero.
Aunque avisados de los motivos de los fracasos anteriores, sin embargo, estamos convencidos de que mucho conocimiento puede extraerse aún del estudio del libro. La investigación que se le ha dedicado permitió a los científicos arribar a interesantes descubrimientos acerca de las épocas que transitó, de los hombres que lo poseyeron y lo estudiaron y de los avatares históricos que le tocó presenciar. Mucho ha que la “voynichología”, como ha dado en llamarse al conjunto de esfuerzos y estudios sobre el manuscrito, se ha convertido en una ciencia, un pasatiempo y un tema de conversación inagotable y fascinante.

Este libro es la historia del único enigma literario que nos ha quedado en pie. Este libro habla del Manuscrito Voynich, de cerca emparentado con el mito y la maravilla y guerrero exitoso en la lucha por mantener su secreto y su misterio. El Manuscrito Voynich lleva ya 500 años soportando con estoicismo todos y cada uno de los esfuerzos realizados para descifrarlo, y, en opinión de los expertos, supone un desafío que, aún hoy, resulta superior a los talentos de cualquier lingüista o filólogo del mundo.
Se ha querido ver en el Manuscrito Voynich un manual de magia, un libro de alquimia, un engaño con motivación económica y aún un manual extraterrestre. En los albores del siglo XXI los expertos continúan disputando diversos aspectos históricos y técnicos acerca del libro, como por ejemplo su verdadera antigüedad, quién fue su misterioso autor, por qué se perdió su rastro, cuál fue el motivo de su redescubrimiento, en qué lengua está escrito y, por supuesto, la cuestión crucial acerca de él: ¿de qué trata? ¿Qué dice, en realidad, el extraordinario y sugestivo Manuscrito de Voynich? ¿Conseguiremos algún día descifrar su secreto?

A lo largo de esta obra el lector conocerá los errores difundidos como verdades absolutas a través de los siglos, las verdades desvirtuadas o descartadas como simples leyendas, las realidades científicas acerca del manuscrito y las teorías antiguas y modernas respecto de este atrayente enigma que ya ha durado medio millar de años.
Los esfuerzos para descifrar el Manuscrito Voynich continúan hoy, y el afán detectivesco e investigativo aplicado a ellos deriva del convencimiento de que la esencia del Hombre se cimenta en un proceso dinámico y eterno de expresión, comunicación y lenguaje. Ninguno de nosotros se aviene a creer que un largo volumen de más de 200 páginas, laboriosamente escrito a pluma e ilustrado e iluminado con minuciosidad, pueda no contener mensaje alguno. Por eso seguimos intentando comprenderlo.
Pero el misterio del Voynich persiste. Esa naturaleza elusiva y terrible que de una parte nos satisface por mantener el mito en nuestro mundo y nos repele a la vez ante la imposibilidad de aceptar que tan hermoso y coherente vehículo no transmita un mensaje con sentido y trascendencia, no hace más que intensificar nuestra curiosidad y nuestra férrea esperanza y determinación por sonsacarle sus secretos.

¿Qué creen los científicos acerca del Manuscrito Voynich?
Creen y han creído muchas cosas, pero es poco lo que han podido probar con certeza.
Si atendemos al catálogo de la biblioteca donde reside el libro desde hace 36 años, se trata de “un texto científico o mágico en un lenguaje no identificado, cifrado, basado aparentemente en caracteres romanos en minúsculas”. Solo eso.
¿Hay algo más? Por supuesto. La fascinante historia del manuscrito que el catálogo no cuenta, las increíbles tramas que se han tejido a su alrededor, los sorprendentes personajes que se han visto involucrados con él, y la dificultad que la ciencia ha encontrado para desentrañar, de una buena vez y para siempre, el único enigma literario no explicado de la historia y una de las aventuras más interesantes y maravillosas de los últimos cinco siglos.
Guardamos íntimamente el deseo de conocer sus secretos algún día, porque ya se sabe que Octavio Paz ha dicho que quien ha visto una esperanza nunca se olvida de ella.
Acompáñenos a conocer las mentiras y verdades, las conjeturas y certezas acerca de uno de los misterios más increíbles y desconcertantes de la historia del conocimiento.

FOTOS:

1: Superior: la galaxia espiral del folio f68r. Inferior: la Vía Láctea invertida, para mostrarla tal cual se ve desde debajo del plano galáctico.

2: Primera página del manuscrito: f1r.

3: Ejemplo de idioma voynichés Currier A, escrito por la Mano 1.

4: Estructura anatómica imposible en botánica en el folio f5v.

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Ayuda para el post anterior

Diciembre 1, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , | # Enlace permanente


El Señor ama a TODAS sus criaturas. Incluso a este sujeto feo (me refiero al de la derecha).

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¿Quién soy? ¿Dónde estoy?

| Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Concurso.

El premio es el de siempre (salvo para los que ya lo han ganado).

La mecánica es simple: hay que mirar la foto y responder a las preguntas.

Dedicado con todo cariño a la señorita Connie, que opina que TODO es googleable.

Según su teoría, ella debería ser la primera en responder correctamente, en forma casi instantánea.

Difícil que el chancho chifle…

PD.: Alcanza con el nombre del objeto y el país. No me interesan los detalles, aunque el que los quiera dar los puede dar.

Hay plazo hasta el 31 de diciembre de 2009 a la 2400LU.

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El debut del documental

Noviembre 30, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Los primeros animales en la Tierra poseían simetría radial, como las anémonas y las medusas. Como es obvio, se necesitaba un nuevo tipo de diseño para que la selección natural pudiese desarrollar animales más evolucionados. Naturalmente, las estructuras locomotoras (patas, alas, aletas, piernas) eran imposibles de lograr en sujetos radiales, por lo que un nuevo concepto entró en vigencia: la simetría bilateral.
Para conseguirlo, se incrementó en una unidad la cantidad de capas de tejido presentes en los embriones y la forma de los organismos cambió en consecuencia. Los animales de simetría radial nacen a partir de dos capas de tejido embrionario —se los llama biblastos a consecuencia de ello—, y los que tenemos simetría bilateral nos originamos en base a tres —triblastos—.
De todos los animales triblastos y bilaterales, los más antiguos y primitivos son los gusanos planos. El origen de los Platyhelminthes no está claro, si bien hasta 1999 se creía que fueron fruto, como otros muchos grupos zoológicos, de la gran diversificación de especies conocida como “Explosión del Cámbrico”, ocurrida hace unos 540 millones de años. Sabemos que tal explosión fue enorme, ya que la mayor parte de los grupos actuales (phila) se encuentran ya presentes en el registro fósil del período inmediatamente posterior a ella.
Sin embargo aproximadamente hacia el cambio del siglo, el biólogo molecular español Jaume Baguñà puso en marcha un proyecto de investigación que comprendía al grupo más primitivo de los gusanos planos: los Acelomorpha, pequeñísimos gusanos marinos tan poco evolucionados que carecen de cavidades internas, de ahí el nombre del phylum.
El científico quería saber si acelos era contemporáneo de los demás gusanos, porque la ausencia de cavidades corporales sugería que era mucho más antiguo. El trabajo se basó en la ley biológica que expresa que las mutaciones de los genes se producen a una tasa constante. De este modo, si se analizan las mutaciones de un mismo gen en dos especies diferentes, viendo cuál es la diferencia actual entre ellos y, por lo tanto, calcular con bastante precisión cuánto hace que se separaron entre sí a partir de un antepasado común.
Para evaluar la divergencia entre Acelomorpha y sus demás parientes, Baguñà y sus colaboradores eligieron la secuencia que compone el gen 18S rDNA, porque ya había sido secuenciado en muchos otros grupos animales, incluyendo los demás platelmintos aparte de los acelos.
La comparación de la secuencia de nucleótidos de 18S rDNA confirmó lo que el español sospechaba: la diferencia entre el gen en los acelos y los otros platelmintos era tan marcada que no podían, de ninguna forma, haberse originado simultáneamente en la Explosión del Cámbrico. Acelomorpha, pues, es un phylum que estaba ya presente en el Precámbrico. Este período abarca desde la formación de la Tierra (hace 4.600 millones de años) hasta el comienzo del Cámbrico (- 570 millones). Sabemos que la vida se originó hace 1.400 millones de años, lo que deja un amplio margen para especular cuándo aparecieron, exactamente, los acelos.
Los gusanos planos, en consecuencia, están aquí desde el comienzo mismo de la vida en la Tierra, y la escasez del registro fósil de tiempos tan remotos deja campo libre a quienes deseen ponerle al debut de este grupo la fecha que gusten.
Es decir que han tenido al menos 600, 700 o 1.000 millones de años para evolucionar, y este es el motivo de que contemos hoy con más de 20.000 especies de gusanos planos.

Los platelmintos (una vez retirados los Acelomorpha, que, gracias a los descubrimientos expuestos más arriba, han sido clasificados como phylum aparte) se dividen en cuatro grupos llamados Clases: Turbellaria (que incluye a las planarias), Monogenea (parásitos de peces y anfibios), Trematoda (parásitos de distintos animales, incluyendo al hombre) y Cestoda (endoparásitos de vertebrados). Los monogéneos se diferencian de trematodes y cestodes en que aquellos infestan a una sola especie que les sirve de huésped, mientras que los ciclos vitales de las dos últimas clases exigen más de una: parasitan a una especie como larva y a otra cuando son adultos. Algunos trematodes, incluso, necesitan de un tercer huésped en cierta fase de su desarrollo.
Pero este mes nos interesan, específicamente los cestodes.

Cestodes, (del griego “en forma de cinta”) comprende más de 4.000 especies primitivas, todas ellas parásitas. Las más representativas de ellas son las tristemente célebres tenias.
Los cuerpos planos de estos animales están formados por segmentos, conocidos técnicamente como proglótides o metámeros, que pueden considerarse, en sí mismos, como un organismo completo, autosuficiente y autorreplicable. El cestodes completo, entonces, admite ser descripto como una simple colonia lineal de proglótides. Los cestodes solo han ocupado su tiempo evolutivo en adaptarse perfectamente a la vida parasitaria, y la mayoría de ellos son especialistas en parasitar a sus dos especies correspondientes, y a ninguna otra. Otros parasitan a varias, pero siempre tienen sus dos preferidas.
No poseen intestino ni ningún otro tipo de sistema digestivo, carecen de aparato circulatorio y de órganos de la respiración. Absorben los alimentos directamente del intestino del huésped a través del tegumento, y lo mismo hacen con el oxígeno. Tampoco presentan ano.
Los cestodes poseen una “cabeza” llamada escólex, donde existen varias ventosas y ganchos que le permiten fijarse a la mucosa intestinal. La sujeción implica un esfuerzo consciente del cestodes, por lo que los medicamentos utilizados para eliminarlos consisten esencialmente en un somnífero. El gusano se duerme y sus ganchos y ventosas se sueltan, administrándose a continuación una fuerte purga que lo arrastra al exterior.
Los proglótides crecen desde el extremo cefálico; esto significa que los más cercanos a la cabeza son los más recientes, aumentando en madurez conforme nos alejamos del escólex.
Los proglótides son hermafroditas completos. Cada segmento posee testículos y ovarios, incluso un pequeño pene llamado cirro. El proglótide puede fecundarse a sí mismo, fecundar o ser fecundado por otro proglótide del mismo cestodes, o por un cestodes ajeno. Esto garantiza un aporte constante de genes “limpios”, evitando la endogamia, y explica el gran éxito evolucionista de este grupo zoológico.

Una de las especies de cestodes que implica un mayor peligro sanitario es Echinococcus granulosus. Su huésped natural (para el gusano adulto) es el canino, y abunda en perros, coyotes, chacales y lobos. Cuando se encuentra en estado larvario se aloja en las ovejas, completando de este modo un ciclo de vida extraordinario por lo perfecto y preciso. Piénsese bien: el gusano adulto, dentro del cánido, deposita los huevos en el terreno. La oveja come el pasto e ingiere los huevos, que en su interior se transforman en larvas. Otro cánido devora a la oveja, tragando los tejidos infectados, y el ciclo recomienza.
Sin embargo, el equinococo, como los demás cestodes, puede producir también infestaciones secundarias o accidentales en otras especies aparte del perro y demás cánidos y las ovejas. Estas incluyen marsupiales, roedores, cabras, caballos, vacas, ciervos, alces, primates y el hombre.
Los equinococos se cuentan entre los más pequeños de todos los cestodes, ya que miden solo entre 3 y 5 mm. En el gusano adulto, el escólex posee cuatro ventosas y entre 28 y 50 ganchos de fijación dispuestos en dos filas. Luego viene un cuello corto y delgado que da paso al cuerpo o estróbila, formada por solo tres proglótides. La más distal es la que está en condiciones de reproducirse, y por ello se la llama proglótides grávida. Normalmente contiene entre 500 y 800 huevos, que serán expulsados con la defecación del perro o lobo.
La infestación, pues, puede llegar al hombre de dos maneras: mediante la ingestión de verduras mal lavadas que contengan los huevos, o mediante la carne de animales (vacas, ovejas, cabras, caballos) infestados.

Los huevos del equinococo, una vez llegados al tercio superior del intestino delgado humano, se rompen y liberan a los embriones del gusano, llamados hexacantos por poseer solo seis ganchos en el escólex. Con estas herramientas los cestodes se abren paso a través de la mucosa y luego de la pared intestinal, donde buscan un vaso sanguíneo venoso que conduzca a la vena porta. Allí, la misma presión mecánica de la circulación los arrastra hacia el hígado, que puede filtrarlos reteniéndolos o dejarlos pasar.
Ya alojados dentro de los capilares del hígado, los embriones se agrupan y comienzan a crecer: en seis horas sextuplican su tamaño. Esta bola llena de parásitos se denomina hidátide y la enfermedad que produce, hidatidosis.
A partir de la formación de la hidátide, el proceso se lentifica, para pasar a medir, a los cinco meses del ingreso, una esfera de medio centímetro de diámetro. El tejido hepático, a su vez, reacciona ante la agresión formando alrededor de la hidátide una membrana de tejido conectivo llamada adventicia. La suma de la hidátide más la adventicia constituye lo que conocemos como quiste hidatídico.
Si, por el contrario, los hexacantos logran sortear el filtro hepático, recorrerán las venas suprahepáticas y luego la cava hasta la aurícula y el ventrículo derechos, y desde allí, por la arteria pulmonar, se ubicará en los pulmones.
Es en el hígado y en los pulmones donde el parásito se encuentra, por lo tanto, con mayor frecuencia. Sin embargo, a veces se lo halla en el corazón izquierdo o en otras localizaciones más atípicas.

La hidatidosis es una enfermedad muy grave y sumamente destructiva. Solo es posible imaginarse lo que se siente al tener, dentro de órganos vitales, quistes esféricos de gran tamaño repletos de gusanos vivos.
Los síntomas suelen ser severos, y se deben principalmente a la compresión mecánica de los órganos afectados por parte del quiste, por complicaciones quísticas en sí mismas o por una reacción inmunológica del organismo contra las proteínas del gusano. Esta última circunstancia provoca crisis de urticaria que, a pesar de ser la mejor indicación de la hidatidosis, suelen ser desestimadas por el facultativo. El resto de los síntomas, como se comprende son fáciles de confundir con un cáncer o cualquier otro tumor. Hay dos criterios diagnósticos definitivos: uno de ellos es la imagen radiológica en forma de bola de billar, extremadamente infrecuente en los tumores pero siempre presente en la hidatidosis. La restante son los tests de anticuerpos para el gusano. Ambas son específicas y brindan un 100% de certeza diagnóstica.
Si esto no se hace, los quistes pueden reventar. Son particularmente impresionantes las explosiones de quistes hidatídicos en el pulmón. Si bien rara vez estos estallidos son mortales, puede imaginarse el espectáculo: grandes vómitos de sangre, entre los que se expulsan membranas del quiste, pus, líquidos y, —sí, aunque suene espantoso— gusanos.
El único tratamiento de esta desgraciada enfermedad es la cirugía.

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Los Premios Darwin (7)

Noviembre 23, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Publicado originalmente en The Darwin Awards. Traducción de Marcelo Dos Santos bajo autorización de la Dra. Wendy Northcutt. Texto nunca publicado en castellano.

Doble galardón: Premio Darwin vs. Mención Honorífica – Caso confirmado
(15 de abril de 2001, Tennessee, Estados Unidos) El día anterior al cierre del ejercicio fiscal, un ganador del Premio Darwin de Memphis intentó ganarle al tren pasando con las barreras bajas, solo para chocar de frente con otro vehículo que venía desde el lado opuesto y cuyo conductor tenía el mismo, estúpido plan. Uno de los conductores murió haciendo de esta monumental idiotez la primera ocasión en que hemos sido testigos de un Premio Darwin estrellándose contra el titular de una Mención Honorífica. El accidente ocurrió sobre una de las vías; el tren pasó por la otra sin incidentes.

Mención Honorífica – Caso confirmado
(31 de enero de 2001, Pennsylvania) Un hombre de Huntingdon Valley a quien se le cayeron las llaves en el inodoro de un baño químico quedó atrapado en las instalaciones cuando intentó recuperarlas. Gritó pidiendo ayuda durante 45 minutos hasta que unos niños que jugaban en un campo adyacente lo oyeron y llamaron a sus padres. La policía se vio obligada a destruir el baño portátil para rescatarlo. Estuvo de pie durante hora y media, sin zapatos ni pantalones, en el limo maloliente. Los médicos debieron atenderlo por cortes y magulladuras, y quitarle el asiento del inodoro que le había quedado aprisionado en la cintura. Creemos que el ego de la víctima nunca recuperará su tamaño original.

Mención Honorífica – Caso confirmado
(Noviembre de 2001, Gales del Sur) ¿Un conductor borracho que viola una luz roja? No gana Darwin.
¿Un hombre con un solo brazo manejando un auto sin adaptar? No gana Darwin.
¿Un hombre manejando mientras habla por teléfono? No gana Darwin.

Pero… ¿Un hombre borracho, con un solo brazo, violando una luz roja mientras sostiene el teléfono con su único brazo bueno? Darwin… casi. Sobrevivió para disfrutar de su Mención Honorífica.
Stuart fue detenido por la policía de Swansea luego de violar una luz roja, lo cual hizo mientras hablaba por teléfono. Había perdido su otro brazo por debajo del codo, el que no le servía para sostener el volante ni cambiar las marchas.
Tenía en su sistema prácticamente el doble del límite de alcohol permitido por la ley. Casi pierde la vida, pero perdió su licencia, que le fue suspendida por 18 meses.

Premio Darwin – Caso confirmado
“El uso incorrecto de las tijeras de podar puede dañar los filos”.
(30 de mayo de 2001, Hillsboro, Oregon) Ismael, de 25 años, iba manejando una camioneta Toyota cuando perdió el control del vehículo, derrapó derribando un buzón, colisionó contra un poste de electricidad, volcó de costado, e hizo caer las líneas de alto voltaje. En este punto, Ismael abrió la puerta superior, trepó al costado del vehículo y abandonó el camino de la evolución.


Inspeccionó la situación con un par de tijeras de podar en la mano. La policía opina que quiso cortar el cable que yacía sobre el vehículo, y que murió electrocutado cuando las hojas tocaron el conductor de 7.500 voltios. La autopsia demostró que la corriente pasó a través de su corazón y salió por la planta del pie izquierdo. Lo encontraron inmóvil, boca abajo, con las tijeras aún en la mano.
Su estupefacto acompañante sobrevivió, solo para ser arrestado por otro hecho no relacionado con este incidente.

ILUSTRÓ: Jay Zeebarf.

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Diario de viaje: aves de Iguazú (2)

Noviembre 18, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Continuamos aquí el ensayo fotográfico sobre las especies avícolas de la zona del Iguazú. Todas las fotos me pertenecen.

Rynchotus rufescens (macho)

Rynchotus rufescens (hembras)

Aburria jacutinga

Eudocimus ruber

Ara ararauna y A. chloroptera

A. ararauna

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/


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Solución al enigma de los tuertos

Noviembre 14, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

El señor de la foto es…

¡Tex Avery!

(”Tex” porque era texano, en realidad se llamaba Frederick)

¡Padre del Dibujo Animado Norteamericano!
(sí, ese título lo ostenta él, no el tal Walt Disney)

Creador de algunos personajes poco conocidos como…

y de…

y también de…

y de…

y de…

y de…

, entre otros muchos seres de celuloide que poblaron la imaginación de tres generaciones, y lo seguirán haciendo por siglos.

El accidente en que Tex perdió el ojo izquierdo es tan ridículo que hasta da pena relatarlo: al principio de su carrera, trabajaba en los estudios de Walter Lantz (creador de Woody Woodpecker, “El Pájaro Loco”) animando a Oswald the Lucky Rabbit (”El Conejo de la Suerte”). En una reunión de producción, Tex estaba jodiendo con un clip y una gomita. ¡Con tanta mala suerte, que el clip salió disparado y le sacó el ojo! ¿Lo pueden creer?

Tex Avery dibujando a Droopy mientras su productor histórico, Fred Quimby, lo observa

Hay quien dice que la falta de visión estereoscópica, y consecuentemente la imposibilidad de ver la profundidad de campo, están en el núcleo de su extrañísimo estilo para dirigir y su mirada tan especial, que nunca nadie, ni antes ni después, ha sido capaz de imitar con éxito.

El asunto del homenaje que Kubrick le hace en The Shining está en la escena en que Dick Hallorann (gigantesco Scatman Crothers) les muestra a Wendy Torrance (Shelley Duvall) y a Danny (Danny Lloyd) la cocina y las despensas del Overlook. Observen que el cocinero SABE que la madre le llama “Doc”. E incluso sabe POR QUÉ.
Son 9 minutos. Vale la pena ver la escena completa, pero si están apurados, pasen al minuto 2:04, cuando están por salir de la cámara frigorífica. El brillante actor culmina su parlamento con la celebérrima catchphrase (latiguillo) que Tex creó para Bugs Bunny: What´s up, doc? (incompetentemente traducida por los puertorriqueños como “¿Qué hay de nuevo, viejo?”).

Finalmente, quiero dejarles los que para mí son los dos mejores de los 135 episodios que Tex dirigió personalmente.
El primero, Red Hot Riding Hood (que fue votado entre los especialistas de animación como el 7º mejor dibujo animado de todos los tiempos) empieza como una historia de Caperucita Roja para niños. Claro, si no fuera por el crudo juego de palabras sexual del título. A pocos segundos, los protagonistas (Wolfie el Lobo, Caperucita y la Abuelita) se rebelan contra la historia. La quieren filmar de otra manera, y obligan al narrador a contarla como ellos desean.

Wolfie (al narrador en off): ¡Pará un poco! (lo imita cruelmente) “Acechando en el bosque estaba el viejo y malvado lobo esperando para abalanzarse sobre la pobre Caperucita”. ¡Esa mariconada me tiene hasta acá! Es la misma vieja historia una y otra vez. Si no podés hacer esto de una forma nueva, amigo, ¡yo renuncio!

Caperucita es ahora una cantante sexy en un cabaret, Wolfie un millonario que se quiere levantar a todas las minas y la Abuelita es una atorranta que se voltea todo lo que camina.
Vale la pena ver la reacción de Wolfie cuando Caperucita se empieza a sacar los lienzos. Después de resistir con grandes dificultades los avances de la Abuelita, Wolfie dice que la próxima vez que le guste una mujer se va a tener que suicidar. Pero Caperucita sale a escena, y Wolfie se pega DOS tiros en la cabeza, solo para descubrir que, como fantasma, la pendeja lo calienta exactamente igual que cuando estaba vivo.
Observen cuando la chica toma el taxi: la Abuela es tan, pero tan puta, que todos los tacheros de Los Angeles saben dónde vive. Basta decirles “A lo de la Abuelita” y ellos te llevan sin vacilar.
Y miren el ascensor horizontal, uno de los tantos delirios típicos de Tex.

La censura norteamericana exigió que Tex cortara Red Hot Riding Hood por todas partes. Las reacciones de Wolfie al ver a la nenita cantando semidesnuda eran (aunque cueste creerlo) MUCHÍSIMO MÁS VIOLENTAS.
Y el final era una locura absoluta: Wolfie nunca llegó a voltearse a Caperucita, pero la Abuelita se lo mueve bien movido, en un acto de zoofilia inaceptable para una película para chicos. ¡Y queda embarazada de él! NO SOLO ESO: lo obligan a casarse de apuro, y la Abuelita DA A LUZ UNOS PEQUEÑOS HÍBRIDOS DE LOBO Y HUMANO, ¡NIÑOS-LOBO!
El Juez de Paz que los casa ES EL PROPIO TEX QUE SE DIBUJA A SÍ MISMO, en una lacerante parodia de justicia.
Y en la última escena, Mamá-Abuelita, Papá-Wolfie y los lobizones hijos, ¡van todos juntos al cabarulo a mirar cómo se pone en bolainas Caperucita!
No voy a decir que estoy de acuerdo con el censor (moriría antes de decir eso), pero sí reconozco que sus razones tenía para actuar como lo hizo, ¿no?

Explicando a los animadores el storyboard de Red Hot Riding Hood

El corto es tan bueno, que el ejército norteamericano le exigió a Tex que hiciera numerosas copias en 16 mm. (las del cine eran de 35 mm) sin censurar para levantar la moral de sus tropas que estaban combatiendo en Europa (era 1943).
Al estrenarse en cines, el público pedía a los gritos que se pasara más de una vez. Los operadores, gustosamente, lo rebobinaban y lo volvían a poner. Uno nunca sabía a qué hora terminaba la película que tenía la desgracia de ir precedida por Red Hot Riding Hood.
La película en sí está llena de homenajes: cuando habla Red, la actriz Colleen Collins imita a la perfección la voz y el fraseo de Katharine Hepburn, y el cartel que flota sobre la casa de la Abuelita (Come up and see me sometime, “Subí y vení a verme alguna vez”) es parte de un diálogo de Mae West.

El otro cortometraje es nada menos que King-Size Canary, la obra de Tex que más me gusta.
Un gato hambriento, al borde de la muerte, busca comida. Al fin se encuentra con un pequeño ratón, con quien mantiene el siguiente diálogo:

Ratón: Eh, esperá un minuto. ¿Qué tratás de hacer? ¿Comerme?
Gato: ¡Sí, sí, sí, sí, sí!
R: Bueno, olvidate, macho. Ya vi este dibujo animado; y creeme: si sos piola, no me vas a comer, porque antes del final te salvo la vida.
G: Eh, sí, pero es que tengo hambre.
R: Todo bien. En la otra pieza vas a encontrar un gran, enorme, gordo y jugoso canario. Comételo a él.

Pero resulta que el canario es más chiquito que el ratón. El gato encuentra una botella de un fertilizante que se llama Jumbo Gro y se lo da al canario. El canario crece hasta medir como cinco metros. Después el gato crece, y el ratón, y el perro, y todos toman el fertilizante y se convierten en monstruos gigantescos que se persiguen por las calles de Chicago. En efecto el ratón le salva la vida al gato:

R: ¿Viste, amigo? Es como te dije al principio. ¿No te dije que te iba a salvar la vida?
G: Uy, muchas gracias, macho.
R (dándole la botella del fertilizante): Y acá tenés la botellita que hizo todo el trabajo. Chau, petizo.

Pero el gato todavía tiene hambre, y, para comerse al ratón, comienza una carrera armamentista en la que ambos beben del frasco, y aumentan de tamaño hasta ocupar todo el planeta Tierra ellos dos solos. No pueden crecer más porque se quedan sin fertilizante (y porque no cabrían en la Tierra).
Entonces el ratón se dirige al público:


R: Damas y caballeros, tenemos que terminar acá esta película. Se nos acabó la cosa esa. Buenas noches.

Como ven, es un disparate total, pero está contado de una manera tan estilizada que queda genial. En la votación que mencioné arriba, quedó posicionado como el 10º mejor dibujo animado de todos los tiempos.

Genio trabajando. Metro-Goldwin-Mayer, 1942

Como frutilla del postre, me encuentro en condiciones de ofrecerles los dos últimos storyboards que dibujó Tex. Los hizo para su último proyecto, una reformulación de Droopy encarnada en un osito koala, The Kwiky Koala Show para Hannah-Barbera. Los stories fueron entregados por Don Dougherty, que trabajó bajo las órdenes de Tex en 1980, poco antes de la muerte del maestro, al dueño de este blog. La traducción me pertenece y, hasta donde yo sé, estos dibujos jamás han sido publicados en castellano.


Como es evidente, Kwicky el Koala se parece como un hermano a Droopy, y Wilfred el Lobo es idéntico a ya sabemos quién. El episodio mostrado aquí se iba a llamar In the Pig´s Eye y parece que consistía en un cuento como “Los Tres Chanchitos”, solo que la cena de Wilfred iba a ser, en este caso, Kwicky.

Si quieren ver más genialidades del Mago de Taylor, Texas (y algunos documentales muy interesantes sobre él), pueden hacer click aquí.
Así, pues, cierro este homenaje al más grande director de dibujos animados de la historia de la Humanidad. ¡Gracias por haber nacido, Tex!

Ha ganado Tongo, pero quiero destacar la constancia de Connie y Rococó que lucharon hasta el final antes de caer derrotadas.
Mi felicitación para un comentarista anónimo que identificó a André de Toth y a Raoul Walsh (tarea nada fácil) y a Pablo, que reconoció a John Ford.

La solución, entonces, era, de izquierda a derecha:

John Ford, Tex Avery, André de Toth y Raoul Walsh.

Muchas gracias a todos, y no olviden visitar el blog del ganador. Les aseguro que se van a hacer adictos.

El otro concurso sigue en vigencia hasta el próximo sábado.

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/


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¡Ganate un libro de una vez!

Noviembre 12, 2009 | Por mdossantos | Claves: , , , , , , , , , , , , , | # Enlace permanente

Querida gente:

En este blog hay dos concursos pendientes:

Acá

y


acá.

A ver si se ponen las pilas e intentan completarlo.

Del concurso de los tuertos falta identificar al señor que figura segundo de la izquierda.

Del otro, el cuarto, el quinto, el sexto, el octavo y el undécimo.

Es decir, quien me diga un nombre de un concurso, o cinco del otro se gana un ejemplar de mi libro “El Manuscrito Voynich”. Pero ojo, no de la edición de bolsillo que se ve en la foto, sino de la primera edición original de Aguilar, en tapa dura, con sobrecubierta y autografiada.

¡A funcionar las neuronitas!

¿O no les interesan mis investigaciones para averiguar qué significa, por ejemplo, esto?

Les muestro el texto solo para ver si los motivo:

¡Contesten lo que se pregunta y gánense mi libro!

Si está enfermo no vaya al trabajo o a la escuela, quédese en su casa. Para obtener más información consulte www.cdc.gov/h1n1flu/espanol/


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