Vida y Ocaso de un Blogger

A veces me sorprendía tomando una taza de café en la oficina y pensando: “Qué voy a postear?”… En un principio, hacerlo era relativamente fácil. Las circunstancias de mi vida eran otras, y me facilitaban el divague mental para terminar depositando en teclas mis pensamientos.

Ayer me sorprendí pensando: “Voy a seguir posteando?”… Miles de ideas se arrebatan en mi cabeza. Pocas logran encontrar un hilo conductor que las lleve a repiquetear sobre el teclado como al principio. Podría decir que mi computadora extraña esas noches a media luz, con una taza de café o un fernet sobre el escritorio de mi departamento, mi hogar… Hoy, una persona muy especial para mi, me instó a continuar escribiendo. “Es lo que te gusta”, dijo. “No seas tonto, no podés dejar de hacer algo que te hace bien”, continuó. Sus palabras quedaron revoloteando en mi cabeza en busca de un cazamoscas que les quite el aliento, porque las cosquillas eran francamente inaguantables…

Tenía razón. Amo escribir. Es algo que me apasionó desde chico. Algo que estaba dormido y acaba de despertar en mi vida adulta nuevamente. Las razones para hacerlo, al fin y al cabo, son excusas. Mi blog ha tenido giros insospechados cuando lo inicié. Mi idea original era charlar temas de la Ciudad y de golpe me leí escribiendo sobre las personas, sobre mi, sobre experiencias que tuve o me contaron. De alguna forma, estaba escribiendo sobre la Ciudad, porque las personas hacen a la Ciudad; de la misma forma que las migas hacen al pan. Entonces descubrí que estaba bien escribir sobre ellas; sobre mí.

Me animé un poco más, y humildemente mostré “mi arte”: un poco de mi poesía y mis fotografías.

Les confieso que la alegría de ver como día a día ustedes daban retorno a mis escritos me llenó el alma. Casi, casi, se convirtieron en mi droga personal. Las por siempre dulces palabras de Roxana. El aliento y apoyo de Betina Pascar. El tironcito de orejas -cada tanto- de Susani, la participación de Gisela, Amy, Mavi, Fer, Ana, Maru, María Fernanda y JLO. Y todos los demás que están y les pido disculpas por omitir nombrarlos.

Mi ausentismo creativo, me obligó a replantearme algo muy importante: ¿Para qué escribimos los bloggers?… Y descubrí mi primer error… Reformulé la pregunta: ¿Para quienes escribimos los bloggers?… Y descubrí otro error… Disculpen ustedes. Pero descubrí que no escribimos para el público en el más amplio sentido de la palabra. Lo hacemos por y para nosotros. Por nuestra necesidad de ustedes. Porque sentimos que tenemos algo para decir, y ustedes lo van a recibir con gusto. Porque nos encanta saber o intuir que del otro lado de nuestro monitor, alguien estará leyendo lo que tipeamos, y le provocará una sonrisa, comprensión, rechazo, o una lágrima. Lo hacemos porque -de alguna forma- nuestro egoísmo nos hace sentir que les somos útiles.

Por este motivo, hoy quiero dedicarte este post a vos, lector ocasional, lector amigo, lector crítico y constructivo. Gracias por leerme, porque sos la razón de mi escritura.

Carlos AF

Soledad… ¿Soledad?… Ah sí… Me acuerdo de vos…

La luz de mi dormitorio agoniza. Me encanta asomarme en la oscuridad por la ventana. Me fascina ver a la Ciudad de Buenos Aires de noche. En mi “Peep Show” personal, la veo ahí, parada en la esquina.

Puedo distinguir el brillo húmedo recorriendo su mejilla. Sus manos entrelazadas en el frente, a la altura de su ombligo. Su cabello apenas acompañando el vaivén de la brisa. Ahí está ella… contemplándome. Sabe que la quiero, que la extraño. Se reconoce paciente, triunfadora. Tiene en su retina el reflejo de mi vida, mis fracasos, mis noches en llanto, mis desvelos, mis susurros al oído de un Dios que parecía no escucharme.

Ahí está Soledad.

La veo desde mi ventana, a oscuras, pero sé que sabe que lo hago. ¿Cómo explicarle que cambié la cerradura para evitar que regrese?… Ya no me resulta suficiente ni el tiempo que estuvo conmigo, ni las mujeres que trajo a mi cama para complacerme. Ya no es suficiente para mi. Ya no… Ya no me alcanza con que me deje amar o que me amen, si va a seguir haciéndome sentir su perfume, su presencia.

Su silueta se aleja. Se pierde bajo las sombras en la noche, mientras dibuja un adiós entre el viento y las hojas secas del otoño.

Corro a buscarla. La alcanzo…

Soledad… ¿Soledad?… Ah sí… Me acuerdo de vos… ¿Qué tal? Bueno… Me voy. No me llames, yo te llamo.

Una cuestión de respeto…

Vivir es una aventura… Convivir, a veces, una película de horror.

Necesitamos entender, como sociedad que somos, que el bien personal comienza por el bien común. Si notamos la falta de respeto con la que la gente de una Ciudad densamente poblada como es Buenos Aires se trata, comenzaremos a entender un sinfín de problemas que nos aquejan diariamente.

Cuestión de limpieza.

La madre, amorosa, atiende el pedido de su hijo. ¿Cómo no hacerlo? Todos conocemos la tentación: un chocolate. Los más niños pedirán con leche, los más grandes, con almendras. Todos -o casi todos- estamos de acuerdo en que las golosinas son el mimo universal. Pero… ¿Por qué arrojamos el papel a la calle? ¿Por qué lanzamos la lata de gaseosa por la ventana del colectivo? ¿Por qué la colilla de un cigarrillo no es considerada basura como corresponde y se la arroja en algún lugar apropiado?…

Peor aún. Escuché la excusa: pago mis impuestos (lo cual dudaba… seriamente), que las levante el gobierno que para eso les pago. NOOOO! No se les paga para eso! Se les paga para mantener y brindar servicios, para gobernar, no para hacer de mucamo barrial corriendo a solventar los atentados contra esos servicios que hacen inadaptados! A ver… comprendamos y acordemos un concepto: Los impuestos los tenemos que pagar. Todos. Es nuestra obligación. Vivir en nuestra sociedad, también nos da derechos. Pero… errados los que piensen lo contrario… Mis derechos tienen límites. Los límites se los conoce como reglas, y las reglas son para todos. Tirar basura es una contravención desde el punto de vista legal, y una falta de respeto desde el punto de vista ético. En todo caso, mis derechos son “ganados” por el cumplimiento de mis obligaciones. Y no al revés, a pesar de lo que la educación actual y el mal ejemplo parece hacernos creer.

Mantengamos limpia nuestra Ciudad. Es de todos.

Cuestión de conciencia.

A mi los abuelos me dan ternura. Verlos caminar por una plaza de la mano, ya lo he reconocido, me produce un sentimiento especial. Soy de los que se levanta en el subte o el colectivo cuando veo a un anciano (hombre o mujer) para cederles el asiento. Es también una cuestión de respeto.

Pero… ¿Por qué señora Ud. que percibo puede correr y dar codazos a la gente para llegar al asiento que está 5 metros más adelante no se queda parada o hace como muchos: espera el próximo bondi? Una cosa es un derecho, otra violentar por lo que consideramos un derecho. Generalmente cuando hacemos esto, vulneramos el derecho de otro, como por ejemplo el mío de llegar con las costillas en condiciones al trabajo, tal cual salí de casa.

Respetemos en ambas vías (yo y él). No pensemos que un derecho se defiende con violencia, porque lo desvalorizamos como tal.

Cuestión de Educación.

Qué lindo el chico. Un dulce, un tierno total. La mamá orgullosa lo sube al remis. El nene parece feliz. Habla, grita, sonríe, se expresa…

Se expresa arriba del asiento trasero del remis… Al chofer no le agrada esto, y luego de varias advertencias que caen en oídos sordos, simula esquivar un pozo con una leve frenada. Suficiente para que el chico pase por entre los asientos de adelante y paren en el brazo, previamente preparado, del chofer.

Independientemente de la broma, y el que estemos de acuerdo o no con el tema. El chofer educó… Educó?…. NOOO!!! La que tendría que educar es la madre!!! Los padres!!! ¿Por qué nos cuesta tanto darnos cuenta que no todo el mundo está dispuesto a soportar un niño maleducado? Ensuciar el auto -herramienta de trabajo para esta persona- no es divertido. A menos, claro, que esté dispuesta la madre a pagar los daños como corresponde. Sumemos, el riesgo que implica moverse en un automóvil con un niño suelto (literalmente y en todos los sentidos que se pueda Ud. imaginar).

A otro pozo con los sapos que bajo determinadas tendencias psicológicas que no comparto en lo absoluto sostienen que los chicos deben actuar impunemente. No. Imposible estar de acuerdo. Tenemos la obligación como padres de enseñar a respetar al prójimo. Entender que el prójimo es el propiamente dicho, pero también sus posesiones, entre ellas… el asiento trasero de su auto.

En definitiva, si comprendemos que estos son los pilares básicos de una sociedad organizada y ordenada, una sociedad eficiente, tenemos una posibilidad para cambiar. Cambiar para bien. De lo contrario… la historia nos está enseñando que nos estamos equivocando.

Saludos. Gracias por leerme.
Carlos

Te propongo un acto de autocrítica. ¿Qué cosas hacés mal como Ciudadano y estás dispuesto a cambiar a partir de hoy?

La rebelión de las Palomas…

Hoy les posteo una foto que tomé en el Parque Centenario. Recientemente remodelado, el Parque recuperó su lago interno, sus zonas verdes, sus juglares y la visita de sus vecinos. Una apuesta a los espacios verdes que se inició con la anterior gobernación de la Ciudad, que le hace muy bien al ciudadano y a… Ellas… Según algunos, mensajeras de paz. Para otros: ratas con plumas… En fin…

Parece que los han escuchado. Parece que están al tanto de lo que dicen de ellas; y no les gustó nada…

Fueron convocadas a un cónclave entre las 3 líderes. ¿Qué creen que traman?

Una historia para Nocturno

Bajar las escaleras del subte siempre me recuerda al blog de Susani: “Movilidad Reducida”. Es una experiencia algo tortuosa llegar al andén de la línea B. Siendo que la narración en cuestión arranca a la salida del trabajo, podemos sumarle a esto el cansancio de la jornada laboral.

Es un ritual. Al largo camino a recorrer para llegar al andén, le sumamos el amontonamiento negligente de gente para bajar escaleras, y para esperar la formación que pareciera desafiar al tiempo con un extraño retardo de la frecuencia anunciada.

Ante este panorama, poco me puede llegar a sorprender. Ni los pequeños mendigando ante la mirada ausente de la autoridad competente, ni la falta de presencia policial en la formación o en la mayoría de las estaciones. Tampoco el cansancio expuesto por los usuarios, el malhumor, ni la ausencia de modales para con sus congéneres. La Ciudad de Buenos Aires tiene estas cosas. Este “Qué se yo!”. Sin embargo, este viaje iba a tener una nota de color…

Ahí estaba él. Con su filosofía de vida, su apego a la comodidad donde la pueda conseguir. Su desprovisión total de egoísmos y necesidades materiales. Ahí estaba… Nocturno.

¿Por qué Nocturno? Bueno… Yo me imaginé una pequeña historia. Mi viaje de regreso fue realmente entretenido. Bastaba observar a Nocturno para saber que su nombre tenía que ser ése…

Ahí estaba él. Desparramado con total desparpajo en el asiento del subte. Si no fuera porque su pelaje no hacía juego con el de la pana, hubiera pasado desapercibido. Inmóvil. Ausente de la gente que se agolpaba a su alrededor, mirándolo de reojo pero con total anuencia de la escena, Nocturno descansaba.


Bajé en Malabia. El subte atestado de gente. Nocturno seguía ahí. Apenas se molestó en regalarle una mirada cómplice a una señora que lo tocó con un periódico enrollado, como diciéndole: -”sentate al lado como puedas, soy inofensivo, cómodo y quiero dormir.”

¿Te animás a contarme una breve historia de cómo Nocturno llegó ahí a descansar?

Las mujeres aman los payasos y la pasta de campeón?

¡Mi tarea de investigación!

¿Objetivo?

Histeria femenina y, ¿Por qué no? Masculina…

¿Método?

Estos últimos días lo dediqué a observar con un poco más de detenimiento mi propia conducta y la de los demás respecto al sexo opuesto. Sumé lo leído en algunos posts. Miré a mi alrededor, lo que escribo, lo que digo, lo que digo sentir, lo que siento. Miré alrededor de mis amigos. Lo que dicen. Lo que hacen. Lo que me cuentan. Miré también al sexo opuesto. Lo que escriben, lo que dicen, lo que cuentan, lo que insinúan. Lo que terminan haciendo realmente…

¿Mis conclusiones?

Quizás en la canción de “Los Redonditos” y en esa época era así. Hoy, amigos y amigas, las mujeres aman a quien las pueda hacer sufrir.

Mujeres, ¿Se pusieron a pensar por qué cuando no les demostramos interés, cuando quizás no llamamos al otro día de haberlas conocido, ustedes se enganchan más? Nosotros, hombres, ¿Nos pusimos a pensar por qué cuando queremos dejar de caretear y les demostramos un genuino interés, a pesar de habernos dado el número de su celular, jamás van a aceptar una invitación a tomar un café o a salir?.

Escucho a diario quejas del sexo opuesto refiriéndose a lo complejo que somos los hombres, a nuestro eterno espíritu de joda y jarana, a nuestra falta de compromiso. Esto está bastante justificado. Nos cuesta entregar nuestra parte sensible. No confiamos en los bancos, menos en el corazón de una mujer (hablo en términos genéricos y sentir masculino, no me defenestren por esto, si?). ¿Qué es lo que dicen querer? A un hombre honesto, sensible, que no les moleste escucharlas. Que se interese por ellas, que sea caballero. Que sea fiel… ¿Qué eligen? Al que más fama de mujeriego tiene. Al malandra, al que no las llama cuando quedan, o llega tarde siempre a una cita. Al que siempre tendrá colgada del cuello la sospecha de infiel y embustero. ¿Qué insinúan? Que hay que ser así, o parecerlo…

Histeria? Naaaa… Histeria es poco… Y hay excepciones, claro.

Pero voy a ser justos con ustedes, féminas. Nosotros aprendimos a imitarlas. Cometemos una y otra vez las mismas torpezas. Somos superados. Sólo las queremos para “eso”. Nos creamos una imagen en forma y semejanza. Dejamos que el óxido rodee nuestro lado tierno y nos volvemos poco más que muñecos inflables. El problema radica en que a la larga o a la corta queremos una caricia sincera y sin apetito sexual exclusivamente, como pasa con ustedes. Algunos tienen la suerte de poder retirar el óxido del lado tierno. Pero como pasa en la vereda de una calle, cuando se expone algo de valor, siempre hay un ladrón cerca. Una ladrona en este caso… Terminamos siendo exactamente como NO deberíamos ser, con la persona equivocada. Y queremos volver a ser quienes éramos antes, nuevamente con la persona equivocada…

¿Otra conclusión? También amamos a quien nos haga sufrir.

Y como pasa con la inseguridad terminamos, ambos sexos, poniendo trabas en la puerta, rejas en la ventana, alarma contra cacos, humo e incendio adentro. Salimos con miedo. Nos quedamos en la falsa comodidad interior, y en el mejor de los casos, salimos a engañar, para no ser engañados.

Círculo vicioso. Ciudad de gente encerrada en sí misma. Sociedad autosuficiente, autocomplaciente. Una sociedad donde pareciera que un/a poeta no puede germinar diciendo que es tal.

Aclaración: esto no siempre es así. Pero es una tendencia creciente, no?

¿Te identificás en algún punto? ¿Cómo salimos del círculo?
Proponé algo…

Vocacional: Qué querés ser cuando seas grande? (Parte I)

Creo que es una de las primeras preguntas importantes de cara a la vida adulta que recibimos cuando niños.

Las respuestas marcan pequeños hitos en nuestro crecimiento, nuestro aprendizaje, nuestro descubrimiento de la vida. Son un termómetro de las influencias externas que vamos teniendo a lo largo de nuestra existencia. Dichas influencias resultan de vital importancia, porque nos ayudan a crecer como personas.

¿A qué edad verdaderamente podemos responderla con cierto asidero en la realidad que proyectamos para nuestro futuro? Difícil pregunta. Extraña respuesta… Si me lo consultaran a mi, creo que nunca. El “¿Qué querés ser cuando seas grande?” encierra toda una proyección de sueños. De los hijos… De los padres… De todos aquellos que por una circunstancia u otra pueden influir en nuestra vida. Ser chicos implica soñar un poco los sueños de todos ellos, pero también ser partícipes de los propios.

Creo que mi primera respuesta fue “basurero”… Sí! Me fascinaba ver como estos hombres viajaban en un monstruo metálico, al que alimentaban con lo que nosotros no consumíamos. El recorrer las calles de noche, bajo las estrellas, trepados a la cola del dragón… Me encantaba cuando el camión paraba en mi cuadra y hacía la compactación. El sonido del poder de la compresión me fascinaba. ¡¡¡Qué lindo es tener 5 años!!!.

A los 7, mis sueños tuvieron un giro interesante… Quería ser cura! Hacer sonar las campanas de una iglesia. Sentía una especial atracción por hacer algo por la gente. Me encantaba quedarme ¡horas! mirando el arbolito de navidad e imaginando la vida de Jesús, de Moisés, el Éxodo Judío, la historia de los faraones… En ésa época, la televisión ponía especial énfasis en las celebraciones religiosas, y yo me hacía eco de eso. ¡Bombero! ¿Quién no? Unía las cualidades de mis 5 y mis 7 años!.

Alrededor de los 8, y abandonando la idea del sacerdocio, me incliné por la carrera de veterinaria. Coincidía con mi toma de conciencia de la vida animal. Mi mascota era “La Pompona”, una perra marca “calle” con mucho pelo blanco y manchas negras. Fue mi primera amiga. Quien me consolaba cuando era “retado” por mis padres por haberme mandado alguna travesura. Quien se quedaba al lado mío siempre que estuviera en el fondo de casa o en el frente de la misma. Era mi guardiana, mi compinche, mi partener involuntaria de juegos…

Ya con 9 años, me volqué a la Investigación. ¡Creo que hubiera sido un gran investigador!. Coincidía esto con un regalo que me hicieron: un juego completo de microscopio y materiales para experimentar en casa… Claro que no todos eran beneficiarios de mis experimentos. Si no, que lo cuenten las hormigas, arañas, mantis, langostas, etc., que cayeron en mis tubos de ensayo. Llegué a exterminar un hormiguero completo munido de mi lupa y la luz solar… Pobechitas las hormigas! Y si… Me polaricé inverso a mis 8 años…Je.

Hoy, miro el pasado con añoranza. Un poco de melancolía, y mucha ternura. Recuerdo lo apurado que estaba por crecer, y las frases de mi madre: -”Cuando seas grande, vas a querer haberte quedado chico”. ¡Cuánta razón Mamá! ¡Cuánta!.

Soy uno más de los que vive gracias a la aparición de la tecnología informática. Trabajo en una multinacional y puedo volcar en cierta forma mi espíritu de servicio a la sociedad en un proyecto que conlleva verdaderos beneficios a la seguridad de los ciudadanos. Nada de esto lo planee. Se dió de esta manera. Pero mirando en retrospectiva, creo que de alguna forma uní todos mis intereses de pequeño. Los que no, son volcados a través de mis escritos, algunos de los cuales ya compartí con todos ustedes.

Disfruto hacer una simple pregunta a un niño: “Vos, qué querés ser cuando seas grande?”. Lo uso como termómetro de sus influencias, de los ideales que les estamos inculcando a nuestros hijos. En la actualidad, no siempre sus respuestas nos llegan a sorprender… Pero no podemos calificarlas menos que “interesantes”.

Hoy, me sigo realizando la misma pregunta. Mi respuesta no es clara. ¡Tantas cosas me gustaría! Me gustaría ser periodista, un escritor famoso, poeta, astronauta, presidente, actor, científico, paleontólogo, payaso de circo, aventurero… Definitivamente, quisiera creer en la reencarnación, para poder cumplir con todas esas expectativas… Quisiera ser Peter Pan para tener tiempo de cumplirlas… Quisiera ser distinto a como soy ahora. No porque no me guste quién soy, sinó porque me queda mucho por descubrir y poco tiempo para realizarlo.

¿Y ustedes? ¿Qué quieren ser cuando sean grandes?


Gracias Bet por inspirarme el post.

Pensar en Tí…

Siguiendo con la onda “poemática”, les dejo un pequeño escrito que fue elegido por una amiga en Chile. Diseñadora Gráfica ella, se ofreció a dibujar lo que le inspiraba, y resultó en un hermoso aporte que aún hoy conservo con muchísimo cariño.


Ella fue una de las personas que me llenó de azúcar el alma. Frankita, si algún día llegás a leer este post, sigo MUY agradecido por tu amistad a pesar del paso del tiempo y tu desaparición repentina de todo internet. Dame señales de que estás bien!

A todos, gracias totales!
Carlos

Desde mis Sentimientos…

Y bueh. Es lo que hay… Perdonen mi atrevimiento. Pero escribí esto hace muuuucho (junto a otra veintena…) y sólo lo compartí con algunos. Hoy, me animé con todos. Mi estilo, lo admito, es muy naif. Casi como los garabatos de un adolescente en la servilleta de un pub, con la intención de alcanzárselo por medio del mozo a una chica risueña al otro lado del local…

———

Desde mis sentimientos.

Si al mirar tus ojos
descubro tu alma,
y en ella habitara
toda mi esperanza.

Si descubro algún día,
en tu piel soñada,
mi firma tallada
con fuego esmeralda.

Si al tocarte tiemblas
como el primer día.
Si comprendes mis broncas
y mis alegrías.

Si rozo tus labios,
y los descubro míos.
Si abrazo tu cuerpo,
y llego al infinito.

Si exploro tu sexo;
y en él me descubro como único dueño.
Si estoy en tu mente,
y en ella veo sólo mi nombre escrito.

Si te quedas callada
con mis poesías,
y una lágrima corre
hacia tus mejillas.

Sólo entonces, vida mía,
te amaré como nadie,
te amaré con locura,
te amaré para siempre,
te amaré con dulzura.

——————-

Sepan disculpar los que esperaban otra cosa. :)

Saludos,
Carlos el Sapo Gris Pan

La Primera Vez Después De La Última…

Terminar una relación no es fácil. Nunca lo es. Y no lo es para nadie, ni para el hombre, ni para la mujer.

Pero no voy a hablar desde el punto dramático del asunto. Quizás lo deje para otro post. Hoy quiero hablar de la terrible y amenazadora experiencia de “volver al ruedo”. No es algo que se haga fácil. Primero debemos recomponernos de la situación pasada. En general existe el mito que para un hombre es más fácil que para una mujer. Para mi es un error. Una mujer que se ve frágil resulta atractiva e inspira el instinto protector del hombre. Un hombre que se muestra frágil podrá despertar el instinto maternal, pero definitivamente no creo que despierto el instinto de mujer…

Salir del auto encierro al que nos sometemos es un paso importante. Pero “volver a las pistas”… Definitivamente es dificilísimo!

Tengo un amigo que pretendió hacerme de “teacher” en el menester de hablarle a una señorita nuevamente. Mis temas de conversación habituales hasta ese momento eran sobre el trabajo, las hijas, cambios en la disposición de muebles, nuevas adquisiciones, la lista de compras del supermercado…

Luego de varias invitaciones previas para salir realizadas por mi amigo ¡Y después de enterarme que mi ex me llevaba la delantera por varios meses! Decidí hacer el intento. Acepté. Ésa noche iríamos a bailar en la zona de onda por donde vivía.

Esa noche me dí 3 capas de ducha. Tuve una seria discusión con mi pelo que decidía mantener el camino sinuoso de siempre, y lo obligué bajo amenaza de gel ultra resistente para el cabello. Tomé mi camisa negra preferida, mi pantalón de vestir al tono, y mis zapatos con suela más alta… Sí… soy un poco bajo… 1,70. Siempre desee 10 cms más de estatura, pero me tengo que arreglar. Como diría una amiga: es lo que hay. Un poco de desodorante por acá, un poco de perfume por allá, y esperar 35 minutos extra a mi amigo, ya que es habitual en él sorprenderme con el tiempo…

Llegar al lugar. ¡Ver tanta gente! ¡Tanta gente! Tanta gente en jean y remera… Primer error del novato que ha vivido en un frasco de yogurt una buena parte de su existencia… Debí sospecharlo al ver a mi amigo, que la tenía más clara que yo… Ya no podía dar marcha atrás…

Existen dos formas de entrar a un boliche. Una es pagando la entrada, como todo el mundo. La otra, es conocer a alguien adentro con la capacidad de hacernos entrar. Obviamente, pagué la entrada. Me dolió! La verdad, no es por canuto, pero como cuando era puber trabajaba como promotor de un boliche, desde entonces me cuesta pagar la entrada. !Aaaah! ¡Dí una clave! Resultó que sí conocía a uno de los gerentes del lugar… Pero uno se entera de eso cuando ya no es novato en el ambiente… Y hoy estoy contando ésa historia… :)

Una vez adentro, mi experiencia se resume en perseguir e imitar los gestos de mi amigo experimentado. Me sentía el Patito Feo siguiendo a Papá Pato. Lo veía “atacar” cada tanto a alguna chica que nos miraba pasar, o simplemente interrumpía una conversación femenina (qué mal educado!). Intentaba escuchar… Saber la razón del por qué las chicas sonreían, y hasta sonaban unas carcajadas… Sentí curiosidad y admiración por mi amigo. Pero cuando le consultaba por lo dicho, se limitaba a decir: “boludeces, algo gracioso. ya ni me acuerdo”…

Y bueno… como todo novato, en algún momento se debe empezar de nuevo. Así que intentando recordar mis tretas de seducción de hace 10 años atrás (…) me largué solo al ruedo. Reconocí una chica que me resultó interesante a un costado de la pista de baile (¡Todavía se bailaba de a dos! No como los pubers ahora…). Me acerco, y le digo: “Bailás?”. Mirada a los ojos (de ella a mi) y la respuesta no se hizo esperar: “Estoy cansada y buscando a una amiga”…

No me iba a dar por vencido tan fácil. ¡No Señor! ¡3 capas de ducha ameritan valor! Tomé aire y con cara de “no me afecta porque soy un superado” le digo: “Ok. Hagamos algo. Yo doy una vuelta por el lugar. Si paso de nuevo y estás acá, y no querés bailar, me quedo charlando con vos”. Y me fuí… Debe haber sido la vuelta más rápida por el boliche. Debería reclamarles el récord de vuelta a la pista…

¡Oh sorpresa! Al llegar al lugar de nuevo, la chica todavía seguía ahí. Cuando me acerco, me mira con cara de “soy una chica superada y te voy a hacer creer que sigo acá circunstancialmente”. No pude evitar sonreír. Ella correspondió…

Si a alguno se le está ocurriendo compararlo con el clásico “cabeceadito” de mis viejos, o peor, ¡Mis abuelos! Sepan desde ya que no son más bienvenidos a mis posts… ;-)

“Estoy en el ruedo”, pensé. Y ya que estoy intentando tomar el toro por las astas, toreemos: “¿Cómo te llamás? ¿Trabajás o estudiás? Ah! Estudiás y trabajás? ¿Y te gusta tu trabajo?”… … … Patético. Cuando cerré los ojos por una luz que me encandilaba, como por arte de magia la chica desapareció.

¡Pucha que no es fácil hacerlas reír como lo hace mi amigo eh!

Bueno. Mas o menos así fue mi primera vez después de la última. Con el tiempo aprendí algunos trucos… :-)

¿Y a ustedes cómo les fue con su primera vez? ¿Alguna historia graciosa para contar?

Saludos y muuuuuchas gracias por estar ahí!
Carlos


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