Archivo para la categoría ‘Rincones de la Ciudad’

La rebelión de las Palomas…

Hoy les posteo una foto que tomé en el Parque Centenario. Recientemente remodelado, el Parque recuperó su lago interno, sus zonas verdes, sus juglares y la visita de sus vecinos. Una apuesta a los espacios verdes que se inició con la anterior gobernación de la Ciudad, que le hace muy bien al ciudadano y a… Ellas… Según algunos, mensajeras de paz. Para otros: ratas con plumas… En fin…

Parece que los han escuchado. Parece que están al tanto de lo que dicen de ellas; y no les gustó nada…

Fueron convocadas a un cónclave entre las 3 líderes. ¿Qué creen que traman?

Una historia para Nocturno

Bajar las escaleras del subte siempre me recuerda al blog de Susani: “Movilidad Reducida”. Es una experiencia algo tortuosa llegar al andén de la línea B. Siendo que la narración en cuestión arranca a la salida del trabajo, podemos sumarle a esto el cansancio de la jornada laboral.

Es un ritual. Al largo camino a recorrer para llegar al andén, le sumamos el amontonamiento negligente de gente para bajar escaleras, y para esperar la formación que pareciera desafiar al tiempo con un extraño retardo de la frecuencia anunciada.

Ante este panorama, poco me puede llegar a sorprender. Ni los pequeños mendigando ante la mirada ausente de la autoridad competente, ni la falta de presencia policial en la formación o en la mayoría de las estaciones. Tampoco el cansancio expuesto por los usuarios, el malhumor, ni la ausencia de modales para con sus congéneres. La Ciudad de Buenos Aires tiene estas cosas. Este “Qué se yo!”. Sin embargo, este viaje iba a tener una nota de color…

Ahí estaba él. Con su filosofía de vida, su apego a la comodidad donde la pueda conseguir. Su desprovisión total de egoísmos y necesidades materiales. Ahí estaba… Nocturno.

¿Por qué Nocturno? Bueno… Yo me imaginé una pequeña historia. Mi viaje de regreso fue realmente entretenido. Bastaba observar a Nocturno para saber que su nombre tenía que ser ése…

Ahí estaba él. Desparramado con total desparpajo en el asiento del subte. Si no fuera porque su pelaje no hacía juego con el de la pana, hubiera pasado desapercibido. Inmóvil. Ausente de la gente que se agolpaba a su alrededor, mirándolo de reojo pero con total anuencia de la escena, Nocturno descansaba.


Bajé en Malabia. El subte atestado de gente. Nocturno seguía ahí. Apenas se molestó en regalarle una mirada cómplice a una señora que lo tocó con un periódico enrollado, como diciéndole: -”sentate al lado como puedas, soy inofensivo, cómodo y quiero dormir.”

¿Te animás a contarme una breve historia de cómo Nocturno llegó ahí a descansar?


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