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I

Me gusta tomar fotos con cámaras antiguas, esas de rollos…

Un fogonazo de flash…

Y otro…

Es una escalera de un pequeño edificio…

Por el visor veía lo que iba a capturar…

El diafragma abría rápidamente…

Otra foto…

Otro fogonazo…

Ahora estoy en una hermosa plaza del pueblo, son casi las 19:00 hs, la luz de los faroles acompaña mis andanzas en esta casería de imágenes.

-¿Hola, me podrías decir donde hay un restaurante?

-Si señora, acá a la vuelta, enfrente del banco, esta el bar de Tito, hacen unos asados tremendos, pero abre a las 8 de la noche.

-Gracias, tomo unas fotos más y voy.

-Usted no es de acá ¿no?

-No, vengo de la Capital.

-¿Y cómo se llama?

-Rocío.

-Ah, chau.

-¿Vos cómo te llamas?

-Rodrigo.

Al darse vuelta para decirme el nombre, le tomé una fotografía.

Había alquilado una casa en ese pequeño pueblo, la gente era amable, pero ¿dónde estaban todos? Busqué una casa que se adapte a mis necesidades, tenía que tener una habitación demás para poder armar el cuarto oscuro y así revelar mis fotos.

Estoy sentada en el restaurante, el olor al asado me atrae, pero debo comer algo liviano, no quiero engordar. Los olores se entremezclan, el aceite quemado de las frituras se penetra en mi cabello y en la ropa, como nadie me atendía me fui rápidamente de allí.

Las luz roja me imposibilita ver en este pequeño cuarto, colgadas tengo las fotos que saqué hoy, mi primer día en el pueblo, aun las imágenes no habían aparecido, no tenía ganas de esperar, estaba cansada y me fui a dormir, al otro día las miraría para corroborar lo que se hablaba de ese pueblo, los extraños acontecimientos que ocurrían allí…

II

Una joven sentada en el primer escalón de aquel edificio que tomé la foto, una plaza atestada de gente, y el niño, al que le pregunté donde encontrar un restaurante, no estaba en ninguna de esas fotos, pero si mucha gente a su alrededor, gente que yo no había visto en ese momento, no estaban allí cuando tomé las fotos, quedé impresionada por lo que estaba viendo, pero observé en su semblante, el de las personas en la fotografía, y no noté nada extraño en ellos, parecía como si fueran personas vivas, ya que a mi entender, ellos eran espíritus, personas muertas que aun no se han ido al más allá.

Sentí un cosquilleo en el estómago, de seguro era hambre, al salir a la puerta para ir hasta el almacén de la esquina, pasa el niño, Rodrigo, entonces le pido que me haga el favor de traerme una ensalada mixta.

-Estaba cerrado señora –Me dijo al volver.

-No importa, ya no tengo hambre, y no me digas señora, soy joven ¿vos comiste?

-Mas o menos, creo que estoy bien así.

-¿Vivís por cerca de acá?

-Acá está todo cerca, pero si, a dos cuadras. Usted, perdón, ¿vos viniste por las cosas raras que suceden en el pueblo?

-Si, ¿sabes algo?

-No mucho, pero dentro de unos días te vas a dar cuenta lo que realmente pasa.

-¿Por qué lo decis?

-Me tengo que ir, deben estar preocupados.

-¿Tus padres?

-Chau, nos vemos –Y se fue sin responderme la pregunta.

El sol lentamente se ocultaba en el horizonte, salí hacia el centro de la ciudad para tomar otras fotografías, no se si la gente dormía la siesta extendida o qué, pero no había nadie, parecía un pueblo fantasma.

Me pongo a mirar nuevamente por el visor de la cámara (siempre dejo activo el flash, para sacar fotos más nítidas) y el fogonazo, si bien no era tan evidente pues algo de la claridad del día todavía quedaba, iluminó rápidamente un lugar donde había un hermoso plátano con algo de sombra, al estar mirando por el visor, momentáneamente pude ver a las personas, eran unos jóvenes besándose debajo de aquel árbol, pero ellos no se daban cuenta de que yo estaba allí “De seguro son espíritus” me dije. Fui hasta otro árbol cercano donde ahí había más sombra puesto que la copa era más tupida, vuelvo a observar por el visor y aprieto el disparador, y vi unos niños jugando sobre el árbol…

-Amor viste un reflejo, como un flash, es extraño.

-Seguro que te pareció, o fue el espejo de algún auto que reflejo el sol, quedate tranquila.

-Mati, Mati, quién sacó una foto, escuchaste el ruidito de la cámara.

-Nadie, nadie Tomas, dejate de joder y vamos a casa que mamá nos debe estar esperando, es tarde.

“Rocío ignoraba las conversaciones de esa gente, para ella no había nadie”

-Hola Rocío, y ¿descubriste algo?

-Rodrigo me podes decir qué pasa aquí.

-Yo me di cuenta hace unos días, porque ellas me dijeron.

-¿Quiénes son ellas?

-No se, dicen que las manda Dios, y que tengo que ayudarte en la transición.

-¿Qué transición?

-Vos estas muerta como yo ¿no te acordas de nada?

-Cómo, no es cierto, yo estoy viva.

Entonces como un cimbronazo en todo mi cuerpo, caí en la cuenta, muchos indicios me hicieron saber la verdad; las personas que fotografié, eran normales… el pueblo vacío… y sólo podía verlos con el flash… y muchas cosas más.

Fui corriendo hasta la casa donde estaba parando, y cuando entré me encontré con una desolación total, las paredes con telas de arañas, parecía estar abandonada hacia mucho…

Corro nuevamente, me paro frente a una vidriera espejada, y lo que ví me dejó espantada, era yo en el reflejo pero con mi rostro desfigurado, la cara llena de sangre y el cráneo abierto, no entendía como podía andar así, a mi lado aparece Rodrigo, y ahora lo que veía era la realidad, nuestra realidad, la mía y la del niño, giro la cabeza para la calle, y la gente pasaba desentendida de lo sucedido, nadie nos podía ver, algunos atravesaban nuestros cuerpos…

-Tenemos que irnos porque se van a enojar.

-¿Quiénes?

-Ellas, ya te lo dije.

“Rocío se puso triste, pero al rato su rostro cambió, sentía paz, se sentía libre al fin, miró al niño, lo tomó de la mano, le pidió perdón y se fueron para siempre…

Ellas aguardaban por ahí, ¿serían Ángeles, demonios..?”

El viento soplaba más fuerte que nunca ese día en el pueblo, un diario en el piso que se arrastraba por el suelo soplado por el viento decía; muere fotógrafa en accidente de tránsito, ella se llamaba Rocío Spataro, las autoridades policiales informan que un niño de nombre Rodrigo Suárez, cruzó la ruta en una bicicleta, que al esquivarlo perdió el control del vehiculo y embistió al niño, ambos murieron en el acto.

Se dice que una gran cantidad de personas en el pueblo, habían visto fogonazos, pero todo quedó en una leyenda de pueblo, y la vida transcurría normalmente.

Fogonazo…

Otro fogonazo…

¿Lo ves?

O es sólo una imagen de tu realidad ¿quién sos?

A veces vemos lo que queremos ver y otras tantas somos ciegos de nuestra propia verdad.

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huanco matiasHacemos algo? Si? sólo mirar y avisar, no cuesta nada

los datos acá

http://www.missingchildren.org.ar/

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