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Hormigas Zombies

Siempre imaginé los hongos como esas cosas que crecen donde hay humedad y se secan donde hay sol, no mucho más, tonto si los hay, bueno, eso hasta ahora.

En otros posteos (ver la confusa inteligencia ) consideré la necesidad de entender que no solo los seres vivos son inteligentes, sino que las especies también lo son, de la misma forma en que, aun cuando una célula no pueda serlo, un sistema celular si.
Eso nos pondría, como seres humanos, en la incómoda necesidad de reconocer que hay por lo menos una forma de inteligencia superior (superior no porque sea necesariamente más inteligente sino porque somos parte de sus procesos), pero sería un nuevo avance contra el antropocentrismo para comprender el universo y el funcionamiento de la vida.
En este caso el hongo Ophiocordyceps unilateralis no tiene capacidad por si de desarrollar tan complejo mecanismo de supervivencia, cosas que si ha logrado la especie tras generaciones de evolución.

Un hongo manipula una especie de hormiga para que una vez infectada se sitúe a la hora de morir en una ubicación ideal para el parásito.
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Hormiga muerta a la que ya le ha crecido el cuerpo fructífero (señalado con una P) del hongo. Foto: The American Naturalist.

En esta web ya vimos la capacidad de algunos parásitos de controlar a la especie que lo hospeda. Es el caso de los gusanos que modifican a los saltamontes que infectan para que éstos se suiciden en el agua y que así los gusanos puedan escapar. También vimos un nematodo parásito que infecta a las hormigas para que se dispongan a modo de bayas silvestres y que así sean ingeridas por los pájaros. Da la impresión que la Naturaleza puede ser bastante cruel a nuestros ojos.
Ahora un artículo publicado David P. Hughes de Harvard University y sus colaboradores describe los detalles de cómo un hongo parásito obliga a la hormiga a la que infecta a morir en el lugar más adecuado para que el hongo crezca y se reproduzca. Es decir, el hongo es capaz de manipular el comportamiento de la hormiga en su propio beneficio.
La historia parece sacada de un relato de ciencia ficción. Cuando el hongo denominado Ophiocordyceps unilateralis infecta a su víctima, ésta permanece viva por poco tiempo, pero en ese tiempo obliga a la hormiga a ir planta abajo, lejos de su hormiguero en el dosel de la selva, hacia una planta cercana al suelo. Allí la hormiga se sitúa en el envés de una hoja apropiada que tenga espacio libre debajo de ella, se agarra con sus patas y con sus mandíbulas muerde fuertemente un nervio de la hoja justo antes de morir. La hormiga, ya muerta, permanecerá allí durante pocas semanas alimentando al hongo.
Una vez que la hormiga muere, el hongo continúa creciendo en su cuerpo. Después de unos pocos días un estroma, el cuerpo fructífero del hongo, emerge específicamente de un punto situado en la parte de atrás de su cabeza. Después de una o dos semanas el estroma comienza a esparcir esporas hacia el suelo del bosque. Potencialmente cada una de esas esporas es capaz de infectar a otra hormiga que eventualmente pase debajo. Cada hormiga crea debajo de ella un “campo minado” infeccioso debajo de un metro cuadrado que puede infectar a cualquier hormiga que pase por él.
Los científicos conocían desde hace 100 años la habilidad de este hongo parásito de transformar hormigas en zombis, pero Hughes y sus colaboradores han conseguido desvelar el control preciso que el hongo tiene sobre su víctima.
En el santuario Khao Chong, situado en la selva tailandesa, estos investigadores descubrieron que las hormigas carpinteras “zombificadas” ya muertas estaban invariablemente en el envés de hojas de unos 25 cm del suelo agarrada siempre a un nervio por sus mandíbulas. Además, estas hormigas ya muertas se encontraban en hojas que surgían desde la parte noreste de la planta. Lo más interesante es que la temperatura, humedad y luz solar de estas localizaciones eran óptimas para el crecimiento y reproducción del hongo. Cuando los investigadores pusieron hojas con hormigas infectadas a mayor altura del suelo, pero cerca de sus ubicaciones originales, los parásitos fallaron a la hora de desarrollarse adecuadamente. Aparentemente el hongo manipula el comportamiento de la hormiga durante horas para que ésta encuentre un lugar para morir que sea óptimo para el hongo.
Pero encontrar un lugar adecuado es sólo la mitad de la tarea.
Al diseccionar varios ejemplares de hormigas los investigadores descubrieron que el hongo desarrolla estrategias novedosas para poder retener la fuente de recursos. Según el hongo se extiende por el cuerpo de la hormiga convierte la mayor parte de su interior en azúcares que serán usados por él como alimento para crecer. Pero debe dejar intactos los músculos de las mandíbulas para así asegurarse de que la hormiga siga sujeta a la hoja. El hongo conserva además el exoesqueleto de la hormiga creciendo en sus grietas para así reforzar los lugares más débiles. De este modo logra mantener una protección frente al exterior para que así los microorganismos y otros hongos no entren en el cuerpo.
Aparentemente las hormigas carpinteras (C. leonardi) tienen unas pocas defensas frente al hongo. El modo más importante es evitar la infección es alejarse lo máximo posible de las víctimas como sea posible. Esta debe de ser una de las razones por las cuales estas hormigas hacen sus hormigueros en el dosel de la selva, lejos del suelo donde el hongo amenaza. Además, las hormigas carpinteras tienen caminos que evitan las zonas infectadas. Esto podría ser una estrategia adaptativa, aunque según Hughes habrá que confirmarlo.
Los investigadores comprobaron el efecto del hongo sobre otras especies de hormigas encontrando que no se conseguía todo el comportamiento óptimo. El parásito debe de haber evolucionado, por tanto, para atacar a esta especie concreta de hormiga.
El mecanismo mediante el cual el hongo controla el comportamiento de la hormiga se desconoce. Hughe y sus colaboradores tratarán de hallarlo.
En todo caso parece increíble que una selección natural “ciega” sea capaz de recrear este tipo de comportamiento adaptativo.

Fuentes y referencias:
Nota de prensa.
Artículo original (resumen).
Web del investigador.
Noticia en Scientific American.
Un parásito induce a un insecto a suicidarse.
Hormigas parasitadas parecen bayas silvestres.

Critica a ¿De dónde provienen de fantasmas?

Amigos, encontré esta espectacular y reveladora nota de este muchacho Hazel Muir.
http://blogsdelagente.com/maslocoqueunacabra/2009/11/2/-de-donde-provienen-fantasmas-new-scientist
Desde, al menos, mi perspectiva, el nudo de la cuestión no radica en los campos magnéticos en si, independientemente de su intensidad, como bien indica el artículo en las experiencias de Persinger los campos alternaban patrones y son estos los que disparan los sucesos de la percepción.
Como decía en la percepción simbólica el cerebro tiene una capacidad innata de percibir patrones, pueden ser estos de campos magnéticos , ultrasonidos, infrasonidos o patrones visuales, en cierta forma el cerebro entiende dos cosas, primero que percibe un patrón y segundo que lo percibe por una via no habitual, es decir donde habitualmente debería haber información caótica o bien, donde debería salir la misma información que entro.
Si los campos magnéticos o los sonidos no siguieran ningún patrón seguramente el cerebro asumiría que pertenecen al ruido natural de fondo, pero si hay algo que el cerebro distingue con claridad es un patrón.
Recordemos para esto que suponemos que el cerebro tiene una capacidad de percepción mucho más amplia que la que procesamos conscientemente.
Una vez detectado el patrón el cerebro dispara una alerta y para ello completa la información con lo que parece más probable o lo que le parezca que puede despertar una defensa, es allí donde aparece la “presencia”.
En los experimentos aparece algo razonable, el delay al que hacíamos referencia en la percepción simbólica, por eso muchos voluntarios advierten la presencia cuando el sistema que genera los campos magnéticos están apagados.
El cerebro tarda algún tiempo tratando de identificar al patrón, tiempo que puede durar desde segundos a horas, una vez que lo hace indica al cerebro consciente que hay algo, como no puede identificar la fuente o el origen completa la información con algo que parezca razonable, una “presencia”.
¿Entonces la presencia en si es un invento de la mente?
Pues, si y no, el cerebro tiene mucha razón cuando asume que normalmente no hay cierto tipo de patrones en la naturaleza, entonces, si los encuentra, entiende que se está topando con alguna forma de vida.
Habría que aclarar que seguramente este mecanismo, aparentemente de defensa, solo se activa cuando el sujeto está en cierto estado de alerta, y por eso ello sucede en un lugar como el castillo que en su aspecto resulta intimidante.
También podría ayudar a explicar este tipo de sucesos en hospitales e instalaciones donde hay constantemente maquinarias o aparatos emitiendo patrones imperceptibles todo el tiempo.
¿Pueden afectar los fantasmas?
Supongamos que usted se queda a vivir en el castillo, este es una transcripción casi completa de la personalidad de la familia Pennington y seguramente de sus miembros con personalidades influyentes, tan pronto vaya pasando el tiempo este se convertira en un Molde de Yeso que irá horadando su propia personalidad, es decir que los patrones, no solo magnéticos o sonoros, sino aquellos visuales, arquitectónicos y simbólicos trabajarán lentamente como si de un molde se tratara transformandolo hasta convertirlo en un mismísimo Pennington con la diferencia que usted no tiene lazos de sangre, lo que a esta altura sería un dato menor.
Después de todo el castillo fue construido para es fin, para conservar una dimensión del poder, los mandatos y la tradición de la familia y constituye un perfecto negativo de cada detalle de la familia.
Pasados algún tiempo, usted seguramente podrá reproducir frases textuales, costumbres, ademanes y preocupaciones de los Pennington, aun sin haber conocido ni escuchado jamás a uno de ellos, en el camino, en el proceso, usted soñará con ellos, los verá en sueños y hasta es posible que se cruce con un fallecido en plena vigilia.
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¿De dónde provienen de fantasmas? – New Scientist

COMO EN TODO CASTILLO MEDIEVAL hay que ir a los dormitorios, ésta parece la parte indicada. tapices flamencos comparten las paredes con retratos. Visto de cerca, de los morillos de hierro de la chimenea ornamentada asoman cabezas de demonios. Este lugar es supuestamente acosado por el fantasma de Tom Skelton, un bufón del siglo 16 del que se dice que ha cometido un asesinato. La mirada malévola de “Tom Fool” asoma de una pintura al aceite con poca luz en las afueras de la habitación.

Mi misión es pasar la noche en la Sala de Tapices en el Castillo de Muncaster en Cumbria, Reino Unido. Pues con anterioridad había tranquilizado a mi editor, diciendo que me río de las historias de fantasmas, mi valentía se está desmoronando. Todavía no creo en fantasmas, pero tengo miedo de la atmósfera, el viento me da pánico. Dos invitados anteriores han atornillado en la noche, un futbolista de primer ministro, el otro un escéptico intransigente que vino a burlarse. Luego me entero de que no voy a ser capaz de salir de la sala sin disparar las alarmas antirrobo del castillo. ¿Qué estoy buscando?

stoy aquí debido a una controvertida teoría que dice que algunos informes de fantasmas podrían ser causadas por campos magnéticos inusuales que desencadenan reacciones extrañas en el cerebro. Hay una larga tradición en la búsqueda de causas en los lugares supuestamente embrujados – e incluso de tratar de reproducirlos en el laboratorio. Hasta ahora, los resultados han sido desiguales, por lo que he seguido a los neurólogos y psicólogos del Castillo Muncaster para ver si, en este caso, al menos, la ciencia puede poner un misterio fantasmal a descansar.

El investigador principal es Jason Braithwaite, psicólogo cognitivo de la Universidad de Birmingham, Reino Unido. Braithwaite es un escéptico con un interés de larga data en la psicología de las experiencias paranormales y las creencias. “Estas experiencias extrañas parecen ser parte de la operación normal del cerebro”, dice Braithwaite. “Ningún modelo de la función cerebral puede considerarse como completa hasta que se los explica.”

Fue en la década de 1970 que Michael Persinger, neurocientífico de la Universidad Laurentian en Sudbury, Ontario, Canadá, propuso que algunas alucinaciones podrían ser provocados por los campos magnéticos. Es bien sabido que los pulsos magnéticos de 1 o 2 teslas puede estimular las neuronas en el cerebro, algo que a veces se usa para tratar la depresión. Persinger, sin embargo, estaba interesado en los campos mucho más débiles, del orden de 1 a 10 microteslas, que pueden surgir de los aparatos eléctricos tales como un secador de pelo, o simplemente existen en los campos naturales de fondo.

Persinger se ha centrado en los lóbulos temporales del cerebro, se sabe que intervienen en la percepción visual y auditiva, así como la memoria. Se encontró que las personas con lóbulos temporales menos estables, con tendencia a frecuentes estallidos de actividad eléctrica, fueron más propensos a reportar las sensaciones místicas cuando aplicó complejos campos magnéticos para su cerebro.

Él ideó un casco con bobinas con una funcion que pueden producir campos débiles, que fluctúan rápidamente patrones en los lóbulos temporales. Afirmó que hasta 4 de cada 5 voluntarios que llevaba el casco habían experimentado una extraña “presencia etérea”, que se podría interpretar como un ser querido fallecido, o incluso como Dios (New Scientist, 19 de noviembre de 1994, p 29).

Los resultados de “El casco de Dios” de Persinger siguen siendo controvertidos. Como tales campos magnéticos débiles pueden tener este efecto sobre el cerebro no está claro, aunque Persinger sostiene que la complejidad de los campos ‘parece ser la clave. Y no todos los estudios fueron doble ciego, en otras palabras, aunque el voluntario no iba a saber si la máquina estaba encendida o apagada, el experimentador conocía y podría, sin saberlo, transmitir esa información. Cuando un equipo sueco corrió la prueba en forma de doble ciego en 2004, informó que sus voluntarios percibieron sensaciones extrañas, independientemente de si la máquina estaba encendida o apagada (Neuroscience Letters, Vol 379, p 1). Persinger ha criticado su diseño del estudio y resuena el debate.

Mientras tanto, varios grupos han investigado las anomalías magnéticas en los lugares supuestamente embrujados. Durante los últimos dos decenios, Braithwaite se ha centrado en Muncaster Castle, hogar de la familia Pennington, durante 800 años, y ahora abierto a los turistas. El administrador Peter Frost-Pennington dijo a Braithwaite que en muchos informes extraños vinieron de pasar la noche en la Sala de Tapices.

Algunos niños informaron haber oído llorar o gritar. Otros afirmaron que sintieron una presencia, oyeron los pasos de un fantasma o sentido algo tocarlos. Braithwaite habló con muchos de ellos y dice que lo sorprendente es que, si bien los informes de la mayoría de los fenómenos paranormales son fugaces, la experiencia directa de la visión de los extraños sucesos en la Sala de Tapices en general, duraron de 20 minutos a una hora.

Braithwaite y sus colegas han comprobado en la habitación con lo que creen que es el sistema más sensible jamás utilizados para este propósito. Se compone de dos magnetómetros que pueden detectar campos magnéticos tan débiles como 0,5 nanoteslas, en tres direcciones, 250 veces por segundo.

Después de investigar muchas áreas diferentes, el equipo encontró los campos más complejos procedentes de la Sala de Tapices. Se alojan en una malla de hierro sobre el apoyo del colchón, lo que distorsiona fuertemente los campos magnéticos locales de fondo. Fundamentalmente, si alguien está en la cama y pasa de lado a lado, haciendo fluctuar el campo cerca de las almohadas de manera similar en magnitud y complejidad a los campos en los experimentos de Persinger. “Es muy complejo, tanto que varía considerablemente en espacio y tiempo”, dice Braithwaite, quien describió los resultados el mes pasado en una conferencia celebrada en el castillo de Muncaster de UK-escépticos.

Así que estos campos podrían haber contribuido a algunas de las experiencias espeluznantes en la Sala de Tapices? Braithwaite pretende poner a prueba esta hipótesis reproduciendo en una habitación a medida, y para ello está haciendo un equipo con Chris francés, que estudia anomalías psicológicas en Goldsmiths, Universidad de Londres.

Francés tiene experiencia en asustar a la gente en nombre de la ciencia. En 2005, su equipo creó una habitación blanca poco iluminada de forma que la gente pudiera estar expuesta a ondas sinusoidales de simples campos magnéticos y ondas de sonido de baja frecuencia, que también se han relacionado con las experiencias fantasmales (New Scientist, 26 de julio de 2003, p 30).

Uno a la vez, más o menos 80 voluntarios fueron enviados a la sala, donde pasaron 50 minutos, sometidos a los campos magnéticos, de infrasonido, ambas o ninguna. Por razones éticas tuvo que ser dicho de antemano que podrían experimentar algunas sensaciones extrañas, pero no se dieron más detalles.

Más del 90 por ciento de los participantes informó de sensaciones inusuales, incluyendo sensación de separarse de sus cuerpos y el oído marcando los sonidos. Alrededor del 20 por ciento señaló haber sentido una presencia, mientras que casi el 10 por ciento informó el terror.

Lamentablemente, sin embargo, los voluntarios eran tan propensos a informar sensaciones extrañas, independientemente de si los campos magnéticos y de infrasonido se encienda. En otras palabras, simplemente se asustó por estar encerrado en la habitación misteriosa. “Si le dices a las personas sugestionables, que podrían experimentar algo raro aquí, algunos de ellos”, dice el francés.

Él no ha renunciado, sin embargo, a comprobar si en los campos magnéticos más complejos producidos por el marco de la cama de la habitación de Tapices está el truco. Tienen la esperanza de obtener fondos para arreglar una sala con bobinas ocultas que pueden generar campos igual de complejos.

También tratará de cuantificar la importancia relativa de diferentes factores psicológicos para asustar a las personas mediante la adición de otros ingredientes, como borradores, pinturas y muebles de aspecto siniestro y espeluznante.

Ciertamente puedo dar fe de la importancia de la atmósfera. Cuando llegó a mi propia estancia en la Sala de los Tapices, no me atrevo a decir que sacó lo mejor de mí: al final, no podía soportar estar allí solo, así que invité a mi pareja, que se encontraba cerca.

Alentado por su compañía, mis temores disminuyeron. Nosotros no escuchamos los niños llanto ni sentía nada sobrenatural. Jester Tom Skelton parecía estar fuera de la ciudad por la noche, y que estaba bien por mí.

Hazel Muir es un escritor freelance residente en el Reino Unido

Fuente: New Scientist

http://www.newscientist.com/article/mg20427321.200-where-do-ghosts-come-from.html?page=1

Traducido malamente por mi


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