¿Una enfermedad fingida?

Todo indicaba que en la continuidad del intercambio epistolar que había tenido Clara en su vida, había dejado de obsesionarse por mis actividades durante mis giras por el interior. Pero esa percepción me duró poco.

“Ya estaba por renunciar a perseguir a Ernesto, hasta que se me ocurrió algo sensacional. ¿Te acordás de Lola García? Fue compañera nuestra del primario, y vivía en el mismo barrio que nosotras. Hoy es médica. Le comenté sobre mi historia con Ernesto, y decidimos rencontrarnos. Estuve ayer almorzando con ella, y le conté todos mis desvelos por las infidelidades de mi marido. ¿Y a que no sabés qué se le ocurrió que podríamos hacer? Cuando él planifique la próxima gira, me voy a enfermar mal, con un certificado trucho de ella, y le vamos a hacer posponer las giras. Van a tener que mandar a otro al interior, y después me curaré y volveré a caer frente a cada gira. Lola dice que la deje a ella, que va a manejar eso con gran maestría. Él no volverá a irse, y así dejará de engañarme…”

Me serví un vaso de whisky así de grande. Me senté en el sillón frente al balcón que da al parque. Me quise morir.

Ahora sí que las historias empezaban a coincidir con los recuerdos personales de mi propio pasado. Es que de tal manera habían nacido las dolencias de Clara: con un gran ataque que le había dado la semana antes que yo tuviera que viajar a la sucursal de Jujuy.

En realidad había sido un ataque profundo a mi vida privada.

En mi primer viaje a la sucursal de Salta, allá a fines de los ochenta, yo había conocido a Diana, una hermosísima mujer, casada con un ingeniero en petróleo que, a su vez, vivía de viaje por el interior. En principio ella pensaba que estaba al borde de su separación, y por eso no le fue difícil iniciar una relación conmigo. Con el tiempo me di cuenta que ambos –ella y yo- habíamos descubierta la facilidad de una relación basada en el propio equilibrio que creaba la situación de estar lejos de nuestras propias parejas. A mí me facilitaban un vehículo durante la gira, y ambos nos escapábamos a Jujuy a vivir la aventura. Fue lindo y se prolongó durante mucho tiempo. Hasta que se enfermó Clara.

Pero… en la carta se habla de una enfermedad fingida. Y si hoy soy viudo es porque mi mujer murió de un mal que de ninguna manera pudo haber sido fingido. No se si me entienden: ella murió.

Ahora tengo la cabeza peor: no entiendo nada.

¿Quién coño es esta doctora García? ¿Lola será su nombre?

Busqué en Google, en la guía y en la cartilla de nuestro sistema médico. Pero es absurdo: Lola parece ser un sobrenombre, y las doctoras García son tantas que no se sabe por dónde empezar…

Si Clara empezó por fingir un mal, y se le dio vuelta la tortilla al darse cuenta de que en realidad lo tenía, es un secreto que se llevó a la tumba.

Porque ella murió, ¿no?

¿O no?

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