Leyes e inversiones

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Por lo menos nosotros en algún momento deberemos revisar la ley 21382 decreto 1853/1993 de inversiones extrajeras para adecuar los movimientos de capitales a nuestras propias realidades, una institución para plasmar otras salidas institucionales a un aspecto importante del proceso económico consistente en la constitución de capital fijo y circulante de modo que el costos de sostener sistemas bancarios que enriquecen a determinadas élites no sea más elevado que los beneficios de un sistema que llegue con créditos al consumo o para la constitución de capitales de trabajo por ejemplo, sin que eso no signifique al principio elevar algunos costos sociales y eventualmente constituir beneficios privados transitorios, cuando el flujo de los mismos capitales se reconstituya y se restituya en un mundo globalizado que no termina de salir de la crisis de 2008, para que de una vez por todas nos pongamos de acuerdo por acá a qué llamamos inversiones extranjeras o a los mismos inversores que más que eso fueron habitualmente oportunistas que vinieron cuando estuvimos mal y ellos quisieron estar mejor que no vienen cuando estamos bien sin que ellos estén peor, porque por lo menos las estimaciones para este año para lo que es por acá por la misma región, significarán muy escasas radicaciones de inversiones directas – caso YPF – no son alentadoras porque contra un movimiento inversiones de cartera de unos 100 mil millones de dólares según informe del FMI puede producirse un flujo negativo equivalente, resultado igual a cero.