“Hoy todas las barreras funcionan…”

Desperté escuchando esa frase. La náusea eterna que abunda en mi alma resurgió abruptamente… “>Hoy todas las barreras funcionan…<”

Hoy todas las barreras funcionan… HOY TODAS LAS BARRERAS FUNCIONAN!!!

HOY?  Por qué no funcionaron el martes? EH?

POR QUE NO FUNCIONABAN ANTES???

ONCE MUERTOS. MAS DE DOSCIENTOS HERIDOS Y MILLONES DE LABURANTES QUE HACE TRES DIAS VIAJAN INCOMODOS Y LLEGAN TARDE A SUS TRABAJOS.

Me cansé.

Hace casi 20 años se privatizó el medio de transporte más importante. Se levantaron vías que hicieron desaparecer pueblos. Un equipo completo de carga equivale a diez camiones, ¿diez? quizás más. ¿Y los laburantes? “Dios está en todas partes pero tiene su oficina en Buenos Aires”.

Hace treinta años que viajo periódicamente por la Línea Sarmiento. Es más, trabajé para el ferrocarril cuando era estatal, cuando las vías eran de quebracho y las señales eran manuales. Había accidentes, pero no tan graves. Claro, miles de señaleros se quedaron sin trabajo. Ahora están las barreras automáticas, que no funcionaban el día martes.

El estado comparte la administración del ferrocarril. Sí, el estado se hace cargo de las pérdidas. Nadie lo sabe.

La población del conurbano aumentó más de un cien por ciento. Cuando se privatizó viajaban miles, ahora viajan millones.

Yo soy testigo de eso. A cualquier hora que viajes, se viaja mal.

El proyecto de soterramiento de vías lo presentó Cafiero, en la época de Alfonsín. ¡Nos entendemos! Es un proyecto que en poco tiempo va a cumplir treinta años. TREINTA AÑOS.

lA VERDAD QUE NO SIRVO PARA ESTADÍSTICAS.

ME CANSE.

dE TODO.

¿CUANTA GENTE MAS TIENE QUE MORIR PARA QUE LOS OTROS SE DEN CUENTA?

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JUSTICIA

Los griegos representaban a la Justicia como una mujer sentada, con los ojos tapados y una balanza en la mano… Yo creo que debemos sacarle la venda de los ojos. Es hora. Deben llegar los tiempos donde reinen los Justos.

Una pequeña luz ha encendido los corazones de un pueblo cansado de la impunidad y de la falta de Justicia. Su nombre ilustra: Candela. La desaparición y la muerte de esta niña ha marcado la diferencia. Existe un antes y un después. Si aquellos que gobiernan y administran la Justicia no lo pueden ver, ella ilumina con su sonrisa los corazones de la gente. Y el pueblo no se equivoca. >Nunca se equivoca<

Todo lo que diga está de más…

Lo que sigue, el tiempo de la luz está llegando…

Muchos corazones abrazan esa pequeña llama… Candela… Nosotros te amamos y vamos a rogar por vos hasta que se haga Justicia.

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Tengo ganas de nadar…

Tengo ganas de nadar,

No me quiero sicoanalizar más!

Hace tantos años que me siento en un diván…

Todas esas benditas horas navegando por mi cabeza,

Traté de hallar misterios, miedos, certezas.

Busqué la causa de mis conflictos y mis perezas…

Basta ya!

No me quiero sicoanalizar más!

Sólo quiero sumergirme en el infinito mar,

Andar por las olas libre y nadar…

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Acerca de soledades…

Siempre me sentí cómoda en soledad. Más aún, tuve la costumbre de variar momentos y lugares. Pero esa elección era mi mejor salida. Lidiar con la gente me resultaba una verdadera incomodidad. Mi soledad era mi refugio, mis sostén, mi guarida.

Con todo esto no quiero afirmar que también le tuve miedo. Un día hace tiempo descubrí que me  estaba quedando sola también de mí. Estaba abandonando mi refugio y lo había convertido en una especie de prisión.

Tardé bastante en darme cuenta que  a veces cuesta pero vale la pena conocer gente nueva. Encontrar nuevos refugios. Algunas especies de atalayas compartidas. Creo que ahí descubrí la escencia del arte. La creación es un acto solitario que luego necesita ser compartido. Una especie de “exhibisionismo legitimado”, un acto de histeria dirigida a la búsqueda de un público.

Fue en ese momento que descubrí el teatro. Un amor imposible. Un amor negado. Una ráfaga de memorias olvidadas, de palabras halladas en el juego de compartir una escena, un gesto, la estructura del drama.

Me costó asumir un amor no posible, que se diferencia del imposible, porque lo tanteamos y admitimos que no es el momento de lograrlo, aunque lo intentamos.

Ahora, en este momento mágico, donde socavo mi soledad al máximo, tengo un refugio maravilloso que es mi atelier. Lo disfruto, lo tanteo, incluso a veces escapo. Pero está siempre ahí esperándome. Es mi lugar amado. Mi santuario. Mi atalaya.

Doy a veces pasos a zancadas, otras veces de puntillas. Ahora doy un paso tras otro, meditando el lugar donde piso.

Descubrí que el único lugar válido es donde estoy. El momento ahora. Sin bolsillos llenos o vacíos, sin ilusiones vanas o reprimidas. Solo hoy amo el lugar que piso.

Mi cuerpo, mi templo itinerante, donde creo en Dios o lo discuto. Donde el silencio como siempre, me otorga la mejor de las soledades.

Estoy constantemente acompañándome, y eso es lo que vale.

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Modelo para armar.20

Los sueños rotos. Un día logré tener un trabajo estable. Supe en ese momento que iba a poder comenzar mi verdadera vida. Esa vida que me prometía mi madre. “Cuando tengas un trabajo vas a poder hacer eso”. Fue una maldita frase que me quedó grabada desde mis doce años.

Entonces llegó el ansiado día. Había cobrado mi primer sueldo. Mi abuela, otra consejera, me dijo: “Andá y comprate ropa”. Por supuesto que seguí sin saber qué hacer, hasta que mi tío me dijo que necesitábamos depositar en una cuenta los ahorros para la jubilación de mi madre. Yo decidí por esa opción. Durante tres meses le dí casi todo lo que cobraba para poder realizar los trámites de la pensión de mi madre. Ese verano mi abuelo enfermó. Entonces mi tío interrumpió los trámites y se dedicó a acompañarlo. Mientras tanto yo seguía trabajando.

El cuarto mes recibí mi primer sueldo “libre”. Podía gastarlo casi todo para mí. Con la “Para Tí” en mano, me dirijí hacia el negocio exclusivo, donde vendían los zapatos que me quería comprar. Ese sábado tomé el tren y el subte hasta Retiro, llegué a la calle Juncal, y caminé hacia el lugar. Estaba verdaderamente feliz. Por fin podía comprarme algo que salía en esa revista. Llevaba el dinero en una “bolsita” que había diseñado mi abuela, la cual ponía en mi cintura, debajo del pantalón, para evitar “robos”. Mi abuela se la ponía en el corpiño, pero yo la verdad que tenía muy poco para llenar el mío, y si escondía el dinero allí se iba a notar.

Cuando llegué al negocio, miré por la vidriera y ví los ansiados zapatos. Entré muy horonda y al momento de comprarlos me dicen el costo. ¡Era casi todo mi sueldo! Ese año descubrí en qué lugar de la sociedad me hallaba. Por más que trabajara todo el mes, tenía que ahorrar mucho para acceder a “esos gustos”. Me fui caminando hasta Plaza Miserere, muchas cuadras.

Mientras caminaba iba preguntándome cómo podía ser que existía gente que gastaría todo mi sueldo en zapatos… Entonces decidí en ese momento que lo mejor era meterme en un cine de la calle Corrientes, mirar una peli de culto y comprarme un par de libros. Eso sí lo podía hacer.

Cuando llegué a la noche a casa me enteré que mi abuelo estaba gravemente enfermo. Tuvo varios meses de internaciones hasta que falleció. ¡Qué misterio es la muerte!. Implacable. Sedienta. Potente. Nos deja tan desprovistos. Tan atónitos. Tan inconclusos.

Ese año decidí comenzar terapia. Dejé a mi noviecito de turno y me anoté en Bellas Artes.

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Modelo para armar.19

Mi primer trabajo. No recuerdo el año. Sí recuerdo la temporada. Era en mi escuela primaria. Quinto Grado. La Señorita Ana, que había sido designada como Maestra Encargada del Kiosco de la Cooperadora, nos invitó a colaborar preparando los sandwiches. Yo iba al Turno Mañana, así que levanté la mano y junto conmigo, mi prima y dos chicas más. Era a la hora de la siesta. En el local de la Señorita.

Mi primer día. Caminamos las seis cuadras. Cruzamos las vías. Entramos. La Seño nos explicó qué debíamos hacer. Primero cortar el pan, luego poner la manteca, agregar las fetas de fiambre y por fin embolsar el sandwich. Parecía una tarea sencilla. Poco a poco fuimos haciendo confianza. Aprendimos a cortar el fiambre en la cortadora manual, a batir la manteca con leche en un bol y a etiquetar de acuerdo al sabor. Salame y queso. Jamón y queso. Queso. Salame. Jamón. Matambre. Salchichón con jamón. Luego los guardábamos en una gran canasta.

Fueron tres meses. Nos pagaban un peso por día. Peso Ley 18.188. Nuestra familia no estaba de acuerdo. Parecíamos muy chiquitas para “trabajar”. A mi me gustaba ir todos los días. Me sentía útil. Llegábamos puntual a las dos y nos quedábamos hasta las cuatro. No eran muchas horas. Fue un momento muy importante de mi vida, para aprender.

El problema fue aquel día que a una de las chicas se le ocurrió “robar”. Era “Rasputín contra la patronal”. Había cajas llenas de golosinas. Si nos llevábamos algunas no se iba a notar. Qué desdicha tener que seguir a la “plebe enardecida”. Al principio me negué. No debíamos apropiarnos de lo ajeno. Pero la tal Sandra, la ·rasputín personalizada· insistió en que había suficiente botín para todas.

Fue el “acabose”. Abrimos una caja de bombones cabsha. Los comimos todos. Luego atacamos los alfajores jorgito, algunos los comimos y otros los llevamos escondidos. ¿En qué momento uno cede a los principios para seguir a la mayoría aunque sabemos que se equivocan? ¿Cómo no supimos que nos estarían escuchando?

Al terminar esa tarde apareció la Señorita Ana. Seria. Sólo preguntó de quién había sido la idea. Todas habíamos participado, pero “ella sabía” que alguien había empezado. Cristina y yo llorábamos como locas. Mi prima y Sandra, no. Ya se iba dando cuenta de quién fue la idea. Por supuesto, mi prima, “kamikaze” dijo que había sido ella. Cristina y yo gritando dijimos ¡NO! ¡FUE SANDRA! ¡FUE ELLA!

Al otro día citaron a nuestras madres. Como siempre mi mamá fue en representación de mi tía, que trabajaba todos los días en su peluquería. La mamá de Cristina era la portera del colegio, así que habló después de las cinco con la Señorita Ana. Sandra no tenía mamá. Ese día fue expulsada. Ya tenía “antecedentes” y eso fue la gota que rebalsó el vaso.

No fuimos a trabajar más. Mi abuela a las puteadas en italiano que para qué se nos había ocurrido la idea de trabajar!!! La respuesta vino clarita como agua, para comprarnos un poncho. Obvio que mi tía nos compró el bendito poncho, de lana peluda marrón, beige y blanco, con pompones y todo. ¿La plata? ¡¡La puso ella!! Porque todo el dinero que teníamos ahorrado fue a parar al bolsillo de la Señorita, pues tuvimos que reponer cada centavo de las golosinas que nos comimos, al precio final.

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Anestesia.

Ajena

Ando

Anestesiada

Anulo

Arrebatos

Ajenos

Amores

Alivian

A

Algunos

Antes?

Ahora?

A quién juzgar?

Ay! no me grites mas!

Anti-tabaco

Anti-conceptivo

Atelier

Ato

Artistas

Ante

Antiguas

Aberturas

Alocadas

Anormales

Ancestrales

Antibióticos

Acidez

Ahora

Alucinantes

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Conjuro contra la envidia…

Hace unos cuantos días me vino a la mente este conjuro dudoso y terminé eludiendo la respuesta. Va para otra vez la repuesta a miles de preguntas que se me ocurren ahora. A todas luces estos son conflictos de minas. Hombres abstenerse, pasen y vean. Pueden reírse o comentar si quieren…

¿por qué si estás sola te envidian la libertad?

¿por qué si estás acompañada te envidian el novio?

¿por qué si estás casada te envidian igual?

¿por qué si estás separada te envidian las casadas?

¿por qué si tenés hijos te envidian las solteras?

¿por qué si no tenés hijos te envidian igual?

¿por qué si tenés trabajo te envidian la paga?

¿por qué si te mantienen te envidian más?

¿por qué si sos joven te envidian las viejas?

¿por qué si sos vieja te envidian la experiencia?

¿por qué si tenés plata te envidian la solvencia económica?

¿por qué si no tenés plata te envidian el plan que te da el gobierno?

¿por qué si tenés cultura te envidian las mediocres?

¿por qué si sos ignorante te envidian la felicidad?

¿por qué si sos linda te envidian las feas?

¿por qué si sos fea te endilgan la suerte y braman “la suerte de las feas las lindas la desean”?

¿por qué si sos alta te envidian las petisas?

¿por qué si sos bajita te envidian las lungas?

¿por qué si sos flaca te envidian las gordas?

¿por qué si sos gorda te envidian las flacas?

¿por qué si tenés rulos te envidian las lacias?

¿por qué las lacias quieren tener rulos para hacerse la planchita?

Que si tenés, que si no tenés. Todos necesitan hacer alardes de sus carencias para alguien envidiar.

Nadie se detiene a hacer alarde de sus gracias, para a todos agradar.

Todas son iguales.

¿por qué tanta bronca?

El otro dia una compañera de trabajo me dijo: “¡que lindas uñas!” a las dos horas se me cortó una y me las tuve que cortar todas.

¿Tanto lío por una frase que podía tuitear?

Bue, me gusta quejarme. En eso soy igual a todas.

De ahora en mas mi conjuro es el siguiente: Me gustan mis uñas cortas, mi pelo ruliento sin planchita, mis arrugas que gané con tanto reírme, con tanto libro que compré en lugar de Mery Key. Me gusta mi estatura(baja), mi cintura(precaria). Me gustan mis dientes (los tengo casi todos). Me gustan mis pensamientos, que mejoro con los años o no, no me importa. Me gustan mis silencios.

Ya está.

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Revelación post parto

Si, es ese el título. Mi mundo se abrió hacia lo desconocido. Pude terminar mi primera escultura en veinte años. Mi cabeza estalló en un insomnio revelado. Como un bebé que llora cada tres horas, tengo la responsabilidad del abrazo con yeso, el molde y luego el alimento con marmolina o lo que sea.

Quiero un bebé sano. Por lo tanto la marmolina debe estar mezclada con cemento blanco y la esteca nueva implantada en su costado izquierdo, la costilla de Adán que me dio nacimiento, como mujer.

Me siento satisfecha. Puedo engendrar como toda mujer a los hijos de Adán. Pero son hijos no reconocidos, pues ningún hombre va a reconocer que todo lo que crea es para reemplazar su incapacidad de gestar un niño.

Siento que vine a la tierra para demostrar que no es necesario usar el útero para recibir las revelaciones divinas del santuario. Fui rebelde al estereotipo de ser mujer-esposa-madre. Pago con creces la libertad de la que a veces intento jactarme. En esta insipiente muestra de creatividad impostergable, logro salir del desconcierto, del entorno siniestro en el cual me hundí hasta ahogarme.

Había adoptado a mi madre, la tuve adosada, en la triste degradación de un cerebro que se fue secando. Casi me seco con ella, abrazando ese cuerpo inerte, en el capricho de pensar que si no vivo ella vive, que si vivo ella muere.

Es preciso seguir empujando. Para salir de todos aquellos lugares donde ubiqué la culpa de no ser madre. Ya no me siento culpable. Ya nada le debo al mundo por no haber parido un vástago. Tuve en el seno de mi atelier, durante nueve meses gestando una obra.

En la inauguración, en la muestra, será su bautismo.

Perdón “Utero-Power”. Soy Artista.

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La maldición del teléfono

Había una vez una señora, ni joven ni vieja, ni linda ni fea, ni buena ni mala. Ella recibió una vez una llamada inesperada. No pudo evitar el fatal encuentro con un destino negado. Debido a ese encadenamiento de circunstancias estuvo atada al teléfono esperando llamadas durante dos años. La vida parecía un laberinto de espejos. Su alma se iluminaba y ensombrecía conforme sucedían los llamados.

La sombra del pasado oscureció su presente y turbó su mirada. Tuvo un primer año de muchos desvelos, para evitar la locura emprendió un viaje enloquecido hacia terrenos inciertos. Sin embargo ella sintió que ese viaje debía ser la conclusión necesaria para resolver los enigmas y de una vez aclarar el pasado, el presente y el futuro.

Las llamadas continuaron por casi un año más. Hasta que por fin un día como hoy sintió que iba a morir de pena por haber descubierto el último eslabón de todas las mentiras. Fue un día nefasto, sin piedad ni sueños. La sombra de la locura había penetrado hasta lo profundo de su alma, sólo ansiaba resolver lo nefasto con la fuerza inconsciente que la caracterizaba.

Sucedieron entonces una suma de acontecimientos. Mucho insomnio. Mucha música y muchos amigos nuevos. Poco a poco fue saliendo de la maldición del teléfono. Hasta conocer un amor maduro y tierno que la sacó de las ilusiones perturbadoras de una pasada juventud de mentiras y ensueños.

Queda por ahora la fecha clave, la del día que logró descubrir esas verdades fatales, a las que tuvo que acostumbrarse a nombrar en silencio.

“La realidad baila sola en la mentira”.. decía León Gieco.

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