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La fatiga y la conducción: primera parte

¿Qué es?

La fatiga es un estado que afecta física y psíquicamente al conductor y que, por tanto, incide en su capacidad a la hora de conducir, por lo que puede aumentar el tiempo que se tarda en ver o en reaccionar ante un obstáculo, hace que se calculen mal las distancias etc. Es un riesgo durante la conducción, el cual puede tener graves consecuencias ya que se materializa en accidentes.

La fatiga es un fenómeno complejo de analizar. Implica alteraciones en los niveles de conciencia y de percepción del conductor, las cuales afectan procesos psicomotores cruciales para una conducción segura. Esto es, en cuanto al tiempo de reacción, niveles de atención y percepción, y en la toma de decisiones.

Factores psíquicos

Los factores personales del propio individuo influyen en su conducta al volante. Componentes afectivos, emocionales, personales y subjetivos pueden incrementar el riesgo de accidentes. Además, la propia personalidad de cada conductor puede generar actitudes de osadía, riesgo, agresividad, etc. El tiempo de conducción también hace que disminuyan drásticamente las capacidades psíquicas.

Uno de factores a tener en cuenta es el estrés, dada su alta incidencia en nuestros días. Esto es especialmente significativo en los casos relacionados con el ámbito laboral, ya que muchos conductores tienen que utilizar el vehículo para desplazarse a sus lugares de trabajo o bien inician un largo viaje después de la jornada laboral. Según el “Estudio de Fatiga y Conducción 2008” del RACE y ANFABRA, el 34% ha iniciado un viaje tras una jornada laboral, lo que aumenta el riesgo de fatiga.

La situación de estrés en una primera fase se caracteriza, entre otras cosas, por una activación cerebral y del sistema nervioso. Esto trae consigo una mayor capacidad de reacción, una mejora de los niveles sensoriales, y de los mecanismos de alerta. Estos efectos, que en principio no son perjudiciales para la conducción, sin embargo, también pueden implicar un mayor nivel de agresividad, impaciencia, predisposición a conducir temerariamente o tomar decisiones arriesgadas, a no respetar las normas y señales de circulación, etc.

En fases posteriores, el organismo aumenta su resistencia hasta entrar en una fase de agotamiento que dificulta procesar la información durante los desplazamientos, y la capacidad de atención y reacción ante un imprevisto.

El estrés, por tanto, causa fatiga al conducir. A la hora de conducir este factor se manifiesta en conductas irresponsables como no respetar las normas de tráfico, conducir a más velocidad, hablar durante la conducción, fumar, etc., efectuar maniobras bruscas, adelantamientos indebidos, etc., consumir alcohol cuando se tiene que conducir, etc.

Factores físicos

La conducción es una actividad compleja, por lo que fundamental ponerse al volante en las mejores condiciones físicas. El estado del conductor determina su capacidad de reaccionar o de anticiparse ante los obstáculos.

La disminución del pulso, tensión arterial, ritmo cardíaco, picor de ojos, zumbido de oídos o sensación de brazos y pies dormidos son algunas de las consecuencias generadas por la disminución de las capacidades físicas del conductor. Sin embargo, estos síntomas tardan en ser identificados.

De entre las situaciones que afectan al buen estado del conductor y que, sin embargo, se pueden prevenir con sencillas pautas destacan la deshidratación, el calor, las comidas copiosas, el consumo de alcohol, el cansancio físico producido por pasar mucho tiempo en el coche en una situación de tráfico intenso, etc.

- La deshidratación
- El calor y el aire acondicionado
- Las comidas copiosas
- El consumo de alcohol
- El tráfico intenso
- La pérdida de agudeza visual
- Falta de descanso
- El sueño

Señales de alarma

Teniendo en cuenta los factores físicos y psíquicos que influyen en la aparición de la fatiga, estos se manifiestan en síntomas que suelen aparecer con antelación. Aprender a detectarlos es la mejor forma de prevenirlos: los cambios corporales, que se traducen en continuos movimientos y cambios de postura, el parpadeo constante o picor de ojos, la sensación dolor de cabeza, dolores musculares, hormigueos en las extremidades, etc.

También, se puede observar cierta dificultad para mantener la concentración, aumento en el tiempo de reacción de las respuestas, etc. Además, la fatiga se detecta por otros síntomas psíquicos, como el aburrimiento, la ansiedad, la inestabilidad, una mayor brusquedad o agresividad en los movimientos y en las maniobras. Todos estos síntomas aumentan progresivamente, en frecuencia e intensidad, conforme el conductor se va aproximando a su lugar de destino.

Consejos para prevenir la fatiga

- Antes de iniciar un viaje, es necesario descansar adecuadamente, y durante el viaje realizar paradas frecuentes, como máximo cada dos horas, y realizar ejercicios de estiramiento de piernas y brazos.

- No realizar comidas copiosas y mucho menos beber alcohol en las mismas.

- Si se viaja acompañado puede ayudar el mantener una conversación con los restantes ocupantes del vehículo y evitar oír música relajante.

- Es conveniente beber frecuentemente con el fin de evitar la deshidratación, pero no bebidas alcohólicas.

- Mantener el coche ventilado, evitar posturas incómodas al volante y llevar ropas holgadas.

- Evitar iniciar un largo desplazamiento después de salir del trabajo, ya que los efectos de la fatiga son especialmente peligrosos en la última hora de conducción tras una jornada laboral.

- Si se conduce de noche es recomendable ir bien descansado, la franja horaria de 3 a 6 es especialmente peligrosa, ya que suele aparecer la combinación fatiga-sueño.

- Los últimos kilómetros del trayecto suelen dar lugar a la aparición de fatiga, por lo que conviene extremar las precauciones en esos casos.

- En cualquier caso, al primer síntoma de somnolencia, es necesario parar inmediatamente, de preferencia en un lugar donde no resulte molestado y si puede ser habitado, y dormir unos minutos. En ocasiones unos pocos minutos permiten una recuperación rápida.

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