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¿Cómo conducir en zonas inundadas?

Si conducir un vehículo en condiciones ideales requiere de toda nuestra concentración para ser una actividad aceptablemente segura, hacerlo bajo condiciones climáticas desfavorables transforma la situación en algo muy difícil de predecir donde el más mínimo error puede llevar a consecuencias lamentables.

De todas las situaciones adversas con las que nos podemos encontrar las inundaciones son de las más peligrosas. Producen tantos efectos sobre el terreno, el vehículo y el conductor mismo que la primera y mejor recomendación que se puede hacer es: “trate de evitar atravesar zonas inundadas”. Busque caminos alternativos y jamás ignore o subestime las indicaciones de las autoridades. Considere siempre que ninguna demora, activo o bien que transportemos ni el vehículo mismo valen una vida. Y si no tiene más alternativa que cruzar la zona inundada considere al menos los siguientes conceptos básicos:

+ El agua que se está desplazando ejercerá sobre el vehículo una fuerza enorme. Y no se necesitan grandes profundidades para que la corriente arrastre a un vehículo junto con todos sus ocupantes.

+ Busque siempre referencias, edificaciones, postes de alambrado o cualquier indicador que le ayude a determinar la profundidad del agua. Muchos vehículos flotarán cuando el nivel sobrepase determinada altura. Si eso ocurriera, perdería todo control y quedaría completamente a la deriva. Aun conociendo muy bien el terreno sobre el que circulamos, el agua y todo lo que hay en ella obstruyen por completo la visibilidad, por lo que nunca sabremos exactamente sobre qué estamos transitando y algo como un simple bache provocará un inmediato cambio en el nivel de desplazamiento.

+ Circule siempre a muy baja velocidad, en primera marcha y con el motor acelerado. Y si necesita reducir la velocidad utilice el embrague sin soltar el acelerador, ya que eso mantendrá un buen flujo de gases por el escape y evitará, en cierta medida, el ingreso de agua por esta vía hacia el motor. Existen vehículos preparados para afrontar ese tipo de situaciones, pero la mayoría no lo está. El ingreso de agua al motor tanto por la admisión como por el escape hará que el mismo se detenga al igual que si se moja la instalación eléctrica. Por esa razón ingrese siempre lentamente al agua o, de lo contrario, provocará olas y salpicaduras que podrían provocar el efecto antes mencionado.

+ Sobre caminos mojados suele producirse lo que se denomina aquaplanning; es decir, la pérdida de contacto directo entre el neumático y el piso cuando el primero no llega a evacuar el agua que los separa. Imagine cuánto más difícil puede ser que el neumático se adhiera correctamente cuando no es un simple charco lo que tiene por debajo sino que está completamente rodeado de agua junto a una impredecible variedad de objetos y sustancias. La mala adherencia en estos casos es casi segura. Por eso los movimientos siempre deben ser extremadamente suaves. Nunca intente acelerar ni frenar bruscamente y tampoco gire demasiado el volante; el resultado puede ser totalmente contraproducente.

+ El agua afecta seriamente la capacidad de los frenos, por lo que al salir de ella pruébelos repetidas veces para que se sequen y recobren su funcionalidad.

+ En determinadas zonas el nivel y caudal de agua pueden crecer asombrosamente rápido. Evite allí los terrenos bajos, cauces de ríos secos o caminos semejantes. Una lluvia a muchos kilómetros de distancia puede hacer que el lugar donde estemos se inunde en pocos minutos.

+ Si el vehículo deja de funcionar en terreno inundado reaccione con velocidad y criterio. A modo de ejemplo, si se trata de un terreno blando, sobre todo con corriente de agua, aunque el nivel de la misma no aumente difícilmente podrá permanecer mucho tiempo en el interior del vehículo, ya que al igual que nuestros pies se hunden en la arena cuando estamos parados a orillas del mar, el vehículo tenderá a enterrarse debido a que el agua erosionará el terreno que está por debajo.

+ Si tiene que abandonar el vehículo, busque zonas elevadas y secas de inmediato. Existen muchos más peligros de los que podemos llegar a ver, tales como la presencia de electricidad en el agua.

+ Resulta crucial que luego de atravesar zonas inundadas se someta al vehículo a un exhaustivo chequeo, en esto se debe incluir la mecánica y electricidad en general y prestar especial atención a los fluidos, no conformarse con una simple verificación del nivel, tanto o más importante resulta la calidad de los fluidos. Cuando el agua logra ingresar, tiende a desplazar los fluidos por lo que los termina eliminando o formando emulsiones que pueden llegar a parecer normales pero que producen daños muy serios en el vehículo.

La fatiga y la conducción: primera parte

¿Qué es?

La fatiga es un estado que afecta física y psíquicamente al conductor y que, por tanto, incide en su capacidad a la hora de conducir, por lo que puede aumentar el tiempo que se tarda en ver o en reaccionar ante un obstáculo, hace que se calculen mal las distancias etc. Es un riesgo durante la conducción, el cual puede tener graves consecuencias ya que se materializa en accidentes.

La fatiga es un fenómeno complejo de analizar. Implica alteraciones en los niveles de conciencia y de percepción del conductor, las cuales afectan procesos psicomotores cruciales para una conducción segura. Esto es, en cuanto al tiempo de reacción, niveles de atención y percepción, y en la toma de decisiones.

Factores psíquicos

Los factores personales del propio individuo influyen en su conducta al volante. Componentes afectivos, emocionales, personales y subjetivos pueden incrementar el riesgo de accidentes. Además, la propia personalidad de cada conductor puede generar actitudes de osadía, riesgo, agresividad, etc. El tiempo de conducción también hace que disminuyan drásticamente las capacidades psíquicas.

Uno de factores a tener en cuenta es el estrés, dada su alta incidencia en nuestros días. Esto es especialmente significativo en los casos relacionados con el ámbito laboral, ya que muchos conductores tienen que utilizar el vehículo para desplazarse a sus lugares de trabajo o bien inician un largo viaje después de la jornada laboral. Según el “Estudio de Fatiga y Conducción 2008” del RACE y ANFABRA, el 34% ha iniciado un viaje tras una jornada laboral, lo que aumenta el riesgo de fatiga.

La situación de estrés en una primera fase se caracteriza, entre otras cosas, por una activación cerebral y del sistema nervioso. Esto trae consigo una mayor capacidad de reacción, una mejora de los niveles sensoriales, y de los mecanismos de alerta. Estos efectos, que en principio no son perjudiciales para la conducción, sin embargo, también pueden implicar un mayor nivel de agresividad, impaciencia, predisposición a conducir temerariamente o tomar decisiones arriesgadas, a no respetar las normas y señales de circulación, etc.

En fases posteriores, el organismo aumenta su resistencia hasta entrar en una fase de agotamiento que dificulta procesar la información durante los desplazamientos, y la capacidad de atención y reacción ante un imprevisto.

El estrés, por tanto, causa fatiga al conducir. A la hora de conducir este factor se manifiesta en conductas irresponsables como no respetar las normas de tráfico, conducir a más velocidad, hablar durante la conducción, fumar, etc., efectuar maniobras bruscas, adelantamientos indebidos, etc., consumir alcohol cuando se tiene que conducir, etc.

Factores físicos

La conducción es una actividad compleja, por lo que fundamental ponerse al volante en las mejores condiciones físicas. El estado del conductor determina su capacidad de reaccionar o de anticiparse ante los obstáculos.

La disminución del pulso, tensión arterial, ritmo cardíaco, picor de ojos, zumbido de oídos o sensación de brazos y pies dormidos son algunas de las consecuencias generadas por la disminución de las capacidades físicas del conductor. Sin embargo, estos síntomas tardan en ser identificados.

De entre las situaciones que afectan al buen estado del conductor y que, sin embargo, se pueden prevenir con sencillas pautas destacan la deshidratación, el calor, las comidas copiosas, el consumo de alcohol, el cansancio físico producido por pasar mucho tiempo en el coche en una situación de tráfico intenso, etc.

- La deshidratación
- El calor y el aire acondicionado
- Las comidas copiosas
- El consumo de alcohol
- El tráfico intenso
- La pérdida de agudeza visual
- Falta de descanso
- El sueño

Señales de alarma

Teniendo en cuenta los factores físicos y psíquicos que influyen en la aparición de la fatiga, estos se manifiestan en síntomas que suelen aparecer con antelación. Aprender a detectarlos es la mejor forma de prevenirlos: los cambios corporales, que se traducen en continuos movimientos y cambios de postura, el parpadeo constante o picor de ojos, la sensación dolor de cabeza, dolores musculares, hormigueos en las extremidades, etc.

También, se puede observar cierta dificultad para mantener la concentración, aumento en el tiempo de reacción de las respuestas, etc. Además, la fatiga se detecta por otros síntomas psíquicos, como el aburrimiento, la ansiedad, la inestabilidad, una mayor brusquedad o agresividad en los movimientos y en las maniobras. Todos estos síntomas aumentan progresivamente, en frecuencia e intensidad, conforme el conductor se va aproximando a su lugar de destino.

Consejos para prevenir la fatiga

- Antes de iniciar un viaje, es necesario descansar adecuadamente, y durante el viaje realizar paradas frecuentes, como máximo cada dos horas, y realizar ejercicios de estiramiento de piernas y brazos.

- No realizar comidas copiosas y mucho menos beber alcohol en las mismas.

- Si se viaja acompañado puede ayudar el mantener una conversación con los restantes ocupantes del vehículo y evitar oír música relajante.

- Es conveniente beber frecuentemente con el fin de evitar la deshidratación, pero no bebidas alcohólicas.

- Mantener el coche ventilado, evitar posturas incómodas al volante y llevar ropas holgadas.

- Evitar iniciar un largo desplazamiento después de salir del trabajo, ya que los efectos de la fatiga son especialmente peligrosos en la última hora de conducción tras una jornada laboral.

- Si se conduce de noche es recomendable ir bien descansado, la franja horaria de 3 a 6 es especialmente peligrosa, ya que suele aparecer la combinación fatiga-sueño.

- Los últimos kilómetros del trayecto suelen dar lugar a la aparición de fatiga, por lo que conviene extremar las precauciones en esos casos.

- En cualquier caso, al primer síntoma de somnolencia, es necesario parar inmediatamente, de preferencia en un lugar donde no resulte molestado y si puede ser habitado, y dormir unos minutos. En ocasiones unos pocos minutos permiten una recuperación rápida.

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