Papá es más bueno que yo
Lo tengo muy claro. No necesito ni que me lo digan. Pero igual me lo dicen siempre. Papá es más bueno que yo.
Sé que a escondidas le piden lo que saben que les voy a negar. Y que con él guardan secretos y travesuras de las que jamás me enteraré.
Papá tiene la loca idea de que jugar a la pelota en el living es posible, y de que comer un balde repleto de pochoclos no les va a hacer doler la panza.
No niega paseos ni golosinas, y se sabe de memoria el camino hasta la fábrica de figuritas, para comprar las poquitas que les faltan para completar el álbum.
Es raro escucharlo gritar, es difícil verlo enojado.
El caos no lo incomoda. Nunca, en todos estos años, lo escuché pedirles que ordenen o guarden sus cosas.
Papá les perdona el baño y el cepillado de dientes con una frecuencia escandalosa.
Y siempre le reprocharé el haber sido cómplice de ustedes el día en que, a mis espaldas, tiraron la leche por el inodoro, cansados de escucharme que se la terminen de una vez.
No le parece grave que no acaben la comida de su plato ni que vuelvan de jugar embarrados hasta las orejas. Y si el pelotazo reventó un vidrio, la culpa no será de ustedes. Jamás podrán contar con una mejor defensa.
Papá está al tanto de los últimos adelantos, juegos en video y novedades informáticas. Maneja con naturalidad ese lenguaje moderno que yo difícilmente algún día entenderé.
No importa lo cansado que esté, siempre va a empuñar su raqueta o a patear penales con tal de no decepcionarlos.
Papá es el valiente que terminó, uno por uno, con todos los monstruos que se escondían debajo de la cama o detrás de la cortina del baño.
Si me toca salir una noche, me despiden con una sospechosa alegría. Y es que la cena será una pizza y no habrá horarios para acostarse.
Papá es un genio, lo más, y un kapo con “k”, como suelen decir.
Si por él fuera crearía para ustedes un mundo sin clases y sin relojes. Un mundo pura diversión, siempre de vacaciones.
Pero aunque no parezca, y tal vez los decepcione, quiero decirles que papá y yo somos un equipo.
Ni él es tan permisivo ni yo tan estructurada.
En este difícil arte de la crianza vamos estableciendo códigos y acuerdos, y aunque cada cual juega su rol, si es necesario los intercambiamos.
Tenemos bastante claro qué nos parece importante y qué no. En qué aspectos no es grave ceder y en cuáles debemos mantenernos firmes a ultranza.
Pero fuera de esa certeza, no hay muchas otras. Ser padres es un camino en el que se aprende, como en tantos otros, a medida que se avanza.
Quizá no me crean, pero no estoy celosa. Y aunque él es tan bueno y yo soy tan mala, hay algo que no pueden dejar de reconocer: tendrán al mejor papá del mundo, de acuerdo… pero la que se los elegí soy yo.
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Hace mil que vengo leyendo sin dejar comentario, y hoy vencí la pereza. Paola, que lindo es leerte. Tus textos transmiten mucho, son auténticos y sinceros. Me gusta eso y lo disfruto, me divierte, me siento acompañada… Brindo por esa magia! Abrazos.