Hoy me toca pedir a mí
Por fin llegó el día. Hoy me toca pedir a mí. Y desde ya te digo que seré muy ambiciosa. Esta vez nada de libros, perfumes ni electrodomésticos.
Pero no corras a tu alcancía ni le pidas prestado a papá.
Quiero que me regales una sonrisa de esas tuyas que me ilumina el día, aunque haya sido un día agotador, lleno de problemas.
Quiero un aleteo de esas alitas tiernas, que aún vuelan bajito, y todavía cerca de mí. Es que mis alas están heridas… y verte en acción me ayudará a curarlas.
Quiero un poco de tu inocencia y de tu inmensa capacidad de asombro. Porque de tanto andar, a los adultos se nos va perdiendo. Y no vale la pena vivir si ya no nos conmueve nada.
Un pedacito de tu imaginación sin límites. Para soñar un mundo mejor. Y un puñadito de tu esperanza, para creerlo posible.
Quiero que me regales tu paciencia, la que ponés a prueba construyendo fuertes con tus ladrillos, la que a mí me falta.
Un poquito de tu confianza en vos mismo. No soy tan segura como pretendo que creas.
Una porción de tu tiempo de niño, que no conoce de corridas más que para ir a jugar. Ya no quiero estar siempre apurada.
Y una pizca de tu alegría. No pasa un día entero sin que te rías. Y necesito que me contagies.
Quiero que me regales la generosidad con la que repartís tus caramelos. No permitas que me olvide cuánto se disfruta al dar.
Quiero un puñado de tus palabras. Porque, aunque no lo creas, a veces se me terminan y no sé por dónde empezar.
Quiero un poco de tolerancia. Esa con la que dejás pasar ciertas cosas. A veces hago un mundo por algo que no vale la pena.
Y un poquito de perseverancia. La que te ayudó a memorizar las tablas que más te costaban. Si supieras con qué facilidad los grandes nos damos por vencidos, te sorprenderías.
Quiero que me regales tu fe intacta. La mía se ha ido gastando a fuerza de decepciones. Y tu audacia, para que el miedo ya no me detenga.
Quiero un paseo en tu bici superveloz y después, hamacarnos juntos. Necesito volver a ser feliz con las cosas simples.
La amplitud de tu pensamiento, para ser menos prejuiciosa. Y un puñado de tu lucidez, para cuando pierdo de vista qué es lo importante.
Quiero un abrazo de oso, un tirón de orejas y un beso con mucho ruido.
Pido mucho. Lo sé. Pero no es tanto para vos, que ya me has dado el más grande de los regalos: el milagro de haber nacido.


Paola, lindísimo lo que escribiste! Primera vez que paso y ya me atrapaste! Soy mamá de 2 chiquitos y casi podría decirte que siento exactamente lo mismo que vos expresás en este post. Es maravilloso ser mamás! Beso! Te seguiré visitando! Paula