Un bendito error (2006)
Somos los no esperado, el error de cálculo, lo que salió mal.
Para los especialistas en fertilidad, de alguna forma, el resultado que no buscaban. Para la gente en la calle, padres dignos de compasión… Dondequiera que vamos, nos llevamos miradas cargadas de incredulidad y extrañeza.
Las preguntas son siempre las mismas: que cómo hacemos o dejamos de hacer, que si todos lloran al mismo tiempo, que si van al jardín juntos o en salas separadas. A veces tenemos ganas de contestar, y otras no. Nuestra condición nos dota de una popularidad no siempre deseada, sobre todo si intentamos un domingo pasear en familia y tenemos que interrumpir permanentemente nuestro paso para responder cuestionarios.
Los comentarios también suelen ser son los mismos y las conclusiones a las que llegan los curiosos incurren siempre en idéntico error. Y la verdad es que no, no me quise morir cuando me enteré de que eran tres, de hecho, puedo decirles sin temor a equivocarme que esa fue la noticia más feliz que recibí en mi vida.
Imposible olvidar la cara de nuestro médico cuando le llevé la ecografía: eran tres corazoncitos latiendo adentro mío. Nada mejor podía haberme sucedido.
Quizás es cierto, y en mí hubo un exceso de confianza: viví mi embarazo desde el momento mismo de la confirmación sin miedos, con un optimismo increíble, tal vez, incluso, exagerado… No me detuve a pensar en qué podía salir mal. Sólo quería que ellos estuvieran bien, y hacía allí destinaba mi energía.
Muchas cosas fueron difíciles desde su llegada al mundo, pero ninguna de ellas podría haberse evitado por medio de mi preocupación. Así que decidí deshacerme de ella, y ponerle el pecho a lo que hubiera que afrontar cuando llegara el momento.
Es casi imposible explicarles a los médicos que este error de cálculo es la bendición más grande que pudimos haber recibido. Nunca voy a terminar de agradecerles el haberse equivocado, jamás.
Los tres embriones minúsculos que viajaron en una cánula hasta mi útero hoy están en primer grado, llenos de amigos, de risas, de expectativas. Dos de mis embriones acaban de aprender a andar en bici sin rueditas… y el tercero todavía no se anima. Son criaturas que contagian vida y felicidad. Y yo no me imagino cómo hubiera sido todo sin alguno de ellos.
Cómo decirle a la gente que es cierto el cansancio, el agotamiento incluso… que el camino no siempre es fácil; pero la recompensa no se multiplica según la cantidad de hijos: se multiplica hasta el infinito.
Sólo nosotros, papás múltiples, sabemos de qué se trata. Esas seis manitos que avanzan hacia uno al mismo tiempo, esos cuantos bebés gateando en grupo por toda la casa, esas risas a coro, y por qué no, esos conciertos de llanto…
Todo forma parte de un mundo que conocemos bien y que estoy segura, ninguno de nosotros cambiaría por absolutamente nada.
Sólo podemos agradecerle infinitamente a Dios que las cosas no hayan salido según los planes, el haber interpuesto su mano para privilegiarnos con este verdadero regalo, un regalo que llegó a nuestras vidas, como tantos otros, en forma de error.
- 4 Comentarios
- Sin votos
- Reportar este Posteo


Te estoy leyendo y no puedo creer que sientas lo mismo que yo senti!Me encanta leerte, ya que son pocas las mamas que nos entienden , como vos tambien me defino como mama de trillizos, Lucas,agus y tomy de 3 años!
um beso enorme y segui escribiendo por favor!