La locura al volante
No estoy demasiado cuerdo que digamos… estoy dejando que un bicho adentro mio termine mi novela. La verdad es, q puedo perder el control, sentir como una euforia loca, igual a la que siento ahora, cada vez q escribo algo q me vuela la cabeza… como lo de recien, con lo q llego a los 44 minutos del segundo tiempo de mi segunda novela, dispuesta por tiempo futbolístico…
les dejo algo, por si lo quieren…
Dos minutos más tarde, el Polo frenó. Las luces altas las dejó prendidas. Se abrió la puerta, y de las entrañas de la machina se bajó un hombre, completamente vestido de blanco. El pelo oscuro, abierto el cuello de la camisa, cruz cristiana de plata al cuello, sonrisa de tiburón, de león en su harén. Lo miró de lleno a nuestro jefe, como si ya lo hubiera visto antes, pero al mismo tiempo, como si fuera la primera vez que lo viera, como si cada vez fuese la primera. Estuvieron largo rato parados, uno enfrente del otro, en silencio, tiroteándose con la mirada, recortadas las siluetas por las luces de los autos. Toda la noche se había callado.
“Buenas noches”, dijo El Judío.
“Buenas noches”, dijo El Zorro.
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