Medianoche: triple crimen en Ituzaingó
Lo último que vio fue a aquellas tres personas perdiéndose en la niebla.
Don José, herido de muerte, siguió arrastrándose y desde la puerta de la cocina los vio huir y esa imagen sería lo último que se llevaría de esta vida. Antes habían estado festejando el cumpleaños de Gastoncito, el nieto del medio de su segunda hija, que cumplía cinco años. Se le conmovería el alma, al ver la alegría que tenía su nieto, cuando al abrir los regalos vio la pelota. No se lo esperaba. Rubencito, el menor, enseguida trató de sacársela, como siempre hacía con todos los regalos de sus hermanos. José Manuel, el nieto mayor llevaba su nombre, fue a encarar al abuelo y a decirle, como quién no quiere la cosa, que el próximo mes cumpliría los ocho años y que esperaba unos botines nuevos para estrenarlos en el club. El viejo José se rió y a modo de complicidad le guiño un ojo. Al terminar la fiesta y después que se fue todo el piberío, Alejandra, la hija predilecta del viejo, lo obligó a que se quedara a dormir para que no tomara frío.
Casi de medianoche, cuando finalmente Alejandra pudo hacer dormir a los tres “indios” se puso a lavar los platos en la cocina mientras que Raúl, su marido y Don José terminaban de jugar una interminable partida de ajedrez.
No los oyeron entrar, ni siquiera ladró Messi, así le puso Raúl al viejo pastor inglés, como un capricho personal, decía que tenía el pelo que se le caía a los ojos y que era un perro igual que el del Barcelona. Actuaron como un comando, sigilosamente los apuñalaron sin poder ni pegar un grito. Se tomaron todo el tiempo del mundo en desvalijar la casa. No había motivo para ensañarse como lo hicieron.
Los diarios dirían: Otro caso de horror se sumó esta noche a la “sensación de inseguridad” de la que habla el gobierno: un matrimonio y otra persona (sería el padre de uno de los miembros de la pareja) aparecieron asesinados en una casa de Ituzaingó.
Un vecino, efectivo de la policía Federal, fue quien descubrió lo que había ocurrido, al ir a golpear la puerta de la vivienda, convencido de que “algo estaba mal”. El policía se encontró con los cadáveres en la cocina, mientras en uno de los dormitorios dormían los tres pequeños hijos del matrimonio, sin haberse percatado aparentemente de lo que sucedía. La policía de Ituzaingó trabaja intensamente tratando de recoger alguna pista que ayude a empezar a desentrañar el salvaje episodio.
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Este cuento está participando de un concurso de relatos cortos.
Basada en una historia real.
Podía haber sucedido así.
Un saludo.
Lucio.