Decálogo de profesoras: para reírse o llorar

Todo, todo lo que va a continuación es de Bestiaria , blog ganador de los Premios Bobs. Lo copio acá para evitarles que vayan a otra página, ahora, cuando terminen de leer van a ir solitos a ver qué hay. Las negritas son mías:

“Está comprobado que en los colegios secundarios, seis de cada diez profesoras de literatura española son viejas solteronas con voz de pito, polleras de lana y brochecitos en forma de roseta.

Se sabe también que dan la misma clase hace cuarenta años, sin ninguna modificación, con la intención de aniquilar cualquier tipo de amor potencial por los libros que puedan desarrollar sus alumnos. Que se las ingenian para hacer del Quijote un mamotreto gris e interminable, que jamás llevan fotocopias (prefieren dictar) y que en todas sus preguntas agregan “justifique” o “explique por qué”.

Alrededor de ellas giran mitos y leyendas que se alimentan desde los primeros días del colegio. Que las dejaron plantadas en el altar o que el novio se murió antes de casarse son dos clásicas del género. Alguna debe ser cierta, pero nadie sabe bien cuál es.

La mitad de las profesoras de inglés tiene el mambo británico (una patología similar a la de esos piraditos que miraron mucho “Dragon Ball Z” en la adolescencia y ahora hacen aikido, estudian japonés, llevan sushi en una luncherita de Hello Kitty, se masturban con Hentai, consumen cine de terror coreano y usan la cara de Sailor Moon como si fuese la foto de su cédula de identidad).

Casi todas se re bautizan como las monjas, pero en vez de ponerse Sor Piedad, las ex Margaritas renacen como Miss Margaret y las Patricias, como Miss Pat. Tienen, además, un desfasaje espacial peligroso: muchas de ellas creen que no están aquí, sino en Inglaterra. Cuando se despiertan leen “The Times”, miran la BBC y en sus diálogos casuales, incluyen expresiones típicamente británicas a la fuerza.

Absolutamente todas leen Harry Potter y trabajan en clase con canciones de Robbie Williams (antes usaban temas de los Beatles). Se alimentan sólo con té y galletitas en las preceptorías de los colegios (de hecho, es imposible pescarlas sin una taza en la mano o calentando agua en el microondas) y viven una década atrasadas: luchan por transformar el saludable acento americano de sus alumnos, graban documentales en VHS, y usan un maletín de lona negra lleno de cassettes que se escuchan mal y que arrancan diciendo “Unit 1” después de una música con trompetas.

Otro grupo de profesoras son las blanditas, que pueden dar cualquier materia y tienen dos exponentes famosos: la primeriza y la debilucha. La primeriza tiene veinte años y es como la casa de paja de “Los tres chanchitos”. Como no puede controlar al malón de vagos y agrandadas que le tocaron como alumnos, se angustia y toma las peores decisiones para sofocar el motín: pega grititos quebradizos, los acusa con la directora, o rompe en llanto en su escritorio.

La debilucha, por el contrario, no les tiene miedo. Cuando sus alumnos molestan, sonríe y sigue dando clases. Es pequeñita, pobre y tiene varios hijos. El marido es remisero y ella hace doscientos cincuenta colegios por día para llegar a fin de mes. Para Mayo los estudiantes se aburren de que los ignore, y la empiezan a querer. En el día del maestro le regalan un televisor y la hacen llorar por única vez en el año.

De todas las profesoras, la más pesada es una vieja charlatana con Alzheimer y olor a polilla, que siempre tiene algún tipo de anomalía bucal: escupe cuando habla, tiene aliento a viejo, o se le quedan mendicrimes en las comisuras. Mientras da clase, exaspera a sus alumnos con su cháchara inconexa y sus digresiones. Se va por las ramas y opina sobre todos los temas, desde videojuegos hasta economía, pero como es una anciana senil, sus alumnos –en vez de odiarla hasta el vudú- le toman cariño sincero. Sin embargo, ese amor tiene fecha de vencimiento: dura sólo hasta el examen final, en el que siempre, pero siempre, la vieja sádica toma todo el programa como si alguna vez hubiera dado clase en serio.

Otra profesora muy arraigada en las universidades y colegios es una suerte de entusiasta negadora, que no quiere enfrentar que su materia es un cachivache de relleno que no le importa a nadie. En general, dicta una materia práctica y cuatrimestral (taller, trabajo de campo, actividades prácticas, por ejemplo), que se promociona haciendo un choricito de plastilina; sin embargo, ella exige clases especiales, lecturas, y monografías, como si su programa fuese la base esencial de la carrera.

Y eso no es todo. Hay más. La mayoría de las profesoras se visten mal, consumen galletitas Express hasta volverse celíacas, leen a Felipe Pigna, le dan señaladores con frases conmovedoras a los alumnos que terminan quinto año (o postercitos con “Desiderata”), organizan colectas de dinero para los regalos de otros profesores (para comprar siempre un saquito) y todas, pero absolutamente todas, regalan un muñequito de goma eva con un caramelo misky abrochado para el día de la primavera.

http://bestiaria.blogspot.com/2007/10/relatos-mujeres-profesoras-particulares.html


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, , Reportar este Comentario Marina Massari dijo

Mi queridísima colega y co-equiper Maida:
Ojalá actualmente se conservara lo de: “La mayoría de las profesoras leen a Felipe Pigna, le dan señaladores con frases conmovedoras a los alumnos que terminan quinto año (o postercitos con “Desiderata”), organizan colectas de dinero para los regalos de otros profesores (para comprar siempre un saquito) y todas, pero absolutamente todas, regalan un muñequito de goma eva con un caramelo misky abrochado para el día de la primavera.”
Porque vienen cada vez con menos iniciativa para hacer el regalito en goma eva. leer algún libro que haga pensar y armar carteles afectuosos con párrafos de “Desiderata”…
En las escuelas se está produciendo un cambio (para mal a mi entender), en el que está presente el trato como “pares” entre los nuevos docentes con los alumnos.
Hasta para comentar sus intimidades y/o problemas familiares.
Del nivel académico, mejor quedémonos con el de antes. Con la excusa de trabajar en grupos y vivir entregando TPs estudian poco, poquito y naaaada.
Me quedo con Desiderata y la goma eva -y ojalá con el saquito-, y me pregunto ¿cómo será dentro de cinco, diez o veinte años? Es decir, cuando ya no hayan Lauritas, Maidas, Marcelas, Estelas, Silvias.
Y bueno, lo mismo mi blog se llamará “AMOLADOCENCIA”; aunque no tenga tiempo de hacerlo…
Te requiero y agradezco todo lo que me acompañaste durante esos años tan difíciles.
Y te disculpo por lo del orden obsesivo de las sillas y de la limpieza con el algodoncito de las teclitas.
Pero, eso SÍ: ¡AMO, AMO, AMO LA DOCENCIA!
Marina

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Para Marina:Que triste es leer tus recuerdos de escuela pero debes tener cuidado de no generalizar comentarios,porque…como entodos los gremios de trabajo,existen los buenos,regulares y malos elementos,solo puedo decirte que un verdadero docente debe ser alguien con vocacion ,etica y eficiencia para lograr transformar a peronas que como tu solo logran ver lo negativo de un maestro,para formar ciudadanos productivos conocedores de sus derechos y deberes ,me resta comentar que hasta las torres mas altas inician por el suelo y esta frase significa que en toda profesion siempre debera existir un buen maestro para formar las bases o cimientos.Una buena sugerencia para todos seria aplicar la tecnica de espejo,esta consiste en pararse frente al espejo y ver su reflejo para luego preguntarse,este es el mundo que quiero para mis hijos ,compuesto de personas como yo o como tu.Atte Profra. Irma Manrique.