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Kit–Chen (No es un kit oriental, eh?)

La vida en pareja no es nada fácil.
Ahora entiendo a mi vieja cuando nos preguntaba qué queríamos comer y como nosotros no sugeríamos nada, ella se sacaba porque no sabía qué más inventar.

La entiendo. Viví sola mucho tiempo y me arreglé siempre con lo que venía.
Lata de arvejas: 1
Sal: A gusto e piacere
Pimienta: Obvio.
Aceite de oliva: A penas.
Plato: ¡Ni en pedo! Hay que lavarlo.
De la lata y a la lona.

Por más de que cocinar sea algo que disfruto mucho, entre la falta de tiempo (trabajo y estudio) y lo caro que se ha vuelto morfar en este bendito país, me encuentro muchas veces penando en la cocina.

Me quedo estática mirando la alacena semi vacía: Medio paquete de fideos, un cuarto de paquete de arroz, un frasco con sal fina y medio kilo de harina integral no ayudan. Así dejo salir el frío de la heladera mientras me quedo estática mirando un medio limón y un medio tomate que conviven en un pequeño plato.

Mi novio: ¿Querés que cocine yo?
Lulet: Nonono. Gracias. (Prefiero cocinar yo y que laves vos a tener que limpiar todo el chiquero que dejás cuando cocinás.)

Y ahora me pregunto atormentada. ¿Por qué será que la mayoría de los tipos cuando cocinan, lo hacen como los dioses del olimpo pero dejan la cocina hecha un chiquero? ¿Tienen que ensuciar setenta cucharas, veinte tenedores, nueve cuchillos, doce platos para hacer unas milanesas con puré?

No suelo pedir delivery. Prefiero cocinar yo, por lo general. Es que soy medio rompe bolas con la comida, me gusta la comida sana. Sana no es aburrida, no se confundan que no es lo mismo.

A mi pareja le gusta como cocino (si se banca las milanesas al horno sin una puta gota de aceite es que o me quiere mucho o le gustan así o… perdió el gusto por la comida a los 18 años por una enfermedad congénita y nunca me lo dijo). Los que me conocen saben que le pongo onda pero en la semana, trato de hacer comida más sana aún.

Mi peor es nada dijo el otro día mientras degustaba un bocado de un super guiso de lentejas: “Nuestros hijos van a vivir a legumbres…”

No quise preguntar si eso le resultaba bueno o malo.

Tengo varias recetas bajo la manga sanas, ricas, nutritivas y sexies para recomendarles (Algunas más elaboradas que otras).

¿Ustedes?

Vengan con esas recetas. Dejenmé acá sus recetas favoritas. Voy a hacer una selección de las mismas (podemos hasta armar una votación y todo) y las más valoradas me comprometo a realizarlas y después contarles con foto y todo, cómo salieron.

Me enamoré una y mil veces.

La otra vez me preguntaron cuántas veces me había enamorado. 

Uy. ¿Tenés tiempo?

A los diez me enamoré de un Titiritero que presentaba sus Shows en la plaza de la peatonal de Mar del Plata.
Mi abuelo nos daba a mis primos y a nosotras plata para comprar lo que quisiéramos. Mis primos se compraban golosinas, mi hermana posters y yo… Y yo ponía esos manguitos en la gorra del Titiritero. (Ya comenzaba a perder plata de chiquita con los tipos qué karma…)

A los años me enamoré de un hippie. Y me hice hippie, claro. De escuchar rock pasé a escuchar a Janis Joplin y tocar Pastoral en la criolla. De usar jeans pasé a usar polleras hindúes. De usar mochila pasé a usar yiscas. Tiré todos mis corpiños (ahora que lo pienso, debe ser de esa época que me quedó esto de no usar brasiere…) aprendí a armar tabaco con papelillos y a hacer pan, velas, sahumerios y jabón de gliserina, etc.

Al tiempo conocí un pintor mucho más grande que yo. Un cuarentón, para más datos. Disfruté y aprendí mucho en su compañía. Y claro, de repente me volví fanática del arte de la pintura.
Me duró lo que un suspiro. Mucho arte, mucho arte pero poco rocanrol.

Así conocí a un corredor de motos. Obviamente me volví fanática de los rodados bípedos. Que las en duro, que las pisteras…
Pero así tal cual, le faltaba sensibilidad. Una tarde, antes de ir a una quinta de unos amigos en Pilar, chocamos contra un auto.
Los dos terminamos patas para arriba en el asfalto. Éste se levantó y antes de venir a rescatarme de mi miserable estado fue a ver la moto. ¡Qué forro!
Obviamente, patada en el traste.

Supe frecuentar un músico. Qué lindas canciones hacía… Allí fue, creo, que comencé a cantar. Gracias a que él que me pedía que lo acompañara con mi voz. 
Pero era un ganso. Tenía una ex novia que lo amenzaba con suicidarse si me seguía viendo y así fue que me dejó.

Al tiempo tuve una regresión y volví a enamorarme de un Titiritero. Pero también me duró lo que un suspiro. Era alcohólico y aburrido. Y ya me sentía un poco cansada como para andar cagándome de frío en las plazas pasando la gorra.

A los veintidós me fui a vivir a Cuba porque me enamoré de un Cubano. Por supuesto así también me enamoré de la salsa (aprendí a bailar) y del Ron.

No hace tantos años atrás, dibujé corazoncitos por un fanático de los fierros. Que el árbol de levas, que te ayudo a limpiar los borne, que vamos al Galvez, que te miro el rotor. Pero al final querés más al auto que a mí.

En fin.

Aprendí muchas cosas gracias a estos tipos, pero ahora que lo pienso, ninguno de ellos se detuvo a leer un puto libro porque yo leyera o fuera escritora.

¡Qué lo parió!

Woman in Red.

La otra vez leí un artículo sobre el rol que representan las mujeres en las publicidades.

Me senté a pensar un rato sobre esto, lo aplasté y concluí en que es completamente horrible lo que muestran de nosotras.

Somos unos personajes deprimentes y patéticos. (Aunque a veces esto sea cierto, no es necesario mostrarlo en todas las publicidades, vio…)

Aparecemos infladas como un globo por el tránsito lento o porque estamos indispuestas (perdón pero… ¿Quién tiene tiempo de sentarse en el inodoro hoy en día, eh? Además, no podemos sentarnos en cualquier inodoro y eso lo sabe todo el mundo, no hay que ser Einstein para saber que nos podemos agarrar cualquier bicharraco por apoyar nuestros muslos o nalgas en una tabla pública…), nos muestran con canas a los treinta y arrugadas a los cuarenta y por supuesto para cada caso el santo remedio. La tintura y la crema con baba de caracol y retina de gallina aerodinámica respectivamente. En cambio para la celulitis y el sobre peso no hay edad o fruta. Ergo, para presentar/vender esos productos eligen desde una veinteañera hasta una naranja.

También aparecemos abrazando un jabón en polvo que se convierte en un cantante pedorro o depilándonos las piernas con una crema por si se nos engancha la media fina en un banco de plaza al caminar. (¿?)

Lavamos los platos, toda la cocina (ojo que hasta tenemos a un amante caricaturesco que nos salva cuando todo está más que sucio y digo y pongo en negrita “amante caricaturesco” porque en la realidad, el marido cuando está todo sucio, no aparece ni en dibujitos) y sacamos las manchas de la ropa sucia. Acá hago una salvedad. En una publicidad, la protagonista cuenta que conoció el producto quita manchas porque tiene un marido pelotudo. Bah… Resulta que el tipo es tan cuida con su hija que la va a buscar a las fiestas a las cuatro de la mañana en pijama y medio dormido, entonces se mancha. En definitiva: ¡Te casaste con un idiota! Más que el polvo quita manchas, tenés que cambiar de marido.

Hoy, volvimos a ir al almacén con los envases retornables, confiamos en los supermercados, nos lavamos el cabello con el que nos podemos levantar a Chayanne y compramos todos los productos cero por ciento de grasa y sabor.

Pero no. Nunca nos va a tocar manejar un auto de la puta madre, tomar una birra con maní, jugar a la play, mirar un partido de fútbol en una super tele, andar en moto o barrenar.


Realidad fotográfica

Ahora resulta que todos los tipos son fotógrafos.

Y todas las novias de estos tipos son artistas… Pintan o algo así. Por supuesto son delgadísimas, tienen el pelo largo, arito en la nariz, usan pañuelos en la cabeza y vestidos por debajo de la rodilla preferentemente de color verde loro.
Y claro. Ellos le sacan fotos en blanco y negro a ellas de perfil, a una mano sosteniendo algún pincel o simplemente en tetas.

Yo no soy delgada, ni tengo pelo largo, tampoco arito en la nariz. Rara vez uso vestidos y ninguno de los que tengo es verde loro, los pañuelos que tengo son para sonarme la nariz y no pinto bien ni en los dibujos que tienen la referencia del color que hay que usar.
Y claro. Ninguno de los tipos que se me acerca es fotógrafo. La mayoría son… colectiveros.

¿Y qué?

De patetismos y noviazgos II. Los discursos un poroto.

Vuelvo al tema de la diferencia entre los primeros meses de noviazgo y los que vienen después.

Vamos, pues, a un superficial análisis de los discursos de ambos.

La típica de los tipos:

Antes: Me seduce tu ombligo.
Después: ¿Tenés que salir así con toda la panza al aire?

Antes: Me encanta cuando te pintás (los tipos no usan la palabra maquillaje) así los ojos.
Después: ¿Es necesario que te pintes como una puerta?

Antes: Qué linda te queda la pollerita…
Después: ¡Hace frío! (veintinueve grados es frío, si, dale…) Ponete un pantalón, mejor. Ese jean que te queda sueltito… Ese va como trompada…

Antes: Qué rico cocinás, mi amor.
Después: Mhmhmh… Le falta un poco de sal. De de sal y de… ¡Gusto!

Antes: Me encantan tus tetas. No… No te persigas, tienen el tamaño perfecto.
Después: Me encantan tus tetas, amor. No te persigas, son chiquitas pero a mi me gustan.

(¬¬)

La típica de las minas:

Antes: No te preocupes, yo mañana lavo.
Después: ¿Podrías aportar un poco y lavar los platos, no? Cociné yo. (Otra vez)

Antes: Me encanta que seas tan desordenado como yo.
Después: ¿Podés por favor no dejar la ropa tirada por ahí, me hacés el favor?

Antes: Nada, amor. Traé el vino nomás.
Después: Bueno, mataría que vos compres todo para cocinar y yo sólo compro el vino. ¿Viste?

Antes: Tu mamá es amorosa. Me cae re bien.
Después: Ni en pedo. Otro Domingo más en lo de tu vieja y me suicido con un grisín de Cormillot.

Antes: ¡Me encanta tu pelo largo, tiene toda la onda!
Después: Podrías cortarte el pelo, che. Que vamos a ir a lo de mis viejos, no podés ir así todo desprolijo…

¡Uuuuf que somos todos patéticos!

Cuenten. Cuenten qué les han dicho a contra discurso. O qué les han dicho a ustedes.

De noviazgos y patetismos.

Los primeros tres meses de gloria.

Seducción mode: ON (fire!)

Vos: Estás los tres meses hecha una perra divina.
Él: Un caballero seductor de la hostia.

Mes uno y dois:

Vos: Te ponés todo el closet encima (nada de salir del closet, te metés de lleno). Sabés qué te pusiste la vez anterior y variás: Faldas, pantalones de vestir, jeans, lencería de todos los colores y formas, pantalones sueltos, remeritas escotadas, no escotadas, escotadas en la espalda, maquillaje a full, supuesta cara lavada (sabemos que a muchos tipos les gusta cómo quedamos maquilladas pero que también les gustamos con la cara lavada, aquí nuestra habilidad en el make up, tapar las imperfecciones faciales pero que no se note que es maquillaje), camperas, poleras, te ponés, sólo para variar, cosas que hacía mil que no usabas.

Obvio que fuiste tan estratégica con las fechas para encontrarse que para el tipo, en esos dos (y tres) meses no te indispusiste ni tuviste unos dolores tales como para andar retorcida por el piso, no.

Él: Ni en pedo se acuerda de qué era lo que tenías puesto la vez anterior. (Ergo, gastás RAM al re cuete, nena.) Te trae regalitos, te pasa data copada que a vos te interesa, te lleva a recitales, cenas, bares copados.

Obvio que no se detiene en si te indispusiste o no porque se cuidan y tampoco le interesa saber de esos detalles.

Y es un Lord Inglés. Te abre la tapuer, paga, te pregunta si estás bien, qué necesitás, qué querés. Te tira flores todo el tiempo. Se preocupa por decirte cosas lindas y se detiene en vos y tus detalles.

Mes tres:

Vos: Ya te permitís repetir ropa y lencería. Pero siempre hecha una diosa total. Ya fue a tu casa y vos a la suya pero ni en pedo el cepillo de dientes en la cartera porque es premeditado. Te lavás los dientes con el dedo. (Lo que sí tenés en la cartera es un perfume, obvio, siempre hay que oler bien.)

Él: Le importa tres carajos lavarse los dientes y aún así nunca tiene mal aliento a la mañana. (¿Cómo carajo hacen?) Te hace el desayuno con tostadas con mermelada y mate como a vos te gusta. ¿Te querés bañar? -te pregunta cordialemente. (¿En ese baño lleno de pelos? ¡Ni en pedo!)

No se preocupa ni por el perfume ni por verse bien y sigo sin entender cómo, pero sí. Siempre se ve bien.

Ya pasando los tres meses de gloria y seducción comienza el samba:

Vos: Te seguís preocupando por la estética pero con un poco más de confianza. Te permitís pequeñeces, pero seguís poniéndole energía en no tener un puto pelo en el cuerpo. Sí. (Bendita prestobarba.) Sí te permitís levantarte el Domingo con los pelos parados, resacosa y con el maquillaje medio bizarreado, pero al rato estás hecha una divina total otra vez. Después de que él volvió del baño, vas vos y te reconfigurás toda.

Él: Ronca como un lirón, se levantó, se rascó las pelotas y fue al baño. Volvió a la cama, se rió con mucha ternura de tu cara de hecha percha y te dijo “linda, te hacés unos mates?”. (Claro, vos después de refregarte la cara como una yegua para sacarte el maquillaje “water proof” todo corrido, estás completamente desvelada y como te da ternura que él todavía tenga la lagaña colgando del ojo izquierdo, te levantás a poner el agua al fuego y las tostadas en la tostadora.)

…to be continued.

Ahora contame vos tus primeros tres meses con una ella/el.

Mi femineidad al palo.

Si. Debo confesarlo. Soy de las que se compran ropa y nunca la usan.
¿Motivos?

Varios.

Uno de ellos es: La paja de probártela. No me jodas, justo volvés de un día laboral agitado, pasaste por el super, andás cargada con las bolsas y ves en la vidriera del local donde nunca hay una pilcha copada, un jean que te encantó.

¡Qué paja! Hace grados: menos diez y ni en pedo que te da para sacarte todo. Ergo, entrás, mas o menos elegís el que pensás que te puede entrar.

Vendedora: ¿Te lo probás?
Vos: No… No es para mí… Es para mi hermana que es como yo físicamente. ¿Vos pensás que le puede ir? (Le preguntás a la vendedora como si fuera una vendedora de ropa de las de antaño; cuando el “ser vendedor” era un oficio y las minas/tipos la tenían re clara con al relación físico/pilcha)
Vendedora: Llevate un talle más por las dudas, igual lo puede cambiar.
Vos: (Me trataste de gorda, shegua. Además, ahora me pregunto, por qué carajo todas las vendedoras son flacas, eh?) Bueno, dale…

Y vos en tu casa te lo probás y te queda como una bolsa de papas. Y registrás que tenés que ir a cambiarlo. Pero entre que tenés facu, turno con el ginecólogo, volvés cansada del laburo o esperás al actual y querés llegar temprano para ordenar y limpiar un poco, te olvidás del bluejean. Y ahí queda.

Otro Motivo: Se usa.

Soy asquerosamente anti moda. (Y eso que hice un tiempo de diseño de indumentaria, pero creo que justamente era por las ganas de imponer una moda para gente poco agraciada como yo.) Peeeeero. Hay determinadas cosas de la moda que me gustan y lamentablemente sólo me gustan puestas en las demás minas y no en mí. Pero me doy la chance, si.

El vestidito este va a quedar RE lindo arriba del bluejean que tengo… Si… Me lo llevo…

Horrrrrible. Un vestido arriba de un jean me hace ver deforme. Entre que ya tengo un traste de la hostia y agregándole un pantalón y arriba más tela aún parezco un culo caminante, no una mujer con curvas importantes y punto. Ufaaaaaaaa.

Y ahí queda el vestido.

Espero poder usarlo en verano…

Aunque nunca uso vestidos…

Patético, che.


Vendovestidodealgodónylycracolornegroconbúlgarosturquezas.

Una caries. Dos caries. Tres caries, tres.

Qué raza más rara la de lo profesionales de la salud bucal… ¿No?

Tienen esta onda de cagarte a pedos porque vas con la boca bizarreada (gracias por el término, C). Yo no entiendo por qué te retan si justamente caerles con una comunidad de bacterias que han formado una mini ciudad (algo así como la de Lisa Simpson con tecnología avanzada y todo) en la boca a ellos les da de morfar.

Pero no. No se detienen en que eso les genera laburo, se detienen en cagarte a pedos porque no te lavaste bien los dientes.

Y qué ingratos. Porque ya uno lucha contra sí mismo para ir porque como todos sabemos es un bajón ir a lo del dentista.

Otra de las cosas que me llaman la atención de esta raza extraña manga de profesionales es que te dan charla cuando vos tenés en la boca toda clase de aparatejos raros.

Te enchufan el chirimbolo ese asqueroso que te succiona la saliba y con el garfio del pirata el tipo que te manipulea el espejito estirándote la mejilla a más no poder. Y encima te pide que abras bien la boca.

Definitivamente nunca pensé que podría abrir tanto la boca. ¡Temo que se me deforme!

Y te pregunta. “¿Cómo vas en el trabajo?”
Y vos intentás responderle sin tragarte ningún artefacto de los que tenés y te sale un “guien, gue gue go, gorgal…”

Y te das cuenta de que no se te entendió un choto.
Pero el tipo, no se mosquea y como se ve que ya tienen decodificado todos los fonemas, te dice algo como “me alegro, la otra vez andabas medio mal, recuerdo que me contaste”

¿?

En ese momento, te pide que escupas y vos con la boca medio dormida, los labios todos estirados y estresados por el manipuleo, intentás escupir pero te babeás todo el babero verde descartable que te puso la asistente.

Y la pera, claro.

Muy agradable.

Yo creo que los tipos estos deberían ponerle más onda a su profesión. Se tienen que modernizar.
¿Nunca pensaron en pintar el techo con colores raros o con dibujos? Para el paciente sería más agradable mirar algo colorido durante la hora y media que poduede llegar a estar, a ver un techo blanco ala aburridísimo. (La mancha esa de humedad no estaba la otra vez…)

Me niego. Me niego a volver a lo del dentista y encima salir de ahí con la boca dormida. “Uno fdincuenda pord favord.”

Y cada tres segundos te pasás la mano por los labios para cuidarte de no estar babeándote y que la gente te mire como a un paciente del Borda.

Me acuedo que desde los diez a los once y medio, creo, usé aparatos fijos.
Creo que nunca sufrí más en mi vida.

Hoy tienen sistemas más modernos y avanzados.

A mi me tocó usar esas/os brackets del orto que te lastimaban toda la boca, se llenaban de comida inlimpiable, te limitaban el alimento porque no podías comer ni manzanas ni sánguiches con pan costroso porque se te despegaban se te veían a la legua y lo más triste es que te anulaba la sonrisa. Nunca más una foto con una sonrisa feliz mostrando los dientes.

Horrible. Te sentís Frankenstein. Y es un proceso Sádico voy a confesar.

Te ponen unas arandelas en las muelas que te presiona los dientes a full. Después de pegarte las/los brackets te ponen un alambre que va desde las arandelas y se ve incrustando en cada bracket. Tiene formas raras que son las que te van a corregir los dientes, mediante la presión.

Aia. Me acuerdo y me duele.

Sumale que la pelotuda de la dentista que me tocó en suerte en esa época, me dejaba el alambre más largo que lo que debía y me lastimaba la boca mal. ¡¡Y encima tenía que volver para que me lo cortara!! Era otra vez no salir a andar en bicicleta con los amigos del barrio porque tenía que ir a lo del dentista. Mala onda total.

Después de mi Odisea por lo de la orrrrrrrrrtodoncia fija finalmente me las sacó pero recuerdo que me dio los fijos para usar porque me había quedado un canino torcido.

¿Y vos qué pensás? Obvio. Sigo en el día de la fecha con el canino torcido. Ni en pedo iba a usar los aparatos chotos.

Si vos que estás leyendo sos estudiante de medicina dental, ortodoncia o cualquier medicina orientada a la salud bucal que exista, por favor, hacé algo por el bien y la paz mundial. ¿Te copás? Porque yo creo que las Guerras son iniciadas por el dolor de huevos que te da pensar que tenés que ir a lo del dentista. ¿Ok? Gracias.

Estadística de fife.

No sé si es casualidad, pero hoy registré que el 90% de la gente que conozco cumple años a partir de Agosto y que los que no, son hermanos mayores de otros que cumplen post mes ocho.

¿Qué onda? ¿Se garcha más tirando a Verano? Serán las vacaciones, el tiempo al pedo que maravillosamente se utiliza garchando, será el calorcito, la playa, la montaña… O es que al primero, se lo busca todo el tiempo… Ergo como se toma la decisión de dejar de cuidarse y hay como un entusiasmo por “quedar” se garcha todo el tiempo a mansalva…

Y tal vez, post el primero, ya las ganas de garche sólo vienen, a mansalva, tirando a Verano…

Será que existe el síndrome: ¿”Se me enfría el traste si la sábana y frazada me destapan por el movimiento”? O el: “Te fifaría tod@ pero me da mucha fiaca después salir de la cama en pelotas hasta el baño a lavarme”?

No sé…

Yo cumplo el 13 de Octubre, por ejemplo.

¿Ustedes?

¿Hacemos estadísticas?
Dejen un comment con la fecha exacta de sus nacimientos.

Qué feo…

-Buscar algo que tiene que estar y no lo encontrás. Claro, cuando uno busca es porque no sabe dónde lo puso, pero no me digas que no es desesperante buscar algo que sabés que existe y que tiene que estar pero no. Ni asoma.

Me pasa con el control remoto. Bueno, ya desistí de buscarlo, que aparezca solo, yo ya no muevo un pelo.

Pero hoy me pasó de buscar un escrito que sé que tengo en gmail adjunto en un word, sé el título y todo, pero lo busco y no aparece. (Tanto como soy despelotada en la vida real, lo soy cibernéticamente. Tengo en el gmail unos 4032 correos y en espacio me dice Mr. Gmail MacGoogle que “You are currently using 3272 MB (47%) of your 6961 MB.” No sé por qué me han dicho: “¡Qué bestia borrá correos, nena!”

Ojo que tengo carpetas y filtros, o sea, relativamente organizado está, pero bueno, puede fallar.
La cosa es que busqué ese p*to correo durante media hora. Puse todas las palabras claves que se me ocurrieron y nada.

¡Qué odio!

-Que estés plenamente concentrado en algo que merece toda tu atención y que te llamen por tel y vos, por automaticidad, contestes. (No suelo contestar el teléfono, pero a veces me supera el molesto ringrinear y contesto (¿Alguien vio Phonebooth? ¿Esto de no poder resistir la tentación de atender el tel cuando suena? Bueno, yo soy al revés. Me enferma atenderlo.))

Y lo más probable es que, después de tu “Holaquehacéscómoandássisibienbien… Uuuuuy se me pega el arroz, hablamos luego…” (Aunque sean las siete de la tarde) cuando volvés a lo tuyo, la idea se te fue al carajo.

-Cuando alguien “conocido” te saluda y te nombra y vos no tenés la más remota idea de cómo se llama. (¿Hernán, era? Nope. ¿Claudio? Menos… Era con “P”, creo. ¿Pablo? Y… conozco a tres millones de Pablos, éste perfectamente puede ser uno más… Y al final le terminás diciendo “Igualmente, negri, saludos a los tuyos.”

-Cuando alguien te saluda por la calle y vos le ves cara conocida pero no tenés la más puta idea de quién carajo es ni en qué rubro meterlo. Entonces como te da mucha verguenza decirle “Hola sí, ando bien, gracias, pero no tengo la más puta idea de quién carajo sos (cuando esa persona te saludó con alegría y encima dijo tu nombre en diminutivo).

Y te quedás haciendo un scan de todo tu repertorio de personas para tratar de que haya un match y las pelotas. No tenés idea de quién es, pero te suena.

Ergo, tratás de sacarle información y de prestar atención a su discurso a ver si podés comenzar a hilar de dónde es que lo conocés.
Y nada.

Y lo más probable es que mientras estés llegando a tu casa, después de haberte quemado las últimas dos neuronas en tratar de recordar quién era, se te venga a la mente “¡Aaaaaaah! ¡¡¡El hermano del primo del hijo de la Tía Eulogia Tapia en la Poma!!!”

(Who?)

-Los conductores imprudentes, impolutos, polutos, insípidos, estúpidos y encima, irrespetuosos maricones del traste.

Hoy casi me pierden. Así que ¡Venga! Todos los mimos serán más que felizmente recibidos.

Hay una calle en Bulón por la que pueden aparecer autos de tres lugares diferentes. Yo soy bastante pelotuda (ya sé que está de más aclararlo, no?), pero como me reconozco en ese lugar es que miro setenta veces para todos lados antes de cruzar. (Nota mental: Pedirle a alguien de confianza que me enseñe a cruzar la calle.)

Hoy se me apareció un coche de la nada y se me tiró encima. Frenó a un centímetro de mi persona. Me pegué “el” cagazo de mi vida. Me vi. Juro que me vi culo pa’rriba en la estación mas o menos de lo rápido que venía el hijo de puta.

Lo más triste fue que después de escuchar mi puteada en sánscrito, dignose a putearme back.

¿Ah si? ¡Ahora te puteo en Kualalumpurense, puto! ¡Maricón!

Pero hacerme la conchudita me salió mal porque cuando me vio/escuchó la nueva puteada de mi parte frenó y dio marcha atrás.

Creo que nunca caminé tan rápido. Puse las manos en los bolsillos y a paso redoblado huí silbando bajito como quién no quiere la cosa.

…ebueh…

Venga. Les toca. Cuenten sus “Qué feo…”


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