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El amor en tiempos de cólera, dengue y MSN

Infidelidades eran las de antes. –Escuché decir horrorizada.

Hoy, los límites de la fidelidad están borroneados por la tecnología.

¿Es infiel tu novio/a si histeriquea con una mina por MSN?
¿Es infiel si nunca la/o vio en vivo y directo pero le promete amor eterno?
¿Es infiel si en vez de amor virtual tienen sexo virtual?
¿Es más infiel si es con camarita?
¿Es infiel si es una relación por mensaje de texto celularístico?

Conozco muchas mujeres que descubrieron que sus parejas le eran infieles. El problema es el modo en que lo descubrieron. Violando la privacidad del otro.

Claro, antes sólo tenías que seguirlo y ver que en vez de ir a jugar a la pelota se encontraba con una mina. Ahora se complica. Por eso las minas hacen las mil y una para entrar a la casilla de correo del susodicho y en la mayoría de los casos, lamentablemente, confirman sus sospechas. Gracias a las féminas los hackers tienen laburo…

¿Es el modo tener que violar la privacidad del otro?

Vamos, no conozco hombre que se quiera perder la chancha y los veinte. Si algún hombre con huevera bien puesta está en la sala y le ha dicho a su mujer “es verdad Carmen, tengo una historia con otra mujer” que levante la mano por favor. Prometo dejarle la huevera intacta y en condiciones de procrear. No es la idea patearla en lo absoluto.

Así me encuentro con planteos de amigas preocupadas que caen en patetismos.
Acá uno. Próximamente los demás.

AmigaM: Tengo que confesarte algo. Sé que no habla bien de mí pero no pude conmigo.
Lulet: ¿Qué pasó?
AmigaM: ¿Viste que Sergio siempre me decía que no chateaba, que le parecía una pelotudes, que él leía, que no iba a caer en esa pendejada, etc? Bueno, como yo le saqué la cuenta en el Hotmail, no pude conmigo y me metí en su MSN a ver si, como él decía, era yo su único contacto.
Lulet: Uy.
AmigaM: Si. Y tenía cinco contactos y a mí.
Lulet: ¿Minas?
AmigaM: Peor. “Laura”, “Celeste”, “Mariel La Colo de Santa Fé”, “La Morocha del Abasto” y La caprichosita”.
Lulet: Apa.
AmigaM: Si. Y esto no termina acá. Agregué a una, a la Colo, a mí MSN.
Lulet: Noooooo…
AmigaM: Y me hice la re sota, claro. Me hice la santafesina (te acordás que Sergio es oriundo de allá). La mina se ve que aceptaba a cualquiera porque ni me preguntó. Me hice la que habíamos charlado en un sitio de Santa Fé y me dijo que era casi seguro. No me preguntes cómo pero llevé la conversación para el lado de los tipos y le dije “a mi me agregó un flaco de nuestros pagos que quemó la cabeza con que era músico y había tocado en tal y cuál bar (los bares de onda en Santa Fé). Ella me dijo que le sonaba y al toque me dijo “¡Se llama Sergio!”
Lulet: Shit!
AmigaM: Si. Lo peor de todo fue lo que me dijo al toque.
Lulet: Contame.
AmigaM: Me dijo “Ya que somos vecinas, te voy a confesar que ese Sergio me pareció un repelotudo, o está aburrido o desesperado, yo que vos, lo bloqueo”.

¿Les ha pasado a ustedes esto de que la tecnología haya borroneado los límites de la fidelidad con sus parejas? ¿Han desconfiado de sus parejas por algún contacto en el MSN o correo o celular?

Woman in Red.

La otra vez leí un artículo sobre el rol que representan las mujeres en las publicidades.

Me senté a pensar un rato sobre esto, lo aplasté y concluí en que es completamente horrible lo que muestran de nosotras.

Somos unos personajes deprimentes y patéticos. (Aunque a veces esto sea cierto, no es necesario mostrarlo en todas las publicidades, vio…)

Aparecemos infladas como un globo por el tránsito lento o porque estamos indispuestas (perdón pero… ¿Quién tiene tiempo de sentarse en el inodoro hoy en día, eh? Además, no podemos sentarnos en cualquier inodoro y eso lo sabe todo el mundo, no hay que ser Einstein para saber que nos podemos agarrar cualquier bicharraco por apoyar nuestros muslos o nalgas en una tabla pública…), nos muestran con canas a los treinta y arrugadas a los cuarenta y por supuesto para cada caso el santo remedio. La tintura y la crema con baba de caracol y retina de gallina aerodinámica respectivamente. En cambio para la celulitis y el sobre peso no hay edad o fruta. Ergo, para presentar/vender esos productos eligen desde una veinteañera hasta una naranja.

También aparecemos abrazando un jabón en polvo que se convierte en un cantante pedorro o depilándonos las piernas con una crema por si se nos engancha la media fina en un banco de plaza al caminar. (¿?)

Lavamos los platos, toda la cocina (ojo que hasta tenemos a un amante caricaturesco que nos salva cuando todo está más que sucio y digo y pongo en negrita “amante caricaturesco” porque en la realidad, el marido cuando está todo sucio, no aparece ni en dibujitos) y sacamos las manchas de la ropa sucia. Acá hago una salvedad. En una publicidad, la protagonista cuenta que conoció el producto quita manchas porque tiene un marido pelotudo. Bah… Resulta que el tipo es tan cuida con su hija que la va a buscar a las fiestas a las cuatro de la mañana en pijama y medio dormido, entonces se mancha. En definitiva: ¡Te casaste con un idiota! Más que el polvo quita manchas, tenés que cambiar de marido.

Hoy, volvimos a ir al almacén con los envases retornables, confiamos en los supermercados, nos lavamos el cabello con el que nos podemos levantar a Chayanne y compramos todos los productos cero por ciento de grasa y sabor.

Pero no. Nunca nos va a tocar manejar un auto de la puta madre, tomar una birra con maní, jugar a la play, mirar un partido de fútbol en una super tele, andar en moto o barrenar.


Psychotecnicos II

Ayer me fui a hacer un psicotécnico por un laburo.
Para comenzar, la licenciada me había dicho que duraba entre dos horas y media y tres. (Mal rayo me parta…)

Llegué con aires de grandeza por haber pasado ya, por muchos psicotécnicos . Pero me encontré con otras actividades.

Comenzamos por las típicas preguntas “con quién vivís, por qué, tenés padres, hermanos, etc”. Luego me hicieron un test de inteligencia y lógica con secuencias de letras y números.

Después, el test de Roschard.

No conforme con esos, me dieron cuatro láminas para que escriba cuatro historias diferentes. Las cuatro debían tener un pasado un presente y un futuro. ¡Ah! Y debían ser breves y concisas. (¿Algo más?)

Ya para finalizar me hicieron dibujar una casa, un árbol y una persona. El último y más interesante de todos fue uno que constaba de unas sesenta o más frases que tenías que terminar de escribir. Horribles.

1. Pienso que rara vez mi padre……………………
2. Mi madre es………………………………………..
3. Mis amigos no saben que le temo a……………
4. Sería completamente feliz si…………………….
5. Mis jefes son……………………………………….

Odio esas oraciones incompletas, pedorras y que te obligan a mentir. ¿Qué te voy a resoponder?

1. Pienso que rara vez mi padre… ¿Se haya garchado una mina que no sea mi madre? (Perdón Sr. Looser, eh?) ¿Tuviera pensamientos impolutos, insípidos e incoloros? Y por el contrario, si pusiera “un hombre maravilloso” o cosas semejantes, pensarían en que quiero matar a mi madre para casarme con mi padre y lalalalaaaaaa. ¡Es too much!

4. Sería completamente feliz si… ¿Me ganara el quini? ¿Me enganchara un viejo con mucha plata que estirara la pata en la noche de bodas? ¡No podés! Lo que respondí fue Sería completamente feliz si…“si se terminaran las guerras y el hambre en el mundo”.

Si, ya sé… Me faltó acomodarme la coronita y abrazar el ramo de flores y saludar a la gente con los ojos llenos de lágrimas moviendo la mano como si estuviera limpiando los vidrios. Miyagui orgullosísimo de mi saludo “limpio vidrio”.

5. Mis jefes son… Unos reverendos pelotudos. Forros. Corruptos y chantas.

Si, justo voy a poner eso… ¿Quién pondría algo así? ¡Nadie!

La mejor de todas fue una que me sorprendió mucho y asumo que si no me llaman de este laburo es exlusivamente por esta respuesta que dí.

Si tuviera sexo……………………………..

Esta respuesta invita a muchas guarradas, groserías y barbaridades. Mis posibles oraciones eran:

Si tuviera sexo… con Brad Pitt sería feliz.
Si tuviera sexo… por la oreja me quedaría sorda.
Si tuviera sexo… con muchos y por plata sería una trola.

Como niguna me parecía prudente respondí:

Si tuviera sexo… más seguido que el que tengo ahora andaría muy cansada todo el día!

¡Qué bárbaro estos psicotécnicos del orto…!

Vacaciones 2009.

Saltos del Tabay, Misiones, Argentina. 2009

Sujetovacacional: Yo diría que paremos directamente en los Saltos que hay lugar para acampar. Además es solamente una noche. ¿Te parece?
Lulet: Mejor. Porque no da patear diez kilómetros o esperar el bondi tres horas…

Llegamos. El sujeto armó la carpita. Car-pi-ta.

Lulet: Apa que era chiquita la carpa…
Sujetovacacional: Para nosotros está más que bien. ¿O no?
Lulet: Sisí… Uy pero no tenemos nada para poner de colchón…
Sujetovacacional: Ponemos la toalla.
Lulet: (Shit!) Ok.

Pasamos un día genial. A la noche comenzó a ponerse negro el cielo.

Lulet: ¿Lloverá?
Sujetovacacional: Naaaaaah.
Lulet: ¿No te parece mejor si le ponemos al mosquitero ese en el techo una bolsa por las putas dudas? ¡¿Si llueve nos vamos a mojar!
Sujetovacacional: Muy buena idea, pero quedate tranquila, no va a llover.

Nos acomodamos para dormir. (¡Qué feo que es dormir sobre una superficie completamente dura me cago en Thor y mis treinta años! Creo que mi juventud la perdí a los veintidós cuando me fui de mochilera al Sur.)

Me desperté con un dolor de cintura de los mil demoños a mitad de la noche exaltada porque estaba soñando que la carpa estaba inundada y que nos ahogábamos.

Sin ir más lejos llovía torrencialmente y cuando levanté la cabeza del piso de la carpex, me chorreaban los pelos. Ergo, nos estábamos comenzando a inundar.

Eran cuatro y media de la mañana. Levantamos todo menos la carpa y salimos corriendo a acobijarnos debajo de un techo de un bar que había cerca de la orilla.
Hacía un frío de cagarse. No habíamos llevado abrigo y ni agua caliente para el mate teníamos.
¡Qué paja, loco! Así no se lleva a una mina de vacaciones…

Ho-rri-ble.
Los años no vienen solos.

Sujetovacacional: ¿Estás bien?
Lulet: ¿Sos parte del staff del Servicio Meteoro-no-lógico Nacional vos? No. No estoy bien. Se me parte la cintura en mil. Estoy cagada de frío. Y además tuve pesadillas.
Sujetovacacional: Uy… ¿Y qué soñaste?
Lulet: Que yo tenía un yacarerito mal curado.
Sujetovacacional: ¿Un qué?
Lulet: ¡Un yacarerito! Y se lo llevaba al veterinario porque no me lo había arreglado bien. Tenía la panza abierta y yo le podía ver los chinchulines.
Sujetovacacional: ¡Jajajajajaja! ¿Un yacarerito o un yacarecito?
Lulet: No te rías, boludo. Yo sufría y le decía al pendejo algo como “¡Arreglame el yacarerito que debe estar sufriendo!”
Sujetovacacional: ¿No era que lo llevabas al vet?
Lulet: Sisí. Pero tenía seis años el veterinario…
Sujetovacacional: ¡Era un niño!
Lulet: Si, me acuerdo que era estudiante de veterinaria… No estaba recibido.

-El flaco no podía más de la risa-

Lulet: Y soñé otra cosa, pero no te rías…
Sujetovacacional: Contame.
Lulet: Soñé que me apoyaba un rinoceronte.
Sujetovacacional: ¡Jajajajaja! Qué hija de puta… ¿No te alcanza conmigo?

-Les juro que el tipo no podía parar de la risa-

Lulet: ¿Perdón? ¿Te vas a comparar con un rinoceronte? Way too far, darlin’

Y no me habló por como… Dos días.

Todo bien con el departamento, con los vecinos y sus niños que lloran y sus perros que ladran. Todo bien. Pero con lo que no está nada bien es con el portero.

¿Recuerdan el tema de Aguante Baretta?

Bueno, whatever. A mi me tocó un portero acosador. Así como lo leen. ¿Qué con tanto abrazo, eh? ¿Es necesario?

Me cago en que tengo que arreglar tanta pelotudes en casa, entonces estoy en contacto continuo con el tipo. Pero ya me estoy preocupando. ¿Tiene que abrazarme cada vez que me ve?

Porteroacosador: (Abrazándome) Sos divina, Lulet. Qué alegría que te mudaste acá.
Lulet: (Con los bracitos al costado del cuerpo) Bueno, bueno, señor Porteroacosador, muchas gracias. ¡Cuánto cariño! (Dale pelotudo movés un dedo y te clavo la rodilla en el huevo izquierdo)
Porteroacosador: Es que sos amorosa y tan simpática…
Lulet: (Sisisi. Todo muy lindo pero soltame ya porque de la simpatía a la patada voladora doble Nelson hay un milímetro) Bueno, gracias otra vez. Vos sos como un tío. (Estaba tratando de ponerle un título familiar a ver si le daba sensación incestuosa y me largaba)
Porteroacosador: ¡Y qué flor de sobrina tengo! Muy bonita, sí señor.
Lulet: (Aaah te fuiste a la mierda y a mi la estrategia se me fue al carajo) Sos muy amable señor Porteroacosador (del orto). ¡Ah! Y antes de que me olvide, el tipo que vino el otro día, viste el grandote ese, es mi novio. Le voy a dar una copia de la llave para no tener que bajar a abrirle así que no te asustes. ¿Te conté que hace boxeo?

Y se fue con cara de nada.
Merrrrrrda.

Ahora tengo que conseguir un amigo grandote y musculoso parecido al chongo que vino a buscar un mármol que descarté. (O sea… ¡No era nadie conocido siquiera!)

HELP.
SOS.

Se solicita joven con, por lo menos, unos meses de gimnasio encima, que viva por la zona de Olivos.

Shit happens. -Mostly to me-

Hoy tengo “uno de esos días”. Nono. De “esos” no. De esos otros. Eeeeesos. Sí. Esos días en que, si hubieras sabido que iba a ser así no salías de la cama. Esos días en que deseás no haber despertado… Ni nacido.

Uno de esos días en que todo te sale mal y te sentís el tipo/la mina más pelotudo/a sobre la faz de la tierra y alrededores. Sentís que tenés un cartel de neón en la frente que dice “péguele al idiota sin cargo”.

Ese día te despertaste tarde. Sisí. Y por tu culpa. Apagaste el despertador y seguiste más de cinco minutos que era lo que pensabas que ibas a estar con los ojitos cerrados de yapa ·”Cinco minutitos más” las pelotas. Te dormiste media hora, pelotudo.

Saltás de la cama puteándote por haberte quedado dormido y te vas derechito al baño a prender la ducha. Te sacás todo y mientras te metés el cepillo de dientes en la boca te metés en la ducha.

Y el agua está helada.

Salís semi enjabonado (lo que menos tenés es tiempo como para salir todo mojado a subir el calefón, volver a la ducha, etc) y te ponés lo primero que encontrás. Mientras tanto se te hierve el agua para el mate y te quemaste hasta la tráquea (sisí, por primera vez sentiste partes de tu cuerpo que ni sabías que tenías.)

Ya fue. Salís a las apuradas y ves pasar el colectivo. Obviamente el siguiente va a tardar. Mucho.
Subís y va a paso de hombre. Pensás que caminando llegarías más temprano al laburo.

Pisás la única boldosa floja de toda la cuadra y te enchastrás el pantalón (y no llueve, ¿Eh?) y cuando estás llegando -tarde, obvio- te das cuenta de que está el auto de tu jefe.
Si. Nunca jamás llegás tarde y el tipo siempre llega a eso de la diez. Hoy no. Hoy llegó a las nueve y vos estás llegando tarde.

¿Mala leche?

Bueno. Hoy tengo uno de esos días.
Son casi las doce y ya me pasó de todo. (¡Uf! acabo de mirar la hora y ni siquiera son once y media me quiero matar con una cerealita copos light.)
¿Meada por el Temaikén?

Patético.

Te escucho. Todo.

Definitivamente esto de pasar de vivir en una casa donde de vecinos tenía: A la izquierda, nadie porque estaba la casa vacía, a la derecha un sordo y atrás a mi vecina (a quien ya todos ustedes conocen) a pasar a vivir en un departamento “E” -De estúpida, si. Estoy condenada- con vecinos en los A, B y C, es como un poco difícil.

Se escucha absolutamente todo. Estaba acostumbrada a poner la música al taco, es más, siempre respondía a cuando alguien me iba a visitar por primera vez y preguntaba, cómo reconozco tu casa al margen del número, respondía: Fácil, es la casa que tiene la música al taco.
Si. Era una bestia. La música se escuchaba casi desde la esquina.
Pero asumo que me acostumbraré a escuchar la música como Thor manda. ¿No?

Ahora que lo pienso, le voy a poder explicar a mi otorinolaringólogo el origen de mi temprana sordera.

No solamente la música, claro. Hay determinados sonidos que uno no quiere hacer públicos. Y no estamos hablando de una charla con alguien, el canto en la ducha o algún sonido normal del cuerpo que puede hacer sonrojar pero no mata a nadie. Estamos hablando de sonidos que se emiten estando en una situación amorosa.

¿Cómo encontrar el límite?

Como soy una mujer precavida, llamé a una amiga que vive en un depto con muchos co-apartamentos como el mío.
Y me contó una historia que yo que ella, me mudo.

Resulta que “depto nuevo más novio nuevo igual: vida nueva. Ergo estreno de todos los ambientes con el novio nuevo”. Claro, la mina se puso a garchar con el tipo en el living que era el ambiente más pegado al de los vecinos. (Debo decir que al parecer este novio que aún le dura, la tenía clara…)

A los días le tocó el timbre la vecina, una señora joven, de unos cincuenta años quien le dijo algo como “Te vengo a pedir que por favor cuando estés en la intimidad con tu novio lo hagas más silenciosamente porque tengo hijas adolescentes”.

WTF?

O sea. Te entiendo la de sé más silenciosa boluda que todo el edificio se entera cuando fifás. Pero ¿”Tengo hijas adolescentes”? ¿Cuál es la fantasía? Tiren conclusiones, please, porque yo no me imagino por qué aclaró lo de las hijas.

Desde que ella me contó eso, me quedé con la idea en la cabeza. Un poco perseguida, debo confesar…

Resulta que vino, el otro día, un sujeto que no podemos decir actual porque es un sujeto cada tanto pero desde hace años… (Por no decir especie de “amigo con derecho a roce”)

En el momento de prendernos los tabacos y relajarnos el tipo preocupado me preguntó si la había pasado bien. Yo le respondí: “Claro que sí, como siempre que nos encontramos.” Pero no lo conformé.

Y acotó “Estuviste silenciosa. ¿Hice algo mal?”

Todavía nos seguimos riendo.

Volví. ¿Volviste?

Estuve desde el Miércoles desaparecida del mundo real. Internada en la Rural jugando a la señorita bisnes te doy mi tarjeta con corpiño con hombreras ochentosas de relleno.

El Domingo no descansé una mierda y hoy Lunes tuve que ir a la oficina porque por no haber ido durante tres días, tenía mucho laburo atrasado y nadie quién me pudiera cubrir. Y claro, los barquitos y los aviones no se mueven a menos que uno de la instrucción, vio…

La cosa es que hoy a las seis de la tarde en el laburo ya estaba hecha un ente. Hubiera preferido decir un Ent porque me parecen super seductores y simpáticos e inteligentes esos arbolotes, pero bueno, eso no viene al caso.

Como venía diciendo. Salí de la oficina, me prendí un tabaco, y comencé a caminar mientras buscaba los lentes ahumados (¡Aaaah! Se me cayó el DNI con eso y casi que digo “y prendía el walkman” pero ya con lo de los lentes ahumados era suficiente.) y me ponía los auriculares llegué a la parada.

Si. A la parada.

Ajá. A la parada del colectivo…

Claro.

Porque para volver a casa tengo que ir a la parada a tomarme el colectivo.

Ergo, fui a la parada.

La parada del colectivo…

¡¡¡TRES CATORCE!!!
Decí que evidentemente algún dejo de lucidez guardo. O que la trentiúnica neurona justo se puso en funcionamiento porque si no, me iba para Boulogne.

No puedo. ¿No?

[Inserte aquí el ícono de "Loser Total" que más le guste.]

Desperfectos técnicos.

Lulet: ¿Por qué tengo que descongelar la heladera? ¿Qué hago con lo que tengo en el freezer? ¿Cómo transporto lo que tengo adentro? ¿No puedo desenchufarla, atarla toda para que no se le abran las puertas, meterla en el flete y en el depto volverla a enchufar y al carajo?
Alguien: ¿Vos sos boluda o te hacés?
Lulet: Ufa.

Sujetoactual: (Cocinando en mi casa) ¡Luleeeeeeet! ¿Dónde está la sal?
Lulet: La sal… La sal… ¡Abajo de la mesada!
Sujetoactual: Acá no está. Sólo está la sal fina.
Lulet: ¡Aaah! ¿La gruesa buscás? Eeeehmmm…
Sujetoactual: Lulet. ¿Qué hiciste con la sal gruesa?
Lulet: ¿La embalé?
Sujetoactual: Lulet. Te mudás el Sábado. ¿No pensabas usar la sal gruesa en toda la semana?
Lulet: ¡Ouch!

¡Riiiiiiing! ¡Riiiiiiiiing!

Lulet: ¡Hable!
Miamigaquienmedejaeldepto: Uy boluda te querés matar.
Lulet: ¿Qué pasó?
Laflaca: ¿Viste que te dije que te pasaba varias copias de la llave de abajo para que repartas entre tus fliares y no tengas que bajar a abrir cada vez que vengan y que te ahorrabas fortuna proque salen como doce pesos o más cada copia?
Lulet: Si…
Laflaca: Bueno, a una mina le robaron la cartera con las llaves y ahora cambiaron la cerradura.
Lulet: ¬¬

Chica XXX

Como no podía ser de otra manera, mi cumpleaños lo pasé a la manera Lulet.
Claro. ¿Por qué iba a tener un cumpleaños tranquilo sin patetismos ni bizarreadas si podíamos pasarlo bien bizarro?

Obvio. Todo me pasa para que después yo pueda tener algo que contarles. (Copado. ¿No? :caradetodomuylindoperolaputamadrequémalalechequetengo:)

Primero.

No estaba ni el loro en Baires.

Me cago en que cayó justo un finde largo.

Y la poca gente que quedó, no vino.

Organicé juntarnos con unos amigos a brindar en un bar en Capital, el Domingo a la noche.

Todo muy lindo. Tuve el agrado de conocer a Nini y al bombonazo y super artista Efe y a su señorita novia que es una dulzura de mujer.

Bien. Hasta acá todo en orden.

Tipo tres de la mañana el bar se estaba colapsando de gente y la música se tornaba tipo fiesta de quince. (Un horror.)

Decidimos seguir el festejo en otros puertos.

Salimos del bar y nos quedamos unos minutos en la puerta organizándonos hacia dónde movíamos.

La vereda y aledaños estaban re llenos de gente que quería entrar al bar.

Yo estaba de espaldas a la calle charlando con mi gente.

En un momento sentí un fuerte golpe en la nuca. Muy, fuerte. Justo en el hueso del cráneo.

Me desconcertó. Todos se quedaron atónitos mirándome porque escucharon un sonido seco en mí.

Bastante asustada sin sabér qué me había sucedido, me pasé la mano por la nuca y sentí una humedad viscosa y unos pedacitos de un algo duro.

Si señores.

Me habían tirado (nunca supimos desde donde) un-hue-vo. En realidad, no “me” lo tiraron. Lo tiraron hacia la zona de la puerta del bar y yo justo puse la nuca. (Siempre en los penales me decían que fuera yo al arco, viste. Era como una Goycochea en potencia de piba. Todos los objetos que pulularan por los aires en caída daban en mi persona.)

A mí. Siempre.

De… ¿Cincuenta personas? ¿Más? No sé, estaba re lleno de gente y de todas las personas que había en la puerta del boliche, justo me dio a mí en la cabeza.

A mi que cumplía años y estaba arreglada, maquillada, peinada. (De seguramente la mayoría estaban arreglados, etc. Pero dudo que todos estuvieran festejando su cumpleaños número treinta esa noche me re cago en Thor!)

Al parecer ahora los jóvenes tiene esta modalidad de diversión que es salir en auto con el maple de huevos -a falta de los dos que no tienen entre las piernas con los de gallina se entretienen- (y tristemente no tienen registro de que hay gente que se caga de hambre) a tirar huevos en la puerta de los boliches para cagarle la vida a las personas que estuvieron horas arreglándose para salir.

Como pude me limpié el huevo de los pelambres (¿Tengo que aclarar que el no olía bien?) me hice un especie de rodete (que cuando la clara se secó me quedó rígido como gel extra fijación o rulo de estatua –¡Mah! ¡Qué gomina ni gomina!-) y seguimos nuestro camino. (Obvio, NADA iba a interponerse entre el festejo y yo. Ni un huevo podrido.)

Por suerte a la única cámara que había entre nosotros se le había terminado la batería a la tercera foto sacada (Tercera, si.) así que no quedaron fotos escracho de mi cabellera enhuevada.

Me pasé todo el lunes con dolor de cabeza. Y no por una resaca. Sino por una hueveada. (O huevada)

Un lujo, che.


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