Per aspera ad astra: por el camino más difícil a las estrellas…

samurai02[1] 

 

Per aspera

 ad

astra

 

 
 

 A la virtud de los unos… a la insensatez de casi todos…

 

El nirvana se toma por asalto…

 (Budha)

 

 

 

 

El almirante Takajiro Ohnnishi, creador y Sumo Sacerdote del cuerpo de Kamikazes, terminó su alocución entre lágrimas diciendo: “Si estamos dispuestos y resueltos a sacrificar veinte millones de japoneses en los Kamikazes, la victoria será nuestra…”

 

***

 

Kathsùmi –una mujer iluminada de virtud– se puso el Kimono de su boda y se suicidó cortándose el cuello. Antes de hacerlo, escribió una misiva.

 

Amado Dan: Mi corazón rebosa de alegría al saberme pronto nuevamente a tu lado. Soy feliz, porque donde estaré esperándote, ya no habrá más pruebas. No te preocupes por mí, yo ya he dejado este orbe para aliviar tu tristeza. Me honra haberte pertenecido en cuerpo y alma, y espero haber sido digna de tu amor. Te dejo este poema que es el sentir de nuestro Emperador y de nuestro pueblo:

 

“El cerezo es el primero entre los árboles; el guerrero es el primero entre los hombres”.

(Antiguo poema Japonés)

Este mundo es efímero, seguro que sí, pero el otro es eterno. Te estaré esperando.

Kathsùmi.

Pd: Agradécele nuevamente al capitán por hacerte llegar este escrito.

 

***

 

 

Luego de leer aquella nota, la imperturbable mirada de Dan se quebró de manera muy gradual, como buscando algún vestigio de paz y armonía que sobreviviera en el ambiente. Apenas fueron tres inacabables lágrimas las que cayeron sobre la inscripción de la bandera que él portaba, y que todo piloto debía de llevar antes de emprender su vuelo sin retorno. Esa bandera decía lo siguiente:

 

“Todo por el Emperador; estamos deseosos de morir por él”

 

Él se dirigió al capitán, su mirada a la nada…

–Sé que las tácticas ordinarias son ineficaces y también soy consciente de que debemos ser sobrehumanos para vencer al enemigo; no obstante, soy feliz, porque una vez muerto, mi espíritu volverá y seguirá luchando.

 

Antes de partir, Dan le entregó al capitán un Haikù –que es una de las formas de poesía tradicional japonesa más extendidas en el mundo, y que escribió con su propia sangre, haciéndose una moderada abertura en el dedo índice con su espada samurai, y le pidió el favor de dejarla en la tumba de Kathsùmi cuando se comprobara la colisión de “Flor de Ciruelo” –o Kawanishi Baika traducido al idioma japonés–, que era el nombre del avión suicida que él pilotearía.

–Lo prometo –le respondió el capitán.

 

Los últimos minutos…

 

Ya en el vuelo, Dan podía sentir hasta el olor de Kathsùmi, su pesada respiración sobre su pecho, producto de algún abstruso sueño sin fin; el rostro en la mañana cuando ella esperaba algún beso que había quedado pendiente… después de una noche sin límites donde ambos se tuvieron a su antojo; el roce de su piel con la suya cuando ella dormía y él la acariciaba y jugaba a sorprenderla, aun sabiendo que no la sorprendería, pues ella lo esperaba… 

 

Presionando fuertemente el timón de “Flor de Ciruelo”, recordó la primera vez que Kathsùmi se entregó a él; el primer beso, las primeras caricias, los primeros halagos. Rememoró también, aquel mágico momento en el que cada uno descubría qué había debajo de cada prenda, navegando desde la piel hasta llegar al corazón colmado de expectativa por liberar lo más profundo.

 

Los últimos segundos…

 

La colisión frontal era inminente, angustiante y por demás elocuente; la carga psicológica de Dan parecía ser el peso de toda una vida, de toda la historia, y el peso de ésta, significaría finalmente la suya…

Luego, luego la nada… digo la nada por adjetivar el término de alguna manera concreta, plasmante; semejante intento de aproximación a la definición de este vocablo es precisamente lo único concreto, luego… luego no hay nada.

Dan y “Flor de Ciruelo” se estrellaron contra un portaviones enemigo, y el cielo se encargó de albergar sus moléculas y llevarlas nuevamente a transformarse; quizás, en ellos mismos, pero con otros nombres, sabores, colores, aromas, formas, designios…

 

***

 

 

El capitán se dirigió al féretro de Kathsùmi, la miró fríamente y, en un sentido instante de luz, apuñó tenazmente el haikù de Dan, para luego desprenderse de él.

 

 Hasta ese momento, el capitán solo había expresado una marcada tendencia a la inmutabilidad –seguramente por su ponderada formación militar–; sin embargo, se quebró saliendo del velatorio de Kathsùmi, no sin antes dar el pésame a los deudos, y se dirigió a una añosa roca de tres niveles para exteriorizar finalmente sus lágrimas; esas que no solían mostrarse fácilmente.

Él sabía que, el valor de sus lágrimas, las de Kathsùmi, las de Dan y las de todo su atribulado país, solo se valorarían al final de las épocas, cuando germinaran las semillas del cambio y florecieran en el círculo del tiempo.

 

Resultaría imposible e inenarrable, describir el dolor que circundaba en aquel momento el sentir del capitán; pensó, quizás, que Dan y Kathsùmi ya habían sido liberados del suplicio, y esto le otorgó una profunda pero leve paz. Él también tenía un amor, pero también la certeza del inminente dolor; solo era cuestión de tiempo. Él también, junto a su esposa, terminarían igual que Dan y Kathsùmi, solo era cuestión de tiempo… Pensó imitar a Dan –pero esta vez estando ella en vida–, y escribirle algo a su amor que consolara de alguna forma su desesperanza antes de morir. ¿Otro haikù? 

Por cierto… ¿Y el Haikù de Dan…? Perdón…lo estaba olvidando… el Haikù de Dan expresaba lo siguiente:

 

La vida es dolor,

y el dolor lo es todo,

 quiero vivir…  

 

***

 

El 6 de agosto de 1945, tristemente recordado como “el día de la doble aurora”, hubo una explosión catastrófica, que destrizó el pueblo de Hiroshima; tres días después, los aliados se encargaron de devastar, también, Nagasaki.

 

¿Es posible que sienta nostalgia por una realidad en la que no estuve presente? ¿Cuál fue, en todo caso, la frontera que aún no crucé? Si es que todavía no he vivido o no logro recordarlo, ¿qué fue entonces lo que he perdido?

Digo esto porque anoche, ya conmigo mismo, le pregunté a una roca de tres niveles que decía llamarse el testigo del tiempo, dónde terminaba el recuerdo…

–En un lugar llamado olvido… –me respondió.

–Perdón, me equivoque en la pregunta, quiero decir, ¿cuándo termina el recuerdo?

–Cuando empieza un motivo para dejar de recordarlo…

–¿Crees que pueda existir algún legítimo motivo como para dejar en el vacío absoluto desesperadas súplicas y vencidos pedidos de disculpa de la humanidad para con la humanidad? –le pregunté añorando alguna respuesta–. ¿Quizá otro haikù que me haga recordar?

 

-Hierbas de verano…

es cuanto queda…

de las visiones de los soldados… – me respondió…

 (Haikù perteneciente al gran poeta japonés del siglo XVII Matsuo Basho)

 

 

Interpreté muy bien aquella metafórica respuesta, pero confieso no haber quedado conforme; sobre todo porque buscaba vislumbrar y/o clarificar mi presente inmediato, y no mi mañana infinito.

 

–¿Qué fue lo que perdí? ¿Cómo puedo llegar a saberlo?

“¡Solo debes tener una reminiscencia, nada más!”

“Intentando estimularte para emprender tan apoteósica y no menos delirante empresa” –dije para mis adentros.

“¿Entonces? –seguía divagando–. ¿Por dónde es que debo empezar, para así, y de una buena vez, llegar… adónde?”. 

–Per aspera ad astra…– me dijo el testigo del tiempo…

 

 ***

 

 Nota de autor:

La alocución del almirante Takajiro Ohnnishi, ha sido transcripta tal cual lo señala el libro “Armas suicidas” de A.J Barker, y que fue publicado por la editorial San Martín; así como también, algunos fragmentos de la carta de Kathsùmi a Dan.
 

 


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GIULIANA
Junio 5, 2010, 4:17 am, Reportar este Comentario GIULIANA dijo

SI , es cierto amor. No sere escritora ni mucho menos pero se apreciar lo bueno. Te felicito , siempre que leo tus escritos es como si los viviera en primera persona. Excelente trabajo amor. Te doy un consejito: me encanto tu escrito , tanto este como los anteriores(quiza este un poco mas) “que tu satisfaccion por la connotacion de tu escrito no te ponga limites, por mas felicitaciones y elogios, siempre vas a poder hacerlo mejor, siempre. Yo apuesto por ti. besos honey…!buen trabajo!

isabbela

Me sentí atrapada por eso del testigo del tiempo….Dónde termina un recuerdo? Cuál es el verdadero momento en que el olvido gana la batalla sobre los sentimientos???

Es difícil el camino a las estrellas, quizá el más difícil y eso parece saberlo muy bien, tu testigo del tiempo.
Intrigante texto, lleno de extravagancias y divagaciones literarias.
Seguiré leyéndote Luis.
ISA.

ladelirante

Impecable. Muy interesante, además.
Voto.

Tishy
Agosto 10, 2010, 10:10 pm, Reportar este Comentario Tishy dijo

Luis, amigo, qué buena mezcla te has mandado, bien entrelazado, me gustó mucho. Vine de visita y me sorprendiste como siempre. Gracias amigo y muchos besotes, más super voto!”!! jajaja. Te quiero.

naim-casares
Diciembre 24, 2010, 11:51 am, Reportar este Comentario Naím casares dijo

Es mi deseo que esta noche buena sea para vos, para mí, para todos, de nuevos cambios, que nos encuentre unidos por un solo sentimiento, el de la solidaridad, la generosidad y el afecto que contiene la alegría de sentir y estar…

Mis cariños siempre!

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