Amor con fecha de vencimiento
Amor con fecha de vencimiento.
Cuando se conocieron
Mili tenía 47 octubres encima
y Juan no más de 16.
Los unió la experiencia y la bravura,
la fealdad de uno,
la belleza de la otra
y el horizonte
que haría estragos en el chiquillo
destinado a vivir en la miseria.
Se amaron con pasión,
por decir con locura o picardía,
compartieron monedas y billetes,
criterios, lealtades
y un pastor alemán,
a sabiendas
de que el de ellos era un amor
con fecha de vencimiento en la solapa.
Pasaban los años
como gotas de lluvia de verano,
sin turbarlos.
El pequeño Adán
se fue tornando golondrina.
La luz de la fortuna de su novia
iluminaba el rostro
del galán con birrete de marino.
La apuesta les duraba
contra cualquier pronóstico
a sabiendas
de que toda felicidad caduca
con el tiempo.
Una noche que estaban en la gloria,
dormitando
bajo el signo de la estrella del Sur,
embebidos de sed,
acurrucados,
tendidos en la arena
de humedades rotas,
se cerraron los párpados del hombre
para siempre jamás.
Juan tenía 47 años
Y Mili apenas 16
cuando se amaron
a pesar de las fosas y los cauces,
a sabiendas,
de que el de ellos era un amor
con fecha de vencimiento en la solapa,
de que toda felicidad caduca
con el tiempo.
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