EL CLÁSICO DE LOS CLÁSICOS FUE SIEMPRE ASÍ, PASIÓN Y VIOLENCIA. HOY EL PUEBLO RIVERPLATENSE APUESTA A LA RESURRECCIÓN DEL VIEJO RIVER
Y viene la hora de las tenidas veraniegas contra nuestros “primos”.
Esta vez precedidas de dudas acerca de su realización, por el nivel de conflictividad que podía traer acarreado el momento de River.
Pero un River-Boca es algo impostergable. Aparte, no poder llevarlo a cabo sería aceptar definitivamente que nuestro más popular de los deportes ha quedado sometido al imperio de la ley de la selva.
Se tenía que jugar y se hará, uno en Chaco, otro en Mendoza. Y es más, como compromiso aleatorio de un convenio suscripto con el Banco Francés, este año están previstos más superclásicos.
Eso me hace acordar lo de 1974. Durante el receso se disputó el Mundial de Alemania. Y River y Boca fueron por las provincias, jugando una serie de partidos en su mayoría favorables a nosotros, definidos en más de un caso por el “Puma” Morete, que ya les había hecho los goles del 3-1 con que el 31 de marzo les ganamos en nuestro estadio. Se agolpaba la gente en el interior. Es que River-Boca tiene un componente especial. Pasional y también hay lógicas razones económicas.
Aparte las confrontaciones entre ambos más de una vez fueron bajo el signo de la violencia. Lo que no significa que haya que aceptar eso como algo natural y lógico. Todo lo contrario. Pero el tema no es de ahora.
Basta recordar que el primer partido de la era profesional no terminó. Mejor dicho, iban 1-1 y lo terminaron a las piñas en la calle ambas parcialidades. Creo -como digo siempre, me manejo con la “frondosidad de mi memoria”, en este caso por haberlo leido más de una vez, todavía no había llegado a este mundo, faltaban 17 años- que los puntos nos fueron adjudicados a nosotros. Pero fue un despiporre de padre y señor nuestro.
Fue a partir de 1962 y con las escandalosas definiciones en favor de Boca, esas que yo no hace mucho definí como producto del “silencio de las leyes” (apelando a una frase del ilustre Restaurador justificando tener que tomar el gobierno tras el crimen de Navarro perpetrado contra Dorrego) en que se suceden los hechos de enfrentamiento. Ojo, lindantes en la criminalidad a veces. Aquel año fue el de la detención antirreglamentaria de Roma de un penal ejecutado por Delem. Adelantándose y coronando la “proeza” con una descomunal presencia de gente dentro de la cancha. A tal punto que el árbitro Nai Foino confesaría: “Si lo hacía tirar de nuevo me mataban”. Lo cierto es que pocos meses después entró a trabajar en la empresa de Alberto J. Armando. Delem acusaría a Marzolini en su “portuñol” de haberlo “cuspido” tras el episodio. El número 3 boquense lo desmintió pero el brasileño ratificó su acusación.
En 1965 tiene lugar otro bochorno en la Ribera. Llegaron los dos cabeza a cabeza en la antepenúltima fecha. Nos pusimos de entrada en ventaja, con un golazo de Luis Artime. Pero Osvaldo Ardizzone lo había prevenido en la semana: “Me preocupa el arbitraje, River es más correcto en estas cosas”. Los jugadores locales realizaron todo tipo de salvajadas contra Amadeo Carrizo, ante la total pasividad referil. Todo esto acompañado por impunes golpes a mansalva . Rematada la situación cuando el linesman Melidoni presionó a Lallana por reclamarle ante un golpe alevoso del No.2 de ellos Silvero. “El «edie» afuera. O se va el o me voy yo”- El «edie» quería decir en el lenguaje particular del deplorable juez de línea “diez”, el número que ese día llevaba Lallana (no pudo ser de la partida por una lesión Ermindo Onega). Y el árbitro Ventre le sacó a Lallana, como él pedía
Diezmado numérica y psíquicamente River perdió 2 a 1 y se le esfumó el campeonato. El partido se jugó en condiciones en colisión con mínimas pautas de civilización, corregidas y aumentadas respecto al de 1962. Ya no se trataba de público adentro de la cancha. Era la actitud provocativa ahí mismo de la “policía brava” de la comisaría 24. Antes de empezar el segundo tiempo (íbamos en ventaja todavía) un policía se quiso llevar preso al fotógrafo de nuestra revista partidaria por convesar con Cubilla. A los pocos minutos de iniciado el complemento empató Pianetti. Y el vapuleado fotógrafo se cobró revancha fotografiando al “guardián del orden” gritando desaforadamente el gol de Boca en las inmediaciones del arco de River. Ni remotamente paró ahí el escarnio. Descendiendo por las escalerillas, a la finalización del partido Menéndez le tocó el trasero a Amadeo, víctima de las peores agresiones en esa jornada- La reacción del guardavallas no se hizo esperar. Le pegó un furibundo puñetazo que hizo rodar a su ex compañero de equipo por los escalones.
De “humanamente justa” calificó a la trompada Dante Panzeri en “Así”.
“La cuestión es que al enano le reventaron la cara de una trompada” explicó nuestro semanario partidario.
“Tenemos un arquero que es «Ringo» Bonavena. ¡Que lo diga Menéndez si la piña no fue buena!” cantó durante las fechas siguientes nuestra parcialidad.
Armando no se quedó conforme y fue a buscar a un policía para detener a Carrizo. Daba para todo el nivel de permisividad. Ahí el “Beto” Menéndez tuvo un gesto de hombría, “parándolo en seco” a Armando: “Yo alcahuete no soy”. Cuando la “autoridá” le preguntó a que obedecía el corte en la cara la respuesta no se hizo esperar: “Me caí por las escalinatas”. El intento de arresto quedó trunco. Pero Armando la siguió. Calificó de “cobarde” al Gran Amadeo y remató su desorbitada actuación diciendo: “Así Renato Cesarini dirá que tiene 11 muchachos magníficos en un país de idiotas. ¡Los idiotas son los de River con Cesarini a la cabeza!”. En la semana el plantel de River repudió las manifestaciones del presidente de Boca por intermedio de un comunicado entregado por su capitán Ramos Delgado, que calificaba de “perfecto maleducado” a quien “nos trató de idiotas”. La respuesta del “Tano” Cesarini tuvo las suyas. Fue larga y medulosa: “Quienes conocen mi trayectoria en el fútbol argentino y quienes me conocen en la vida privada pueden afirmar -y es más, están seguros que lo harán en cualquier circunstancia- que jamás he realizado manifestaciones agraviantes de tipo general. Por eso, el atribuirme expresiones injuriosas para con los argentinos, con quienes me siento plenamente identificado, solamente pudo imaginarlo quien ha realizado multimillonarias ganancias mediante la venta de vehículos sin licitación y bajo diferentes gobiernos, quien ha convertido al fútbol en trampolín publicitario y a las necesidades populares en tribuna para la especulación”.
Horas después ESTALLABA UNA BOMBA en el departamento en Palermo, donde Renato Cesarini vivía junto al directivo opositor Juan Félix Giaccio. Tomaba conocimiento a través de unos parientes que asistieron por esos días a una comida de “amigos” con el mandamás boquense, que éste expresó: “¿Qúe la bomba a Cesarini se la puse yo? ¡YO SI TENGO QUE HACER ESO A CESARINI LE PONGO 5 BOMBAS, NO UNA!”
3 años y medio después Renato Cesarini fallecería y Armando ante su Comisión Directiva tras pedir un minuto de silencio lo calificaría de “gloria del fútbol argentino”.
Pero los momentos que relataba eran álgidos y había tela para cortar. La “Revista” River decía que “no respiramos por la herida, sólo queremos expresar nuestra indignación por los MAFFIOSOS que parecen tener predicamento en nuestro fútbol” y que “no se puede pedir otra cosa MIENTRAS LA MAFFIA MANDE” (uno de los títulos de la publicación, por otra parte). Aparte en ese número aparecía Armando con un epígrafe que señalaba que “sigue en la línea de su fanfarronería, la misma que lO llevó a la terminación del partido a hacer declaraciones dignas de una persona poco normal”. Y agregaba que ahora con Boca triunfante tendrían lugar en los vestuarios “sus besitos a los lindos jugadores boquenses”. Armando volvió a montar en cólera y fue a la justicia. “Se alude claramente a la condición de invertido del demandante” expresaba entre otras cosas la presentación judicial. La Justicia condenó a la Revista “River” a pagar una fuerte indemnización. Apelada la disposición por Neuberger, el monto resarcitorio se redujo. Y como Armando había dicho que el dinero que obtuviera en tal carácter iba a ser derivado a obras de La Candela (el predio durante años de Boca para sus inferiores, donde -honor al mérito- fuimos muy bien tratados por amigos boquenses cada vez que fuimos ahí con nuestras huestes infantiles) el director de “Ríver” no perdió la oportunidad de gastar una ironía: “Lástima, perdimos la oportunidad de ser más generosos con «La Candela»”.
Liberti sentía que la tierra temblaba bajo sus pies. Dio una conferencia de prensa en la que señalaba que Armando lo había “defraudado como amigo” y si era necesaria la ruptura de relaciones se llegaría a la misma. Pero Armando tuvo expresiones hacia el patriarca riverplatense ratificatorias de su inconmovible afecto y todo quedaría en agua de borrajas.
Un par de meses después empezaba la Copa Libertadores. Con el debut de Zywica y Daniel Onega River jugaba en gran forma en el Monumental y vencía por 2 a 1 a Boca, con goles de Sarnari y Bayo.
Angel Rojas había incurrido en acciones de extrema provocación aquella tarde en la Boca, principalmente contra Amadeo. Muchas fotos circularon por todo el país con Rojitas haciéndole claras señas de “¡Andá a buscarla!” Terminado el partido en nuestra cancha, ahora por el evento internacional, en momentos en que el astro boquense cruzaba el hall fue divisado por gente de nuestra parcialidad, que le tributó insultos de grueso calibre. El jugador de Boca respondió y ahí fue golpeado con saña. Un médico de River expuso su cuerpo en medio de la golpiza para rescatarlo y llevarlo desvanecido a nuestra enfermería.
Corrió otro par de meses y asistimos a una valiente actitud del no hace mucho fallecido José Curti, a la sazón DT de la reserva. Ante un penal inexistente en favor de ellos (práctica común en cancha de Boca) retiró de la cancha el equipo que estaba jugando el preliminar. Le costaría una sanción de dos años al pobre José. Pero creó el clima para que en el partido de primera las cosas fueran más normales. Y lo fueron. River le ganó 3 a 1 y con “baile” a Boca. Duval Goicochea hasta le dio un penal que Ermindo Onega -autor de un gol, rayó a gran altura esa tarde- estrelló en el travesaño.
En 1970 renacieron los enfrentamientos. Boca se había adjudicado el campeonato del año anterior, empatando en la última fecha en dos goles con River en Núñez, justo el resultado que necesitaba. Hubo un hands penal de Marzolini sin sanción. Pero lo más gravitante fue que dos fechas antes ante Unión, en nuestra cancha, el juez Cruces expulsó injustamente a Daniel Onega, logrando “sacarlo de circulación” para la dilucidación del campeonato. Cruces no dirigió más. Boca dio la vuelta esa tarde. La terminaron muy pocos. Gente nuestra puso los grifos. En algunas películas se ve a Marzolini dando la vuelta alrededor del field y algunos plateistas aplaudiendo. Puede ser que haya habido algún sector que aplaudió al gran defensor “xeneize”. Pero muy lejos se estuvo de lo afirmado por algunos lenguaraces que con poco conocimiento y mucha imaginación boquense hablaran de “la hinchada de River aplaudiendo la vuelta olímpica a Boca” NOSOTROS NO APLAUDIMOS NUNCA NINGUNA VUELTA OLIMPICA DE BOCA.
Había apetencia de revancha para la Copa. “¡Hay que echarlos de la Copa!”, volvía a salir a la palestra “River”. En el Monumental el “Chamaco” Rodríguez abrió camino al alegrón anotando el único gol del partido. La zona era un triangular en que participaba además Universitario de Lima. Sin chance, en vísperas del partido con Boca practicaron en nuestro estadio. Armando allí volvió a estallar, calificando de “antiargentino” a Labruna porque según él había suministrado “información secreta” acerca de cómo jugaba su equipo a la sazón al frente del equipo limeño. Cuando llegó el partido en la Boca había un clima de gran tensión. Labruna fue recibido con una estruendosa silbatina por la parcialidad auriazul. Pero Angel entró sacando pecho, como siempre. Faltando 20 minutos, Daniel Onega abrió el score llevándose la pelota con la mano con mucha habilidad. Fue la única vez que recuerdo una definición en favor nuestro apelando a un recurso antirreglamentario. Ellos empataron sobre la hora pero no les alcanzó. Merlo y el “Chamaco” aparecían abrazados en una página bajo el título: “Sufre Armando, llora Boca. ¡Ay, ay, ay! ¡Los echamos de la Copa! (¿O no se los habíamos avisado?”) al tiempo que aconsejaba al titular boquense: “No llores que hay testigos”.
Así pasaron los años y las riñas. Llegó aquella inolvidable jornada de aquel histórico 1986, el año más glorioso de River. Hasta les dimos la vuelta en cancha de ellos. En la semana previa al partido hubo infinidad de “aprietes” desde el ministerio del Interior para que River no concretara la para ellos inadmisible vuelta. Se temían enfrentamientos. Y quienes anduvimos esa tarde por tribunas y calles de la Boca sabemos de aquel clima bélico. Pero Hugo Santilli se había plantado con la estirpe de los “tauras” y mandó a sus leones al ruedo y se concretó la h istórica vuelta olímpica. “¡Ea,ea… Dimos la vuelta en la «Bombonera»!” no cantaba, rugía , la hinchada No.1
He buscado en una exposición que es larga pero lo más acotada posible el clima de enfrentamiento, de hostilidad que a lo largo de tantos años signó al Superclásico. Me tocó ser testigo presencial de casi todos y seguramente aguzando mínimamente mi memoria podría citar otros enfrentamientos y anécdotas. Pero creo que lo expuesto es suficiente para reflejar todo lo que trasunta un River-Boca y el voltaje de agresividad que también va implícito.
Y decía, ahora estamos a media semana de los tradicionales enfrentamientos veraniegos.
Hace dos años la admin istración Passarella empezaba con muy buen pie. Les ganábamos por 3 a 1 en Mar del Plata y luego por penales obteniendo las dos copas en disputa. Les armamos un flor de despiole, les liquidamos un técnico por cada partido.
Recuerdo la noche del 3 a 1 en Mar del Plata, con varios chicos en gran nivel y una amplia superioridad riverplatense. A la finalización del partido nos abrazábamos conmovidos en las plateas del Minella Ramiro, Néstor Sammartino y yo. Allí estábamos los viejos hombres de River, los que no retaceamos jamás nuestra identificación y la defensa de la querida banda roja, los que no hesitamos en asumir posiciones políticas, los que fuimos insultados y difamados por gente que ni siquiera sabe lo que es River, festejando lo que creíamos el inicio de grandes logros.
La gran hinchada se había desparramado por las calles de la “Feliz” festejando el notable triunfo. Con Ramiro y Néstor nos fuimos a manducar y libar hasta altas horas de la madrugada. Entraban y entraban en la pizzería de la coqueta ciudad a saludarnos, particularmente a Ramiro, muchos hombres de la “Seguidora y Fiel”. El triunfo ante el rival de todas las horas dio lugar a muestrass de júbilo. Brindábamos y nos abrazábamos. Pintaba linda la vida, lindo pintaba el futuro…
La fatalidad se ensañó con nosotros. El año pasado en la Boca tuvo lugar el despojo más escandaloso de la historia del fútbol argentino y eso fue el principio del fin.
Pero el pueblo riverplatense está de pie. Demandando logros trascendentes, rechazando un conformismo y una exaltación irracional de intrascendentes triunfos que sería suicida. Pero apostando a la resurrección del viejo River.
OSVALDO RIGANTI
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Releyendo: el técnico “a la sazón al frente del equipo limeño” era el uruguayo Scarone, gloria del fútbol oriental, si la tan cacareada “frondosidad” de mi memoria no falla uno de los héroes de Brasil 1950.
El virulento comunicado de Renato Cesarini decía “estoy seguro que lo harán en cualquier circunstancia” y no “están seguros que lo harán en cualquier circunstancia”.
Un semanario futbolístico de la época recuerdo -siempre en uso del ejercicio de mi “frondosidad”: “Era un malevo bailando, era un malevo bailando, lo llamaban «Don Renato»… Y era mayor su arrebato cuando le hablaban de Armando.
El triunfo de 1966 en La Boca de meses después fue justo el día de su cumpleaños . Antes del partido ellos nos lo “refregaron” por la cara por los parlantes por medio de su locutor Irrea (el que decía siempre al anunciar el equipo de ellos “Rattiiiiin”, era un verdadero “loco lindo”). Cuando “Pinino” en los tramos finales clavó el 3-1 nuestra hinchada comenzó a cantar “Que los cumplas feliz”, siguiendo hasta la finalización del partido y por las calles de la ciudad.
OSVALDO RIGANTI