ME IMPORTA, PRECISAMENTE PORQUE A RIVER LO QUIERO
Hoy es el segundo partido de una etapa que se puso en marcha días pasados con Estudiantes. Con Racing, en un cotejo que define el torneo de verano tradicional.
Con el aditamento de un debut estelar. El mundialista francés Trezeguet, un muchacho que supo entreverarse en partidos de nuestro balompié y patear baldosas de la “gran ciudad”. Hincha de River, para concitar mayor simpatía aún. Y que espero que con el “Cave” y el “Chori” nos den la fisonomía que hasta ahora estuvimos lejos de lograr.
Más allá de esto el proceso puesto en marcha deberá epilogar a mediados de año reinsertando a River Plate en el lugar que corresponde. O sea no se trata, más allá de la justificable alegría de ganar un torneo, de “tirar manteca al techo” o de planear monumentos que no están acordes con nuestra gloriosa historia.
El tema es que queremos al River lujoso y macho de las grandes horas. Que pelee progresivamente con Boca, Independiente, Estudiantes, Peñarol, Santos, Manchester, Real Madrid y Barcelona.
Que “goce” al rival de todas las horas por motivos contundentes, no por trivialidades. Como cuando los corrimos con la vaina cuando pensaban que iban a dar la vuelta en nuestra cancha en 1954, como cuando al año siguiente con la inspiración de Walter, Angel y el “Mono” Zárate dimos vuelta un partido que pintaba muy “chivo” (íbamos perdiendo jusiticieramente) en dos minutos y nos clasificamos campeones en la de ellos, como cuando Amadeo “liquidó” a Valentim con la prodigiosa contención de un penal, como cuando les dimos la vuelta y encima el “Beto” con dos goles de su sello nos dio el triunfo y se los dedicó haciéndose fricciones en la camiseta que “nunca fue atada a ningún carro vencedor”, como cuando el “Feo” les hacía tantas dedicatorias…
Ese es el mandato que recibimos de don Antonio y Anyulín. Ese es el que plasmaron Santilli con el “Bambino” Veira, Pumpido, Gutiérrez, Ruggeri, el “Tolo”, Alonso, etc hace un cuarto de siglo.
Eso es lo que me llevó a decirle la noche que hicimos kaput en el Monumental ante Atlético de Tucumán a uno de los muchachos que cantaba: “Aunque ganes o pierdas no me importa una mier… sigo siendo de River porque a River lo quiero” con encomiable identificación riverplatense pero con una expresión que por insistente se hace carne y da lugar a la resignación y desdibujamiento de nuestra identidad: “Pibe, tratá de cortarla un poco con eso de que «aunque ganes o pierdas no me importa una mier…». A mí me importa una «mier…» , estoy destruido”.
Precisamente porque a River lo quiero.
OSVALDO RIGANTI
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