Agosto 013: Extraviado

by juan re-crivello

“Al lado mismo del Castell Santangelo, en una hilera de edificios antiguos, uno llegaba hasta una pared que disimulaba un agujero de una persona. Te introducías por ella y una infinidad de habitaciones abandonadas estaban allí para dormir gratis. Corría el año 74. Tenía por compañero a L. y tres africanos”.

Hablar de la búsqueda personal, es tal vez decir que los escenarios son tan solo anécdotas.

Tal vez, lo que importa es un sentimiento poco elaborado de insatisfacción, que le mantiene a uno apartado del foco de los seres normalizados. Los que desayunan a una hora, se lavan y se marchan felices o insatisfechos a la búsqueda de una actividad que les da su ser social.

Aquellos que estamos, o estábamos en esa extraña ruta, variamos cada día desde la oportuna caza de la subsistencia, a aceptar invitaciones insólitas que suman una tras otra. En ello, el cambio de ciudad, o país es parte de dicho sentimiento. Hoy nos acostamos en una casa diferente, o un ínfimo espacio prestado. Mañana descubrimos un paisaje que nos mantiene hasta caer la tarde. Luego el trotamundos se descuelga en otra carretera, o sobresale de un camión hasta altas horas.

En ese devenir, nada calma la sed de amor, ni de ausencia familiar.

Pero, cada estación está poblada de seres extraños, normales o extraordinarios. En Roma Termini, su espectáculo por la noche lo dominan los descarriados o a los chaperos.

Pero si uno trepa a un camión, a las cuatro de la mañana en una larga carretera entre el suelo verde del Norte de Argentina, puede acabar en un Hospital, por algo tan estúpido, de los seres que van delante -uno de ellos jugando con una pistola le ha dado al otro en la pierna. Si uno compra una sandía y se dispone a comerla, en pleno centro de Atenas, su robo le acerca a las mafias sencillas que viven del engaño de los turistas y nacionales. Si uno baja en la estación de tren de Bulgaria, por la noche en su alrededor bulle un mundo de seres, que resisten al fin de época de su comunismo monótono e hipócrita. Si uno teme por su vida, Nápoles le saluda en las callejuelas que pintadas de harina reparten la ira entre los clanes. Si uno duerme al raso en el bosque, las tarántulas entonan una canción llena de carga erótica, y, Ud. es su próximo pastel y ellas se desquician del festín.

El viajero que no espera más que sensaciones para calmar su extravío, nunca acaba de sentirse satisfecho.

Fuera acecha el mundo que los seres normales que ven la televisión. Pero nada es igual que el canal Hollywood. La realidad es más indecente y posee menos acción. La repetición sucesiva de la maldad o el miedo, en la vida real es tal vez… más lenta.

Pero, puestos en esta carretera, uno debe ir en busca de ella con el fin de saciar su… extravío

Agosto 013: ¡Porca Miseria! -from Allegra and Re-crivello

By Gianni Allegra (ilustrador) and Juan re-crivello (escritor)

Es inusitado gritar de esta manera, ante la difícil e inestimable fuerza que nos confiere la vida. El latido lento e inseguro que nos rasguña con cambios a cada minuto. Por más que estamos preparados para el golpe frenético que altere nuestros deseos, ilusiones o seguridades. Al exclamar: ¡porca miseria! Resbalamos incrédulos ante esa fascinante y estúpida pirueta, que nos remite a la debilidad.

Está plagado de ejemplos. Desde el testamento vital que siempre recitamos, en un monologo interior al visitar un velatorio y ver allí el cadáver, solo, estéril, disconforme con su suerte. Y sus deudos.

O, la venganza que deseamos ante una traición o un desprecio. Categorías vitales, de las que conversamos diariamente hasta el exceso.

O, la cualidad, de enfrentarnos al pecado y verle alojado dentro. Pero deseamos quitarle, arrancarle, disputarle su fuerza, para luego, díscolos e inseguros gritar alocadamente: ¡porca miseria!

Nulo, o festín de tristeza. Pleno, o alegre picardía. Asistimos al extraño que nos atormenta.

¡Da igual!

De pasta de cangrejo nos vestimos, y al menor acontecimiento, sugerimos, que ingrata es la vida y amarga se nos aparece. A lo que, un atisbo de sentimiento alegre y disparatado nos aloja en la reconciliación, pero bien sabida e intuida por nosotros, tan solo es una pausa. Como dirá Allegra, a Shit City, los epitafios y las rivalidades crean seres asociados  a: ¡Porca miseria!

la Bici

Nota: Entre mis blogs he atravezado la barrera de las 750.000 visitas en 5 años

Un camino marrón en plena siesta. Nada parece rebelarse contra el mal de la juventud. Le seguimos arbitrariamente por un indolente y afeitado paisaje. Malaria, aceitunas, algún damasco. Al final de la pendiente un rio estrecho y cautivo de soledad. Solo es bajarse y respirar. Luego el pantalón deja paso a una representación de otro ser. ¿Porque no pimienta?. Del dorsal de ella aparece un testigo y embruja. De mi parte un rápido botón de agua dulce. Las tardes de verano son así. En los pueblos. En la orilla de ríos que se descuelgan, de profundos picos, hartos de mantener la barriga sedienta de zumo verde.

Pero ella está hoy aquí. ¿O tan solo se dispara mi sed?. De verle unida al manto de agua. Y presentirle como se ha llegado desde su morada de ciudad y ama la dicha de la montaña.

Aunque las imágenes de un chico de provincias son tercas y fantasiosas. Ellas aparecen buscando un regazo. A veces tan solo, nosotros deseamos un líquido rosado y rubio. En el camino la correa del tiempo une y destroza un amor de verano. ¡Da igual!.

Le amare como si presintiera que su sabor es compartido.

Aunque interpreto, que mi olor a naftalina de este pasado invierno, me delata. Pero, me despierta un volcán de flores silvestres. Le mantengo cerca y ello basta. La siento extraña y me derrito. Este verano amare locamente. Luego cuidare de su recuerdo. Y del mio

Agosto 05

by juan re-crivello

Receta para hablar o confesar a un sordo

“Se coge un palo cualquiera, de un dedo de grosor y de 2 tercios de largo.

Un lado se le pone al sordo entre los dientes y el otro el que le escucha, se lo coloca en una u otra parte de la nuez de su garganta. Asegurado así el palo, y sin tocarlo, de esta manera el sordo oirá perfectamente todo cuanto se le diga con grandísima admiración”. Fuente: Secretos clásicos y enigmáticos, pág., 143, Lluís Ripol.

Diríamos esta tarde de intenso calor –y con mi segunda inyección contra la espalda, que la sordera es un hábito contemporáneo. Explicamos intentas historias, o defendemos desgastadas posiciones que se hunden en la miseria, cuando lo más sencillo es iluminar de razón y de verdad con preguntas nuestra posición. Cada segundo de nuestra atormentada vida es de izquierda o de derecha, si eres de lo primero denuncias, palpitas, reclamas, pero pocas veces te preguntas si es posible ejecutar o cumplir con esa maquinaria de derechos que estas reclamando, si eres de derechas, hablas de obligaciones y, hasta a veces fabricas una fuerza militar para entrar en el Parlamento al grito de: “¡todos al suelo coño!”. Ni necesitamos fusileros, ni amaneramientos de reclamos sin más. Tal vez como dice nuestra receta de hace dos siglos. “el sordo oirá perfectamente todo cuanto se le diga con grandísima admiración”.

Notas

El libro incluye otras recetas, he escogido una:

Para tener sueños agradables y felices, basta a veces, comer, antes de acostarse, una manzana de la reina, cogida el día de San Juan al salir la Luna.

Prometo en esta serie –próximamente- exponer algunas recetas para hacer Licores y Bebidas.

Carta a una señorita en París: by Juan re crivello

Julio Cortázar edito un libro –Bestiario, llena de historias cortas y atrevidas. He decidido escoger algunas y escribir nuevas tramas a partir cada título.  Los iré publicando sucesivamente –junto a los de Cortazar

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Nunca había entrado en ese desván. Fue mi primera vez esa tarde. Todas las cajas estaban selladas, no eran muchas. Decidí mirar en alguna de ellas. Habían pertenecido a mi abuelo y, a su muerte las habían dejado por no saber si tirarlas o no. Y dentro ¡siempre papel! Que… facturas, que… recibos de alquiler de la rue 120 de una calle de París, que… un cartoncillo de una publicidad de un cine de esa ciudad. Y un tesoro, si, cinco cartas atadas con una cinta roja. La atmosfera me daba la espina de lo convencional, señor escribe a señora y esta le contesta. Preferí no abrirlas, fui hasta una mesilla llena de polvo, aparte con un trapo esa espesa niebla, deje entrar la luz por un ventanal redondo que daba a un bar donde fritaban mañana y noche, y con lápiz y  hoja escribí a la señora que ponía el remitente: Sara López. Esta no seria francesa –me dije. Y me solté. Después de los saludos de rigor, con fuerza surgió mi interpelación: Ud. estaba en la vida de mi abuelo y el falleció hace tres años, con lo cual deduzco que su vida estaba unida por alguna especie de pacto. ¿Me puede responder a este test? Un pacto que era…

a) de amor

b) de sexo

c) de dinero. Aunque parecía brutal, le puse un sello de 22 pesos y mi dirección de Buenos Aires. Y espere agazapado en la rutina. En tan solo tres días el correo argentino fue capaz de dejarme una respuesta. Era de Sara. Era de París y su franqueo era de 3 euros. La abrí –aun recuerdo- mientras desayunaba en un bar de la esquina de Cervantes, antes de subir a un colectivo que me llevaría hasta la tumba de mi abuelo. Era domingo y había decidido llevarle dos margaritas. Decía:

“Estimado señor. Tengo 85 años, percibo aun los recuerdos de su abuelo como si fuera por ejemplo: una tarde gris y rellena de nostalgia. Le conocí en un viaje a esta ciudad. Nuestro amor duro cuatro días. Si respondo a su pregunta del test, la b) fue compleja y ocurrió en un lavabo de la estación antes de despedirnos. La c) era una insistencia por parte de el para compensarme de aquellos días efímeros. Nunca acepte ningún regalo, ni cremas, ni perfumes. Y… le he amado sin escrúpulos y el me ha amado como una estrella que brilla sin dueño. Con cariño. Sara Lopez”.

Estaba azorado, había sido tan salvaje y estúpido que había ofendido a esta bella mujer. Ante lo cual, decido escribir algo para aliviar mi sentimiento de angustia. ¿Y si le enviaba las cartas? ¿Y si las leía antes? O ¿si las retenía?, aun no sabia si esta señora era realmente su futura. Podía preguntar en casa si conocían de la existencia de Sara López. Mi abuelo había sido un político famoso y una indiscreción siempre era mal vista por mis familiares. Decidí contestar de una manera vaga para ganar tiempo y romper aquel lazo que me llevaba al pasado.

Estimada Sara López

No conocía la relación con mi abuelo. Y tal vez he sido un poco descortés en mi misiva. Los años –soy joven, parecen mantener activos nuestros recuerdos. Mi abuelo falleció hace tres años, estaba casado y con cinco hijos. Mi abuela falleció el año pasado.

Un saludo J Llol. ¡Al fin!-pensé- me había desprendido de ella.

Tres días después el cartero me entrego una misiva –abultada por cierto. Dentro una foto de ambos frente a la torre Eiffel y una misiva muy gentil que decía:

Estimado J Llol

Le adjunto un paquete de 5 cartas que guarde de aquellos años. No encontrara más que breves historias de amor y precauciones ante el futuro. Nada de lo prometido entre amantes jóvenes se cumple. Pero puedo decirle que el corazón traza unas ranurillas que aparecen por la noche cuando estamos espesos. Su abuelo era un ser inteligente y duro. Maravilloso en los extremos y terco para reparar los errores. Aun recuerdo una tarde emotiva. El sentado en una baranda de una escalera y su fuerza al mirar queriendo intuir que la separación es desigual: es decir quien se marcha va seco y afiebrado, pero al llegar cura, quien se queda, siempre gira la vista hacia la puerta de entrada pues presiente que el aire devolverá el aliento perdido.

Con cariño Sara López

No podía abrir aquél juego de cartas, ni las otras. Las puse una encima de la otra, según la fecha. Me imaginaba que una iba y la otra volvía. Que cada espalda se mecía en su contraria. Y escribí una tercera misiva:

Estimada Sra López

Me imagino que una señorita en París es un sueño muy masculino. Por ello he envuelto una carta en otra –las que me envío y las que aquí he encontrado- y he decidido visitarle para hacer honor a dicho sueño. Y… a mi abuelo. Estaré allí la próxima semana

Saludos J Lllol. Puse 22 pesos y envíe aquella misiva esperando llegar muy pocas horas después.

París

Entre en una sala tibia y llena de imágenes. Sara López deduje estaba sentada casi al fondo, miraba por los cristales. Detrás bruma. Parecía haber caído en esta ciudad un fantasma que con avaricia secuestraba sus energías. Llevaba en mis manos las 10 cartas. Al girarse, una mirada honda y de carácter se refugio en mi saludo. Dijo:

–Nunca pensé que la vida me devolviera alguien parecido a él. Al tocarle una piel frágil me sedujo. Pude imaginar hasta que aquella mujer era dueña de la vida y la dejaba caer calle abajo para que los demás le agradecieran. Le entregue las cartas. Las retuvo, las miro, luego dijo:

– ¿Por qué?

–Entre en el desván y Ud. me invito a concluir –respondí.

Humanos y hormigas

By Juan re-crivello

Dirá Edward O. Wilson(1), científico, premio Pulitzer (1979/1991):”Hay dos aspectos comunes  [entre los humanos y las hormigas], en primer lugar, las hormigas son los insectos que más abundan en el mundo. Si pesáramos todos los insectos del planeta, un concepto que se denomina biomasa, las hormigas supondrían un tercio de ese peso. O sea, ellas dominan el mundo de las cosas pequeñas. […]

“Eso es porque -continuará, junto con las termitas y las abejas, las hormigas tienen el sistema social más complejo entre todas las criaturas de la tierra”.

“Si son las más avanzadas socialmente  y las más abundantes de todas las criaturas, aparte de los seres humanos, se debe a que la ciencia tiene cada vez más claro que la conducta social avanzada se encuentra atrapada por los conflictos sociales”

De lo que hormigas o humanos tejemos una ruidosa y caliente sinergia de red. Y la caspa, el mal olor, la envidia, la competición y el amor, o la solidaridad crean historias complejas. E inventamos: ¿barrios periféricos de angustia? ¿Centrales de energía de guerra y muerte?, ¿hipopótamos gigantes de dulzura amarrados al agua, pero que si escapan de su medio se  acercan con crueldad?.

¿Qué nos diferencia?  Ellas son bélicas, pero no actúan en busca del poder o del placer, nosotros los humanos construimos la red de saber y conocimiento y este lleva una gran dosis de maldad y de diferencia.

#con ello la democracia, la opinión libre, aparecen como el único sistema social seguro#

(1)Entrevista realizada por Sergio Heredia, Magazine. La Vanguardia. 31 julio 2011

The Hotel

Estaba situado en la playa, a ras del agua. Las olas blancas y llenas de espuma bañaban el balcón en los ratos de tormenta. Cada verano José Pedrez y a su mujer les gustaba ir a esa habitación. Ese día dejaron el coche en un aparcamiento del propio establecimiento, estaba en una duna a 100 metros, luego de atravesarla permitía ver el hotel y la amplia playa. Vivian en Pamplona y siempre reservaban la habitación 143. Estaba compuesta por un lavabo blanco, una cama ancha y majestuosa,  y, un aire acondicionado zumbón. Por las noches cuando la brasa de calor del contacto físico les consumía, eran felices al oír el ruido del lagarto automático que reducía ese sopor del verano del litoral español. La debilidad nocturna aún les unía, ¡al tac!, ella o el respondían con una gimnasia de flujos apretados donde los intercambios o eran de lengua o de órgano. Estar allí cada verano les reunía ante el hastío que crecía en invierno como un quiste duro y amplio. Siempre cruzaban las mismas palabras:

“Hasta mañana”

“Que duermas bien”

“¡Gracias!”. Pero esta habitación rompía esas normas y despertaba un cierto fuego que les sujetaba durante el mes de vacaciones donde se sumergían en esta resina de látex que vibraba una y otra vez, mientras por sus cuellos, corría un sudor desprevenido y cruel.

Hasta que una jornada discreta y parecida a tantas José no regreso a dormir. Ni ese, ni el siguiente, ni el sábado. El domingo si le vio aparecer, despeinado, los ojos débiles –en ese tiempo de abandono, ella le había esperado sin decir nada- distraída, sin moléculas de prisa ni miedo, metida en el foso que se había convertido el cuarto, a veces sentada durante largas horas en el balcón mirando el mar y sumando güisquis. Pudo sentir, que su marido le despertó al pasarle la yema de sus dedos por la espalda. Ella se giró y pregunto:

“¿Dónde has estado?

“Salí a tomar café y no pude encontrar el camino de regreso. He estado perdido en la “Boca del Ratón” –respondió él.

¿Y que hay allí? –dijo ella. Había tres bares –comenzaría el relato José sin dar visos de inmutarse- una calle llena de barro y alguna casa suelta. Allí llegue por casualidad, estaba a 100 metros de aquí y paro un coche, me monte y me dejaron en la entrada de uno de los bares. Al entrar solo estaban dos parroquianos. Un cartel decía “abierto las 24 horas”. Me atendió una china. Llevaba un vestido rosa pálido y su sonrisa era inmensa, como si estuviera satisfecha de recibirme, o como si mi alma se uniera a ella en su desolación. Pedí un güisqui y no deje el puesto de la barra, en las siguientes horas, nada más que para ir al lavabo.

“¿Pero se habrá hecho de noche?” –intervino ella.  “¡Y de día!” –convino el manteniéndose en su alejamiento y prosiguió su relato. “En cada paso de la jornada ella seguía con su mirada y yo extasiado en su rostro, o en sus ojos, o en su delgadez pálida. Nada te puedo agregar, ¡bueno tal vez!. Dormí algunas horas apoyado en la barra y ella también. Entraron y salieron sucesivamente clientes y seguí embrujado”. “¿Y no había tele?” –pregunto su mujer. “Ni siquiera eso. Hubo momentos que el hechizo le atraía tan cerca de mí que sentía su respiración. Pero  en ningún momento le toque”.

“¿Estaban viviendo un extravió?” –dijo su mujer mientras se ponía de pie y caminaba hasta la ventana. Tenía su espalda descubierta y unas bragas finas de negro azulado se pegaban a la piel, el sentía que  le atraían sin más, pero vivía inmerso en aquel pasado hipnótico. Su mujer se detuvo cerca del balcón y pregunto: “¿cómo era el garito?”. “Triste, desaliñado –dijo José, aún recuerdo cuatro mesas a lo sumo cinco”.

“¿Y todo ese tiempo estuviste cercana a ella?”. “Bueno recuerdo que  en un momento de los que entre al lavabo encontrarla limpiando, sentí un golpe seco de olor a lejía que me tras balso, por lo cual decidí retirarme del urinario y ella se acercó hasta mí, lo que me puso a la defensiva y me aparte levemente y ella dijo: “¿ya está?. “Si”. “¿Le limpio?”. “Y paso  por el espacio estrecho entre la puerta y mi cuerpo sin mediar ningún gesto. Ante lo cual, cerré mi bragueta y regrese a la barra”.

“¿Comiste algo en ese tiempo?” -preguntó ella, mientras seguía en la ventana pero dando su espalda en actitud provocativa. “Si, cada seis o siete horas ella ponía un plato para dos con empanadillas de salmón y queso fundido”. “¡Pero si a ti no te gusta el salmón!” –exclamo ella girándose.

“Ya lo sé ¡joder!, pero estaba con tanto hambre que sentía arder la garganta”. “¿Y como te separaste? -preguntó ella.

“Creo que fue al final del sábado, pero me cuesta recordar la hora. Ella me pidió le ayudara a cerrar el garito, luego le seguí por un pasillo y con gesto de amistad se desnudó entrando en una ducha”-dijo él.

“¿Tú le seguiste?”. “No lo recuerdo –respondió su marido, solo sé que a la mañana siguiente, que era domingo, amanecí en una cama, me levante y mire hacia la calle. La avenida estaba sola y el sol intentaba despejar la bruma que entraba del mar, en el centro pendía ella colgada del único árbol que había. Me aterrorice y decidí bajar a la calle”.

“¿Ni siquiera te acercaste a ella?”. “Bueno si –continuó él, pude ver su cara de felicidad, no vi a nadie parecía que todos se habían marchado, con miedo decidí volver a subir a la habitación antes de marcharme, la recorrí hasta dar con un bolso, dentro estaba su DNI con una foto. Se llamaba Li Yuang y había nacido en Shanghái”.

“¿Nada más?” “¡Que querías que hiciera!” –respondió el por primera vez levantando el tono. “Decidí regresar –prosiguió su relato, descolgarla y me llamo la atención que la parte de la vagina estaba como hinchada, metí mis dedos, y pude extraer unas cartas enrolladas, estaban envueltas en plástico y cubiertas de sangre. Son estas”-dijo. Mientras sacaba de su bolsillo un atado, su mujer pudo percibir las yemas de sus dedos cubiertas de hilillos de sangre, pero preguntó: “¿se pueden leer”.

“¿Cómo que se pueden leer” –dijo él con fastidio. “Digo que sí están en chino” –matizo ella.

“No, en español”. Con mucho cuidado ambos estiraron encima de la mesa los textos. Una letra redonda y sencilla decía:

23/12/1965

Querido Lao

Esta mañana las flores de loto estarán abiertas en Shanghái. Su color y recuerdo abren mis sentidos. Espero que antes de las fiestas del nuevo año estemos juntos. Estoy sola en este pueblo desgraciado, no hay más que parroquianos sueltos de la lengua y deseos de sexo vil y torpe

Te ama Li Y

05/01/1966

Estimada

Ya falta poco para ir a verte, en Shanghái hablan de una Revolución Cultural y Mao está desgarrando a nuestro pueblo con nuevas mentiras y silencios. Se por amigos que están trasladando gente de mi universidad a las aldeas del interior, son castigados por hablar de la fe y en cada registro amenazan con que vendrá una revolución de muerte y cieno.

Dentro de poco estaremos juntos.

Te amo

06/03/1966

Querido Lao

Al saber por el refugiado M Chu de tu partida al Este mi corazón se ha desplomado. En este pueblo, cada conversación trae oculto la amargura del sexo. Cada bebida nos ahoga… en la droga. Ayer un nuevo cliente visito mi lista. Era moreno, de recia clase, pero sus ojos estaban llenos de maldad. Le dije que retirara su peso de mí y respondió con silencio y daño. Aguantare hasta tu liberación.

Te amo Li Y

Al terminar de leer ambos se miraron. José dijo a modo de explicación: “la china era una antigua amante que tenía su corazón lejos”. Su esposa lloro un rato, luego sin mediar palabra comenzó a recoger y dijo: “nos vamos”. Su marido guardo aquellas cartas en un sobre, luego se lavó la cara y fue hasta la ventana, el paisaje le devolvió las dunas y el mar. Intentaría imaginar a quien le había acompañado estos días, tibia, solicita, llena de carne y belleza. Volvería a recordar cada plato que sirvió, cada líquido que compartieron. La antigua China de Mao estaba allí con rabia, con odio, haciendo que la sociedad pospusiera sus sueños para crear una espiral de maldad bautizada Revolución Cultural.

*Dedico este artículo a la Revolución del Jazmín

Cartas

Las lesbianas aman a otras lesbianas

Así de sencillo, nada más podríamos explicar detrás de esta autonomía de la sexualidad, con respecto a las categorías morales. Siempre apretaditos entre un sexo u el otro –en los últimos siglos. Como, en un pasarse de una calle a otra. Hasta que la libertad reventó la caricatura y las chicas que no querían seguir en esa senda resolvieron juntar sus manos. Esto que era pecado ahora es normalidad y mañana será un sociedad de cuatro, de los dos sexos conocidos y los dos denostados. En este mar que se deja de agitar parece que todos van logrando su pequeña avenida donde transitar.

De la sexualidad pasamos al simple acto de amar, en esta sociedad de burkas y pañuelos para domesticar a las vírgenes, que unos cientos de millones establezcan una dosis de vida sin esconder, no deja de serenarnos. Pero ahora también les toca a los señores de la sotana. Los santones de iglesia deben normalizar su sexualidad, deben darse citas con el amor real, que aparece en cada rezo, o en cada visita de una u otro en el desvalido sarcófago de la iglesia.

¿Y que nos queda?

Dominado el poder de la norma, de la moral que obliga, tan solo viene la emoción, la intensidad escueta del compromiso o su no existencia. Como diría un amigo hace unos días: ”es que la gente hoy quiere vivir varias vidas”.

Intercambio, inestabilidad, surfing y experiencias vitales. Mientras las lesbianas aman a otras lesbianas, hemos salido de aquel estrecho infierno sometido al pecado para establecer un estallido de sinceros apretones.

Maybe.


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