Yonquis divertidos
Es interesante ver una película sobre drogadictos, desde la visión del drogadicto. Esa debe ser una de las razones de éxito de Trainspotting, la película de Danny Boyle que se convitió en un ícono de los años 90.
También puede ser por los personajes, un grupo de yonquis que se hacen llamar “amigos” pero viven en la traición. Renton (Ewan McGregor muy delgado y pálido) es un heroinómano que rechaza la sociedad tradicional por lo que se inventa una vida más placentera en compañía de sus amigos. Luego de una amarga experiencia y una dolorosa rehabiltación decide evolucionar con lúcidez y terminar con todo, influenciado también por las historias paralelas de sus amigos y la idea de que “toco cambia” que le plantea Diane (la bella Kelly Macdonald en su primer papel importante)
Quizás el éxito se lo deba a escenas grotescas (como los sueños de Renton durante su rehabilitación), fascinantemente asquerosas (nadie olvidará el momento en que Renton se sumerge dentro del inodoro del “baño más asqueroso de Escocia” a buscar su droga), o violentas (las peleas reiteradas y son razón de Begbie, interpretado por el talentoso Robert Carlyle)
También puede ser por el guión adaptado de la novela de Irvine Welsh, que además tiene un papel secundario en la película.
Lo cierto es que Trainspotting (1996) es un clásico para los cinéfilos más atrevidos, que se disfruta cada vez que más. Es una sensación parecida a la de re-ver aquel cuarteto macabro de La naranja mecánica.
Saber qué significa la palabra trainspotting es muy fácil, solo hay que guglearla. Lo difícil es saber dónde están los límites de los excesos. Por mi parte, no entraré más al baño de Kim y Novak.
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